Al finalizar el año 2002 con el balance positivo de: la realización de la XI-Asamblea Nacional de Delegados Diocesanos ESPAC que brindó una visión tan positiva de nuestra realidad en el País; con la graduación de más de 750 catequistas que terminaron felizmente los cuatro semestres básicos; con la culminación de sus tésis de más de 200 alumnos del Quinto Semestre sobre diferentes aspectos de la Comunidad Cristiana; y de haber iniciado un número considerable de alumnos los estudios sobre la Liturgia en la Nueva Evangelización del Sexto Semestre, se abren ahora perspectivas muy halagüeñas para la vida de la ESPAC en 2003. Veremos crecer el número de alumnos, experimentaremos cómo el compromiso de los graduados se traduce en el mejoramiento de la catequesis en las muchas parroquias de las Diócesis ESPAC, cómo miles de niños y de jóvenes serán catequizados; de qué manera todos nos vincularemos en forma más comprometida con la causa de la evangelización y de la pacificación del País, pero sobre todo, nos enfrentaremos al reto de la realización del VI-Congreso Nacional en el mes de junio. Este congreso centrará nuestra atención y nuestras preocupaciones en torno de la persona de los abnegados Coordinadores de los cerca de 2.000 grupos de catequistas ESPAC de Colombia.
Lo anterior porque, cuando nos preguntamos por el futuro de la catequesis en general y de la ESPAC en particular, es necesario tener en cuenta que la persona del COORDINADOR es pieza clave en la organización y vida de nuestro Programa. La experiencia nos ha enseñado que la acción del Coordinador es definitiva en la vida del grupo y, consiguientemente, en la acción catequística de la parroquia y de la diócesis.
Dado que la catequesis continúa siendo acción de personas de buena voluntad, los coordinadores ESPAC merecen todo nuestro aprecio y la máxima gratitud de párrocos y de catequistas. Gracias a ellos la ESPAC continúa ocupando un puesto de primer orden en el panorama catequístico nacional y se proyecta sobre otros ámbitos de la Iglesia fuera del país. Pero, porque los coordinadores asocian por igual su anhelo de enseñar a su deseo de capacitarse, y las circunstancias lo exigen, considero que hemos llegado al momento en que la ESPAC necesita ocuparse comunitariamente en escudriñar caminos para responder a los retos que nos plantea hoy una catequesis diversificada dentro de los procesos de Nueva Evangelización y de iniciación cristiana.
Todo esto exige adoptar un programa de formación de Coordinadores capaces de orientar los procesos catequísticos en la Parroquia y en la Diócesis conforme a lo establecido en el Directorio General para la Catequesis. Esta tarea, a partir de la experiencia de tantos años, de los aportes que acaba de darnos la XI-Asamblea Nacional de Delegados Diocesanos reunida en Bogotá entre el 8 y el 11 de noviembre p.p.; de las sugerencias que quieran hacer los párrocos, los catequistas y los mismos coordinadores, nos permitirá obtener una mejor definición del perfil del COORDINADOR. Tal es nuestro propósito al convocar a toda la ESPAC de Colombia, desde ya, a la celebración de VI-Congreso Nacional ESPAC que Dios mediante realizaremos en junio de 2003.
Al enunciar esta urgencia me permito sugerir las siguientes líneas generales que considero importantes para diseñar con ustedes un proceso de formación profesional de nuestros coordinadores ESPAC. Pienso que además de los logros obtenidos al respecto durante los 17 años de historia de la ESPAC y la experiencia de cada uno y de cada una, debemos tener presentes los siguientes criterios:
Articular la Teología y la Catequesis
En la capacitación inicial de nuestros coordinadores debemos dar prioridad a una formación teológica suficiente para que el coordinador logre un doble objetivo: el de procurar una exposición razonada y coherente del contenido doctrinal de la catequesis y el dominio de los métodos catequísticos conducentes a la mejor adquisición de dicha doctrina. Es decir, debemos propender porque nuestros coordinadores estén capacitados para proponer una visión del cristianismo inteligente, actualizada y adaptada a los destinatarios de la catequesis de hoy dentro de su contexto sociocultural.
