XIV - Asamblea Nacional de Delegados
Encuentro regional de catequesis países bolivarianos
Acción misionera y catequesis
Manuel José Jiménez R., Pbro.
Necesidad de un cambio de paradigma.
Años antes del Concilio Vaticano II, teólogos y catequétas, especialmente en contexto europeo, tomaron conciencia de la fuerte incidencia que los cambios en el mundo ejercían sobre la evangelización y la catequesis. La tradicional sociedad cristiana desaparecía y se instauraba una sociedad mucho más secularizada y descristianizada. El contexto en que se debía educar en la fe a los creyentes no era más el de cristiandad, con sus luces y sus sombras, sino un contexto explícitamente misionero.
La toma de conciencia de esta situación ha crecido en la Iglesia. Diferentes estudios asumen el problema y llaman la atención sobre el mismo. Es el caso del realizado por Joseph Gevaert, cuando se detiene a pensar el modo de anunciar el evangelio a quienes no conocen a Cristo. Hace notar que en el actual contexto misionero los cristianos convencidos son muy pocos en medio a un número grande de cristianos. Incluso, y he aquí un profundo llamado de atención para todos, es posible encontrar una cantidad inmensa de bautizados que no conocen a Cristo y el Evangelio. Bautizados, algo más grave aún, que no han hecho personalmente la elección de ser cristianos. Es decir, algo bien irónico pero real, bautizados no convertidos. Tal como lo señala también Giussepe groppo en uno de sus estudios: "En efecto, muchos de sus miembros (bautizados, confirmados, que se casan por la Iglesia, que exigen sepultura religiosa para sus difuntos y tienen todavía una cierta práctica cultual) no se han convertido nunca verdaderamente al cristianismo, es decir, no han definido de modo explícito su opción global de fe".
El problema señalado es grave. Manifiesta un profundo vacío en nuestra acción educativa y evangelizadora: no hemos educado ni acompañado la conversión. Tenemos, y lo decimos con el riesgo a caer en generalizaciones, una gran masa sacramentalizada pero no verdaderamente convertida. Y no es un problema del cual la Iglesia en su magisterio no sea consciente o no haya llamado la atención. De hecho, bástenos recordar una de las afirmaciones contenidas en el actual Directorio General para la catequesis al momento de tratar la relación entre primer anuncio y catequesis, y mostrar la ausencia de la opción global de fe y los problemas educativos que comporta su no educación, y peor aún, el no reconocer este vacío: " El primer anuncio, que todo cristiano está llamado a realizar, participa del id (...) La catequesis, en cambio, parte de la condición que el mismo Jesús indicó, el que crea (...)En la práctica pastoral, sin embargo, ambas acciones no son fácilmente delimitables. Frecuentemente, las personas que acceden a la catequesis necesitan, de hecho, una verdadera conversión (...) Sólo a partir de la conversión, contando con la actitud interior de el que crea, la catequesis propiamente dicha podrá desarrollar su tarea específica de educación de la fe" (DGC 62)
Es un hecho que los problemas por los que atraviesa la catequesis en la actualidad no son tanto de formas, o de métodos o de instrumentos. Es ante todo un problema de finalidad. No es vista ni desarrollada como medio de formación al servicio de la iniciación cristiana. Pero no sólo eso explica nuestra situación de crisis, o de fracaso en términos del Cardenal Ratzinger. Cómo no ha habido un anuncio misionero previo que eduque la conversión inicial y favorezca esa opción global por hacerse cristiano, es que la catequesis, recordemos lo que dice el Directorio, no puede desarrollar su tarea específica de educación en la fe. Hemos olvidado, de nuevo palabras del Directorio, "que sobre esa opción fundamental descansa toda la vida cristiana del discípulo del Señor" (DGC 57).
Consciente de la situación misionera (o de nueva evangelización) en que nos encontramos, a sí como de los graves problemas por los que atraviesa la catequesis (en donde uno de los más prominentes es la no comprensión de la catequesis como "escuela de fe, como aprendizaje y entrenamiento de la vida cristiana"), el Directorio nos invita a pensar la actividad catequética de un modo renovado tomando como paradigma la "misión ad gentes" (DGC 59), y a considerar la necesaria "coordinación de la acción catequética con la acción misionera que la precede, y con la acción pastoral que la continúa". Llamando la atención que en este contexto, "la vinculación entre el anuncio misionero, que trata de suscitar la fe, y la catequesis de iniciación, que busca fundamentarla, es decisiva en la evangelización". Puesto que " la situación actual de evangelización postula que las dos acciones, el anuncio misionero y la catequesis de iniciación, se conciban coordinadamente y se ofrezcan, en la Iglesia particular, mediante un proyecto misionero y catecumenal unitario".
