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Tercera ponencia

La Espiritualidad del Catequista como Apertura al Futuro

Padre Iván Darío Giraldo
Departamento de Catequesis del SPEC

Espiritualidad: Apertura al Futuro

Catequistas prov euientes de todas las regiones del país se han dado cita en la acogedora, ciudad de Monten'a para compartir expenencias y reflexionar sobre tenias como los "Cariimos para la inculturación de la catequesis enel tercer milenio", los "retos que plantea la ciencia y la teenologia a la catequesis, la espintualidad del Catequista como apertura al flituro y los desafíos que hace la Iglesia misionera al catequista de hoy

Para responder adecualamente a la misión que le ha sido confiada, por la Iglesia, el catequista necesita poseer unas convicciones muy profundas, que en todo momento le permitan actualizar su opción de fe ante los retos que se le plantean. Por esta razón la formación espiritual es fundamental. Será ella la que le pemita caminar seguro en el futuro.

Hasta hace unos años la tareade la catequesis no planteaba grandes exigencias ala persona del catequista; bastaba con saber tomar el libro del “catecismo” y “explicar” un poco las preguntas y las respuestas, sobre todo a los niños. Incluso se pensaba que "ser catequista" era una tarea que se realizaba los sábados en latarde o los domingos en la mañana, después de la cual cada uno volvía a sus quehaceres ordinarios.

En el el mundo de hoy yen la Iglesia de hoy han cambiado muchas cosas. Se ha mejorado la concepción que el hombre tiene de si mismo, se ha avanzado en la comprensión de la fe y la revelación de Dios, se han perfeccionado los métodos pedagógicos, se ha descubierto una nueva forma de evangelizar la Iglesia. Todo esto ha afectado a la catequesis. Hoy tenemos que hablar de una "nueva catequesis" e intentar hacerla de una forma distinta.

La catequesis que necesita el hombre y la iglesia de hoy exige que los catequistas tengan una manera de ser y unas cualidades muy bien definidas. Este será el objetivo del siguiente trabajo.

Es necesario que partamos del presupuesto de que el catequista ideal no existe, tampoco "se nace catequista". El catequista se hace. Ningún catequista se hizo de una vez, por el contrario, fue poco a poco como descubrió su vocación y como se fue comprometiendo. No podemos dejar de recordar, respetuosamente, el trabajo callado, humilde, sincero y generoso de tódos los miles de catequistas de nuestro país, que sencillamente han transmitido su fe a los demás. Nos unimos a la palabra del Papa Juan Pablo II cuando dijo:

En nombre de todas las iglesias quiero dar gracias a vosotros, catequistas parroquiales, hombres y en mayor número, aún mujeres, en todo el mundo os habéis consagrado a la educación religiosa de numerosas generaciones de niños. Vuestra actividad, con frecuencía humilde y oculta, pero siempre ejerciéndola con el celo ardiente y generoso, es una forma eminente de apostolado seglar (Sínodo de la Catequesis de 1977).

¿Qué es la Espiritualidad en el catequista?

Inicialmente es necesario definir qué entendemos por "Espiritualidad". De una manera sencilla podernos decir que es la forma como un cristiano vive y expresa sus relaciones con Dios. Pero la espiritualidad no puede reducirse al cumplinliento de unos ritos religiosos o de unas prácticas piadosas. La espiritualidad no es algo externo a la persona, sino que se apoya en lo más hondo del hombre, abarca la persona entera en su dirnension más profunda.

La espiritualidad del catequista se encuadra en la vocación general del cristiano. Sin embargo, para un catequista no es suficiente un programa de vida espiritual en general, un modo de vivir genérico y abstracto de la propia fe, o hacer simplemente las prácticas de un buen cristiano.

La vida cristiana y la espiritualidad del catequista no puede ser la de un cristiano en general. El catequista tiene una medida más alta Es un cristiano catequista Las exigencias que aquí plantearnos no deben ser para nosotros motivo de desaliento, por el contrario, son motivo de orgullo porque expresan la alta dignidad que el ser catequista tiene en la Iglesia, a la vez que supone una llamada para vivir la misión de "ser catequista", no como un añadido de la vida cristiana, sino como algo que constituye el núcleo más profundo de su ser cristiano.

Nuevas Exigencias para el Catequista

Cuando se piensa en el paradigma de catequesis que requiere el Tercer Milenio, necesariamente debemos tener en cuenta aquello que define su identidad.

La situación real de los catequistas que hoy tenemos son la base para comenzar a preparar el futuro, sin olvidar las orientaciones que nos brinda la Iglesia a través de su magisterio y los avances que en el campo de la catequesis se dan.

