3a. Ponencia
Conclusiones Grupales de la Tercera Ponencia
La Espiritualidad del Catequista como Apertura al Futuro
Salmos escogidos por el Congreso
Bienaventurados los catequistas que enseñan a los hombres al bien, porque ellos ayudan en la construcción de un mundo mejor
Felices los catequistas dispuestos a ser perseguidos por la justicia porque serán saciados.
Bienaventurados los catequistas limpios de rencores, porque ellos harán ver el rostro de Dios.
Señor, te damos gracias por la misión que nos has encomendado y te pedimos que nos sigas guiando por el camino de la salvación.

Quiero descubrir
Señor Jesús, quiero descubrir tu presencia en medio de nosotros.
Hazme humilde con el poder de tu Palabra.
Camina siempre conmigo en el peregrinar de la vida.
Cuando hablo contigo siento arder mi corazón
y busco la manera de proclamarte ante mis hermanos.
Abre Señor mi corazón y entonces te conoceré,
que tu voluntad me transforme en un hombre nuevo.
Te alabo y te bendigo por todas las grandezas.
Aliméntanos con tu cuerpo y con tu sangre,
sácianos con el pan de tu Verdad.
Señor..., cuan grande eres
Amén.

Salmo del Catequista - "Esperanza en el Camino"
En la tarde agobiante
el camino es duro y pesado.
La tristeza oprime el corazón,
tu ausencia alimenta soledad
y desgano de seguir.
En nuestro caminar,
tu presencia nos anime,
tu enseñanza sea nuestra luz,
y al final de la jornada
veamos tu rostro en el hermano.
Queremos ser oyentes
en sus necesidades y temores
para que conociendo su realidad
en ellos tu consuelo encarnemos.

Catequistas del Tercer Milenio
Somos los catequistas del Tercer Milenio,
llevamos a Cristo con fe y con empeño.
Gracias Padre bueno por confiar en mí,
pones en mis labio s mensajes de páz,
al llevar a Cristo me siento felíz
pues doy a los pobres consuelo y bondad.

Salmo del Catequista
Felices los catequistas que tomados por el Espíritu Santo
con el don de la sabiduría, transforman las comunidades
en seguidores fieles al servicio del Señor,
permítenos que al igual que María
demos un sí total a la misión que nos has encomendado
dando lo mejor de nosotros a tu servicio.
Señor, reconocemos ante tí que somos indignos,
limpia nuestros corazones para sentirnos dignos de tu presencia
y caminar siempre contigo reconociéndonos en tus hermanos.
Glorificado seas por siempre Jesús,
por tu inagotable bondad y por la autoridad con que enseñas
porque no te conformaste con tu Palabra que es eterna
y de vigencia permanente, sino que además
nos regalaste tu testimonio de vida,
vida abundante en paciencia, pureza, pobreza.
Señor, gracias por enseñarme la mejor pedagogía,
porque la Palabra enseña, pero el testimonio arrastra.
Como catequista me ofrezco a tí enteramente
y te suplico derrames en mí tu sabiduría y tu amor
para llevar tu Palabra con espíritu de humildad.
Aleja de nosotros los temores, para así proclamar
con todo el corazón tu nombre.
En la persecusión, líbranos del temor porque
tenemos la certeza de que estás con nosotros.
Glorifica nuestra alma la grandeza de nuestro Dios
y se alegra nuestro espíritu por llamarnos
como catequistas a ser multiplicadores
de tu reino en el mundo presente.
Tu brazo lleva a cabo hechos heróicos
en la misión que nos encomiendas
al llevar y dar a conocer tu Palabra, tu amor;
levantando al que ha caído, dando alegría al que está triste
y dándote a conocer a tí con nuestra propia vida.

Quédate con nosotros
Ant. ¡Quédate con nosotros, ayúdanos a caminar!
Reconocemos como catequista la misión que Dios nos entregó,
llenar de amor los corazones egoístas
y de esperanza la ilusión que se marchitó.
Penetra en nuestros corazones para que arda
con las necesidades de nuestros hermanos,
te veamos en nuestro peregrinar
y te reconozcamos al compartir.
Alegra nuestras caras tristes,
con la conciencia de que estás vivo entre nosotros
y enséñanos a caminar.
Felices los catequistas que encuentran a Jesús
con la vivencia de los valores
de justicia, amor y paz.