Lo que exige de parte nuestra un cambio profundo de paradigma. Dejar de pensar la renovación de la catequesis y la superación de sus problemas educativos en relación con la acción pastoral (aunque es claro que no hemos de olvidar la necesaria coordinación entre estas etapas y acciones de la evangelización), sino, como lo afirma de nuevo el Directorio General, "hoy la catequesis debe ser vista, ante todo, como la consecuencia de un anuncio misionero eficaz" (DGC 277). O como afirma en otro lugar: " La renovación catequética debe cimentarse sobre la evangelización misionera previa" (DGC 62). El nuevo paradigma pide nosotros comprender la catequesis, al interior del proceso global de evangelización, como etapa central y fundamental. Es decir, como eslabón necesario entre la acción misionera que llama a la fe y la acción pastoral que la alimenta de modo permanente y continuo. Sin ella la acción misionera no tendría continuidad y sería infecunda. Sin ella la acción pastoral no tendría raíces y sería superficial: cualquier tormenta desmoronaría el edificio (DGC 64)
Como consecuencia del nuevo paradigma, la catequesis podrá recuperar el sentido auténtico de lo que está llamada a ser de modo específico y propio: ser itinerario educativo al servicio de la iniciación cristiana integral.
Porque se hace necesario pensar la relación entre anuncio misionero y catequesis.
Hemos señalado que para el Directorio la catequesis, independientemente del contexto, es decir como realidad de siempre y para siempre y en todos los tiempos y lugares, sigue y es consecuencia de la acción misionera. Al ubicarla y entender su identidad y naturaleza dentro del proceso global de evangelización en sus distintas etapas y en la articulación necesaria de la mismas, enseña que la catequesis es ese segundo momento destinado a estructurar, la personalidad de discípulo de Jesús en la Iglesia. Tarea suya es acoger al convertido y educarlo de modo integral en la vida cristiana iniciándolo de modo conveniente en todas las dimensiones de la fe y de la vida cristiana. Esta es su naturaleza y su finalidad, y esa tiene valor para todos en los tiempos y lugares.
Si vamos más allá de su identidad propia y nos ubicamos en el contexto de nueva evangelización , esta realidad y tarea de siempre de la catequesis, asume un carácter prioritario y fundamental. Pues la necesaria vinculación de siempre entre nuncio misionero y la catequesis de iniciación, o la coordinación entre estas dos etapas, se hace más compleja, puesto que, afirma el Directorio, "a veces se pretende impartir una catequesis ordinaria a jóvenes y adultos que necesitan, antes, un tiempo de anuncio en orden a despertar su adhesión a Jesucristo". Razón por la cual, la situación actual postula que las dos acciones se conciban coordinadamente y se ofrezcan, en la Iglesia particular, mediante un proyecto evangelizador misionero y catecumenal unitario. Pues hoy la catequesis (nunca debió dejar de serlo) vista, ante todo, como la consecuencia de un anuncio misionero eficaz (DGC 277).
Digamos que para el Directorio de Catequesis habría dos modos de justificar la necesidad de articular anuncio misionero y catequesis. Una, la primera y fundamental, independiente del contexto y de las circunstancias, a partir de la naturaleza e identidad del proceso evangelizador y de la misma catequesis. Y otra, para dar respuesta a los desafíos del momento, a partir del contexto de nuevo evangelización o contexto misionero. La primera nos recuerda que el fundamento es ante todo de carácter teológico y pedagógico. Pues nos hace notar que el primer anuncio es el primer paso necesario en la formación de la personalidad del discípulo de Cristo. No se puede saltar y no se puede dar por supuesto. Como primer paso necesario se orienta a despertar y suscitar la conversión. Y sólo a partir de él y después de él vendrá la catequesis propiamente dicha, entendida como el segundo paso pedagógico que supone el primero.
La acción misionera y su tarea de primer anuncio no es cuestión de un instante, de momento, de coyuntura. Es acción propia del proceso de evangelización (primera etapa), momento orientado a suscitar y despertar la conversión, sin la cual, ni la catequesis, ni la acción pastoral, como acciones posteriores podrán realizarse de modo propio, fructífero y adecuado. Por eso para el Directorio se hace necesario (pues lo hemos olvidado) toda Iglesia particular ha de promover una intervención institucionalizada del primer anuncio, como la actuación más directa del mandato misionero de Jesús (DGC 63). Intervención institucionalizada significa, sobre todo, que las comunidades cristianas lleven a cabo una pastoral misionera seria y permanente.
