InteractivoRecursosLibreríaMapaBoletínProgramaInstitución

 

Principal Eventos II Congreso Ponencia

 

Eventos

Congresos

  VI Congreso
  V Congreso
  IV Congreso
  III Congreso
  II Congreso
  I Congreso

Asambleas nacionales

  XIII- Asamblea Nacional de Delegados
  XII- Asamblea Nacional de Delegados

Pascua ESPAC

  2004
  2003
  2002

Eventos locales

  Segundo Taller Coordinadores 2004
  Primer Taller Coordinadores 2004
  Nueva Sede de la ESPAC


Primera Ponencia

Caminos para la Inculturación de la Catequesis en el Tercer Milenio

Monseñor Darío Molina Jaramillo Obispo de Montería

Cultura - Modernidad - Postmodernidad - Desafíos

Entiéndese, en primer término, por cultura, el "desarrollo (o resultado del desarrollo) de ciertas facultades del espíritu o del cuerpo, mediante un ejercicio apropiado" (A. Lalande, Diccionario de Filosofía, T.I, 268 A).

En segundo lugar, más generalmente, dícese que " el saber es la condición necesaria de la cultura, no es su condición suficiente... Es sobre todo, en la cualidad del espíritu en que se piensa cuando se pronuncia la palabra cultura, en la cualidad del ejercicio y del consentimiento" (D. Roustan, en A. Lalande, ib. 268 B).

Por último, por trasposición de otras lenguas, cultura identifícase, modernamente, con civilización, evolución, progreso, desarrollo pleno.

Muy oportunamente la Gaudium et Spes afirma: "Con la palabra cultura se indica, en sentido general, todo aquello con lo que el hombre afina y desarrolla sus innumerables cualidades espirituales y corporales; procura someter el mismo orbe terrestre con su conocimiento y trabajo; hace más humana la vida social, tanto en la familia como en toda la sociedad civil, mediante el progreso de las costumbres e instituciones; finalmente, a través del tiempo expresa, comunica y conserva en sus obras grandes experiencias espirituales y aspiraciones para que sirvan de provecho a muchos e incluso a todo el género humano" (G.S. 53 b). Y añade: "La cultura humana presenta necesariamente un aspecto histórico y social y... la palabra cultura asume con frecuencia un sentido sociológico y etnológico. En este sentido se habla de la pluralidad de culturas" (G.S. 53 c).

El citado documento conciliar, de inmediato, pone de presente "los tesoros de las diferentes formas de cultura" que promueven y expresan la unidad del género humano (GS. 54), para luego entrar en una consideración de los "valores de la cultura actual", y resaltar, entre otros, estos: El estudio de las ciencias, la fidelidad a la verdad en las investigaciones científicas, el trabajo de equipos técnicos, la solidaridad internacional, la conciencia de responsabilidad para la ayuda humana, la voluntad de hallar condiciones más cercanas a las necesidades de los hombres (G.S. 57 f).

El Documento de Santo Domingo, de manera simple, escribía: Nace la cultura con el mandato inicial de Dios a los seres humanos: crecer y multiplicarse, llenar la tierra y someterla. En esa forma la cultura es cultivo y expresión de todo lo humano en relación amorosa con la naturaleza y en la dimensión comunitaria de los pueblos" (S.D. 228).

"La cultura así entendida, abarca la totalidad de la vida de un pueblo: el conjunto de valores que lo animan y de desvalores que lo debilitan y que al ser participados en común por sus miembros, los reúne en base a una misma "conciencia colectiva" (EN, 18). La cultura comprende, así mismo, las formas a través de las cuales aquellos valores o desvalores se expresan y configuran, es decir, las costumbres, la lengua, las instituciones y estructuras de convivencia social, cuando no son impedidas o reprimidas por la intervención de otras culturas dominantes" (D.P. 387).

Y aún en contravía de lo que algunos, a nombre de una seudociencia, o de una seudo filosofía, aseveran, se precisa sostener con Puebla que "lo esencial de la cultura está constituído por la actitud con que un pueblo afirma o niega una vinculación religiosa con Dios, por los valores o desvalores religiosos. Estos tienen que ver con el sentido último de la existencia y radican en aquella zona más profunda, donde el hombre encuentra respuestas a las preguntas básicas y definitivas que lo acosan, sea que se las proporcionen con una orientación positiva religiosa o, por el contrario, atea. De aquí que la religión o irreligión sean inspiradoras de todos los restantes órdenes de la cultura familiar, económico, político, artístico, en cuanto los libera hacia lo trascendente, o los encierra en su propio (y solo) sentido inmanente" (D.P. 389).

"El género humano, afirma el Concilio, se halla hoy en un período nuevo de su historiacaracterizado por cambios profundos y acelerados, que progresivamente se extienden al mundo entero. Los provoca el hombre con su inteligencia y su dinamismo creador, pero, recaen luego sobre el hombre, sobre sus juicios y deseos individuales y colectivos, sobre sus modos de pensar y sobre su comportamiento para con las realidades y los hombres con quienes convive. Tan es así esto, que se puede ya hablar de una verdadera metamorfosis social y cultural, que redunda también en la vida religiosa" (G.S. 4 b).

No cabe duda de que nos encontramos ante una crisis profunda y seria de la cultura, inclusive, la que se presenta, vanidosamente, como contemporánea. Esto parece ser, a todas luces, de pacífica posesión. Y ante esta realidad, quebradiza, y, a veces, casi de expectro, ante la cual y dentro de la cual, se debe anunciar el mensaje de la Salvación, hacer presente el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo.

Ahondando en el Concilio, en el Documento de Santo Domingo y en el pensamiento actual referente a la cultura, y a la crisis y movimientos de la misma, se precisa aproximar dos conceptos, hoy de frecuente uso: la modernidad y la postmodernidad.

