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Cuarta Ponencia

El Catequista y los Desafíos de una Iglesia Misionera

Monseñor Julio Cesar Vidal Ortiz
Obispo de la Prelatura del Alto Sinú y San Jorge

La Iglesia es Constitutivamente Misionera

Cualquier persona, de cualquier religión, raza o cultura, que se acercara a los orígenes de la Iglesia Católica y, tanto en los documentos escritos como en la práxis, quisiera descubrir lo esencial en ella, encontraría que la "misión" es su característica fundamental. En efecto, a su fundador, Jesús de Nazareth, se le encuentra con la clara conciencia de que ha sido enviado para "evangelizar a los pobres" (Lc. 4, 18) y por eso se le ve de lugar en lugar anunciando el reino de Dios: " Es preciso que anuncie también el reino de Dios en otras ciudades, porque para esto he sido enviado" (Lc 4, 43). La Evangelii Nuntiandi nos sintetiza esto con las siguientes palabras: "Durante el Sínodo, los Obispos han recordado con frecuencia esta ver-dad: Jesús mismo, Evangelio de Dios, ha sido el primero y el más grande evangelizador. Lo ha sido hasta el final, hasta la perfección, hasta el sacrificio de su existencia terrena". (E.N. 7).

Por eso, es apenas normal, que el anuncio y la aplicación de todo cuanto El había dicho y hecho fuera el mandato principal para quienes habían creído en El. Los Evangelistas nos recogen esto de diferentes maneras: San Mateo nos lo relata así: "Así, pues, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Y cuando vieron a jesús. lo adoraron, aunque algunos dudaban: Jesús se acercó a ellos y les dijo: "Dios me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, a las gentes de todas las naciones y háganlas mis discípulos; bautícenlas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Por mi parte, yo estaré con ustedes todos los dias hasta el fin del mundo" (Mt. 28, 16-20). Por su parte el Evangelista San MArcos nos lo relata asÍ: " Más tarde, Jesús apareció a los once discípulos, mientras ellos estaban sentados a la mesa. Les reprendió su falta de fe y su terquedad, ya que no creyeron a los que lo habían visto resucitado. Y les dijo: vayan por todo el mundo y anuncien a todos este mensaje de salvación. El que crea y sea bautizado, será salvo; pero el que no crea será condeado. Después de hablarles, el Señor Jesús fue levantado al cielo y se sentó a la derecha de Dios. Ellos salieron a anunciar el mensaje por todas partes y el Señor los ayudaba y confirmaba el mensaje acompañándolo con señales milagrosas". (Mc. 16, 14-20).

San Lucas da testimonio del mismo acontecimiento con las siguientes palabras... y entonces abrió sus inteligencias para que comprendieran las Escrituras y les dijo: Así está escrito que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día y se predicara en su nombre la conversión para perdón de los pecados a todas las naciones, epezando desde Jerusalén. Ustedes son testigos de estas cosas. Mirad, yo voy a enviar sobre vosotros la promesa de mi Padre. Por nuestra parte permaneced en la ciudad hasta que seais revestidos de poder desde lo alto" (Lc. 24, 46-49).

Finalmente, el Evangelista San Juan, habla del mismo hecho de la siguiente manera: " Paz a vosotros como el Padre me envió así yo os envío. Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: Recibid al Espíritu Santo. A quienes perdoneis los pecados les quedan perdonados y a quienes se lo retengáis les quedan retenidos (Jn. 20, 21-23). Queda, pues, claro que la misión de anunciar el Evangelio es la razón de ser de la Iglesia fundada por Jesucristo. Con razón el Papa Pablo VI, recogiendo lo expresado de los Padres Sinodales nos dice en la Evangelii Nuntiandi: "La Iglesia lo sabe. Ella tiene viva conciencia de que las palabras: "Es preciso que anuncie también el reino de Dios en otras ciudades", se aplican con toda verdad a ella misma. Y por su parte ella añade de buen grado, siguiendo a San Pablo: porque, si evangelizo, no es para mi motivo de gloria, sino que se me informe como necesidad. ¡Hay de mi si no evangelizara! (...). Evangelizar constituye, en efecto, la dicha y vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda. Ella existe para evangelizar, es decir, para predicar y enseñar, ser canal del don de la gracia, reconciliar a los pecadores con Dios, perpetuar el sacrificio de Cristo en la Santa Misa, memorial de su muerte y resurrección gloriosa" (E.N. 14).