No interesa que los tiempos cambien y sean otros. No importa si el contexto de evangelización asume otras características, incluso poco o nada parecidas al contexto misionero actual. No hemos de olvidar que la acción misionera es la primera etapa de la evangelización que no puede y no debe ser saltada o dada por supuesto. Incluso en un contexto como el nuestro en donde el bautismo de niños sigue siendo normal y masivo. En donde el bautismo, para el caso propio del niño no de los padres, es anterior a cualquier tipo de acción misionera y de cualquier catequesis. Se necesita, dentro de ese cambio de paradigma que hablamos, que entendemos que destinatarios del anuncio misionero son también los niños bautizados de pequeños, mediante una acción especifica llamada "despertar religioso". Y que para ellos también se aplica el siguiente principio recordado por el Directorio de modo reiterativo: Sólo a partir de la conversión, contando con la actitud interior de el que crea, la catequesis propiamente dicha podrá desarrollar su tarea específica de educación en la fe.
El segundo motivo que justifica prestar atención privilegiada al "antes" de la catequesis, es decir a la etapa de acción misionera, lo decíamos, es de tipo más coyuntural. Es decir, lo pide el contexto misionero de nueva evangelización. Este contexto lo describe el Directorio en los siguientes términos: "En muchos países de tradición cristiana, y a veces también en las Iglesias más jóvenes, se da una situación intermedia, ya que en ella grupos enteros de bautizados han perdido el sentido vivo de la fe o incluso no se reconocen ya como miembros de la Iglesia (...) Su peculiaridad consiste en que la acción misionera se dirige a bautizados de toda edad, que viven en un contexto religioso de referencias cristianas, percibidas sólo exteriormente (DGC 58).
En este contexto con las características descritas, señala el Directorio, "el primer anuncio y la catequesis fundamente constituyen la opción prioritaria" (DGC 58). Lo que explica que en este contexto se necesite como nunca antes la necesaria coordinación entre el anuncio misionero y la catequesis de iniciación y que toda Iglesia particular lo realice mediante un proyecto misionero y catecumenal unitario (DGC 277). Pues la renovación de la catequesis se cimienta sobre la acción misionera previa (DGC 62).
Sentido propio de la acción misionera.
La acción misionera es el punto de arranque necesario de la evangelización. Su objetivo es despertar y suscitar la fe. Entendida ésta como conversión a Cristo, adhesión a su persona, deseo de hacerse y vivir como discípulo suyo. Implica tanto la conversión a Dios como el Dios único y creador, y la conversión a Jesucristo como Hijo de Dios salvador único y definitivo de la humanidad.
Si la fa fe cristiana es conversión a Cristo, adhesión plena a su persona y decisión de caminar en su seguimiento, se hace necesario que todos los agentes de evangelización trabajemos a partir de un concepto claro, bíblico y dinámico de la fe y de la conversión. Pues sólo así superaremos una tentación fuerte de la educación en la fe y de la catequesis: el peligro de ser demasiado moralizantes; o de reducir el Evangelio a un manual urbanidad o de buenas costumbres. Hemos de ser concientes que el propósito de todo el proceso evangelizador en cada una de sus etapas, y en el respeto de su dinámica propia, consiste en llevar al convertido a vivir como discípulo de Cristo en la Iglesia. Lo que implica educar a pensar como Cristo, juzgar como Cristo y vivir como Cristo (CT 20). Es decir, educar a tener una mentalidad cristiana, una mentalidad de fe. Y esto, como lo muestra la historia de la Iglesia, lleva consigo necesariamente un cambio de vida, una auténtica "metanoia". La cual, de acuerdo con el proceso descrito y con la meta a alcanzar, no se improvisa. Ha de ser educada y acompañada. Y todo el proceso de evangelización esta al servicio de este proceso de conversión permanente. Y, por lo mismo, nunca hemos de saltarnos o de dar por supuesta la conversión y su educación. Pues sobre la conversión, entendida también como opción de base u opción fundamental "descansa todo el edificio de la vida cristiana del discípulo del Señor" (DGC 56).