En este sentido, Santo Domingo, refiriéndose a un primer uso, escribe: "la cultura moderna se caracteriza por la centralidad del hombre; los valores de la personalización, de la dimensión social y de la convivencia; la absolutización de la razón, cuyas conquistas científicas y tecnológicas e informáticas han satisfecho muchas de las necesidades del hombre, a la vez que han buscado una autonomía frente a la naturaleza, a la que domina; frente a la historia, cuya construcción él asume; y aun frente a Dios del cual se desinteresa o relega a la conciencia personal, privilegiando el orden temporal exclusivamente" (S.D. 252). Juan Carlos Scannone comentando este y otros lugares de Santo Domingo, dice: "caracterizan también a la modernidad sus efectos sociales: el documento cita "la fuerza arrolladora de las estructuras de pecado manifiestas en la sociedad moderna" (DSD 243), "estructuras sociales generadoras de injusticias, que impiden el ejercicio de los derechos humanos" (DSD 253); o bien de la "crisis (que) se ha hecho sentir con más fuerza allí donde la modernización de nuestras sociedades ha traído expansión del comercio agrícola internacional, la creciente integración de países, el mayor uso de la tecnología y la presencia transnacional" (J.C. Scannone, la Inculturación el el Documento de Santo Domingo, 2.5.1.). Dicho autor termina diciendo: "Aunque en muchos casos, el juicio del documento sobre la modernidad tiende a ser negativo, sin embargo, no deja de reconocer y discernir sus valores y contravalores (DSD 252; 256), así como la necesidad de la evangelización de la cultura moderna (ibid) y de la correspondiente inculturación del Evangelio en ella (cf. DSD 254). Sobre esto último se volverá a hablar con ocasión de la inclturación en la nueva cultura de la imagen (DSD 279)" (J.C.S., a.c. 2.5.1).

La cultura de la modernidad consistiría en la "exaltación de la razón humana hasta convertirla en un absoluto y, por ende, la afirmación de una autonomía sin límites hacen del hombre la única fuente de la ética, del derecho y del poder. Así se abre el paso para la tiranía y el desenfreno. El corte con la metafísica y con la trascendencia limita dolorosamente los horizontes humanos y produce la sinrazón de dejar sin respuesta graves interrogantes sobre el hombre, sobre la historia y sobre el destino de la humanidad" (D. Castrillón Hoyos, "Cultura Modernidad Postmodernidad" pag 6).

"Después de la Segunda Guerra Mundial la crisis de la modernidad ha sido definitiva. Para Mondin, la crisis, que se manifiesta en los cuatro pilares de la cultura: lenguaje, costumbres, técnicas y valores, es mortal, y afirma que este hecho manifiesto es denunciado por todos, filósofos, sicólogos, sociólogos, literatos, pastores de almas, políticos y teólogos, todos los cuales afirman anánimamente que la cultura moderna no responde ya a las exigencias actuales de la humanidad, a sus aspiraciones, a sus gustos, a sus valores, a sus actitudes, a sus conocimientos, a su lenguaje. Es una cultura superada" (D. Castrillón Hoyos, a.c. pág 9).

En un segundo uso, y como réplica contra la modernidad, surge la entonces postmodernidad que "niega la idea de progreso, pero no la sustituye por la decadencia, sino que proclama el final de la historia. Frente a la laboriosidad, exaltada por la mentalidad capitalista burguesa, se exalta ahora el principio de placer, la no dilación del goce (sociedad de consumo frente a la sociedad del ahorro, liberación sexual frente a moral victoriana). Frente al racionalismo que trajo la mentalidad científico técnica, el postmoderno reivindica los derechos de la sensibilidad y de la subjetividad" (D. Castrillón Hoyos, a.c. pág 9 10).

"La Nueva Evangelización tiene como finalidad... dar respuesta a la nueva situación que vivimos, provocada por los cambios sociales y culturales de la modernidad (y de la postmodernidad). Ha de tener en cuenta la urbanización, la pobreza y la marginación.

Nuestra situación está marcada por el materialismo, la cultura de la muerte, la invasión de las sectas y propuestas religiosas de distintos orígenes" (S.D.26).

Apenas planteado el asunto de la cultura actual, y de sus expresiones más fieles: en la modernidad y la postmodernidad, es manifiesto el gran desafío: inculturar el evangelio y desarrollar, por fuerza, una Catequesis inculturada de frente al tercer milenio adveniente de nuestra Era Cristiana.

Cultura - Humanidad - Naturaleza - Sociedad - Iglesia - Dios

De acuerdo con lo expuesto anteriormente, es fácil colegir que la cultura tiene, por fuerza, unas relaciones sustanciales con la humanidad (y, más estrictamente, con el hombre en todas sus manifestaciones), con la naturaleza (las cosas, los fenómenos, la ciencia, la técnica), con la sociedad (las personas, las comunidades, los acontecimientos), con la Iglesia (lo religioso, lo moral), y, en fin, con Dios (la trascendencia).

Así descrito, sintéticamente, esto solo implica una visión muy clara y una enorme responsabilidad histórica de la cultura misma, pero, sobre todo de la Evangelización que tendrá que ser de veras "Nueva" y capaz de dar respuestas adecuadas a los hombres de hoy, en las presentes circunstancias. "Es propio de la persona humana el no llegar a un nivel verdadero y plenamente humano si no es mediante la cultura, es decir, cultivando los bienes y los valores naturales. Siempre, pues, que se trata de la vida humana, naturaleza y cultura se hallan unidas estrechísimamente" (G.S. 53a).

Con sobrada razón el Papa Juan Pablo II, en su célebre discurso ante la UNESCO, en 1980, queriendo señalar lo más profundo y central de la cultura, afirmaba: "Esta dimensión fundamental es el hombre, el hombre integralmente considerado, el hombre que vive al mismo tiempo en la esfera de los valores materiales y en la de los espirituales. El respeto de los derechos inalienables de la persona humana es el fundamento de todo" (Juan Pablo II Discurso: El Hombre, la Cultura y la Ciencia a la luz del Mensaje de Cristo, en la sede de la UNESCO, 2 de junio de 1980, Nº3). El mismo Sumo Pontífice, con la fuerza que le es característica dejaba anotado. "El hombre que en el mundo visible es el único sujeto óntico de la cultura, es también su único objeto y su término. La cultura es aquello a través de la cual, en cuanto hombre, se hace más hombre, "es" más, accede más al "ser". En esto encuentra también su fundamento la distinción capital entre lo que el hombre es y lo que tiene, entre el ser y el tener. La cultura se sitúa siempre en relación esencial, y necesita a lo que el hombre es, mientras que la relación a lo que el hombre tiene, a su "tener", no sólo es secundaria, sino totalmente relativa" (J.P. II ib. 8).

Ciertamente este primer punto referido al hombre como objeto, sujeto y protagonista de la cultura universal, y de las más diversas culturas, coloca al hombre en el centro de todo el interés y hace del mismo hombre la finalidad de toda auténtica cultura. "La cultura es un modo específico del "existir" y del "ser' del hombre. El hombre vive siempre según una cultura que le es propia y que a su vez, crea entre los hombres un lazo que le es también propio, determinado el carácter interhumano y social de la existencia humana. En la unidad de la cultura como modo propio de la existencia humana, hunde sus raíces al mismo tiempo la pluralidad de culturas en cuyo seno vive el hombre" (J. P. II ib. 7). "Este hombre, que se expresa en y por la cultura y es objeto de ella, es único, completo e indivisible. Es a la vez sujeto y artífice de la cultura. Según esto, no se le puede considerar únicamente como resultante por no citar más que un ejemplo de las relaciones de producción que prevalecen en una época determinada" (J.P. II ib. 9).