El Concilio Vaticano II, al respecto, resume este aspecto del ministerio de la Palabra y de la Catequesis, diciendo que catequizar es hacer que los hombres adquieran una fe viva, explícita y activa esclarecida por la doctrina (Cf Christus Dominus 14). Catequizar es, entonces, para nosotros, introducir la persona en la totalidad del misterio cristiano. Para ello, el conocimiento del dinamismo profundo de la fe cristiana debe desarrollarse primeramente en los coordinadores de manera que puedan ellos brindar a los catequistas, y, mediante ellos a los niños, a los jóvenes y a los adultos una enseñanza de la doctrina cristiana de manera organizada y sistemática para iniciarlos y llevarlos a la plenitud de la vida cristiana. (Cf. CT 18).
La catequesis, en el conjunto de la evangelización, es la etapa de la enseñanza y de la maduración, es el tiempo en el que el cristiano, habiendo aceptado por la fe la persona de Jesucristo como el único Señor y habiéndole dado una adhesión global por una sincera conversión del corazón, se esfuerza por conocer mejor al Jesús a quien se ha entregado (Cf. CT 20). Cuando empleo la palabra enseñanza no me estoy apartando del Evangelio que utiliza con frecuencia este vocablo para decir que Jesús enseñaba a sus discípulos: (Cf Lc 4.31-32; 5,3; 5.17; Mc 1,21-22; 4,1: 2.13; Mt 7,28-29, Jn 6,45: 16, 26), y el coordinador está llamado a ser un maestro de la fe. La fe no es sólo un sentimiento, una exclamación o una generosidad; la fe es un conocimiento y una fidelidad. No basta con decir a Jesús sin saber lo que ese SI entraña. Es por esto que el cristiano tiene necesidad de conocer lo mejor posible el misterio de Dios, su proyecto sobre el hombre y la historia de la Alianza (Cf. DGC 240). Esto implica que nuestro programa de formación del Coordinador ESPAC deba ser de gran calidad teológico-catequística que englobe cursos de exégesis, de dogma y de moral.
Conocimiento de los lugares de la catequesis
Hemos llegado al momento, en el contexto nacional, de definir las diferencias existentes entre Educación Religiosa Escolar y Catequesis. Será necesario que el Coordinador esté bien informado de los programas de la ERE como promotor que es de la vida cultural y religiosa de la parroquia y de los establecimientos educativos situados dentro de su jurisdicción, pero no puede perder de vista que, como corresponsable de la catequesis, debe mantenerse en estrecha relación con la diócesis, con la parroquia, con los catequizandos y con las familias de los catequizandos. Así, el Coordinador debe tener bien definidos los ámbitos propios de la Educación Religiosa Escolar y los de la Catequesis. La relación entre enseñanza religiosa escolar y catequesis es una relación de distinción y de complementariedad. Hay un nexo indisoluble y una clara distinción entre enseñanza religiosa y catequesis (DGC 73. La ERE pertenece al ámbito de la cultura y de los demás saberes humanos mientras que la catequesis pertenece al ámbito del ministerio de la Palabra para la educación y maduración de la fe. Sin embargo, como forma original del ministerio de la Palabra, la Enseñanza Religiosa Escolar también hace presente, a su manera, el Evangelio en el proceso personal de la asimilación sistemática y crítica de la cultura impregnada de los valores del Evangelio. Es decir, dentro del mundo de los valores de la enseñanza escolar, la ERE debe ser un dinamizador del Evangelio ya que, como los afirma Catequesis Tradendae, impregnando los demás elementos del saber humano y de la educación con los valores religiosos, impregna también la mente de los alumnos armonizando la cultura con la luz de la fe (cf. CT 69). La ERE se desarrolla en un contexto diferente de la catequesis de acuerdo con las condiciones legales y organizativas y los presupuestos de los educadores, de los padres de familia y de los alumnos, mientras que la catequesis debe desarrollarse en el ámbito de la vida familiar y parroquial. Sin embargo, para la escuela católica, para nuestras instituciones docentes confesionales la ERE debe ser complementada con la catequesis y las celebraciones litúrgicas por cuanto los alumnos católicos tienen el derecho de aprender con verdad y certeza la religión a que pertenecen. El carácter confesional de las instituciones docentes de la Iglesia, según las modalidades establecidas, es una garantía ofrecida a las familias y a los alumnos que eligen este tipo de educación. En todo esto el Coordinador está llamado a desempeñar una función determinante.