Queda, pues, plenamete claro que la Iglesia es misionera por esencia. Iglesia y misión son palabras correlativas: hablar de Iglesia es hablar de misión y, hablar de misión, es hablar de Iglesia. Sin embargo, llevados por el pluralismo reinante, por la cultura llamada "planetaria" como fenómeno consecuente de los edios de comunicación social y, de un mal entendido ecumenismo, especialmente, en la década de los ochenta, aparecieron en Europa y en algunos países del extremo oriente, como en la India, algunos escritores católicos cuyas posiciones teológicas introducían ambigüedades en el concepto católico de misión, debilitando en algunos miembros de la Iglesia el impulso misionero "ad gentes". El Papa Juan Pablo II le sale al paso a estas cuestiones en la Encíclica "Redemptaris Missio". En ella el Papa reconoce la existencia de estas dificultades cuando dice: "No obstante en essta nueva primavera del cristianismo no se puede dejar oculta una tendencia negativa que este Documento quiere contribuir a superar la misión específica "ad gentes",parece que se va parando, no ciertamente en sintonía con las indicaciones del Concilio y del Magisterio posterior. Dificultades internas y externas han debilitado el impulso misionero de la Iglesia hacia los no cristianos, lo cual es un hecho que debe preocupar a todos los creyentes en Cristo. En efecto, en la historia de la Iglesia, este impulso misionero ha sido siempre signo de vitalidad, así como su disminución es signo de una crisis de fe" (R.M. 2). Y también vuelve a proponer en toda la Iglesia que la misión es inherente a la vida de la Iglesia: "Pero lo que más mueve a proclamar la urgencia de lA evangelización misionera es que esta constituye el primer servicio que la Iglesia puede prestar a cada hombre y a la humanidad entera en el mundo actual, el cual está conociendo grandes conquistas, pero parece haber perdido el sentido de las relaidades últimas y de la misma existencia" (R.M. 2).

En el Magisterio de la Iglesia Latinoamericana el concepto de misión se ha ido clarificando y completando con el pasar de los años. El Documento de Medellín relaciona misión y liberación: la Iglesia es enviada a liberar al hombre y alos pueblos de toda opresión e injusticia.

Puebla toca explícitamente el tema de la misión "ad gentes" cuando dice: "finalmente ha llegado para América Latina la hora de intensificar los servicios mutuos entre Iglesias particulares y de proyectarse más allá de sus propias fronteras "ad gentes". Es verdad que nosotros mismos necesitamos misioneros.Pero debemos dar desde nuestra pobreza" (Puebla 368). Y Santo Domingo, que es como una nueva inyección de dinamismo a la acción misionera de la Iglesia nso presenta a la Iglesia como una comunión de comunidades, todas ellas comprometidas en que el Evangelio sea presentado con nuevo ardor, nuevos métodos y nueva expresión para que impregne las culturas, transforme las conciencias y promueva integralmente al hombre (S. Domingo 122, 123, 124, 125). Aunque sea de una manera suscita hemos presentado aquí los contenidos fundamentales que nos muestran una Iglesia toda ella misionera.

Características del Mundo de Hoy

Esta Iglesia que ha recibido de su Señor el mandato de anunciar el Evangelio no tiene un fin en sí misma; ella está esencialmente orientada hacia el hombre: "El hombre es camino que la Iglesia debe recorrer" (R.H.), la humanidad, el mundo. Por eso si la Iglesia es, como dice la Lumen Gentium "como un sacramento o señal e instrumento de la última unión con Dios y de la unidad de todo el género humano", ella debe tener muy en cuenta el mundo en que vive; un mundo que tiene sus elementos positivos y sus elementos negativos.

La descripción del mundo de hoy ha sido magistralmente tocada por quienes me han antecedido en el uso de la palabra como lo han sido Monseñor Darío Molina Jaramillo, Obispo de la Diócesis anfitriona de este Congreso, el Doctor Crisanto Velandia, isigne sociólogo y el Padre Iván Darío Giraldo, Director del Departemento de Catequesis del SPEC. Sin embargo. Sin embargo, permítaseme recordar algunos de estos aspectos negativos.