  1. Al pensar en los rasgeos que configuran la identidad del catequista debemos tener en cuenta las exigencias que hoy se hacen.
  2. La realidad de los catequistas: En los estudios que se han realizado sobre la situación de los catequistas se constatan muchas cosas positivas, pero también múltiples deficiencias. Esas sombras y lagunas en la identidad y en la formación de los catequistas son datos que nos ayudan a definir la figura del catequista.La concepción actual de la catequesis: La nueva catequesis requiere conceptos nuevos, pedagogías nuevas, etc. Pero exige, ante todo, un catequista nuevo, que sepa llevar a cabo todas esas nuevas exigencias, que tenga una actitud de diálogo con el hombre de hoy y con las situaciones mismas, que sea capaz de establecer nuevas relaciones. El documento de Santo Domingo nos pide capacidad para incorporarnos al camino de la humanidad. Es un catequista nuevo para tiempos nuevos.
  3. Las orientaciones de la Igiesia: La Iglesia es la que ejerce la tarea de la catequesis. es ella quien elige y envía a sus mensajeros: los catequistas. Ella es la que señala quién es y cómo ha de ser ese mensajero de la Palabra. Así lo ha manifestado en múltiples documentos reciéntes. En ellos encontramos abundantes datos para perfilar el catequista del tercer milenio.

Una Espiritualidad Relacional

Cuando nos encontrarnos a unos cuantos años del nuevo milenio la figura del catequista se va perfilando radicalmente a partir de las relaciones que vive a traves de su tarea. Los catequistas, por lo que somos y por lo que hacemos, establecemos una red viva de relaciones con todo lo que implica responder a las exigencies que plantean y todo eso hacerlo desde la fe, son los componentes básicos de nuestra espmtualidad de catequistas.

La espirinialidad del catequista no puede separarse del quehacer catequético. Esta espititualidad consiste en vivir la totalidad de estas relaciones en y desde la fe. Por tanto, entre el trabajo de catequista y su vida cristiana hay una íntima relación. Una y otra se influyen mutuamente. Una buena vida de fe ha de ayudar a realizar mejor la catequesis y, cuanto mejor se realice la catequesis, más madura ha de ser la fe.

El ser catequistas, o vivir a fondo las exigencias de nuestras relaciones catequéticas, no puede ser algo accidental en nuestra vida. Hemos de hacerlo con tal intensidad que constituya la forma propia de vivirla vida cristiana. El ser catequista obliga a vivir la vida cristiana con nuevas exigencias. Esto es lo que llamarnos espiritualidad del catequista.

Éstas exigencias no han de ser vividas como una carga, sino como una gloria, pues son la expresiæon de la alta dignidad de nuestra misión y la estima que como catequistas tenemos en la Iglesia. Es desde esta concepción de la espiritualidad del catequista, como expresión de sus relaciones, desde donde queremos presentar los rasgos que definen el ser del catequista, la misión que ha de realizar y las exigencias que le plantean.

El Catequista: Una Persona que Cree

Para cumplir con nuestra tarea de catequistas nos preocupamos de preparar muchas cosas:materiales, dinámicas, locales, carteleras, etc. Todo eso es importante. Sin embargo lo primero que tenemos que preparar es nuestra propia persona, pues es la base sobre la que se asentará todo lo demas.

A pesar de la poca experiencia que tengamos como catequistas, sabemos que dar catequesis es un "arte" y no se puede realizar de cualquier manera. Si nos hacemos la pregunta: ¿Qué tengo que hacer para ser un buen cateqmsta? la respuesta será: Adquirir una manera de ser una personalidad interior que nos capacite para ser un buen catequista. Esta manera de ser se puede concretar en: ser un adulto preparado.

Si queremos una catequesis renovada, la prioridad debemos ponerla en lograr catequistas preparados, ya que cualquier actividad pastoral que no cuenta para su realización con personas verdaderamente formadas y preparadas, necesariamente carecerá de valor (EN 44).

El Catequista es una persona creyente

La catequesis es educación en la fe . Y para lograr eso es importante que nosotros, los catequistas, seamos los primeros protagonistas de ese crecimiento humano y cnstiano. Cuánto más maduros seamos, desde el punto de vista humano y cristiano, más eficazmente seremos educadores en la fe.

Una persona madura

Cuando hablamos de "madurez" no nos referimos a una edad exclusiva, aunque esta es importante. La presencia de jóvenes en el grupo de catequesis ha sido importante. Aquí nos referirnos más a una madurez humana, a una manera de ser, a unas cualidades que, no necesariamente, estan vinculadas con la adultez fisica y biológica, y que en cada etapa del desarrollo humano existe un nivel de madurez que permite pasar adecuadamente a la siguiente. Se trata de que, como catequistas, adquiramos una personalidad integrada por unos valores y unas actitudes que nos permitan ser "personas maduras" en el desarrollo de nuestra misión.

