EL KERIGMA
Los catequistas ESPAC han oído hablar mucho del kerigma. Quienes acaban de iniciar su proceso de formación según la nueva metodología hicieron ya su retiro kerigmático y los que, van a comenzar su proceso con el Nuevo año, tendrán necesariamente que pasar por la experiencia del retiro kerigmático.
Pero, ¿Será verdad que ya todos tienen una idea clara de lo que es el Kerigma? Es posible que no, y por lo mismo, es bueno aclarar conceptos.
En general, se entiende por kerigma la predicación primitiva de los apóstoles como lo afirma San Pablo en 1 Cor 15, 2-4. Este estilo de predicación encontró pronto su desarrollo en las primeras comunidades cristianas según lo podemos constatar en los diversos libros del Nuevo Testamento, en donde encontramos la catequesis de la iniciación cristiana.
A partir de esta constatación, hay personas para quienes la palabra kerigma es el primer anuncio, para otros el Kerigma es todo el mensaje cristiano, el Evangelio en cuanto Buena Nueva de Salvación; para otros, el kerigma es la primera presentación del cristianismo a los no-cristianos llamada también la predicación misionera. Tal es el caso, por ejemplo, de la predicación de Pedro en los primeros capítulos de Hechos de los Apóstoles (2, 14-39; 3, 12-26) y la de san Pablo en Atenas (Hech 17, 22-31).
En la ESPAC entendemos el Kerigma como la predicación misionera, el anuncio de Cristo a los paganos, a los no creyentes o no convertidos. Este anuncio lo hace el Keryx (heraldo, anunciador, comunicador), en nombre de Dios, de quien ha recibido la misión y de cuya palabra le viene la autoridad. Ante esta proclamación, toda persona está obligada a adoptar una posición, a decidirse por lo que anuncia el keryx. De su aceptación o rechazo depende la salvación o la condenación vayan y anuncien el Evangelio el que crea se salva y el que no crea se condena dice Jesús resucitado.
El contenido de esta predicación misionera es la historia de la salvación, es decir, Cristo como centro y Señor de la historia, presentado a partir del anuncio de los profetas en el Antiguo Testamento hasta Juan Bautista y, desde su nacimiento hasta su muerte, su resurrección, su ascensión y su retorno glorioso al final de los tiempos (dimensión histórico-bíblica del Kerigma).
Este anuncio busca provocar la adhesión a Cristo por un fenómeno de entusiasmo, de simpatía, de deseo de comunión con Él al presentarlo como el Señor a quien es necesario entregarse plenamente. Se trata de una aceptación sumisa y total cuyas implicaciones doctrinales y morales se expondrán posteriormente en la catequesis. A la predicación del Kerigma corresponde, en los oyentes, la fe. Con la fe nace y se desarrolla la iglesia, el Pueblo de Dios, formado por los que han aceptado la palabra (dimensión eclesial del kerigma).
Aunque la presentación kerygmática de Cristo hecha por Juan Bautista cuando señala a Jesús diciendo: Este es el Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo, busca primeramente suscitar un entusiasmo hacia su persona, sin embargo, esta simpatía no puede estar desprovista de fundamento. Serán necesarios signos obrados por Dios que acrediten la palabra del Keryx como sucedía en el caso de los apóstoles: son las profecías y su cumplimiento en Cristo el argumento empleado por los evangelistas; son los milagros obrados en su nombre, pero también son los milagros morales tales como la audacia del anunciador, el testimonio de su vida, la convicción de su palabra y sus constancia aún en las persecuciones.
El kerigma no está respaldado solo por estos signos; lo está también por el testimonio de la comunidad cristiana tal como nos lo demuestra el Libro de los Hechos de los Apóstoles (2. 42-46): el testimonio de una vida que viene del Espíritu Santo y que consiste en la caridad, la alegría, la oración en común, la fe, la participación en la Eucaristía, la obediencia a los Apóstoles. Con su vida misma la comunidad da testimonio de la fuerza transformadora del mensaje anunciado por el Keryx.
La consecuencia de la aceptación del Kerigma es la conversión (metanoia) que implica la entrega total a Dios y el rechazo de todo cuanto aleja de Él.
Es así como los apóstoles presentaron el cristianismo a los no-cristianos. Es esta la predicación misionera o kerygmática de la Iglesia de siempre. Anuncio público y solemne de la salvación en Cristo acompañado de señales y de poder, con miras a producir y crear la fe y la conversión.