La acción misionera con su acción específica de primer anuncio es la función de la evangelización que tiene como tarea la predicación del Evangelio en vistas a la conversión a Dios y a la elección personal de adherirse al Evangelio, viviendo como cristiano en la Iglesia y en el mundo. Se trata por tanto, afirma Joseph Gevaert, ¨de la predicación del Evangelio y, específicamente, a personas que no han realizado la opción personal de ser cristianos o que, en todo caso, no han sido encaminados solidamente en esa opción¨. Su problema específico es el anuncio del mensaje cristiano en vistas a la conversión a Dios y de la adhesión al Evangelio (opción personal por ser cristiano). Así resulta posible distinguir esta problemática particular de las otras formas de educación en la fe en los otros momentos o etapas de la acción evangelizadora, sea el momento catecumenal (iniciación cristiana) o del pastoral.
El Kerigma en la etapa de acción misionera
La acción misionera no se reduce sólo a la proclamación del kerigma y no se agota tampoco en el solo servicio del anuncio de la palabra; tampoco está separada nunca de las otras actividades y de la entera realidad de la Iglesia. Pero desde la problemática de la pastoral de la palabra que nos ocupa, si hemos de detenernos a considerar, sobre todo, los elementos propios de la acción primer anuncio o primera evangelización.
Desde un análisis y una aproximación de la Sagrada Escritura, Joseph Gevart identifica la finalidad y la estructura de la primera evangelización. Su finalidad es la búsqueda decidida de Dios (conversión a Dios) y la fe en Jesucristo (Adhesión al Evangelio). Esta finalidad general se comprender mejor, según Gevaert, a partir de la comprensión de la finalidad específica de cada una de las dos fases que la componen. La finalidad propia de la primera fase tiende al cambio sustancial personal que coloca en el centro de la vida la fe en el único Dios, vivo y verdadero, creador del cielo y de la tierra, y la búsqueda de la salvación que viene de El. No se trata sólo de suscitar una actitud de benevolencia y de disponibilidad para al escucha del discurso religioso, aspecto que naturalmente no se ha de descuidar. Su finalidad es más bien la de entrar en un proceso de repensamiento fundamental ante el actual planteamiento de la vida. De modo tal que esta se centre en la fe en el único Dios y termina en una real y auténtica espera de salvación por parte de Dios. Y esto lo que se conoce como conversión, pero de carácter religioso. Pues no se trata tanto de un volverse a Dios de quien se alejó por el pecado (conversión moral), sino una respuesta a la llamada de Dios que pone a la persona frente al Dios vivo y verdadero.
La finalidad específica de la segunda fase o momento de la primer anuncio o de la primera evangelización, es la del anuncio explícito del Evangelio (Kerigma), es la opción de fe o la adhesión al Evangelio. Consiste en conceder confianza (fe) a Dios que se manifiesta en Jesucristo, y entrar en el proyecto de Dios. Por tanto, decidirse a construir la propia vida sobre los núcleos centrales de la fe cristiana: que Jesús es el Hijo de Dios, que Dios lo ha resucitado de los muertos, que nos libra del juicio y nos hace entrar en la vida eterna.
De este modo la estructura del primer anuncio es: una fase inicial que se centra totalmente en un proceso crítico de abandono de los ídolos, en la vuelta a una fe real en el único Dios, vivo y verdadero, y en la búsqueda de la salvación en Dios; y una segunda fase centrada en la predicación de la Buena Nueva (Kerigma), que viene a nosotros a través de Jesucristo y el don del Espíritu Santo, dando a conocer su maravilloso proyecto sobre el ser humano e invitando a todos a entrar en él.
Sin descuidar la importancia de la primera fase de esta estructura, hemos de detenernos a comprender los contenidos propios de la segunda fase, momento del anuncio Kerigmático. Desde una mirada a los textos del Nuevo Testamento, se puede afirmar que el núcleo central de dicho anuncio es el siguiente: ha llegado el momento en que se cumplen las promesas proféticas: el Reino de Dios está cerca; estas promesas se han realizado en las obras terrenas, en la muerte y en la resurrección de Jesús; Jesús ha sido exaltado y colocado a la derecha de Dios y se ha convertido en Mesías y Señor para el nuevo Israel; el Espíritu Santo en la Iglesia es el signo del poder presente y de la gloria de Cristo; la época mesiánica tendrá su cumplimiento en la segunda venida de Cristo; finalmente, los oyentes son exhortados a convertirse y recibir el bautismo.