Para todo catequista el "Paradigma" (modelo) en el carnino de la madurez es Jesucristo. De carácter equilibrado: es exigentey radical, enérgico y provocativo. Pero al mismo tiempo es cercano y cariñoso, atento comprensivo y acogedor. Vive de forma nueva y radical unos valores que son los que configuran su personalidad:

  • Autenticidad: Su conducta es abierta y clara. No hay doblez en él, pues dice siempre lo que piensa, sm temor a nadie. Dice siempre la verdad sin acepcion de personas.
  • Justicia: Se presenta como un hombre justo y defensor de la justicia. Pone a la persona por encima de leyes y bienes.Condena el abuso del poder, la opresión y el clasismo;
  • Libertad: Es libre ante la ley, los cultos, y los ritos vacíos, la familia, los ricos, los poderosos, las críticas y perjuicios. Respeta la liberad sin. imponer ni aprisionar conciencias.
  • Solidaridad. Le preocupa las situaciones de las personas. Se compromete con todo lo que son y tiene para ayudarlos, sin hacer distinción de buenos o malos, de raza o nación.

    Los catequistas somos, querámoslo o no, un constante "modelo de referencia". Un catequista ha de procurar ser una persona sencilla, de carácter y con personalidad, auténtica y abierta a los demás, cercana y dialogante, libre y equilibrada, capaz de comprender y perdonar, sincera y coherente, enérgica y adaptable, digna de confianza, optimista y llena de esperanza, responsable, equilibrada en sus sentimientos, con una gran seguridad interior

Un Creyente

En la tarea de la catequesis se trata de ayudar a otros a madurar en la fe. Esto no se logra si el catequista no es una persona con madurez cristiana. Nuestro paradigina es Jesús, asi nos lo manifiesta a través de sus actitudes:

  • Opción clara por el Padre: Jesús manifiesta claramente que su opción es hacer la voluntad del Padre.
  • Ruptura clara con el pecado: Jesús está limpio de pecado. Ve el pecado como una realidad trágica que habita en el mundo y en el corazón de los hombres. Denuncia toda clase de pecado.
  • Vivencia de valores profundos: Su vida religiosa no está fundada en ritos y prácticas externas, sino en actitudes serias y profimdas
  • Actitud profunda de oración: La oración esta continuamente presente en su vida. Dedica tiempo a la oración y con ella expresa su actitud de confianza e intimidad con el Padre.
  • Guiado por el Espíritu Santo: El es quien le guía, le apoya y sostiene en todo lo que hace. Como catequistas estamos llamados a conseguir una profunda y suncera adhesión de fe a Cristo, ser ejemplares en nuestro estilo de vida, una ruptura clara con los criterios y valores que son opuestos al evangelio, un profumdo amor a los hermanos, una apertura y docilidad al Espíritu Santo.

    Lo importante es que nos pongamos en el carnino de ir consiguiendo esta "adultez" poco apoco, tenerla como proyecto de vida. Por esto es necesario que los catequistas busquiernos "espacios" donde podamos, junto con otros catequistas, madurar como personas y como creyentes.

El Catequista es un adulto y un Maestro

El catequista asume la tarea de iniciar a otros en la fe y en la vida cristiana, tal y como ya existen y se practican en la Iglesia.

Para realizar esta misión hemos de "saber". El Papa Juan Pablo I (Albino Luciani) en un pequeño libro destinado a ayudar a los catequistas en su labor (Nociones de Ctequética) nos recuerda una frase de San Francisco de Sales: Un buen catequista es aquel que tiene una copita de sabiduría, un barril de prudencia y un océano de paciencia.

El catequista es el que "sabe" qué es y qué significa ser creyente, y es también el que "sabe" ayudar a otros a recorrer ese camino. Un maestro es aquel que posee un "saber" y lo entrega pedagógicamente a otros para que también ellos participen de él. Jesus es Paradigma del Maestro en la fe:

  • Se presenta como un maestro: Afirma que sólo El merece ese título: “Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar Rabí, porque uno solo es vuestro Maestro: El Cristo” (Mt. 23, 10).
  • Le reconocen como Maestro: Mucha gente se dirige a él reconociéndolo como Maestro. El mismo acepta este titulo (Jn. 13,13)
  • Enseña con la autoridad deMaestro: No es un maestro como los demás. Enseña como quien tiene autoridad.Esta perspectiva de Jesús como Maestro nos ayuda aentender que como catequistas hay un aspecto importante en. nuestra misión: Somos maestros en la fe. Los catequistas somos los que enseñamos a los demás el carnino de la fe.

