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Boletín No. 34
Reflexiones
Oración del Catequista
Señor, cuando pienso que soy catequista
de un grupo que se reúne en tu nombre,
se amontonan en mi memoria muchas palabras tuyas,
dichas desde tu experiencia, para mí.
Vosotros no os dejéis llamar «maestro»,
porque uno sólo es vuestro maestro,
y vosotros sois hermanos.
Tampoco os dejéis llamar «jefe»,
porque uno sólo es vuestro jefe.
Que no ocurra entre vosotros
lo que pasa en otros grupos de la tierra.
Al contrario, el que ocupa un cargo
que sea el servidor de todos.
¿Cómo unir, Señor, el compañerismo con la firmeza,
la humildad con la energía,
el diálogo con las decisiones,
la cercanía con la organización,
la igualdad con la función de responsable?
¿Cómo transmitir al grupo tu Buena Noticia,
si yo no la vivo con ilusión, fuerza y generosidad?
¿Cómo ser sal, luz y levadura,
si yo mismo ando, todavía dudando
y diciéndote todo los días «sí, pero...»?
Conviérteme primero a mi
para que pueda anunciar la Buena Noticia
a todos los que me has encomendado.
Tú que fuiste una síntesis de opuestos,
-acción y oración, suavidad y firmeza,
acogida y exigencia, corazón y objetividad,
amor y lucha- Trasmíteme tu temple interior,
para que sepa llevar las riendas,
de este grupo que me has encomendado,
con los ojos puestos en tí,
y los oídos en aquellas hermosas palabras:
«no he venido a ser servido, sino a servir».
Te doy gracias, porque me has llamado y elegido,
para ser acompañante de otras personas en su caminar hacia ti.
Lléname de tu fuego y de tu espirítu y
agarra mi mano con tu mano,
para que, juntos, agarremos muchas manos,
y muchas personas puedan vivir y sonreir,
saboreando la Buena Noticia de tu Evangelio.
Señor, no soy más que un catequista de un grupo que se reune en tu nombre...
Amen.

Ser persona al estilo de Jesús
Ante la afirmación de la Revelación tantas veces repetida en nuestras catequesis : «Dios hizo al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza», nos preguntamos ¿Cuál es el modelo humano-divino según el cual Dios nos hizo para que fueramos semejantes a Él? Y la misma Revelación nos responde diciéndonos que la imagen y semejanza de Dios que hay en cada ser humano es Jesucristo. Una mirada al Evangelio nos permite descubrir hasta que punto somos realmente personas al estilo de Jesús.
Pinceladas para descubrir qué tipo de persona era Jesús:
1- Una persona de carácter:
- Que muestra dominio en toda clase de situaciones.
- Que va directo al grano y no anda por las ramas.
- Que pone toda su personalidad en lo que hace.
- Que no cambia su opinión ante las dificultades.
- Que no se deja seducir por las opiniones de los grupos religioso-políticos de su tiempo: saduceos, fariseos, escribas, publicanos.
- Que no quiere seguidores a medias.
2- Una Persona cercana:
- Atento a todos, a nadie cierra su corazón.
- Sabe valorar los esfuerzos, la fe y los deseos de los que se le acercan.
- Tiene entrañas de misericordia; para nadie quiere el mal.
- Se identifica con los marginados y mal vistos.
3- Una persona que sabe lo que quiere:
- Tiene conciencia clara y consciente de que la voluntad del Padre es lo primero.
- Ama apasionadamente, y hasta dar la vida por sus amigos.
4- Una persona de libertad absoluta:
- Es integro, responsable, dueño de sí.
- Es libre frente a las riquezas, la autoridad, las leyes, el qué dirán, la familia, los amigos.
5- Una persona alegre, entusiasta y con moral de triunfo:
- A pesar del dolor y del mal, su alegría es profunda e invencible.
- A pesar de los fracasos, no se desamina.
- Jesús contagiaba alegría, y a su lado las personas se llenaban de esperanza.
6- Alguien que ama apasionadamente al ser humano:
- Y que lo ama no de palabra, sino con hechos y de verdad.
- Perdona, tiene compasión, sirve, se acerca, se entrega a los demás.
*¿En qué grado existen en tí estos rasgos de la personalidad de Jesús?

Gracias, muchas gracias
Gracias catequista, por responder a la llamada gratuita de Dios que te constituyó en educador de la fe de tus hermanos.
Gracias catequista, porque con tu alegría, disponibilidad, amor y paciencia me ayudas a descubrir la presencia amorosa de Jesús.
Gracias catequista, porque con tu vida sencilla y comprometida me enseñas que el cristianismo vivido al servicio de los hermanos es fuente de felicidad.
Gracias catequista, porque a través del estudio asiduo de la Palabra y de la doctrina de la Iglesia para compartirlo conmigo me liberas, ahora entiendo porque decía Jesús, «la verdad os hará libre».
Gracias catequista, porque lo que me enseñas no es solo el fruto del estudio de grandes volúmenes de doctrina sino tu simple y bella experiencia de fe.
Gracias catequista, porque me anunciaste a Jesús no solo con las palabras, sino, también con los gestos, la mirada y el silencio.
Gracias catequista, porque no respondiste a mis preguntas haciéndome creer que sabías mucho, sino, que me ayudaste a entrar en mí permitiéndome escuchar el espíritu que habla dentro de mí.
Gracias catequista, porque me enseñaste a percibir a Dios como Padre y me enseñaste a dirigirme a él como una hija.
Gracias catequista, porque al tener tanta paciencia conmigo me enseñaste a respetar el ritmo de los otros así como Dios hace con cada uno de nosotros.
Gracias catequista, porque me haces vivir el día del catecismo como día de encuentro, de fiesta, de comunidad, de reflexión, un día diferente a los otros.
Gracias catequista, por aceptar las críticas y correcciones sin desanimarte, y por estar siempre en búsqueda de nuevos métodos y experiencias.
Gracias catequista, por escucharme, animarme, exigirme, guiarme a Jesús y hacerme sentir miembro vivo de mi comunidad parroquial, Gracias por ser compañero en el camino de mi fe.
Por esto y por todo lo que aún queda en el fondo de mi corazón. Gracias, muchas gracias.
Hna. Anis Deiby Valencia
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