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XIII - Asamblea Nacional de Delegados

Discurso de bienvenida de Monseñor Carlos Sánchez Torres, Director General de la ESPAC

Excelentísimo Monseñor Tulio Duque, Obispo de Pereira, Reverenda Hermana Lilian Rivero, Delegada Diocesana de la Diócesis de Pereira para la ESPAC, Reverendos Padres, Reverendas Hermanas, muy queridos laicos Delegados de los Excelentísimos Señores Arzobispos y Obispos para la ESPAC.

Sean todos ustedes bienvenidos a esta XIII-Asamblea Nacional de Delegados Diocesanos. Reciban, junto con mi saludo, mis agradecimientos más expresivos: Monseñor Tulio Duque y Hermana Lilian por su generosa acogida; los Delegados y Delegadas por su respuesta generosa a esta invitación. Bienvenidos los demás participantes y observadaores que aspiran a establecer la ESPAC en sus diócesis o comunidades.

Sabemos bien que la Asamblea, General de la ESPAC, que siempre hemos realizado por estos días finales del año lectivo, ha venido a constituirse en el máximo organismo académico-pastoral de la Escuela. De sus reuniones ha brotado y crecido nuestra amistad, nuestro compromiso y lo que es hoy la ESPAC en Colombia. El hecho de que la Escuela Parroquial de Catequístas se haya constituido en un instrumento válido y funcional para la formación de envagelizadores en tantas regiones del país nos llena de gozo y nos impulsa a continuar luchando por la causa que es la razón de ser de la Iglesia: anunciar el Evangelio.

La LXXVII Asamblea General del Episcopado.

En el pasado mes de julio, Los Obispos de Colombia, reunidos en Asamblea General, dedicaron su Agenda al estudio de la gran urgencia de la Iniciación cristiana, de la evangelización y de la catequesis. A esta asamblea fuimos también invitados la mayoría de los aquí presentes. Y fue muy grato para nosotros constatar, entonces, que el temario desarrollado durante los días transcurridos entre el 5 y el 9 de julio, coincidía íntegramente con el que nos ha ocupado en nuestras últimas Asambleas Generales realizadas en Zipaquirá (año 2000), Barranquilla (año 2001), Bogotá (año 2002) y Sincelejo (año 2003). Fue muy grato, digo, constatar esta identidad de pensamiento porque pudimos experimentar una vez más el espíritu de comunión que siempre ha distinguido a la ESPAC como garantía de que caminamos en plena sintonía con Cristo y con su Iglesia. Los Señores Obispo, en efecto, dedicaron esta Asamblea al estudio de los siguientes temas:

  • Evangelización e iniciación cristiana
  • La evangelización: tarea esencial y prioritaria
  • El catecumenado como modelo del proceso de Iniciación Cristiana
  • La catequesis en la vida de los cristianos
  • La catequesis con adultos y la Educación Permanente de la fe

Ciertamente este temario emerge del pensamiento de la Iglesia iniciado en el Concilio Vaticano II, desarrollado en Evangelii Nuntiandi, en Catechesi Tradendae, en los Directorios Generales de la Catequesis de 1971 y 1997, en otros documentos posteriores y en lo prescrito en el Ritual para el Bautismo de Adultos de 1971.

Exhortación Pastores gregis

El Papa Juan Pablo II, en su Exhortación Apostólica Pastores Gregis (16 octubre 2003) les dice a los obispos, como los primeros responsables que son de la iniciación cristiana:

“38. En las circunstancias actuales de la Iglesia y del mundo, resulta providencial la recuperación, sobre todo para los adultos, de la gran tradición de la disciplina sobre la iniciación cristiana. Ésta ha sido una disposición oportuna del Concilio Vaticano II, que de este modo quiso ofrecer un camino de encuentro con Cristo y con la Iglesia a muchos hombres y mujeres deseosos de entrar en comunión con el misterio de la salvación en Cristo, muerto y resucitado por nosotros.

Mediante el itinerario de la iniciación cristiana, se introduce progresivamente a los catecúmenos en el conocimiento del misterio de Cristo y de la Iglesia, análogamente a lo que ocurre en el origen, desarrollo y maduración de la vida natural.

Así pues, los Obispos, lo dice el Papa, teniendo en cuenta las circunstancias actuales han de poner en práctica las prescripciones del Rito de la iniciación cristiana de adultos. Por tanto, han de procurar que en cada diócesis existan las estructuras y agentes de pastoral necesarios para asegurar de la manera más digna y eficaz la observancia de las disposiciones y disciplina litúrgica, catequética y pastoral de la iniciación cristiana, adaptada a las necesidades de nuestros tiempos”.