Resulta así como claramente lesivo de la verdad de la cultura cuanto hiera el ser y quehacer integral de la persona humana, y cuanto es contrario a una cultura plena como amenaza a los "derechos del hombre, sea en el marco de sus bienes espirituales, sea en el de sus bienes materiales" (J.P.II ib.4). Más aún, no se puede pensar en una cultura sino es a través del hombre integral, espiritual y corporal, individual y comunitario, en todas las dimensiones de las más diversas actividades, sin que se excluya o pueda excluirse una sola de ellas. El hombre, de hecho, es, simultáneamente, criatura racional e hijo de Dios, y tiene por delante una tarea temporal y una meta celestial.

"Lo verdaderamente natural del hombre es su recta cultura, es decir, la que, conforme a la esencia del hombre y del mundo, permanece abierta al misterio y a los decretos de Dios. Sin embargo, esta cultura sigue siendo determinada en su criaturidad por todos los existenciales del hombre: finitud, precariedad, propensión ontológica al pecado, ambigüedad, apertura a lo imprevisible, necesidad de redención y estado de redimido", así se expresaba el muy docto Karl Rahner (K. Rahner y otros, Diccionario Teològico, 14 154). El hombre y la naturaleza conforman un todo inseparable, aunque una y otra realidad conservan completamente su total y distinguida autonomía. El hombre ha sido constituído señor de la obra creada (Gén 1, 2628), y no al contrario, como con frecuencia parecería ser, que la naturaleza domina al hombre y lo reduce a la más mínima expresión.

En este itinerario, tan preciso, el hombre en una determinada cultura tiene necesariamente que ahondar en el conocimiento y llegar al summun de la libertad(cfr. D.P. 1024 y 1025) en el hallazgo, dirección y legítimo aprovechamiento de la naturaleza. Crea la ciencia pero, él es quien la dirige y orienta y se sirve de ella, conforme al plan del Creador, halla la técnica y la tecnología, pero sigue siendo su señor y no su siervo o esclavo; establece adecuadas relaciones con la obra creada asegurando la debida relación con sus semejantes y con Dios. Si no es de este modo apenas si se imagina que origina civilización o cultura, cuando en verdad ha dado lugar al caos, ya que donde se oscurece el recto conocimiento del hombre que debe estar volcado al mundo creado y al Creador, el hombre ha dejado de ser sensato y es dejado únicamente en manos de su solo libre albedrío, llegando el hombre a hacer y proceder contra la misma naturaleza (cf. Sab. 13, 1 ss; Rom. 1, 1823; J.P. II Unesco 2).

Ahora bien, "el Estado ha de prever que a todos los ciudadanos sea accequible la conveniente participación en la cultura y que se preparen debidamente para el cumplimiento de sus obligaciones y derechos civiles" (G. E. M. 6 b). Esto es facil deducirlo y retenerlo si se tiene en cuenta que el hombre está referido por obra del Creador a la naturaleza, como anteriormente quedó indicado; pero, lo más importante, el hombre está en abierta relación con el prójimo (cf. L.G. 9; G.S. 23 y 24). El bien común es un imperativo de todo progreso de la persona individual y de todo desarrollo pleno (cf. G.S. 25 y 26).

"La índole social del hombre demuestra que el desarrollo (la cultura) de la persona humana y el crecimiento de la propia sociedad están mutuamente condicionados" (G.S. 25 a). "La interdependencia, cada vez más estrecha y su progresiva universalización, hacen que el bien común (la cultura)... se universalice cada vez más, e implique por ello derechos y obligaciones que miran a todo el género humano" (G.S. 26 a). "El orden social, pues, y su progresivo desarrollo (cultura) deben subordinarse al bien de la persona, ya que el orden real debe someterse al orden personal y no al contrario" (G.S. 26 c).

Y no obstante todo lo afirmado y considerada su importancia, se precisa dejar en claroel papel preponderante del cristianismo en general, y de la Iglesia Católica, en particular, respecto de la cultura (Cf. G.S. 62 a).

En primer término "el Cristianismo es una religión universal y de toda la humanidad. El Cristianismo piensa absolutamente en todo hombre como destinatario de su mensaje, de sus dones y de sus promesas. No se considera (solo) como una forma relativa de la religión, una más entre otras muchas, sino como la única relación justificada entre el hombre y Dios, puesto que (Cristo) ha sido instituído por Dios como relación única. De hecho, el cristianismo no se ha vinculado a un ámbito cultural; en el curso de la historia se ha convertido en religión del mundo entero, es decir, posee una universalidad espacial y temporal sin haber dejado de ser él mismo" (K. Rahner, o.c. 136). Algo más, "en la relación orgánica y constitutiva que existe entre la religión en general y el Cristianismo en particular, por una parte y la cultura por otra. Esta relación se extiende a las múltiples realidades que es preciso definir como expresiones concretas de la cultura en las diversas épocas de la historia y en todos los puntos del globo. Ciertamente no será exagerado afirmar en particular que, a través de una multitud de hechos, Europa, toda entera, del Atlántico a los Urales atestigua, en la historia de cada nación, en la de la comunidad entera, la relación entre la cultura y el Cristianismo" (J.P. II, Unesco 12).

Sin embargo, se afirma que "la Iglesia tiene que estar abierta de tal manera, que conforme el pluralismo intrahistórico, querido por Dios, de los diversos círculos privados y públicos existentes en las diferentes épocas, de suerte que su mensaje y formas eclesiáticas de vida no puedan circunscribirse a un ámbito determinado de cultura, a una raza determinada, con exclusión de los restantes, Catolicidad, significa, además, que la Iglesia de Jesús está en posesión de la plenitud de la revelación de Dios en Cristo" (K. Rahner, o.c. 89).

Quizás no resulte ni suene extraña la palabra del Papa Juan Pablo II, cuando escribe:"A lo largo de la historia hemos sido ya más de una vez y lo somos aún, testigos de un proceso, de un fenómeno muy significativo. Allí donde han sido suprimidas las instituciones religiosas, allí donde se ha privado de su derecho de ciudadanía a las ideas y a las obras nacidas de la inspiración religiosa y en particular de la inspiración cristiana, los hombres encuentran de nuevo esto mismo fuera de los caminos institucionales, a través de la confrontación que tiene lugar, en la verdad y en el esfuerzo interior, entre lo que constituye su humanidad y el contenido del mensaje cristiano" (J.P. II Unesco, 15).

Cierto es, y hoy más que nunca, la consolación de San Agustín en sus memorables Confesiones: "Nos hiciste para Tí, Señor, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Tí" (San Agustín, Confesiones).

