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XIII - Asamblea Nacional de Delegados

Adopción de criterios para los escrutinios dentro del proceso catecumenal de la ESPAC

EL Ritual para el Bautismo de Adultos (RICA), nos da algunas claves que nos permiten rescatar lo que fueron los escrutinios en el proceso catecumenal en los primeros siglos de la Iglesia y adoptar un modelo para la ESPAC.

El RICA refleja el deseo de la Iglesia de rescatar el proceso catecumenal, por etapas, en la iniciación cristiana y de recuperar las dimensiones de la celebración litúrgica entorno del Misterio cristiano, dentro de la comunidad de los creyentes.

1. El hecho mismo de llamarlo: “Iniciación cristiana de adultos”, denota el carácter de ordenamiento o itinerario dinámico, vinculado a procesos de vida que buscan introducir gradualmente al discípulo de Jesús en la vida cristiana, constituida por los valores del Evangelio.

La ESPAC al asumir esta metodología por procesos pretende que sus catequistas hagan este recorrido según lo indica el DGC de 1997.

2. Con los diversos escrutinios rituales que se celebran al término de cada etapa en la ESPAC, se pretende comprobar hasta dónde el futuro catequista, va adquiriendo el estilo de vida moral (valores, actitudes, relaciones, convicciones, conductas) que corresponden a quien ha sido consagrado por el agua y el Espíritu.

3. En la experiencia y en la incorporación al Misterio Pascual se sintetiza el proceso de la iniciación cristiana. Ella en efecto, convoca para entrar en la dinámica de tinieblas-luz, de pecado-gracia, de esclavitud-liberación, de muerte-vida, que se va desplegando a través de varios momentos relevantes del proceso catecumenal de la ESPAC; la ruptura progresiva con la vida antigua, la renuncia a lo que San Pablo llama “el hombre viejo” y la pública profesión de fe, preceden al baño liberador donde la Vida brota de la muerte por el poder del Espíritu.

El catecumenado de la Iglesia primitiva, de donde toma su inspiración el RICA, va gestando la gradual y progresiva adopción de comportamientos cristianos por parte del catecúmeno (RICA 19, 2). Es claro que el seguidor de Jesús tiene que ir asimilando los valores emanados del Evangelio. Es evidente, que desde sí mismo(a) y desde su contexto socio cultural, el catecúmeno tendrá que enfrentar situaciones nuevas que retarán la fidelidad a sus convicciones.

4. Para la realización de este proceso, el RICA subraya la necesidad de tener en cuenta las circunstancias particulares de tiempo y lugar de quienes realizan el itinerario de su fe. Es importante destacar que el proceso de iniciación cristiana debe situarse en la historia y en la cultura de quienes lo hacen. Dentro de este espacio el catecúmeno debe ir adquiriendo una identidad que lo sitúa dentro de los criterios del Evangelio que lo invitan “ a ser perfecto como el Padre celestial es perfecto”.

El contexto histórico y socio cultural dentro del que debe desarrollarse el proceso catecumenal permite al catecúmeno crecer en una fe comprometida con los valores humanos y comprender que la vida teologal es un proceso que debe enraizarse en las realidades concretas del mundo de los hombres. De esta manera el catecúmeno debe asumir su formación como algo que pertenece a su ser y a la cultura de su entorno tal como se realiza en su Iglesia local. (Cfr. RICA 41).

5. La comunidad local es el espacio donde el cristiano debe desarrollar los ministerios, diaconías y carismas tal como lo afirma el Apóstol Pablo en 1 Cor. 12, 4-6. Los escrutinios atienden a verificar este desarrollo.

Si las diferentes comunidades, formadas por los apóstoles, crecieron en estas dimensiones, también hoy, quienes se inician en el proceso catecumenal y lo culminan, deben caracterizarse por poseer estas capacidades. (1 Cor. 12, 8; Rom. 12, 7; Ef. 4, 11).