Visita ad límina - Informe quinquenal

Y el mismo Papa Juan Pablo II, hace un mes, el 30 de septiembre pasado, refiriéndose a los temas tratados en la Asamblea Episcopal del mes de julio, decía a los obispos de Colombia que acudieron a Roma a rendir el informe quinquenal de sus diócesis:

“5. Recientemente habéis reflexionado sobre la iniciación cristiana como uno de los puntos claves de la evangelización. Un argumento crucial y apasionante a la vez, pues responde directamente al mandato de Cristo: «haced discípulos a todas las gentes [...] enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado» (Mt 28, 19-20). Se trata de cultivar la fe naciente, como brotes que acrecientan y dan nueva vida a la Iglesia de Dios. Iniciar en la fe es también, para los pastores y las comunidades, una magnífica oportunidad de revivir el misterio salvador de Dios desde sus comienzos: el don inmerecido de la gracia santificante que nos une más profundamente a Cristo; la efusión del Espíritu Santo que transforma y vivifica, haciendo de la vida humana un continuo crecimiento como nueva criatura; la incorporación a la Iglesia para ser con ella germen e inicio del Reino de Dios en la tierra (cf. Lumen gentium, 5). Todo ello pone ante los ojos lo sublime de nuestro origen como cristianos y la excelsa vocación a la que estamos llamados.

En las diversas fases de la iniciación cristiana, quien enseña los misterios de la salvación se ve, además, en la necesidad de profundizar cada día en ellos, sin dar nada por consabido o descontado, descubriendo continuamente su grandeza y manteniendo vivo el estupor ante lo sublime. Eso le será de gran ayuda no sólo para acrecentar su propia fe y consolidar el compromiso bautismal, sino también para tomar conciencia de la gran responsabilidad que asume ante los catecúmenos y neófitos. El futuro de éstos como discípulos de Jesús estará condicionado, en buena medida, por el ejemplo de las personas que les han formado, así como por la capacidad de inculcar en sus corazones una fe viva, sólida y completa.

La necesidad de una iniciación cristiana, dice el Papa, organizada, adaptada a la condiciones culturales de nuestro tiempo y de cada lugar, dirigida por pastores y catequistas ejemplares bien capacitados, se convierte en una prioridad, sobre todo allí donde el ambiente social es desfavorable al crecimiento en la fe o fallan los cauces para su transmisión y desarrollo, como son la familia, la escuela o la misma comunidad cristiana. Tal vez pueda ser útil inspirarse en la disciplina de los primeros siglos, cuando, además de comprobar la buena intención de los candidatos, se les instruía con esmero en el mensaje de Cristo y en la conducta propia del cristiano, examinando después «si han vivido correctamente su catecumenado, si han honrado a las viudas, si han visitado a los enfermos, si han hecho obras buenas» («Traditio Apostólica», 20)

Nuestro propósito

Dispuestos hoy nosotros a iniciar las deliberaciones de nuestra XIII Asamblea Nacional de Delegados Diocesanos para la ESPAC, y situados dentro de los parámetros eclesiales que acabo de citar y de los criterios eclesiales del Año de la Eucaristía que acabamos de inicair,

Nos obliga, en primer lugar, una acción de gracias al Divino Maestro porque, “en las circunstancias actuales de la Iglesia y del mundo”, ha querido guiar nuestro itinerario de manera que, con los resultados de nuestras cuatro asambleas anteriores, la ESPAC se ha anticipado para ofrecer a la Iglesia de Colombia un programa para la formación de evangelizadores renovado, enteramente ajustado al pensa-mientos de la Iglesia y acogido por la mayoría de los Señores Obispos.

Convencidos de la metodología pastoral prescrita hoy por la Iglesia, nos obliga, en segundo lugar, a respetar, acoger y apoyar los planes de pastoral adoptados en las Diócesis que han acogido la ESPAC . Sabemos que, aunque sean diferentes los sistemas que orientan dichos planes, la ESPAC está hecha a la medida de cualesquiera de ellos, porque sabemos que uno solo es el camino que conduce al único fin: la evangelización de nuestras comunidades parroquiales.

Estos propósitos deben naturalmente, estar enmarcados dentro del querer de la Iglesia al dedicar este año a la Eucaristía. El Santo Padre Juan pablo II en su Carta Apostólica “Quédate con nosotros” nos ha dejado una especie de testamento de todo lo que ha sido su Pontificado al tomar como lema de este proyecto la exclamación de los discípulos de Emaús: “Quedate con nosotros porque atardece y el día ya va declinando (Lc 24, 29). Tenemos en este propósito y en esta carta una amplia tarea que realizar en la ESPAC guiados por los contenidos que subyacen en las expresiones: “La Eucaristía, misterio de luz”; “La Eucaristía principio y fuente de comunión” y la “Eucaristía impulso y fuerza para la misión”.

Fieles a la Iglesia, en plena comunión con el Santo Padre y con nuestros Obispos, bajo el amparo maternal de María, la “Estrella de la evangelización”, dediquemos estos tres días de la XIII-Asamblea nacional de Delegados Diocesanos para la ESPAC a sintonizar nuestras mentes y nuestras voluntades con los criterios evangelizadores de la Iglesia.

Apertura
Discurso de Monseñor Carlos Sánchez Torres
  La LXXVII Asamblea General del Episcopado
  Exhortación Pastores gregis
 

Visita ad límina - Informe quinquenal

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Actualizado: 2/16/05 - webmaster