Si, el hombre es el centro de toda verdadera cultura, de todo pleno desarrollo, de todo auténtico progreso, de modo que se responda a la razón y a la fe, a la naturaleza y a la gracia; Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, es el comienzo, el medio y el término de todo, también de toda auténtica cultura, como lo enseñó abiertamente la Palabra16

Divina, lo insinuó filosófica y científicamente Teilhard de Chardin y lo proclama de manera solemne la Sagrada Liturgia: "Por Cristo, con El y en El, a Tí Dios Padre Omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos".

La Cultura la Educación, la Familia, los Medios de la Comunicacion Social, la Investigación y la Difusión

En un primer momento, se ha procurado establecer lo referente a la conceptualizacióny a las acepciones del término "cultura" en nuestra época y sus implicaciones en la vida de los hombres y mujeres de nuestro tiempo.

Se han expresado luego, de manera somera, las relaciones a que da lugar el concepto y, en particular, la experiencia viva y real de una cultura.

Se precisa ahora reflexionar en torno a lo que, con fundamento, pueden ser llamados instrumentos de la cultura o medios a través de los cuales ésta se transmite y crece, máxime en las presentes circunstancias, cuando con razón se habla de una cultura "en crisis", "planetaria" y, por tanto, universal. Con esto no se afirma que sucumben las culturas, pero sí, que tienen que ser repensadas, visualizadas, comunicadas de modo nuevo, persuasivo y convincente.

Se comprende así mejor la invitación reiterada del Santo Padre a una "Nueva Evangelización", muy consecuente con la hora de la cultura, la modernidad y la postmodernidad y la crisis, que todo esto, de alguna manera, ha significado en el mundo y en la Iglesia (cf. G.S. 4.10).

Ya el sagrado Concilio decía con brevedad: "la verdadera educación se propone la formación de la persona humana en orden a su fin último y al bien de las sociedades" (G.E.M. 1 a.). En el proemio del documento conciliar sobre la educación se pone de presente la necesidad y urgencia de la educación de los jóvenes y de los adultos y de su misma facilidad en las circunstancias actuales (cf. G.E.M. proemio).

El Documento de Santo Domingo, que mucho elaboró el tema de la cultura y de todo lo que a ella concierne, asentó con una gran esperanza: "la educación es la asimilación de la cultura. La educación cristiana es la asimilación de la cultura cristiana. Es la inculturación del Evangelio en la propia cultura. Sus niveles son muy diversos: pueden ser escolares o no escolares, elementales o superiores, formales o no formales. En todo caso la educación es un proceso dinámico que dura toda la vida de la persona y de los pueblos. Recoge la memoria del pasado, enseña a vivir hoy y se proyecta hacia el futuro. Por esto, la educación cristiana es indispensable en la Nueva Evangelización"17 (S.D. 263). Y en otro lugar enfatizaba, y con razón, en relación con a educación superior: "un gran reto es la Universidad católica y la Universidad de inspiración cristiana, ya que su papel es especialmente el de realizar un proyecto cristiano de hombre y, por tanto, tiene que estar en diálogo vivo, continuo y progresivo con el humanismo y con la cultura técnica, de manera que sepa enseñar la auténtica sabiduría cristiana tanto en la que el modelo es el "hombre sabio", culmina en Jesucristo. Sólo así podrá apuntar a soluciones para los complejos problemas no resueltos de una cultura emergente y las nuevas estructuras sociales..." (S.D. 268).

Y es que no cabe ninguna duda: "la primera y esencial tarea de la cultura en general, y también de toda cultura, es la educación. La educación consiste, en efecto, en que el hombre llegue a ser cada vez más hombre, que pueda "ser" más y no sólo que pueda "tener" más, y que, en consecuencia, a través de todo lo que "tiene", todo lo que "posee", sepa "ser" más plenamente hombre" (J.P.II, Unesco, 17; cf. P.P. 14, 15, 21, 41).

Este instrumento primero de la cultura, que es la educación, tiene un puesto capital para la formación de las relaciones interpersonales y sociales. Esto pone de manifiesto, con una enorme claridad, que "lo más importante es siempre el hombre y su autoridad moral, que proviene de la verdad de sus principios, y de la conformidad con sus principios" (J.P.II, Unesco, 17).

"No hay duda, dice el Papa, de que el hecho cultural primero y fundamental es el hombre espiritualmente maduro, es decir, el hombre plenamente educado, el hombre capaz de educarse por sí mismo y de educar a los otros. No hay duda tampoco de que la dimesión primera y fundamental de la cultura es la sana moralidad: la cultura moral" (J.P.II, Unesco, 19).

Muy afortunados fueron los Padres conciliares cuando sobre educación enseñaron valientemente. "Todos los hombres de cualquier raza, condición y edad, por poseer la dignidad de persona, tienen derecho inalienable a una educación que responda al propio fin, al propio carácter, al diferente sexo y acomodada a la cultura y a las tradiciones patrias, y, al mismo tiempo, abierta a las relaciones fraternas con otros pueblos, para fomentar en la tierra la unidad verdadera y la paz" (G.E.M. 1.a.).

Qué interés tan grande debe tener en nosotros dejarnos educar, ayudarnos a educar, colaborar decididamente en la educación de los otros. Todo esfuerzo en el campo de la educación plena y continua, resultará siempre pequeño delante de la magnitud del problema de la cultura integral en la presente sociedad que, por providencia divina, nos ha tocado vivir (cf. J.P. II, Unesco, 20 y 21).

"Por la misma razón se debe exigir una sana primacía de la familia en el conjunto de la acción educativa del hombre para una verdadera humanidad" (J.P.II, Unesco,22)18

El Sumo Pontífice al introducir el tema de la familia, coloca en puesto muy relievante a la nación, la cual, según él "existe por y para la cultura", y así es ella la gran educadora de los hombres para que puedan "ser más"... La nación es esta comunidad.. que supera la historia del individuo y de la familia" (J.P.II, Unesco,23).

Lo que si resulta absolutamente cierto es que el matrimonio y la familia, y la misma conciencia de pertenencia patria, no pasan actualmente por su mejor momento. Si la cultura deja entrever una profunda crisis, ésta se refleja, sobre todo, en los tres puntos que se acaban de mencionar, tornándose casi en un círculo vicioso: en efecto, los quebrantos sufridos por falta de identidad cultural y que, consecuentemente constituyen una desviación en el campo de la educación y de la formación, inciden de inmediato en el desgaste progresivo del bien del matrimonio, la familia y la nación. Y viceversa, los daños que se siguen del matrimonio no bien fundado, o mal avenido, o las discordias y demás efectos de la desunión familiar o su disolución, o por último, la corrupción en el manejo de la cosa pública, repercuten necesariamente en el "ser" y "aparecer" o "mostrarse" de la cultura. El Papa advertía: "Nos encontramos, por así decir, ante un vasto sistema de vasos comunicantes: los problemas de la cultura, de la ciencia y de la educación no se presentan en la vida de las naciones y en las relaciones internacionales, desligados de los otros problemas de la existencia humana. Los problemas de la cultura están condicionados por las otras dimensiones de la existencia humana, de la misma manera que ellos, a su vez, las condicionan" (J.P.II, Unesco,2).