El Catequista es un maestro en los elementos que constituyen su misión:

Los catequistas tenemos que "saber" de la manera mejor y más precisa, qué pasa en el interior de la catequesis; tenemos que "saber" cuáles son los elementos que, bien utilizados, nos ayudan a suscitar y a madurar la fe.

La vida

La gente llega a la catequesis con su vida llena de experiencias, preguntas, problemas, actitudes, vivencias, etc. Los catequistas tenemos que ser maestros en: Escuchar con atención y cariño todas estas situaciones; Profundizar en ellas para que descubran los interrogantes más exigentes que tiene la existencia; Saber leer esas experiencias a luz del evangelio para que adquieran su sentido cristiano.

Para esto debemos estar en constante. actitud de apertura y escucha Nada de lo que se vive y acontece en la vida de los catequiszandos nos puede resultar indiferente.

La Palabra de Dios

El eje central de la catequesis es la lectura de la Palabra de Dios hecha según el Espíritu que habita en Iglesia. Por eso los catequistas tenemos que ser maestros en abrir el corazón de los catequizandos a esa palabra, “en saber leer la palabra de Dios en el grupo para que cada uno se sienta interpelado por ella; en descubrir los grandes núcleos del misterio cristiano en ayudar a encontrar a cada persona las razones para creer. Los catequistas hemos de se buenos conocedores de la palabra de Dios, porque ésto es lo que permite iluminar la vida desde el evangelio.

La Vida Cristiana

El encuentro con la palabra de Dios motive en el catequizando la conversión. El catequista es el que ayuda en ese, proceso de conversion, para que desde la libertad se haga una clara opción por Jesucristo en el seguimiento y en la acogida de los valores evange icos.

Ayuda a presentar la vida cristiana como un tiempo de lucha y esfuerzo, que requiere constantemente la conversión.

La Oración y la Celebración

Lo que el catequizando va creyendo y va viviendo debe ser expresado en la oración y la celebración. La tarea del catequista será educar en el sentido de la oración y la celebración. De esta manera ayuda para que la participación en la liturgia de la Iglesia sea activa, consciente y genuina.

El Catequista, bdebe ser maestro en la liturgia, asi acompañará a los catequizandos en la expresion de su fe a través de las diverses celebraciones adaptadas a su situación de fe.

El Comproniso

Los catequista hemos de ser maestros en suscitar y educar el compromiso de los catequizandos. Saber presentarles las exigencias que, como cristianos, pueden y deben asuinir en la comunidad eclesial y en la sociedad en que viven. Prepararlos para que estén dispuestos a dar razón de su fe y de su esperanza en medio de los hornbres y del mundo de hoy.

Este oficio de maestro hay que ejercerlo con sencillez y huinildad. Como catequistas somos personas creyentes que, convencidas de lo importante que es creer, ofrecemos a los demás nuestra sencilla experiencia de fe para que, caminando juntos, a ejemplo de los discipulos de Emaus, podamos ellos y nosotros, avanzar por el camino del seguimiento de Jesús.

No olvidemos: a la vez que somos maestros, también estamos aprendiendo a ser creyentes.

El Catequista es un Pedagogo.

Hemos hablado de la tarea del catequista como maestro, pero todo no acaba allí, el catequista está llamado no sólo a "saber" sino tambien a saber transmitrr su experiencia de fey es aquí donde entra la Pedagogía. Las actitudes básicas que han de configurar nuestra pedagogía son las mismas que Dios manifesta al revelarse a los hombres. Por esto fijemos nuestra atención en la Pedagogía de Jesús:

La pedagogía de Jesús

  • Atención y respeto a las personas: Significa "sintonizar" con la otra persona. Jesus sabe que la maduración de las personas es larga y misteriosa. Por eso sabe esperar, está al lado de los que titubean.
  • Escucha y díaloga: Está atento a escuchar a la gente, pide opinión, hace preguntas y plantea interrogantes. Se acerca a las personas, da el primer paso, ofrece la amistad:.
  • Confianza y valoración de las personas: Confía en las personas, sabe que son capaces de superarse si se les ayuda Por eso tiene una actitud de valoración admirativa ante los pequeños gestos de bondad, alaba y agradece los detalles de la gente.
  • Gratitud: No quiere para él los grandes éxitos que consigue. Procura desviar la atención y el entusiasmo de la gente hacia su persona.
  • Compromiso: Reparte responsabilidades. Cree en la fuerza educativa de los hechos. Hace actuar, orienta la acción, corrige a partir delas experiencias e invita a la revisión.
  • Signos. Busca el lenguaje más sencillo para que la gente le entienda. El contenido es profundo y el lenguaje comprensible.
  • Comunidad: No es un predicador solitario. Conforma una comunidad de vida, educa con espíritu de equipo y de trabajo en conjunto.

