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Principal Boletines No 34 Diciembre 2001

 

Contenido No 34

 

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Boletín No. 34

Artículos

La Lectio Divina un camino de oración

En el transcurrir de la historia del ser humano se ha constatado, desde sus inicios, el deseo y la búsqueda permanente de Dios por medio de diversos comportamientos religiosos, para encontrar el sentido a su existencia.

La razón más alta de la dignidad humana consiste en la vocación del hombre a la comunión de Dios. El hombre es invitado al diálogo con Dios desde su nacimiento; y no vive plenamente según la verdad sino reconoce libremente aquel amor y se entrega a su creador.

Para tal fin, es necesario recurrir a los diversos medios espirituales, en primer lugar, al que es fundamento de toda la vida cristina: la Sagrada Escritura. En ella encontramos la obra redentora de Dios por amor a los hombres y la invitación a hacer de ella alimento cotidiano, para que luego nutra la fe de todos los individuos y las comunidades.

No basta con enviar a los fieles a que lean la Biblia es necesario formarlos para que puedan entenderla y asimilarla en sus vidas, por eso, desde los primeros siglos de la vida cristiana la Iglesia asumió como método para la formación de dicha oración lo que la cultura judaica había realizado durante varios años para la meditación de la Palabra de Dios: la Lectio Divina o Lectura Divina.

Esta oración presupone una actitud de fe. La Sagrada Escritura es aceptada por el creyente como la Palabra que el Señor ha dirigido y continúa dirigiendo a su pueblo, para comunicarle su vida y para indicarle el camino que lleva a la vida; no puede ser asumida por el interés o la curiosidad meramente intelectual.

Por consiguiente, esta lectura se realiza, de comienzo a fin en una actitud de oración, siempre bajo la acción del Espíritu Santo, el cual hace sentir su acción suscitando o profundizando la adhesión a la Palabra.

El método de la Lectio Divina, que se ha fortalecido y propagado a lo largo de la vida eclesial, está enmarcado por cuatro pasos fundametales: Lectio, Meditatio, Oratio y Contemplatio.

1- Lectio: (Lectura)

Es el momento en que leemos y releemos en espíritu de oración un texto de la Palabra de Dios lenta y atentamente, subrayando y revelando los puntos de apoyo del texto: Las acciones, los personajes, los verbos, los ambientes, los símbolos, los destinatarios, el lugar, las palabras claves.

El propósito de la lectura es de hacernos permanecer en la Palabra y de hacer permanecer la Palabra en nosotros, «Si permanecéis en mi Palabra (Jn 8, 31) y mis Palabras permanecen en vosotros (Jn 15, 7) seréis verdaderamente mis discípulos» (Jn 8, 31). En este paso podemos hacernos la pregunta: ¿Qué dice el texto en su contexto?

2- Meditatio: (Meditación)

En este segundo momento se reflexiona sobre los valores permanentes del texto, es decir rumiar lo leído hasta descubrir el mensaje que encierra para mi hoy esa palabra:

Es un diálogo entre lo que Dios me dice en su Palabra y mi vida, actualizando las Sagradas Escrituras y convirtiéndolas en una revelación para mi. En definitiva, es leer incansablemente el texto sagrado para admirarlo más y mejor, confiarlo a la memoria para no separarse más de El. La pregunta que nos podemos formular en este caso es: ¿Qué me dice eltexto en mi situación personal?.

3- Oratio: (Oración)

Lentamente el creyente se ve involucrado en los profundos sentimientos religiosos que el texto suscita o que Dios provoca en el interior. En este momento se produce en el corazón de la persona un sentimiento de permanecer con Dios, junto con Él, con tranquilidad sin otro deseo que el de escucharlo, de estar con El en silencio o de expresar la fe por medio de la súplica, la alabanza o la acción de gracias. El interrogante que nos puede abarcar en este instante puede ser: ¿Qué es lo que el texto me hace decir a Dios?.

4- Contemplatio: (Contemplación)

Es la culminación de todo el camino. La oración nos conduce poco a poco a un diálogo más íntimo con el Señor. En este encuentro profundo adquirimos una nueva visión de Dios, del hombre, del mundo y encontramos qué es lo que Dios quiere de nosotros.

La reflexión cede el paso a la adoración, al ofrecimiento de sí mismo, a la súplica de perdón. Si preparamos bien lo anterior alcanzaremos este momento. En ella podemos experimentar el consuelo de Dios, la capacidad de discernir lo que viene de Dios, la capacidad para asumir opciones evangélicas.

En este momento se produce una experiencia que inunda todo el ser y le impide el uso de sus facultades. Admiración, sorpresa de oír la voz del Maestro en todo instante, en todo lugar. No es ni éxtasis, ni experiencia extraordinaria, es, mirarla en el silencio de todo el Ser, en definitiva mirarle a El: «el más hermoso de los hijos de los hombres» (Salmo 43, 3).

Como primer elemento, es importante abrir el corazón, los oídos, propiciar un ambiente que permita la ESCUCHA. No podemos olvidar que la Palabra de Dios es para nosotros como la zarza de Moisés, un misterio atrayente. Hay una voz que nos invita a descalzarnos de todo lo que nos impide escuchar a Dios, los miedos, las prisas, las preocupaciones. Esto no nos deja ser discípulos de la Palabra. Por ello, hay que dedicar unos instantes antes de comenzar al silencio interior y exterior, colocarnos bajo el influjo el Espíritu Santo y dirigir una invocación al Padre para que haga su obra en nosotros.

En un segundo momento hay que tener en cuenta que la Lectio requiere una profunda armonía entre la forma de orar y la forma de vivir, es decir que por el encuentro personal con Jesús debemos concluir en su compromiso radical por la vida cristiana.

Y como tercer elemento la Lectio Divina supone dedicación y perseverancia para acostumbrarnos poco a poco a la pedagogía de Dios. Requiere que le dediquemos un tiempo exclusivo y justo cada día.

Al asumir seria y comprometidamente este estilo de oración se producirá en nuestras vidas un cambio total porque nuestras palabras y obras estarán arraigadas a Jesucristo Palabra de Vida eterna, trayendo consigo: una verdadera mentalidad evangélica, renovación interior profunda, centralidad de nuestra vida en Cristo y en el misterio de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, alegría, paz y discernimiento para enfrentar la cultura urbana, de tal modo, que viviendo en ella no seamos del mundo, sino hombres de Dios al servicio de los hombres de hoy.

Padre Juan Alvaro Zapata Torres
Delegado Zona P. E. Inmaculada Concepción

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