Ahora bien, como lo afirmaba el Concilio, "puesto que los padres han dado la vida a los hijos, tienen la gravísima obligación de educar a la prole, y por tanto, hay que reconocerlos como los primeros y principales educadores de sus hijos" (G.E.M. 3 a.). Si es urgente reivindicar para todos los ciudadanos el derecho a una educación integral, del mismo modo es impostergable "reivindicar el derecho que toda familia tiene de educar... (y) a no ver a sus hijos, en las escuelas, sometidso a programas inspirados por el ateísmo" (J.P.II, Unesco, 27).

Es de esperarse que las familias lleguen a ocupar el lugar que les corresponde en el marco cultural, generacional y eclesial que les ha tocado vivir. Educación y familia constituyen un punto de referencia imprescindiblemente unido. No debería ser posible separarlo. Por infortunio, educación y familia se apartaron de hecho hace tiempo con graves destrozos para la identidad de la persona, de la familia, de la nación y de la Iglesia. La propensión por una auténtica cultura, tendrá en la educación en la educación integral un campo privilegiado de acción inteligente y ordenada.

No obstante, el puesto de privilegio que en la socidad actual, en una experiencia cada vez más cierta y amplia de un a"cultura planetaria", tienen los medios de comunicación social, nos debemos contentar con mencionarlos, dada la realidad de materias tan abundantes que ponen en evidencia la actualidad y la riqueza de la cultura y de todo aquello que permite comprenderla y difundirla de la mejor manera posible. El Documento de Santo Domingo a este respecto escribe: "sabemos que nos encontramos en la nueva cultura de la imegen y que el mensaje evangélico debe inculturarse en esta cultura y llegar as´ì a hacerla expresiva de Cristo, la máxima comunicación. Comprendemos la importancia de los innumerables medios electrónicos que ahora están a nuestro alcance para anunciar el Evangelio. Le damos gracias a Dios por este nuevo don que nos ha dado en la cultura actual" (S.D. 279). El Documento de Santo Domingo había constatado que el hombre: "confía en la ciencia y en la tecnología; está influido por los grandes medios de la comunicación social; es dinámico y proyectado hacia lo nuevo; consumista, audiovisual, anónimo en la masa y desarraigado" (S.D. 255).

La pregunta se vuelve angustiosa: ¿Cómo cultivar los Mass Media en el itinerario de la Nueva Evangelización, ya que la cultura actual gusta suficientemente del poder de la facil comunicación, de la imaginación rápida, de la imegen sorprendente? Sabe, además la cultura de este momento de los más portentos inventos y el uso de la electrónica, la telemática, la radio, la prensa y la televisión. Será que encontraremos maneras de responder como católicos y como personas de Iglesia frente al desafío de una Inculturación del Evangelio en el tiempo presente?Tiene razón algún autor cuando enseña: "se recurre ante todo a la "familia, primera educadora" (D.S.D 267) e inculturadora de la fe, a la que "urge dotar de criterios de verdad... para el uso de la TV, la prensa y la radio" (D.S.D. 277); a los religiosos, a fin de que sepan unir la opción preferencial por los pobres y la evangelización de la cultura a través de la educación de los más necesitados (DSD 275); a las universidades católicas que están llamadas a una importante misión de diálogo entre el Evangelio y las culturas" (DSD 276)" (J.C. Scannone, a.c. 2.6.1).

En cuanto a la investigación y difusión de la cultura, me contento con mencionar y querer que esto llegue a ser factible para nosotros, cristianos y católicos; llegar a formularla desde los ángulos bien precisos y bien necesitados de la Educación, la Familia, los Medios de la Comunicación Social y de la misma cultura, que nos toca descubrir, criticar, proponer, revisar y volver a iniciar con toda la hondura del espíritu, en una andadura fuerte de la fe, mientras dura la peregrinación, escenarios de la cultura, mientras llega "la tierra nueva y los cielos nuevos" de que habla el libro del Apocalipsis (21, 1ss).

Inculturación del Evangelio, la Verdad, la Libertad, la Vida, la Paz

Se llega, de este modo, al punto principal, centro y objeto de esta disertación: La inculturación del Evangelio; Caminos para la Inculturación de la Catequesis en el Tercer Milenio. Quiera el Señor comunicar su Espíritu de manera que se acierte a decir una palabra que sea de interés ante tema tan importante.

La Cuarta Conferencia reunida en Santo Domingo, cuyo asunto central fue precisamente el Evangelio y la Cultura, apuntaba, a propósito: "toda evangelización ha de ser, por tanto, inculturación del Evangelio. Así toda cultura puede llegar a ser cristiana, es decir, a hacer referencia a Cristo e inspirarse en El y en su mensaje. Jesucristo es, en efecto, la medida de toda cultura y de toda obra humana" (S.D. 13). Y en otro lugar, muy certeramente, se refería de nuevo a Cristo y a la acción de la Iglesia, con estas precisas palabras: "La Nueva Evangelización es ante todo una llamada a la conversión y a la esperanza, que se apoya en las promesas de dios y que tiene como certeza inquebrantable la Resurrección de Cristo, primer anuncio y raiz de toda evangelización, fundamento de toda promoción humana, principio de toda auténtica cultura cristiana" (S.D. 24).

Sí, digámoslo con toda la convicción: Cristo el Maestro, el Jefe, el Señor, con su nombre, su persona, su Mensaje, su vida, su Misterio, su Muerte y su Resurrección (E.N. 20), es el centro, el fundamento, la verdad, la libertad, la vida, la justicia, la santidad de todo hombre, de toda mujer, de toda familia, de toda sociedad y de toda institución, es decir, de toda cultura y de todas las culturas (cf. S.D. 13 y 24). Su Evangelio y la aceptación del mismo por la fe, constituyen el carácter propio y original para poder proclamar abiertamente la existencia de una nítida cultura cristiana. Sin Cristo y sin su Evangelio no puede hablarse con exactitud de desarrollo pleno (P.P. 14,15,21,41), ni de cultura en sentido preciso (cf. E.N. 1820).