El mundo de hoy se caracteriza por un materialismo práctico. Es cierto que la ideología marxista, fundamentada en una filosofía atea es algo que ha quedado como un dato histórico, tal como nos lo presenta Juan Pablo II en su Santa Encíclica "Centesimus annus" (A.C. 12 ss), pero el homre de hoy, influenciado por una filosofía utilitarista e individualista, busca su realización personal y su felicidad en los bienes materiales. Esta tendencia le asfixia espiritualmente y la incapacita para entender y experimentar en el mundo del espíritu, el mundo trascendente, el mundo de la fe. Su ser, creado para la felicidad, se ve impulsado a la tendencia de las cosas, a la adquisición de poder o a la experiencia de toda clase de placer con el pensamiento de que aquí encontrará satisfacción a estos deseos de felicidad de su ser. El Documento de Puebla dice sobre esto: "los bienes de la tierra se convierten en ídolo y en serio obstáculo para el Reino de Dios, cuando el hombre concentra toda su atención en tenerlos, aún en codiciarlos. Se vuelven entonces absolutos. No podeis servir a Dios y al dinero (Lc. 16, 13).

La riqueza absolutizada es obstáculo para la verdadera libertad. Los crueles contrastes de lujo y extrema pobreza, tan visibles a través del continente, agravados, además, por la corrupción que a menudo invade la vida pública y profesional, manifiestan hasta que punto nuestros países se encuentran bajo el dominio del ídolo de la riqueza" (D. Puebla # 194. 194). Y, re-firiéndose al ídolo del poder nos dice: "las diversas formas del poder en la sociedad pertenecen al orden de la creación. Por tanto, llevan en sí la bondad esencial del servicio que deben prestar a la comunidad humana. (...). El pecado corrompe el uso que los hombres hacen del poder, llevándolo al abuso de los derechos de los demás, a veces en formas más o menos absolutas" (D.Puebla 498, 499).

De igual manera, la búsqueda de una vida fácil, cómoda y placentera, sin renuncias ni sacrificios es una constante del mundo de hoy.

Aunque no en todas las culturas ni en todos los niveles, el "agnosticismo" (imposibilidad de captar la verdad) es una de las características del hombre de hoy, especialmente de los países llamados desarrollados. En la "Veritatis Splandor" el Papa Juan Pablo II se refiere a este problema como uno de los obstáculos más grandes para captar la íntima relación que hay entre verdad y libertad cuando nos dice:... " como se puede comprender inmediatamente, no es ajena a esta evolución la crisis en torno a la verdad. Abandonada la idea de una verdad universal sobre el bien, que la razón humana pueda conocer, ha cambiado también inevitablemente la concepción misma de la conciencia. A esta ya no se le considera en su realidad originaria, o sea, como acto de la inteligencia de la persona, que debe aplicar al conocimiento universal del bien de una determinada situación y expresar así un juicio sobre la conducta recta que hay que elegir aquí y ahora; sino que más bien se está orientando a conceder a la conciencia del individuo el privilegio de fijar, de modo autónomo, los criterios del bien y del mal, y actuar en consecuencia" (V. S. 32). Así, el no poder la conciencia conocer la verdad objetiva se encierra en sí misma y se hace autora y juez de sus propios actos sin ninguna relación con la verdad revelada. Esta mentalidad ha penetrado también el algunos pensadores católicos, como nos lo ha demostrado la reacción de varios de ellos ante la reciente Encíclica del Papa "Evangelium vitae", en lo referente especialmente al aborto y a la eutanasia.

Otras de las características del mundo de hoy es su creciente tendencia a la "violencia". Este fenómeno no pertenece solo a los países en vías de desarrollo, o a los llamados "países nuevos", ni a los que están involucrados en el fenómeno del narcotráfico sino también a los países desarrollados, a los de antigua tradición cultural.