La tarea del pedagogo

A continuación presentarnos algunos criterios que están orientados a nuestra buena formación como pedagogos. Somos conscientes de que cuanto sigue es sólo un esquema y merece un mayor desarrollo,

La tarea de Pedagogo nos exige:

  • Saber programar: La catequesis es un camino de crecimiento en la fe de personas muy concretas, por eso es necesario que nuestro itinerario no sea improvisado y responda a una programación seria . Esto supone concretar los siguientes aspectos: ¿para quién?, ¿para qué?, ¿qué?, ¿cómo?, ¿con qué'?, ¿cuándo?, ¿dónde?, ¿quién?, y la evaluación de cada etapa.
  • Saber amimar un grupo: las razones de saber animar un grupo no son solo culturales y pedagógicas, sino también eclesiales, pues se trata de ayudar a los catequizandos ha hacer la expenencia común de la de de la Iglesia. El grupo una iniciación a la vida en comunidad y una expresión de la misma comunid eclesial.
    Es necesario procurar que el grupo sea un espacio para la participación, 1a comunicación y la creatividad. Como catequistas somos algo más que meros animadores de grupo. Somos testigos adultos de la fede la Iglesia, que apoyamos al grupo en su caminar, compartiendo con ellos la fe.
  • Saber utilizar los instrumentos catequéticos: En la catequesis se utilizan múltiples actividades y diversos instrumentos. Estos no son trucos para hacer más agradable la catequesis. La catequesis es un acto vital y todas las actividade han de estar orientadas a que el grupo "entre en la vivencia" de la catequesis.
    Los catequistas necesitarnos conocer y saber manejar las diversas técnicas y actividades: lenguaje audiovisual, expresión corporal, murales, etc... También son necesarios en la catequesis los diversos instrumentos, entre ellos se destaca el Catecismo. Para un buen catequista, todo instrumento es útil.

La Vocación del Catequista: Llamado por Dios

La vocación del catequista tiene su origen en un llamamiento de Dios a determinado cristianos a quienes él quiere encomendar la tarea de la educación en la fe. Algunas características de esta llamada nos ayudan a entender la espiritualidad del catequista.

Esta llamada se da en las circunstancias normales de la vida

Los catequistas hemos de saber descubrir que nada ocurre por casualida~ Es e. señor quien ha entretejido toda la trama de circunstancias que nos han llevado descubrir el llamamiento a ser catequistas. Las situaciones cotidianas se convierter en el "lugar" en que resuena 4a llamada del Señor.

Este llamamiento tiene su fundamento en la vocación cristiana

Fue en el bautismo donde recibimos la responsabilidad de colaborar, según nuestra capacidad, en el anuncio de la Palabra de Dios. El ser catequista es una forma concreta de ejercer esa responsabilidad. Los catequistas somos cristianos con el encargo de ser testigos del Señor en medio de la comunidad y del mundo.

Esta vocación está en línea con las grandes vocaciones bíblicas

Los rasgos de las vocaciones en la Biblia son también los rasgos de la vocación del catequista:

  • Dios llama desde una situación concreta: El origen de nuéstra vocación como catequistas está en la toma de conciencia de una situación determinada en relación con la catequesis en nuestra comunidad. Allí, un día sentimos la inquietud preocupante y apremiante de colaborar con Dios en su plan de salvación de los hombres.
  • Nuestra Vocación es un Don de Dios: Poco a poco. vamos descubriendo que nuestra vocación a ser catequista, no proviene de nuestra propia voluntad, vamos tomando conciencia de que es Dios quien nos ha llamado, es él quien tiene la iniciativa. El ser catequista es un don de Dios.
  • Dios nos llama para una misión: anunciar su Palabra: El llamado del Señor no es para un bien personal. Somos enviados para el bien de los demás, la razón de ser elegidos son los otros. La misión encomendada es ser "pregoneros de la Palabra", "portavoces" del Señor.
  • Hemos de confiar en el Señor: La tarea es obra del Señor y nosotros solo hemos de colaborar. Por eso es importante que nos fiemos de Dios, que pongamos nuestra confianza en él.
  • La misión exige renuncias y sacrificios: En el ejercicio de nuestra tarea de catequistas descubrimos que ésta nos plantea algunas exigencias: cambiar el ritmo de vida, dedicar algo de nuestro tiempo, renuncia a algunas cosas, asistir a reuniones, preparar adecuadamente nuestra catequesis, etc.
  • La llamada del Señor abarca toda nuestra vida: El hecho de ser catequistas no es algo marginal en el conjunto de toda nuestra vida. No somos catequistas para "dedicar unas horas" al servicio de la catequesis "quedar libres" el resto del tiempo. Ser catequista no es un quehacer aislado de la vida, sino una forma de vivir la vida.

