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Principal Boletines No 34 Dic. 2001

 

Contenido No 34

 

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Boletín No. 34

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V- Congreso Nacional ESPAC

En nombre de la Iglesia arquidiocesana de Barranquilla quiero saludar con inmenso cariño a Monseñor Darío Monsalve Mejía, Obispo auxiliar de Medellín y Presidente de la Comisión Episcopal de Catequesis de la Conferencia Episcopal Colombiana, a Monseñor Carlos Sánchez fundador y Director Nacional de la ESPAC, a Monseñor Iván Darío Giraldo, Secretario adjunto y Director de la sección de catequesis del SPEC, a todos los presbiteros, religiosos y laicos que conforman las diferentes Delegaciones diocesanas venidas de todos los rincones de la Patria sean todos cordialmente bienvenidos a esta ciudad, amable y acogedora, y esta Arquidiócesis que lucha todo los días, con el concurso de todos sus miembros, por ser una Iglesia local que crece en la fe, la esperanza y la caridad. Para nosotros todos los barranquilleros es de gran alegría el que nuestra ciudad haya sido elegida como sede de este importante Congreso.

El Congreso ha querido elegir como el tema: «La catequesis al servicio de la inicación cristiana». Este tema nos sitúa de inmediato en el contexto del crecimiento en la vida del Espíritu que hemos recibido en el bautismo y nos invita a considerar la catequesis en el marco general de toda la vida cristiana, vivida al interior de la comunidad eclesial. Por esta razón he pensado que vale la pena, en esta inauguración del Congreso, hacer algunas consideraciones sobre aspectos que, a mi parecer, se constituyen en retos para la catequesis de iniciación cristiana. Quiero presentar estas consideraciones como sencillas preguntas que nos ayudan, a la luz de las ponencias y de los talleres de estos días del Congreso, a hondar en las respuestas concretas que tenemos que darles para una organización conveniente de la catequesis en nuestras parroquias.

¿Cómo podríamos lograr que la catequesis de iniciación cristiana se integre en una catequesis permanente y sistemática, orientada a la vida y al testimonio cristiano para la evangelización del mundo?. Creo que para una verdadera iniciación cristiana de los niños y los adolescentes no basta hablar de una catequesis presacramental y, en concreto, de la preparación para los sacramentos de la Penitencia, la Eucaristía y de la Confirmación. El cristiano, situado en un mundo en permanente transformación, debe recibir en la catequesis los elementos fundamentales necesarios para reinterpretar la realidad cambiante a la luz de la fe en un proceso permanente de maduración. Esto implica que la catequesis presacramental debe integrarse en un proceso más global que permita al niño y al adolescente ir creciendo y madurando en la fe al mismo tiempo que crece y madura como persona y que esta catequesis adquiera unas características más amplias que entregue al joven en condiciones aptas para integrarse al proceso de crecimiento de vida de la comunidad a la que pertenece y para comprometerse en el servicio de la sociedad.

¿Cómo lograr que la catequesis favorezca la vivencia y experiencia de lo que se aprende?. Una auténtica iniciación cristiana, si quiere ser fiel a su nombre, debe llevar a una auténtica opción por Cristo. No basta la transmisión de los conocimientos, sino que la catequesis debe llevar al niño y al adolescente a un proceso permanente de conversión que le permita desarrollar cada día con mayor profundidad la vida divina que ha recibido en los sacramentos del bautismo y de la confirmación, de la penitencia y de la eucaristía. La catequesis es ante todo un camino de fe y no un aprendizaje de conocimientos racionales sobre la fe o de acontecimientos más o menos teológicos, aunque éstos sean necesarios. Tiene que ser ante todo un llevar al catequizado a realizar en su vida las palabras de San Pablo: «Estoy crucificado con Cristo y ya no vivo yo sino que es Cristo quien vive en mi». (Ga 2, 19-20).

¿Cómo lograr que la catequesis sea, como consecuencia de la opción por Cristo, una auténtica opción por la Iglesia?. Es que, como bien lo sabemos, la vida de Cristo no puede vivirse sino como miembro del cuerpo de Cristo, que es la Iglesia. Esta realidad implica necesariamente una inserción real del «iniciado» en la vida de la comunidad cristiana en proceso de crecimiento en la fe, en la esperanza y en el amor. La comunidad de los fieles debe, por lo tanto, estar involucrada en la catequesis ya que el niño y el adolescente deben crecer en su seno y experimentar la realidad de lo que aprenden en la vida misma de la comunidad. Y, al mismo tiempo, la catequesis debe llevar al joven a entregarse con generosidad creciente al servicio de la comunidad tanto eclesial como humana.

¿Cómo lograr que esta catequesis, inserta en un proceso más amplio de educación en la fe, que lleve al iniciado a una opción clara por Cristo y por la Iglesia, sea un verdadero proceso de educación apropiado a la capacidad del niño y del adolescente y, por lo tanto, favorezca un verdadero crecimiento?. Si por el bautismo, el cristiano ha sido signado por el amor de Dios que habita en él como un templo, la catequesis debe ayudar a descubrir, reconocer, aceptar y alabar a ese Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, y a confrontarse permanentemente con su palabra para lograr un compromiso creciente con él y con su Iglesia para el servicio del mundo.

Por eso la catequesis no debe «venir desde fuera» sino más bien hacer emerger la realidad del Dios presente para que poco a poco tome toda la persona y la proyecte hacia la Iglesia y hacia el mundo. Podría añadir muchos otros interrogantes. Creo que éstos son los fundamentales y que, en una cierta manera, incluyen los demás que podrían plantearse. La ESPAC tiene el gran mérito de haber iniciado una reflexión muy profunda sobre la situación, y las implicaciones de la catequesis parroquial. En este V- Congreso se lograra sin duda avanzar en la comprensión de los grandes retos y, por tanto, de las grandes respuestas a estos retos que nos plantea hoy la catequesis. Les repito que esta Arquidiócesis lo recibe a todos ustedes, queridos participantes en el Congreso de la ESPAC, con inmensa alegría y auguramos que su estadía sea muy placentera para ustedes y los resultados del Congreso muy valiosos para nuestra Iglesia.

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V Congreso Nacional ESPAC
 

Discurso de bienvenida a los 1,500 participantes pronunciado por el Señor Arzobispo de Barranquilla Monseñor Rubén Salazar Gómez el viernes 29 de junio de 2001.

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