Mi alma de catequista alaba al Señor
Proclamamos tu grandeza Señor porque tú,
nuestro Dios, eres digno de alabanzas;
eres la luz que nos hace ver la realidad
de nuestra fragilidad humana
y permites apoyarnos en Tí para nuestra dura
pero reconfortante tarea.
Sabemos Señor que somos instrumentos tuyos,
útiles para construir tu Reino; por eso,
no permitas que nos apartemos de Tí,
aunque las tentaciones y flaquezas
se hagan presentes en nuestro camino,
en los enemigos de la vida,
que eres Tù como Palabra, en los enemigos del progreso,
que eres Tú como Camino, en los enemigos de la justicia
que eres Tú como Verdad.
Danos la fuerza para reconocerte siempre presente
en nuestras vidas y ser siempre los transmisores de tu voz,
tus nuevos Rostros, tus nuevas Manos.
Por eso te cantamos agradecidos.
Nuestras almas de catequistas te alabarán por siempre Señor.

Anunciando su Palabra
Caminemos con el Señor anunciando su palabra,
para que sea fuente de amor anunciando su Palabra.
Enséñanos a ver sin arrogancia la justicia y la verdad
para dar testimonio de amor y alegría
Haz Señor de nuestra enseñaza un pregón de paz y alegría
Llénanos de tu Espíritu Santo para verte en nuestro hermano.
Toma Señor nuestras vidas y bendice nuestras almas.

Señor, transforma mi corazón para regocijarnos en Tí
Alabemos catequistas al Señor porque ha hecho
maravillas en todos los rincones de la tierra.
Señor, Tú que predicaste y enseñaste a conocer al Padre
conociéndote más, ayúdame a caminar por el sendero de la verdad.
Glorifica mi alma al Señor, se goza mi espíritu en Dios
que me ama y me salva.
Doy gracias al Señor porque se ha fijado en mí,
en mi pequeñez y me ha escogido para ser su colaborador
en la tarea evangelizadora.
Señor, que mi corazón nunca esté vacío,
ni mis labios silenciosos,
sino que proclamen siempre la Buea Nueva.
María, Madre mía, ayúdame a invocar la presencia
del Espíritu Santo, para que derrame sobre mí
sus dones y carismas.
Catequistas, alégrense y alaben al Señor
porque hemos sido escogidos para derramar
la fuente de agua viva que brota de Jesús
Bendito seas, Señor de ayer, hoy, mañana y siempre
porque nos has escogido antes de nacer,
para la Misión de Catequista;
que los cielos y la tierra canten a Tí alabanzas infinitas.

Magníficat del Catequista
Proclama mi alma la grandeza del Señor,
mi vida se alegra por Tí mi Salvador.
Porque nos has llamado a ser catequistas para el Tercer milenio,
por eso desde ahora todos los elegidos por Tí,
escuchará gozosos tu evangelio de salvación.
Porque tus dones se han hecho presentes en este Congreso ESPAC
llenándonos de alegría, a lo largo de toda la historia
en este mundo,
que alaba y bendice tu Santo Nombre.
Tu poder nos acompaña siempre para vencer
las adversidades del mundo,
por eso, nosotros, evangelizadores con nuestro testimonio
y enseñanzas alimentámos a tu pueblo sediento de justicia, paz y amor.
Cumpliéndose así la misión que has encomendado a tus catequistas,
como lo habías anunciado a tus discípulos
haciédose realidad en el hoy de Dios y en el hoy del hombre.
Amén.

Quédate con nosotros Señor
Señor Jesús, Tú en ningún momento nos dejas solos,
caminas siempre con nosotros; pero con facilidad
no nos hacemos conscientes de tu presencia;
cuando catequizamos muchas veces nos
predicamos a sí mismo, nuestro mensaje no es alegre,
dinámico, caminamos apesadumbrados,
ciegos ante tu presencia.
Necesitamos ser dóciles a tu seguimiento
para irradiar tu mensaje de amor,
necesitamos de un nuevo Emaús,
necesitamos reencontrarte, verte presente en los niños,
jóvenes y ancianos a quienes catequizamos;
y que al terminar cada jornada digamos
como tus discípulos: quédate con nosotros Señor.