El valor de la cultura y la inculturación de la fe
Así como la humanidad histórica de Jesús le permitió proclamar la Palabra de Dios a las gentes de su tiempo, la inculturación de la catequesis debe lograr que el Evangelio sea palabra concreta para cada cultura. La metodología de la Palabra de Dios en el testimonio de Jesús es una metodología de encarnación. Cuando Jesús proclamaba la Buena Nueva no lo hacía de manera ajena a la mentalidad de sus oyentes: asumía todas las peculiaridades de la condición humana en un lugar y en una época determinados, dentro de un contexto social y político preciso. En su predicación Jesús utilizaba imágenes y fórmulas que recordaban a sus oyentes las realidades de su cultura. Esto nos lleva a pensar que el lenguaje de Cristo debe continuar encarnándose en el aquí y en el ahora de nuestro ambiente multicultural. En esta perspectiva, una catequesis inculturada debe mostrar que la evangelización no es cuestión de técnicas y tácticas humanas más o menos eficaces, sino el espacio creador de las condiciones que le permitan a Jesús realizar en cada cultura y en cada persona lo que hace falta a su Encarnación. Por ello, la inculturación de la catequesis exige del Coordinador, además de un buen conocimiento de la Biblia y de su mensaje, atención a los interrogantes y esperanzas existenciales de las personas con miras a actualizar adecuadamente el mensaje bíblico que constituye la respuesta a los interrogantes acerca del sentido de la vida, del destino del hombre y del mundo.
Fundamentalmente, la inculturación de la catequesis exige del Coordinador capacidad para discernir las relaciones existentes entre la fe y la cultura que condicionan la comunicación y la apropiación de la fe. Los textos de Gaudium et Spes y las reflexiones de Catequesis Tradendae lo mismo que el Magisterio posterior de la Iglesia sobre este tema deben ser conocidos y asimilados por el Coordinador hasta lograr una metodología de la inculturación. En síntesis, un programa de formación fundado en los conocimientos de la teología, de la exégesis, de la moral, de la metodología y la inculturación debe orientar la formación de nuestros Coordinadores.
Aprender a comunicarse
En nuestra cultura moderna y postmoderna del lucro y del consumismo, la fe aparece como un fenómeno extraño. Situados dentro de una cultura pluralista en nuestras democracias, se respeta la fe de los cristianos lo mismo que las creencias de los demás, pero se nos considera como personas extrañas, se nos mira como a esas personas que aman los muebles antiguos que cuadran muy bien en un salón amoblado a la antigua, según el gusto particular de cada uno. Pero, quienes así nos miran, los de la cultura de la informática y del robot, piensan que nosotros nos vestimos a la moda y amoblamos la casa de nuestra fe a la manera de las culturas ya superadas.
- La evangelización no es solamente una proclamación verbal aunque tiene una dimensión verbal inevitable. La evangelización es ante todo una proclamación vital de la persona de Cristo presente en la vida de cada creyente. En una sociedad caracterizada por el relativismo y el agnosticismo, las personas suelen pronunciar el nombre de su líder. Los creyentes en Cristo, llamados a dar razón de nuestra esperanza (1Pe 3,15) a veces no solemos proyectar nuestra vida con la transparencia necesaria para que los demás puedan reconocer de dónde nos viene tal esperanza.
- Sabemos bien que la palabra interpreta las acciones y la acción hace válida la palabra. No hay, pues, más que un camino para testimoniar a Jesucristo: la identidad entre Palabra y praxis, el compromiso cristiano, el testimonio de la vida. Esta metodología, según el DGC y la enseñanza permanente de la Iglesia es elemento determinante para que el Coordinador desempeñe de manera eficiente su ministerio catequístico.
- Nuestra sociedad desarrolla cada día más los medios de comunicación: cine, televisión, internet. Con este universo deben familiarizarse los coordinadores. Su preparación al respecto puede hacerse en estas tres dimensiones:
- Una ética de la comunicación que incluya la verdad, el respeto, la no violencia y la libertad.
- Dar todo su valor a la comunicación sabiendo que Dios mismo quiere comunicarse con nosotros.
- Conocer la doctrina de la Iglesia acerca de la comunicación y del empleo de los medios de comunicación expresada en el Concilio Vaticano II y en la multitud de documentos posteriores del Magisterio al respecto.