Criterios sobre la Espiritualidad del Catequista

Al pensar en los criterios que deben orientar la espiritualidad del Catequista optarnos por un esquema que es válido cuando miramos hacia el próximo siglo. Ese esquema fue propuesto por la IV Conferencia Episcopal Latinoamencana, reuiuda en Santo Domingo en 1992.

Jesucristo Ayer, Hoy y Siempre: Jesús sale al encuentro de la humanidad que camina (Lc. 24,13-17).

Mientras los discípulos de Emaús desconcertados y tristes caminaban de regreso a su aldea, el Maestro se les acerca para acompañarlos en su camino. Jesús busca las personas y carnina con ellas para asumir las alegrías y esperanzas, las dificultades y tristezas de la vida.

Hoy también nosotros, como pastores de la Iglesia en Arnérica Latina y el Caribe, en fidelidad al Divino Maestro, queremos renovar su actitud de cercanía y de acompañamiento a todos nuestros hermanos y hermanas; proclamamos el valor y la dignidad de cada persona, y procuramos iluminar con la fe suinstona, su camino de cada día. Este es un elemento fundamental de la Nueva Evangelización.

¿En algún momento he encontrado a Jesús en mi camino?

Promoción Humana: Jesús comparte el camino de los seres humanos (Lc.24,17-24).

Jesús no solamente se acerca a los caminantes. Va más allá: se hace camino para ellos (cf Jn. 14,6), penetra en la vivencia profunda de la persona, en sus sentimientos, en sus actitudes. Por medio de un dialogo sencillo y directo conoce sus preocupaciones inmediatas. El mismo Cristo resucitado acompaña los pasos, las aspiraciones y búsquedas, los problemas y dificultades de sus discípulos cuando estos se dirigen a su aldea.

Aquí Jesús pone en práctica con sus discipulos cuanto enseñara un día a un doctor de la ley: las heridas y gemidos del homb,re apaleado y moribundo que yacia al borde del camino constituyen las urgencias del propio caminar (cf. Lc. 10,25-37). La parábola del Buen Samantano nos concierne directamente frente a todos nuestros hermanos, especialmente a los pecadores por los cuales Jesús derramó su sangre. Recordamos en particular a todosl os que sufren: los enfermos, los ancianos que viven en soledad, los niños abandonados. Miramos tanbién a los que son victimas de la injusticia: los marg¡nados, los más pobres, los habitantes de los suburbios de las grandes ciudades, los indígenas y afroamericanos, los campesinos. los sin tierra, los desempleados, los sin techo, las mujeres desconocidas en sus derechos. Nos interpelan también otras formas de opresión: la violencia, la pornografia, el tráfico y el uso de drogas, el terrorismo e secuestro de personas y otros muchos problemas acuciantes.

¿Comparto yo el cambio de los demás?

La Cultura: Jesús ilumina con las Escrituras el camino de los hombres (Lc.24,25-28).

La presencia del Señor no se agota en una simple solidaridad humana. El drama interior de los dos caminantes era que habían perdido toda esperanza. Ese desencanto se iluminó por la explicación de las Escrituras. La Buena Nueva que oyeron de Jesús transmitía el mensaje recibido de su Padre.

Explicándoles las Escrituras Jesús corrige los errores de un mesianismo puramente temporal y de todas las ideologias que esclavizan al hombre. Explicándoles las Escrituras, les ilumina su situación y les abre horizontes de esperanza.

El camino que Jesús recorre al lado de sus discipulos está marcado con las huellas del designio de Dios sobre cada una de las criaturas y sobre el acontecer humano.

Exhortarnos a todos los agentes pastorales a profúndizar en el estudio y meditación de la Palabra de Dios para poderla transmitirla a los demás con fidelidad.

Reiteramos la necesidad de encontrar nuevos métodos para que a los constructores de la sociedad pluralista les lleguen las exigencies éticas del Evangelio, sobre todo en el orden social.

La Doctrina Social de la Iglesia forma parte esencial del mensaje cristiano. Su enseñanza, difusión, profundización y aplicación son exigencias imprescindibles para la Nueva Evangelización de nuestros pueblos.

¿Cómo puedo iluminar mi vida y la vida de los demás?