"Podemos hablar de una cultura cristiana, señalaba Santo Domingo, cuando el sentir común de la vida de un pueblo ha sido penetrado interiormente, hasta situar el mensaje evangélico en la base de su pensar, en sus principios fundamentales de vida, en sus criterios de juicio, en sus normas de ación y de alí se proyecta en el ethos del pueblo... en sus instituciones y en todas sus estructuras" (S.D. 229). Los Padres conciliares dijeron de manera clara: "Múltiples son los vínculos que existen entre el mensaje de salvación y la cultura humana. Dios, en efecto, al revelarse a su pueblo hasta la plena manifestación de sí mismo en el Hijo encarnado, habló según los tipos de cultura propios de cada época" (G.S. 58 a).

La Constitución dogmática Dei Verbum se refiere conuna enorme clarida al hecho admirable de la acomodación o inculturación de la Divina Palabra en el Antiguo y el Nuevo Testamento y, en particular, de los Santos Evangelios (cf. D.V. 3 y 19). No es extraña entonces la afirmación del Gaudium et Spes, que hace eco en esto a la premonición del Papa Juan XXIII en Pacem in Terris, cuando recuerda: "es deber de la Iglesia escrutar a fondo los signos de la época e interpretarlos a la luz del Evangelio" (G.S. 4 a.). Es lo mismo que Pablo VI, con su magistral claridad, ponía de presente21

"Para dar una respuesta válida a las exigencias del Concilio que nos están acuciando, necesitamos absolutamente ponernos en contacto con el patrimonio de fe que la Iglesia tiene el deber de preservar en toda su pureza y a la vez el deber de presentarlo a los hombres de nuestro tiempo, con los medios a nuestro alcance, de una manera comprensible y persuasiva" (E.N. 3). Y añadía el augusto Pontífice:"Cristo, en cuanto evangelizador, anuncia ante todo un reino, el reino de Dios; tan importante que, en relación a él, todo se convierte en "lo demás", que es dado por añadidura. Solamente el reino es pues absoluto y todo el resto es relativo. El Señor se complacerá en describir de muy diversas maneras la dicha de pertenecer a ese reino, una dicha paradígica hecha de cosas que el mundo rechaza; las exigencias del reino y carta magna, los heraldos del reino, los misterios del mismo, sus hijos, la vigilancia y fidelidad requeridas a quien espera su llegada definitiva" (E.N. 8).

Este Pontífice, que puede ser recordado contemporáneamente como el Papa catequista, en relación con la Inculturación del Evangelio, afirma sin ninguna ambigüedad: "Evangelizar significa para la Iglesia llevar la Buena Nueva a todos los ambientes de la humanidad y, con su influjo, transformar desde dentro, renovar a la misma humanidad: He aquí que hago nueva todas las cosas". Pero la verdad es que no hay humanidad nueva si no hay en primer lugar hombres nuevos, con la novedad del bautismo y de la vida según el Evangelio. La finalidad de la Evangelización es por consiguiente este cambio interior y, si hubiera que resumirlo en una palabra, lo mejor sería decir que la Iglesia evangeliza cuando, por la sola fuerza divina del Mensaje que proclama, trata de convertir al mismo tiempo la conciencia personal y colectiva de los hombres, la actividad en que ellos están comprometidos, su vida y ambiente concretos" (E.N. 18). Y termina diciendo: "se trata de alcanzar y transformar con la fuerza del Evangelio los criterios de juicio, los valores determinantes, los puntos de interés, las lineas de pensamiento, las fuentes inspiradoras y los modelos de vida de la humanidad, que están en contraste con la Palabra de Dios y con el designio de salvación" (E.N. 19).

Ciertamente el Evangelio y cultura no son idénticos; al contrario son independientes y nisiquiera la obra de la Evangelización se identifica con la cultura o con determinada cultura; con todo, existen vínculos profundos entre una y otra en cuanto a los elementos estrictamente humanos. Más aún "la ruptura entre Evangelio y cultura es sin duda alguna el drama de nuestro tiempo, como lo fue también en otras épocas" (E.N. 20).

La Tercera Conferencia congregada en Puebla de los Angeles, Méjico, sentenciaba: " Cristo envió a su Iglesia a anunciar el Evangelio a todos los hombres, a todos los pueblos. Puesto que cada hombre nace en el seno de una cultura, la Iglesia busca alcanzar con su acción evangelizadora, no solamente al individuo, sino a la cultura del pueblo" (D.P. 394). La Iglesia al aceptar como mandato del Señor, ir a todas las gentes, en todos los tiempos y circunstacias, entiende que en todas las culturas están presentes los "gérmenes del Verbo", y que al proponer el Evangelio anuncia la "Buena Nueva" consolidando y afianzando los valores o polaridades positivas de toda cultura, y denuncia el pecado y los antivalores o polaridades negativas presentes en las diversas culturas (cf. D.P. 401 y 405; S.D. 230). No puede olvidarse que "los criterios fundamentales en este proceso (de inculturación del Evangelio) son la sintonía con las exigencias objetivas de la fe y la apertura a la comunión con la Iglesia universal" (S.D. 230).

Debe brillar la verdad de la fe, la piedad de la liturgia, el celo de la caridad. Pero, también debe respladecer la verdad acerca del hombre, pues "apartir de la persona llamada a la comunión con Dios y con los hombres, el Evangelio debe penetrar en su corazón, en sus experiencias y modelos de vida, en su cultura y ambientes, para hacer una nueva humanidad con hombres nuevos y encaminar a todos hacia una nueva manera de ser, de juzgar, de vivir y convivir" (D.P. , 350). Resulta obvio entonces que "la incultración del Evangelio es un proceso que supone el reconociemiento de los valores evangélicos que se han mantenido más o menos puros en la actual cultura" (S.D. 230). Por otra parte permanece válido, en el orden pastoral, el principio de encarnación formulado por San Ireneo, traído por Puebla: "Lo que no es asumindo no es redimido" (D.P. 400).

Sin duda, es necesario que el misterio cristiano, a través de la celebración de los tres grandes misterios: la Navidad en que Dios se acerca al hombre, la Pascua en que el Señor redime al género humano y Pentecostés en que el Espíritu Santo hace su morada en el hombre, impregne de Evangelio y de su celebración la cultura y culturas de nuestro tiempo (cf. J,C. Scannone, a.c. 1.2.). Esto hará resplandecer al hombre en la verdad, que es Cristo mismo (cf. V.S. 1 y 54). LLevará al hombre a la libertad que tanto ansía y de la cual Cristo es la fuente y su máxima garantía (cf. V.S. 54 ss). Y comunicará al hombre la vida cierta de la cual Cristo, por medio de su Persona su Misterio y su Evangelio, es esa vida eterna por todos deseada y esperada (cf. V.S. 12). Así el hombre y la sociedad hallarán la paz que sólo Cristo da (E.V. 1) a los que la piden y la buscan.