Hay violencia en Colombia y la hay en los E.E.U.U.; la hay en los países africanos y en los europeos; y la hay en los países árabes, como en los balcanes y en Rusia; como también en Filipinas y Australia. No cabe duda de que el homre se ha vuelto violento y agresivo; los conflictos en las parejas matrimoniales, el maltrato a los menores, la aparición de grupos extremistas son una muestra de ello. Refiriéndose a Colombia, el documento de trabajo para la reunión del Episcopado Colombiano en el mes de febrero del año pasado, dice: "Nadie puede negar la creciente violencia en la que se encuentra el país, una violencia que sin lugar a dudas nos afecta a todos de una u otra manera y que abarca todas las esferas, espacios temporales en las que se desarrollan nuestra vida cotidiana; ´por tal razón, ya se le define como una "violencia omnimada" que comprende todo.

Sin embargo, en la actualidad las investigaciones puramente científicas y sociológicas del fenómeno, dan cuenta de una violencia persistente en la que cada vez son mayores los actores y las religiones en dodnde se manifiesta. Toda esta diversidad de variables hace más complejo descubrir sus orígenes.

Esta violencia se expresa de muchas maneras; que van desde los homicidios, masacres, desapariciones, heridas corporales, amenazas, chantajes, intimidaciones, secuestros, hasta agresiones verbales o gestuales, que laceran la integridad emocional. Pero la violencia también se manifiesta bajo la forma de atentados contra los bienes de los ciudadanos, que vulneran sus economías" (SPEC, hacia una pastoral para la paz, pg. 10).

También en el libro titulado "Desplazados por violencia en Colombia", que recoge el estudio tratado en la Asamblea Plenaria del Episcopado colombiano en junio de 1994 podemos percatarnos del grado tan alto a que ha llegado la violencia en Colombia.

Finalmente, no podemos dejar de referirnos , el así llamado "fenómeno de las sectas". como algo característico a nuestra sociedad. El Documento de Santo Domingo no duda en afirmar que "el problema de las sectas ha adquirido proporciones dramáticas y ha llegado a ser verdaderamente preocupante sobre todo por el creciente proselitismo" (S.D. # 139). El Documento las describe como "grupos religiosos que insisten en que sólo la fe en Cristo salva y que la única base de la fe es la Sagrada Escritura., interpretada de manera personal y fundamentalista. Por lo tanto, con exclusión de la Iglesia, y la insistencia en la proximidad del fin del mundo y del juicio próximo. "(S.D. # 140). No cabe duda que su acción proselitista, organizada técnicamente, fuertemente financiada y apoyadas por el uso de los medios de comunicación, ha hecho mella en muchos católico a lo largo de toda latinoamérica y aún en países europeos y asiáticos (España, Francia, Alemania, Polonia, Japón). Este tema ha sido tocado por todos los Episcopados latinoamericanos y entre ellos el de Colombia. En la Asamblea Plenaria del Episcopado colombiano de junio del año pasado hubo un informe sabre la actividad de algunas de estas sectas y se vió que su aumento numérico se debe no solo a su fuerte financiación, A su proselitismo persistente que los lleva a una campaña puerta a puerta, sino también a la mala promoción de los católicos y a su falta de experiencia comunitaria.

Soy plenamente consciente que nuestro mundo llamado de la "postmodernidad" se caracteriza por muchos otros aspectos que el catequista debe tener en cuenta, como son los avances en el campo de las ciencia, de la técnica, de la medicina y que no son tocados en esta ponencia. Los que hemos señalado nos parece que inciden más en la manera de pensar y de actuar de las personas. Soy también consciente que nuestra descripción del mundo de hoy es también incompleta porque, por razones de tiempo no nos referimos a sus características positivas que son innumerables y que, desde otro ángulo, también presenta retos al catequista moderno.

Perfil del Catequista para el Siglo XXI

Entre el imperativo misionero de la Iglesia y el mundo, se ubica el catequista. El tiene que decir como San pablo: "Hay de mí si no evangelizara" y como Jeremías: "Mira que soy un niño y no sé hablar". Sabemos que la evangelización del mundo de hoy presenta unos desafíos al evangelizador, a la vez nuevos y a la vez antiguos, que exigen unas modalidades que, sin ser exhaustivos, hemos reagrupado en los siguientes aspectos:

Santidad de vida

La evangelización no es cosa de los hombres sino de Dios. El Padre envía a su Hijo y este mediante su vida, muerte y resurrección revela al hombre el Reino de Dios y le regala las gracias necesarias para pertenecer a El: el Padre y el Hijo envían al Espíritu Santo, santificador y vivificador. Por eso solo el que está unido a Cristo da mucho fruto (Jn. 14, 1s). Y estar unido a Cristo es poseer el Espíritu. No se puede, por consiguiente, ser un auténtico catequista y no poseer el Espíritu de Cristo. El decreto conciliar "Ad gentes" nos presenta este itinenario en los números 2, 3 y 4. Ya Pablo VI en la "Ecclesian Suame" nos había dicho: "Solo el que es totalmente fiel a la Doctrina de Cristo puede ser eficazmente apóstol. Y solo el que vive con plenitud la vocación cristiana puede estar inmunizado del contagio de los errores con los que se pone en contasto" (E.S. # 81).