Siguiendo a P. A. Liegé, Gevaert describe la estructura dinámica del Kerigma, a modo de cierta forma de sucesión ordenada de los diversos elementos del contenido. El esquema es el siguiente: a) referencia a un hombre histórico: Jesús de Nazaret; b) interpretación del significado del mensaje: no se habla de Jesús de Nazaret para recordar una historia biográfica conmovedora, que termino en la cruz. Se habla de El por el significado que representa ese acontecimiento para todo ser humano. Como núcleos temáticos de la interpretación apostólica
sobre este acontecimiento sobresalen los siguientes: En este hombre, Jesús de Nazaret (en sus obras, predicación, muerte y resurrección, don del Espíritu Santo) Dios mismo se revela, se da a conocer como Padre, da a conocer su proyecto sobre la humanidad. En este acontecimiento (en sus acciones, palabras, muerte y resurrección), se realiza la salvación para todos los que creen en El. En Jesucristo Dios convoca a los seres humanos, los convoca a entrar en comunión con El y en comunión entre sí. Al resucitarlo de entre los muertos, Dios ha constituido a Cristo Jesús como Mesías y Señor, Salvador, verdadero Hijo de Dios. Finalmente, ante este acontecimiento de Jesús de Nazaret y de su significado fundamental, todo ser humano es invitado urgentemente a una decisión: la de adherirse al Evangelio.
El sentido de la conversión
El Directorio General para la Catequesis habla de fe y de conversión en el mismo sentido. No los entiende como dos términos diferentes. Afirma, a este respecto que " la fe cristiana es, ante todo, conversión a Jesucristo, adhesión plena y sincera a su persona y decisión de caminar en su seguimiento. La fe es un encuentro personal con Jesucristo, es hacerse discípulo suyo (...). La fe lleva consigo un cambio de vida, una metanoia, es decir, una transformación profunda de la mente y del corazón (...). Y este cambio de vida se manifiesta en todos los niveles de la existencia del cristiano (...). La fe y la conversión brotan del corazón, es decir, de lo más profundo de la persona humana, afectándola por entero. Al encontrar a Jesucristo y adherirse a El, el ser humano ve colmadas sus aspiraciones más hondas (...). La fe es siempre un don de Dios. Sólo puede nacer en el fondo del corazón humano como fruto de la gracia que previene y ayuda, y como respuesta enteramente libre, a la moción del Espíritu Santo, que mueve el corazón y convierte a Dios" (DGC 53 54).
Por lo demás, para el mismo documento, "la fe es un don destinado a crecer en el corazón de los creyentes". Pues la "adhesión a Jesucristo da origen a un proceso de conversión permanente que dura toda la vida" (DGC 55). Proceso en el que es posible, desde el punto de vista teológico, destacar varios momentos o etapas: a) etapa de interés por el Evangelio producto del primer anuncio. Es de interés porque aún no es una decisión firme. Es apenas una especie de atracción o de curiosidad inicial; b) etapa de la conversión inicial. Luego de un tiempo de búsqueda, y apoyada por el anuncio del Kerigma, se prepara y se realiza la conversión inicial. Pero que lleva consigo la adhesión a Jesucristo y la voluntad de caminar en su seguimiento. Sobre esta opción de base descansa todo el edificio de la vida cristiana; c)etapa de la profesión de fe. Se caracteriza por el deseo de conocer y de identificar mayormente con Jesucristo. La catequesis acompaña este proceso. Proceso de iniciación que debe llevar a una explícita, viva y operante profesión de fe; d) etapa del camino hacia la perfección. Es el momento del crecimiento y del alimento permanente. Es acompañado por los distintos tipos de educación permanente en la fe (DGC 56 -57).
En el caso de este estudio nos interesa lo que se llama "conversión inicial", producto de un largo tiempo de búsqueda acompañado por la acción de primer anuncio y de anuncio del Kerigma. Nos interesa porque es "la opción fundamental o de base sobre la cual descansa toda la vida cristiana del discípulo de Jesús" Y porque desde el punto de vista educativo es elemento fundamental del proceso de formación de la personalidad del creyente, tanto que no puede darse por supuesto ni ser saltado como tuvimos ocasión de señalarlo antes. Y porque es a partir de ella que la catequesis puede cumplir adecuadamente su tarea de estar al servicio de la iniciación cristiana integral. Pues como lo afirma el Directorio General: "Sólo a partir de la conversión, y contando con la actitud interior de el "que crea", la catequesis propiamente dicha podrá desarrollar su tarea específica de educación en la fe" (DGC 62).