Dar prioridad a la catequesis de adultos
El Directorio General para la Catequesis n. 258a nos dice que la catequesis de adultos debe asumir siempre una importancia prioritaria. Se trata de impulsar una catequesis postbautismal, a modo de catecumenado que vuelva a proponer algunos elementos del Ritual de Iniciación Cristiana de adultos destinado a hacer captar y vivir la inmensa riqueza del bautismo recibido. Esto implica para el Coordinador ESPAC una capacitación que le permita diseñar y promover programas adaptados pedagógica y metodológicamente a este fin. Este aspecto, del cual se ocupó la X-Asamblea Nacional de Delegados Diocesanos reunida en Barranquilla en noviembre de 2000 y el V-Congreso Nacional gratamente realizado en Barranquilla en julio de 2001, abrió a la ESPAC los caminos por los cuales hemos venido transitando desde entonces en la realización de nuestra tarea de la Nueva Evangelización. Apenas estamos iniciando el camino que debemos recorrer en este sentido
La liturgia y la piedad popular
Es necesario que el Coordinador esté debidamente capacitado para establecer las relaciones existentes entre la liturgia y la piedad popular. Deberá saber el modo como las dos son vistas en el contexto del ámbito de sus funciones; deberá estar capacitado para afrontar las cuestiones que se le plantean al respecto; deberá reconocer que las expresiones de piedad popular, reconocidas y aprobadas por la Iglesia, han sido un soporte de la vida espiritual de los fieles, han producido frutos innegables de santidad y han contribuido grandemente a salvaguardar la fe y a promover la difusión del mensaje cristiano.
Pero es sabido que la relación entre liturgia y piedad popular se deteriora cuando en los fieles se debilita la conciencia de los valores propios de la liturgia, vale decir:
- Cuando disminuye o se desconoce el sentido de la Pascua y su lugar central en la Historia de la Salvación. Cuando esto sucede, los fieles necesariamente desvían su dimensión cultual hacia otros episodios de la vida de Cristo, de la Virgen María, de los ángeles y de los santos.
- Cuando se desconoce el sentido del sacerdocio común de los bautizados en virtud del cual todos los fieles están habilitados para ofrecer sacrificios agradables a Dios por medio de Jesucristo (Cf 1 Pe 2,5) en la vida sacramental y se ven obligados a reducirse a prácticas piadosas privadas para agradar a Dios a su manera.
- Cuando la acción absorbente y posesiva de los clérigos cierra el espacio propio de los laicos, en aquellas acciones que litúrgicamente son propias de éstos.
- Cuando se desconoce el lenguaje propio de la liturgia (el de los signos, de los símbolos y los gestos rituales) haciendo que los fieles pierdan el sentido de la celebración. Es entonces cuando los laicos optan por los ejercicios privados de piedad que responden más a las exigencias y situaciones de su vida cotidiana privada.
Cada uno de estos factores y muchos otros producen el desequilibrio existente en las relaciones entre liturgia y piedad popular con detrimento de la liturgia y con empobrecimiento de la piedad popular.
Fruto de las deliberaciones de los queridos Delegados Diocesanos en las dos últimas Asambleas Generales realizadas en el Foyer de Charité de Zipaquirá y en Barranquilla, es el VI-Semetre ESPAC consagrado al estudio de la Sagrada Liturgia y de la piedad popular y que hemos denominado la Liturgia en la Nueva Evangelización. En estos cuatro Módulos, el estudio de la Constitución Conciliar Sacrosanctum Concilium permitirá a nuestros Coordinadores y Alumnos descubrir la relación armónica que existe entre las dos expresiones de la piedad. Allí ha quedado establecido que no se pueden plantear las relaciones entre liturgia y piedad popular en términos de oposición, ni que es posible admitir que la piedad popular se equipare a la liturgia o que la pueda sustituir. Allí van a conocer nuestros catequistas el pensamiento de la Iglesia expresado tanto en la Constitución Conciliar como en el Directorio sobre la Piedad Popular y la Liturgia que nos acaba de regalar su Santidad Juan Pablo II a través de la Congregación para el Culto Divino.
Nuestro propósito ahora es lograr que el Coordinador ESPAC, llamado a ser promotor, renovador y dinamizador de la liturgia en la Parroquia, crezca en todos los aspectos que acabo de esbozar particularmente en el conocimiento del sentido litúrgico que le permita adquirir una visión equilibrada de la piedad popular en relación con la liturgia.
Monseñor Carlos Sánchez Torres
Director General de la ESPAC