La "Evangelii Nuntiandi" expresa: que el Espíritu es quien explica a los fieles el sentido profundo de las enseñanzas de Jesús y su misterio. El es "quien, hoy igual que en los comienzos de la Iglesia, actúa en cada evangelizador que se deja poseer y conducir por El, y pone en los labios las palabras que por sí solo no podía hallar, predisponiendo también el alma del que escucha para hacerla abierta y acogedora de la Buena Nueva y del reino anunciado" (E.N. 75).

También las últimas Encíclicas del Papa, como en sus discursos, homilías y catequesis aparece muy clara la íntima relación entre evangelización y santidad de los agentes.

La Doctrina de la "Catequesis Thradendae" y de la "Christi Fidelis Laici" es expuesta en la "Redemptoris Missio" en el número 90 cuando dice: "la llamada a la misión deriva de por sí de la llamada a la santidad. Cada misionero lo es auténticamente si se esfuerza en el camino de la santidad. La santidad es un presupuesto fundamental y una condición in-sustituíble para realizar la misión salvífica de la Iglesia (Christi Laici 17). La vocación universal a la santidad está estrechamente unida a la vocación universal a la misión" (R.M. 90).

A modo de sintesis expresamos con Juan Pablo II, que la santidad es la madurez de las virtudes humanas y de las virtudes cristianas.

Riqueza de doctrina

La catequesis es evangelización, pero se distingue del anuncio del Kerigma en que es una exposición sistemática de todo el conjunto de la doctrina cristiana; por eso el catequista debe ser una persona que conozca bien los fundamentos de la fe católica. El hombre cada día va siendo más instruído, conocedor de las ciencias que tratan sobre él y sobre el mundo. Los edios de comunicación van permitiendo y acelerando una cultura planetaria, lo que hace al hombre más crítico sobre las cosas que se le proponen.

Además el creyente actual vive en una sociedad cada vez más pluralista que ejerce su influencia sobre él. El hombre ya no nace en un ambiente homogéneo en el que todos creían y practicaban lo mismo. Esto fue percibido por el Papa Juan XXIII, de feliz memoria, quien expresó en el momento de la convocación del Concilio Vaticano II, que este buscaba poner en consonancia la Doctrina católica con el mundo de hoy. Juan Pablo II en la constitución "Fidei depositum", promulgaba por motivo de la publicación del catecismo de la Iglesia católica, se refiere a este mismo cuando dice: "... que esta asamblea el Papa Juan XXIII le fijó como principal tarea la de conservar y explicar mejor el depósito precioso de la Doctrina cristiana, con el fin de hacerlo más accesible a los fieles de Cristo y a todos los hombres de buena voluntad. Para esto el Concilio no debía comenzar por condenar los errores de la época, sino ante todo, debía dedicarse a mostrar serenamente la fuerza y la belleza de la doctrina de la fe "(F. D.1)".

Vemos, que el catequista para el mundo de hoy tiene que ser un estuudioso de la Palabra de Dios, debe dedicarle tiempo y energía a su estudio para tener asimilada la interpretación que la Igleisa hace de ella. Debe conocer las verdades que la Iglesia propone en su magisterio ordinario y extraordinario, en cuestiones de fe, moral y debe ser un conocedor de la liturgia de la Iglesia y celebrar en comunidad con ella el culto que permanentemente ofrece el Padre, por Cristo en el Espíritu.

El catequista debe también conocer los avances de la pedagogía moderna y el manejo de los medios de comunicación social.

Nos da mucha alegría ver, en lo poco que conocemos de ESPAC, que sus dirigentes se han esmerado en presentar a sus alumnos la doctrina católica de una manera sencilla pero completa.