Proceso de Inculturación de la Catequesis Problemáticas Actuales

Aunque de manera breve, pero se requiere presentar así sea someramente la existencia de algunos problemas que, a la hora de la verdad, insiden negativa y poderosamente en el proceso de inculturación de la catequesis o enseñanza oral del Evangelio y al momento de anunciar éste con valentía a los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Se trata de problemas que impiden, obstaculizan o retrasan la Inculturación del Evangelio.

Se puede partir, en primer lugar, de una comprobación inicial: "existe todavía mucha ignorancia religiosa, la catequesis no llega a todos y muchas veces llega en forma superficial, incompleta en cuanto a sus contenidos o puramente intelectual, sin fuerza para transformar la vida de las personas y de sus ambientes" (S.D. 41). A ésto va íntimamente unida: "La falta de formación doctrinal y profundidad en la vida dela fe hace de muchos católicos presa facil del secularismo, el hedonismo , el consumismo y la manipulación que invaden la cultura moderna y, en todo caso, los hace incapaces de evangelizarla" (S.D. 44).

A lo anterior se agrega, en segundo término, un hecho de una enorme gravedad: "la corrupción se ha generalizado. Hay un mal manejo de los recursos económicos públicos; progresan la demagogia, el populismo, la "mentira política" en las promesas electorales; se burla la justicia, se generaliza la impunidad y la comunidad se siente impotente e indefensa frente al delito" (v. gr. el tráfico de influencias y el tráfico de drogas) (S.D. 33). Con razón los Obispos y demás participantes en la Conferencia de Puebla dejaron dicho: "exhortamos a todos a que luchen contra la corrupción económica en los distintos niveles, tanto en la administración pública como en los negocios particulares, pues con ella se causa grave perjuicio a la gran mayoría" (D.P. 1227).

Un tercer nivel de la problemática lo representa: "la situación de miseria, marginación, injusticia y corrupción que hiere a nuestro continente, exige del pueblo de Dios y de cada cristiano un auténtico heroísmo en su compromiso evangelizador, a fin de poder superar semejantes obstáculos" (D.P. 281).

Puede creerse que si a lo ya dicho, con visos de tante gravedad, se añaden las problemáticas que giran alrededor del matrimonio y la familia, las vocaciones, la vida sacerdotal, la catequesis, la educación, la situación difícil del preceso de Inculturación del Evangelio, y por tanto de la catequesis misma, el cuadro de la realidad no podría ser descrito si no es como de una situación extremadamente delicada, digna de una toma de conciencia para emprender el camino de una auténtica conversión e iniciar, ahora sí, el itinerario muy resuelto de la Nueva Evangelización, única respuesta a los gritos de muerte y de pecado del hombre y de la sociedad en los momentos presentes.

Cultura Cristiana Catequesis Liturgia Caridad Pastoral

Al querer hablar de la Inculturación de la Catequesis en el Tercer Milenio, se precisa necesariamente no sólo dicurrir de manera teórica, sino también de manera práctica, en torno a puntos que hagan posible analógicamente hablando, la "Encarnación del Evangelio" en nuestro medio, o como prefería decir Pablo VI, la "Evangelización de la Cultura" en nuestra época, y que hoy, el Papa Juan Pablo II y muchos escritores latinoamericanos y, sobre todo, el Documento de Santo Domingo, vienen presentando como la "Inculturación del Evangelio" y que nuestro II Congreso Nacional ESPAC ha querido enfrentar con el título, para la presente ponencia, diciendo Inculturación de la Catequesis en el Tercer Milenio.

Se trata entonces ahora de reflexionar en algunas conclusiones que hagan factible y eficaz el recorrido de trabajar patoralmente con una clara conciencia y una recia decisión de intentar o pretender incidir desde el Evangelio, con las armas del Espíritu y con la ayuda de una acción pastoral seria y resuelta, en el corazón mismo de la cultura actual.

Esa cultura actual de la modernidad y de la postmodernidad, con su crisis honda y profunda en nuestra sociedad y en la Iglesia, que marca nuestra presente civilización, a la cual es urgente redimir con el Mensaje, la Cruz y la Sangre de Cristo y con la sabiduría y paciencia de los discípulos del Señor, reunidos en oración en torno a María, que, como de un nuevo Pentecostés, salen llenos de Espíritu Santo a predicar a Cristo Crucificado y Resucitado, por los confines de la tierra, conscientes de que han sido elegidos, consagrados y enviados para anunciar la Buena Nueva de la Salvación.

Enfrentar, desde el Evangelio y desde la Catequesis la cultura actual no es tarea imposible aunque no sea nada facil. Al conocimiento y análisis de la situación real de la cultura, deberán seguirse unas actividades que permitan, antes de nada, impregnar del espíritu del Evangelio, en lo más íntimo, todas las realidades y elementos de la actual cultura y buscar, por todos los medios materiales y espirituales posibles, rescatar los valores humanos y cristianos hAsta poder fundar un hombre nuevo, para una sociedad nueva, sabiendo que lo más alto de una cultura consiste en la experiencia ética y en el punto de privilegio que alcanza la moral individual y social.

La Conferencia de Medellín, dentro de sus grandes propuestas encaminadas al logro de un orden nuevo , pedía: "hacer que nuestra Predicación, Catequesis y Liturgia, tengan en cuenta la dimensión social y comunitaria del cristianismo, formando hombres comprometidos en la construcción de un mundo de paz" (M. 2, 24). Y es que no puede dudarse que, la Iglesia, los cristianos, los católicos, tienen el gravísimo deber de hacer del "Cristianismo" y el "Catolicismo", primero una gran vivencia, una profunda experiencia del paso del Señor por en medio de la comunidad y de la sociedad. Pero simultáneamente se requiere asegurar, con toda transparencia, que la actividad de los "cristianos" y de los "católicos", en materia de predicación, de catequesis, de vida litúrgica y de la acción caritativa y social (cf. S.D. 50 y 256), se den sin ambigüedades, desde una concepción y una práctica profundamente evangélica segùn la Tradición y el Magisterio perenne de la Iglesia. Por estas razones y más, precisamente "la fidelidad al hombre latinoamericano exige de la catequesis que penetre, asuma y purifique los valores de su cultura. Por lo tanto, que se empeñe en el uso y adaptación del lenguaje catequístico" (D.P. 996).