La conversión inicial es entendida así como la línea de demarcación entre la etapa de la acción misionera con sus acciones de primer anuncio y de Kerigma y la etapa de acción catecumenal y los procesos de iniciación cristiana, al servicio de los cuales está la catequesis. Es decir, es la línea de demarcación entre el primer anuncio y la catequesis propiamente dicha. Lo que significa que esta conversión es el presupuesto, el punto de partida de la catequesis. Por eso afirma el Directorio General al hablar de la relación de distinción y de complementariedad entre primer anuncio y catequesis: "El primer anuncio se dirige a los no creyentes y a los que, de hecho viven en la indiferencia religiosa. Asume la función de anunciar el Evangelio y llamar a la conversión. La catequesis, distinta del primer anuncio del Evangelio, promueve y hace madurar esta conversión inicial, educando en la fe al convertido e incorporándolo a la comunidad cristiana (...). El primer anuncio, que todo cristiano está llamado a realizar, participa del Id que Jesús propuso a sus discípulos: implica, por tanto, salir, adentrarse, proponer. La catequesis, en cambio, parte de la condición que el mismo Jesús indicó, "el que crea", el que se convierta, el que se decida" (DGC 61).
Podríamos igualmente, en la perspectiva que venimos hablando, decir que los destinatarios del primer anuncio son los no convertidos (ya sean no creyentes, indiferentes, otros creyentes en Dios, bautizados que viven al margen de la vida cristiana) en orden a que se de esta conversión inicial. Mientras que los destinatarios de la catequesis son los "recién convertidos" en orden a estructurar y fundamentar esa conversión inicial, y a que aprendan a vivir como discípulos del Señor iniciándolos de modo integral. En palabras del Directorio esto significa: la etapa de acción misionera se dirige a los no creyentes y a los que viven en la indiferencia religiosa; la acción catequético iniciatoria, a los que optan por el Evangelio (DGC 49).
Conclusión
Lo anterior ha de llevarnos a asumir el pensamiento permanente de la Iglesia en relación con los procesos educativos: antes de que una persona sea admitida a la catequesis propiamente dicha debe existir esa conversión inicial. Sino a lo sumo que podremos seguir haciendo es reducir la catequesis a mera enseñanza e instrucción o a su tarea presacramental. No haremos de ella auténticos procesos de iniciación. De ahí también la insistencia repetitiva del Directorio General para la catequesis a que en el contexto de nueva evangelización que nos caracteriza hagamos del primer anuncio y de la catequesis fundamente nuestra opciones prioritarias (DGC 58). Pues es un hecho que hoy la catequesis ha de ser vista nunca ha debido dejar de serlo: como consecuencia de un anuncio misionero eficaz ( DGC 277). De ahí que si estamos interesados en renovar la catequesis, superando reduccionismos de todo tipo, dicha renovación ha de cimentarse sobre la evangelización misionera previa (DGC 62).
Lo que explica que en un tipo de encuentro como este, dirigido a los directores diocesanos de catequesis, se nos invite a pensar en la relación entre kerigma y catequesis y en los problemas que el vacío de la conversión o la suposición de la misma genera en nuestra acción. En síntesis: la catequesis actual debe renovarse, planearse y desarrollarse desde la conversión inicial. Pues la catequesis, en principio, presupone esa actitud radical de conversión, producto a su vez, de una adecuada acción misionera. Conversión entendida adhesión libre a la fe. Si la libertad humana no ha dado esta respuesta, la persona sigue siendo destinaria del primer anuncio no de tanto de la catequesis. La catequesis tiene como destinatarios a los "recién convertidos". No lo olvidemos: la catequesis propiamente dicha (entendida como itinerario educativo al servicio de la iniciación cristiana integral) se apoya en la etapa de acción misionera y se realiza a partir de ella.
En últimas, en orden a resumir lo que intentamos decir en este estudio, podríamos valernos de unas palabras de P. Henry citado por Alfonso Nebrada en su libro "Kerigma en crisis", colocándolas en nuestro contexto de hoy que es misionero como el de ellos: "La catequesis se dirige al convertido, a la gente que ha recibido, aceptado, entendido el Kerigma... Es por lo tanto realmente peligroso y a menudo desafortunado presentar la catequesis... a aquellos aquienes no han recibido el Kerigma, o permitir la entrada en el catecumenado y a fortiori en la Iglesia de los bautizados, de esta gente...Sin Kerigma, la catequesis corre el peligro de no ser más que mera enseñanza religiosa la cual no penetra realmente en el corazón del creyente, ya que no hay punto de entrada en una fe que todavía no existe. Con el Kerigma, al contrario, la catequesis adquiere su verdadero lugar".