6. La Iglesia es ministerial por vocación, por origen, por esencia y por finalidad. En su ser y en su tarea lleva impreso el signo de la diaconía. Un don, una dádiva o un carisma que no se traduce en ministerio resulta ofensivo al Espíritu que los otorga con esa intención. La misión de anunciar el Evangelio debe hacerse en comunidad y para la comunidad. La misión de anunciar el Evangelio, para los catecúmenos de los primeros siglos, era realizable sólo si todos los miembros de la comunidad se hacían ministros del Evangelio, es decir, si todos los miembros de la comunidad, se convertían en comunidad ministerial.

La ministerialidad, afecta por igual a pastores, religiosos y laicos. “Hay que pasar del binomio: clérigos-laicos, al binomio comunidad-ministerios”

7. Los ministerios son un elemento constitutivo y estructurante de la Iglesia. La Iglesia nace y se realiza por la ministerialidad de toda la comunidad cristiana. Debido a su esencial ministerialidad, la Iglesia es engendrada ministerialmente, se edifica a sí misma ministerialmente y es engendradora de ministerios al servicio de todos.

El Concilio Vaticano II, en el Decreto Ad Gentes Nº 13, sostiene que el Precatecumenado y el Catecumenado son de gran importancia por cuanto dispone el corazón de los que se inician en la fe, para que “crean, se conviertan libremente al Señor y se unan con sinceridad a Él…”; por otra parte, la iniciación se “hace con la libre cooperación de los catecúmenos” (RICA 9, 5).

8. La presencia del Espíritu en la historia de la salvación en el A.T., en el ministerio de Jesús y en la existencia de toda comunidad creyente se despliega de tres formas diferentes en el proceso catecumenal de la fe:

  • El Espíritu es precursor se adelanta para disponer al futuro,
  • El Espíritu es acompañante, le va dando al creyente “ojos para ver y oídos para entender” los misterios de Dios, y
  • El Espíritu es continuador va forjando al catequista, para llevarlo hasta la estatura de hombre perfecto. (RICA 4).

9. Podría decirse que el proceso total de la iniciación cristiana, como la describe el RICA, está concebido como una gran celebración que se va escalonando a través de sucesivas celebraciones en momentos puntuales. Hay un marco celebrativo que impregna cada uno de los instantes en los que el catecúmeno va accediendo gradualmente a su experiencia de vida teologal. Prácticamente no hay acción que no se exprese celebrativamente o en clima de celebración (inscripción del hombre o elección, escrutinios, entregas, celebración de los sacramentos, Mystagogía).

Este sentido celebrativo, se va adquiriendo durante el proceso juntamente con la conciencia de la gratuidad, trascendencia e inmanencia del misterio cristiano. De esta manera durante el proceso de la Iniciación Cristiana, va tomando fuerza de lo que es el lenguaje de los signos en la liturgia. Utilizamos lo símbolos para vincularnos con realidades invisibles o distantes, haciéndolas presentes y accesibles a nuestro espíritu. Son mediaciones sensibles que nos llevan al misterio escondido de las cosas, de las personas o de Dios.

El símbolo convoca, evoca y provoca, pero lo hace impactando al hombre entero en el centro mismo de su ser y no exclusivamente en el ámbito de sus ideas. “El símbolo pone en juego al hombre entero, tanto en su ser personal como en su ser comunitario… las realidades más tangibles y materiales adquieren todo un cuerpo de significaciones…”.

10. El catequista ESPAC, tiene que ir avanzando en la vivencia, el conocimiento, la profundización, la asimilación vital de su compromiso con realidades cada vez más profundas. Por eso su vida teologal, tendrá cada vez un carácter más profundo, inacabado e irrenunciable, ya que tendrá que mantenerse como “neófito permanente”, es decir: alguien que necesita ser constantemente iluminado por la claridad que surge del misterio de Dios, experimentado en las mediaciones históricas de su comunidad creyente.

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Actualizado: 2/11/05 - webmaster