Caridad pastoral

Es asombrose ver el celo y el dinamismo de las primitvas comunidades cristianas. Desde la recepción del Espíritu Santo no hubo fuerza alguna que pudiera detener su impulso evangelizador: es que poseían el Espíritu del Señor Jesús que les infundía caridad pastoral. Esto no es fruto de un sentimiento, de una emoción o de un gusto personal, que de por sí son pasajeras, sino de la conciencia y de la viovencia del Espíritu. La "Pastore dabo vobis" habla de la caridad pastoral referida a los presbíteros, pero que también se aplica con todas las propiedades a los religiosos y laicos que participan del sacerdocio de Cristo por medio del Bautismo. Dice la cita del documento: "el principio interior, la virtud que anima y guía la vida espiritual del presbítero en cuando configurado con Cristo cabeza y pastor es la caridad pastoral, participación de la misma caridad pastoral de Jesucristo: don gratuito del Espíritu Santo y, al mismo tiempo deber y llamar a la respuesta libre y responsable del presbítero" (P. D.V. #21).

Desafortunadamente tenemos que aceptar que la mayoría de nuestros cristianos viven su fe de una manera individualista y sin compromiso serio con ella.

Por eso nuestras comunidades, no se distinguen por su favor misionero. Ya lo mismo las palabras que citamos del Papa en la "Redemtoris missio" y por eso, el discurso de Juan Pablo Ii en la Cuarta Conferencia del Episcopado Latinoamericano de Santo Domingo, es una nueva invitación a un renovador impulso evangelizador. Dijo el Papa en esa ocasión: "La nueva evangelización es la idea central de la temática de esta conferencia: desde mi primer encuentro en Haití con los obispos del Celam en 1.983, vengo poniendo un particular énfasis en esta expresión, para despertar en todos un nuevo ardor, y una nueva fuerza evangelizadora en América y en el mundo entero" (S.D. disurso inagural). En discursos anteriores el Papa había expresado que esa evangelización debe ser " nueva en su ardor, nueva en su método y nueva en su expresión".

Todo esto nos permite concluir que el catequista del siglo XXI, tiene que afrontar el reto de una Iglesia que le invita a presentar del tal manera el mensaje que sea capaz de impregnar de evangelio las culturas existentes y cuyo resultado sea una auténtica promoción humana y cristiana.

No podemos silenciar la invitación del documento de Santo Domingo a realizar esta evangelización a partir de comunidades vivas y dinámicas.

María, La Gran Catequista

Como conclusión de esta ponencia quisiera invitar a todos los participantes de este Segundo Congreso Nacional ESPAC a poner los ojos en la Santísima Virgen María; ella es también modelo de catequista ideal. Su vida santa dedicada de una manera radical a ser siempre la vo-luntad del Padre; su actitud contemplativa que la llevó a participar en profundidad en el plan de salvación manifestado de una manera plena en la encarnaión del Verbo en su vientre virgi-nal por obra del Espíritu Santo y su caridad pastoral que la llevó a compartir las maravillas que Dios había hecho en ella con Isabel, también objeto de la bondades divinas, a apartar todo lo que fue capaz en la formación de Jesús, a acercar a los hombres en conflicto a su Hijo Jesús como en las bodas de Caná, a vivir con su Hijo el terrible drama del calvario, a fortalecer los apóstoles después de su muerte y hacer objeto de la efusión del Espíritu el día de pentecostés, es garantía de apoyo para el catequista que, como expresó Pablo VI "eclesian suam" hablando de la Iglesia. "se da cuenta de la asombrosa novedad del tiempo moderno, pero con cándida confianza se asoma a los caminos de la historia y dice a los hombres: yo tengo lo que vosotros buscáis, lo que a vosotros os falta" (E.S. 89). ¡Jesucristo ayer, hoy y siempre, Amén!


3a Ponencia

El Catequista y los Desafíos de una Iglesia Misionera

 

La Iglesia es Constitutivamente Misionera

 

Características del Mundo de Hoy

 

Perfil del Catequista para el Siglo XXI

    Santidad de vida
    Riqueza de doctrina
    Caridad pastoral
 

María, La Gran Catequista

Conclusiones Grupales

 
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Actualizado: 2/17/05 - webmaster