Un nuevo ardor: Jesús se da a conocer en la fracción del pan. (Lc. 24, 28-32)

Pero la explicación de la Escritura no fué suficiente para abrirles los ojos y hacerles ver la realidad desde la perspectiva de la fe. Es cierto que hizo arder sus corazones pero el gesto definitivo para que pudieran reconocerle vivo y resucitado de entre los muertos fue el siguo concreto de partir el pan.

En Emaús se abrió además un hogar para alguien que andaba peregrino. Cristo reveló su intimidad a los compañeros de camino y en su actitud de compartir reconocieron al que durante su vida no hizo más que darse a los hermanos y quien selló con su muerte en la cruz la entrega de toda su vida.

Concluidos estos días de oración y de reflexión volvemos a los hogares que forman nuestras Iglesias particulares para compartir con los hermanos, con quienes construimos lo cotidiano de la vida: en especial con quienes participan más de cerca en nuestro ministerio: nuestros presbíteros y diáconos a quienes deseamos expresar un particular afecto y gratitud. Que la celebración eucanstica inflame siempre más sus corazones para llevar a la práctica la Nueva Evangelización, la promoción humana y la cultura cristianas.

Describir el valor y la inportancia que para mi tiene la Eucaristía

Misión: Jesús es anunciado por los discípulos (Lc. 24, 33-35).

El encuentro entre el Maestro y los discípulos ha terminado. Jesús desaparece de su vista. Pero e llos, impulsados por un nuevo ardor, salen gozosos a emprender su tarea misionera. Abandonan la aldea y van en búsqueda de los otros discípulos. La vivencia de la fe se realiza en comunidad. Por eso los discípulos regresan a Jerusalén a encontrarse con sus hermanos y comunicarles el encuentro con el Señor. A partir de la fe, vivida en comunidad, ellos se convierten en pregoneros de una realidad totalmente nueva: "El señor ha resucitado y está de nuevo entre nosotros". La fe en Jesús lleva consigo la misión.

Para América Latina y el Caribe que recibió a Cristo hace ahora quinientos años, el mayor signo de agradecimiento por el don recibido, y de su vitalidad cristiana, es empeñarse allá en la misión" (Discurso Inaugural. Juan Pablo II.28) sea en su interior que más allá de sus fronteras.

¿Cómo puedo yo mostrar la persona de Jesús Resucitado a aquellos con quienes comparto mi catequesis?

Una Carta Especial

Hermanos y Hermanas Catequistas de América Latina y el Caribe

Jesucristo ayer, hoy y siempre! !Paz en su nombre!

  1. Convocados por el CELAM, mediante su Departamento de Catequesis nos hemos congregado pastores y Catequistas en la II Semana Latinoamericana de Catequesis en Caracas, Venezuela, del 18 al 24 de septiembre de 1994. A este evento hemos venido con los Obispos Presidentes de las Comisiones Episcopales de catequesis y varios delegados de cada país Latinoamericano y del Caribe, en ustedes.

    El tema de nuestro encuentro se resume en el lema "Hacia una Catequesis Inculturada". Estamos convencidos que las reflexiones realizadas durante la semana, las aprovechará el CELAM para ofrecer orientaciones a las Conferencias Episcopales sobre el tema de la inculturación de nuestra catequesis en América Latina y el Caribe.

  2. Durante esta Semana, en nuestros encuentros. de oración y reflexión, los tuvimos a ustedes muy presentes. Son una multitud innumerable, que sobrepasa los dos millones de jóvenes, adultos, de la tercera edad, hombres, mujeres y familias que en todos los rincones de nuestro continente, con verdadera pasión, viven su vocación-misión de catequistas en la Iglesia, como educadores de la fe de nuestro pueblo cristiano.

    Recordamos especialmente a los catequistas que se encuentran en los lugares más pobres y alejados, a los que ofrecen con humildad, dedicación y constancia sus sevicio en regiones donde en pocas ocasiones llegan los pastores, a los que exponen sus vidas en situaciones de riesgo, a los que prestan su servicio en las ciudades, en los suburbios.

    Como iglesia, nos enorgullecemos de todos ustedes y nos. alegramos de la respuesta generosa de tantos hombres y mujeres al ministerio catequístico por el testimonio personal y el compromiso de la fe de nuestros niños, jóvenes y adultos.

    La iglesia no podría sobrevivir y crecer en muchos sectores sin el aporte y el ministerio de la catequesis.

    Reciban nuestra expresión de agradecimiento y de toda la Comunidad Eclesial por su entrega incondicional al ministerio de la Palabra.