No parecerá exagerado decir con Puebla que "en consecuencia la catequesis debe iluminar con la Palabra de Dios las situaciones humanas y los acontecimientos de la vida para hacer descubrir en ellos la presencia o ausencia de Dios" (D.P. 997), puesto que "en el cumplimiento de su función educadora, la Iglesia se preocupa de todos los medios aptos, sobre todo de los que le son propios, el primero de los cuales es la instrucción catequética, ue ilumina y robustece la fe, nutre la vida con el espíritu de Cristo, conduce a una consciente y activa participación del misterio litúrgico y excita a la acción apostólica" (G.E.M. 4).

De hecho, como parte de la acción pastoral de la Iglesia en el mundo contemporáneo, frente a la actual cultura, "la NuevA Evangelización, enseña el Documento de Santo Domingo, debe acentuar una catequesis kerygmática y misionera. Se requieren, para la vitalidad de la comunidad eclesial, más catequesis y agentes pastorales, dotados de un sólido conocimiento de la Biblia que los capacite para leerla, a la luz de la Tradición y del Magisterio de la Iglesia, y para iluminar desde la Palabra de Dios su propia realidad personal, comunitaria y social. Ellos serán instrumentos especialmente eficaces de la Inculturación del Evangelio. NUestra catequesis ha de tener un itinerario continuado que abarque desde la infancia hasta la edad adulta, utilizando los medios más adecuados para cada edad y situación. Los catecismos son subsidios muy importantes para la catequesis; son a la vez camino y fruto de un proceso de inculturación de la fe" (S.D. 49), "si queremos llegar a una renovación profunda de la vida cristiana y por lo tanto a una nueva civilización que sea participación y comunión de personas en la Iglesia y en la sociedad" (D.P. 977). Los participantes en la Conferencia de Medellín dijeron con toda firmeza que las "situaciones históricas y las aspiraciones auténticamente humanas forman parte indispensable del contenido de la catequesis; y deben ser interpretadas seriaente, dentro de su contexto actual" (M. 8,6).

En este sentido, la Diócesis, sobre todo la parroquia, tiene la misión ineludible e impostergable " de adelantar la inculturación de la fe en las familias, en las CEBs, en los grupos y movimientos apostólicos y, através de todos ellos, en la sociedad" (S.D. 58). Por lo tanto " los catecismos son subsidios muy importantes para la catequesis; son a la vez camino y fruto de un proceso de inculturación de la fe" (S.D. 49).

De otra parte, se precisa tener en cuenta que tanto los Obispos (C.D. 14b) y los Presbíteros (P.O. 4 a) como también los padres de familia, los catequistas y demás agentes pastorales (M. 8, 10; A. G. 17 ab) tienen ante sí la obligación de proponerse una catequesis inculturada, que tenga en cuenta las circunstancias y expectativas del mometo presente que viven la Iglesia y la sociedad. Es un clamor del Pueblo de Dios a sus Pastores y Guías espirituales para que se dé con mayor frecuencia, con mayor ahinco y valentía la exposición de la Divina Revelación, y se explique pormenorizadamente el Catecismo de la Iglesia Católica, de modo que se alcance a llegar a los creyentes y a los no creyentes, y todos gusten de los valores del Reino en medio a la cultura y situación actual.

Se requiere, en fin, según Puebla "dar prioridad pastoral a la adecuada formación de los catequistas, en diferentes institutos, cuidando de su especialización en función de las diversas situaciones, edades y áreas que cubren los catequizandos, v. gr. niños, jóvenes, campesinos, obreros, fuerzas armadas, élites (dirigentes0, enfermos, deficientes, presidiarios" (D.P. 1002).Ya antes en las conclusiones de Medellín se había señalado: "Para que la renovación sea eficaz, se necesita un trabajo de reflexión, orientación y evaluación en los diferentes aspectos de la catequesis. Han de multiplicarse por todas partes los Institutos Catequéticos, los equipos de trabajo, en que pastores, catequistas, teólogos, especialistas en ciencias humanas, entren en diálogo y trabajen conjuntamente a partir de la experiencia, a fin de proponer formas nuevas de palabra y acción, de elaborar el material pedagógico correspondiente y verificar y evaluar, en cada caso, su validez. Es necesario que estos equipos sean dotados de medios de trabajo adecuado y de la indispensable libertad de acción (M. 8,16).

Inculturación de la Catequesis Conclusión

A manera de colofón habría que decir con toda certeza y valentía que urge orar, estudiar, analizar, reflexionar, actuar y enseñar, a la luz del Evangelio, bajo la guía de la Iglesia, queriendo con el divino auxilio y los instrumentos válidos de la hora, sobre todo, la Catequesis, la Educación y los Medios de la Comunicación Social, dar respuestas y razones de esperanza ante la realidad de la cultura actual y teniendo en cuenta los serios y constantes interrogantes que se suscitan.

"Esa Iglesia, que con una nueva lucidez y decisión quiere evangelizar en lo hondo, en la raíz, en la cultura del pueblo, se vuelve a María para que el Evangelio se haga más carne, más corazón de América Latina. Esta es la hora de María, tiempo de un Nuevo Pentecostés que ella preside con su oración, cuando, bajo el influjo del Espíritu anto, inicia la Iglesia un nuevo tramo en peregrinar. Que María sea en este camino estrella de la Evangelización siempre renovada" (D.P. 303).

María, en efecto, enseña Juan Pablo II, es el sello distintivo de la cultura de nuestro continente. Madre y educadora del naciente pueblo latinoamericano, en Santa María de Guadalupe, a través del Beato Juan Diego, se ofrece un gran ejemplo de evangelización perfectamente inculturada" (S.D. 15).

Hago mías las palabras del Papa Juan Pablo II, a las altas personalidades reunidas en la Unesco, en 1980: "No se detengan. Continúen. Continúen siempre".

Conclusiones Trabajo grupal

1a. Ponencia

Caminos para la Inculturación de la Catequesis en el Tercer Milenio

  Cultura - Modernidad - Postmodernidad - Desafíos
  Cultura - Humanidad - Naturaleza - Sociedad - Iglesia - Dios
  La Cultura la Educación, la Familia, los Medios de la Comunicacion Social, la Investigación y la Difusión
  Inculturación del evangelio, la verdad, la libertad, la vida, la paz
  Proceso de Inculturación de la Catequesis Problemáticas Actuales
  Cultura Cristiana Catequesis Liturgia Caridad Pastoral
  Inculturación de la Catequesis Conclusión
    Conclusiones Trabajo grupal

Buscar en la ESPAC:

 

 
[
Principal ]  [ Institución ] [ Programa ] [ Eventos ] [ Boletín ] [ Recursos ] [ Librería ] [ Interactivo ] [ Mapa ]

 

 ©2001 2002 Escuela Parroquial de Catequistas
Actualizado: 2/17/05 - webmaster