  3. Alabamos al Señor que enriquece a su Iglesia con una multitud de catequistas. Una vez más queremos proclamar que ser catequista es verdaderamente una vocación-misión. Y que en la organización pastoral de la Iglesia es un verdadero ministerio.

    Ser catequista es responder "sí" al llamado bautismal del Señor para seguirlo como discípulo(a) y al mismo tiempo llevarlo a todos los pueblos, asumiendo de modo explícito el mandato de Jesús: "Vayan y hagan discípulos a todas las naciones, (...) enseñándoles lo que les he mandado" (Cf Mt 28,19-20).

    Con la fuerza del Espíritu de Pentecostés y la fidelidad a la iglesia, tenemos la certeza de que el Señor está con nosotros hasta el final de los tiempos (Cf Mt 28,20).

Conscientes de nuestro compromiso en un mundo de fuertes cambios, próximo al final de este milenio, e inicio del 2000, a través de los signos de los tiempos y del magisterio de la iglesia, somos convocados por el Señor:

  • A una constante conversión personal y comunitaria. Conversión a Jesucristo, camino, verdad y vida; verdadero Dios y verdadero hombre; muerto y resucitado y vivo entre nosotros. Conversión plena, entusiasta, firme, segura e irradiante. Convocados a una atención permanente a la realidad concreta en la que estamos llamados a anunciar la Buena Nueva con el testimonio y la palabra, respeto a las culturas; defensa intransigente de lavida y los derechos humanos; uso crítico y positivo de los medios de comunicación social y de las conquistas tecnológicas para que estén al servicio de los valores humanos y cristianos.
  • Convocados a.un esfuerzo específico de inculturación de la fe y del mensaje evangélico de modo que cada pueblo, sin perder su identidad cultural, pueda asumir y vivir lafe cristiana. Asi la única fe tendra los muchos rostros de las variadas culturas desde el corazón mismo de nuestro pueblo, reunidos en una Iglesia Latinoamericana.
  • Convocados a un compromiso pleno con la Nueva Evangelización y la promoción humana integral, la "opción preferencial por los pobres" (que no debe ser exclusiva ni excluyente) requiere la sincera y organizada búsqueda de las condiciones básicas que exige la dignidad humana. El mensaje que anunciamos no nos permite permanecer pasivos ante tanta miseria, violencia y corrupción, que afecta a más de la mitad de nuestro pueblo en situaciones de verdadera des humanización. Es importante no olvidar otras situaciones en las que muchos de nuestros hermanos viven y que no han sido plenamente catequizadas, como es el mundo universitario, el de la política, el de la economía, el de la ciencia y la técnica, el de los militares, el de los campesinos y el de los industriales y el de tantos otros de nuestra sociedad actual urbana y rural.

Estos temas claves nos han acompañado a lo largo de la II Semana Latinoamericana de Catequesis. Encontramos la fuerza inspiradora en la sagada Escritura, especialmente en el Verbo Encarnado; en el Documento de Santo Domingo (1992), en el llamado de Juan Pablo II a la "NuevaEvangelización" (1983), en el Catecisino de la lglesia Católica (1992) y en la variada y desafiante realidad cultural de nuestro pueblo.

Agradecemos a todos los que han hecho posible este encuentro. A los que nos han acompañado con su oración, en particular a las quinientas y mas comunidades de vida contemplativa, de quienes hemos recibido numerosas comunicaciones de estínulo.

Encomendamos a Jesús, a María, a los Santos y Santas latinoamericanos y a todos aquellos que entregaron sus vidas al servicio de la evangelización.

A Jesús, que es modelo de inculturación. A María de Guadalupe, que es rostro inculturado del Evangelio. A San Francisco Solano, ejemplo y modelo de catequista latinoamericano.

3a. Ponencia

La Espiritualidad del Catequista como Apertura al Futuro

Espiritualidad: Apertura al Futuro

 

¿Qué es la espiritualidad en el cateqnista?

Nuevas Exigencias para el Catequista

Una Espiritualidad Relacional

El Catequista: Una Persona que Cree

  El Catequista es una persona creyente
 

El Catequista es un adulto y un Maestro

  El Catequista es un Pedagogo

La Vocación del Catequista: Llamado por Dios

  Esta llamada se da en las circunstancias normales de la vida
  Este llamamiento tiene su fundamento en la vocación cristiana
  Esta vocación está en línea con las grandes vocaciones bíblicas

Criterios sobre la Espiritualidad del Catequista

  Jesucristo Ayer, Hoy y Siempre
  Promoción Humana
  La Cultura
  Un nuevo ardor
  Misión

Una Carta Especial

Conclusiones trabajo grupal

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Actualizado: 2/17/05 - webmaster