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Liturgia

Eucaristía por los Catequistas

La Catequesis a la Luz del Tercer Milenio que Llega

Homilía de Monseñor Fabio Escobar, Obispo de Palmira, junio 30 de 1997.

Concelebrantes

  • Monseñor Carlos Sánchez
  • Padre Iván Darío
  • Padre Alirio

Homilía

Hermanos en el único sacerdocio de Cristo, carísimos catequistas y hermanos:

Reunidos en esta mañana, para celebrar la Eucaristía que es y debe ser vínculo de amor para dar gracias por habernos llamado, por habernos predestinado y escogido y enviado a proclamar el Evangelio.

Celebramos ayer la festividad de San Pedro y San Pablo, columnas de la Iglesia, que recibieron el mensaje de Cristo y hoy la Iglesia que somos todos, nos confirma ese envío, que tenemos que llevar al mundo el mensaje sin ningún temor.

Ya el Papa, el día de su posesión, nos animó y nos invitó con esa frase clara y contundente. "No tengáis miedo, abrid vuestro corazón a Cristo".

La inminente llegada del Tercer Milenio, la realidad de un cambio cultural sin precedentes que estamos viviendo desde hace varios años y que implica el fin de una manera de ver el mundo, de sentir la vida, de entender al hombre, para dar lugFar a una nueva forma de entenderlo y de vivirlo todo, significa un reto extraordinario para nosotros los creyentes, llamados a anunciar la Buena Nueva de Jesucristo a todas las gentes, a los hombres de todos los tiempos y culturas.

El gran jubileo del Año 2000, que conmemorará la Encarnación redentora del Hijo Eterno de Dios para nuestra salvación, ha sido la ocasión que, por convocación del sucesor de Pedro, todos los cristianos recibimos el llamamiento a prepararnos para el gran reto de llevar el Evangelio a la nueva cultura, que ya se está gestando entre nosotros. La Carta Apostólica "Tertio Milennio Adveniente", constituye un llamado que la Iglesia nos hace asumir este momento "dramático y maravilloso" de la historia como un compromiso de renovación que garantice para la humanidad entera el escuchar con toda autenticidad la gran noticia de Jesucnsto, único Salvador del mundo.

En forma particular, este llamamiento debe ser escuchado por aquellos a quienes se encomienda la responsabilidad de ayudar a sus hermanos a profundizar en el conocimiento de Jesucristo y su misterio de salvación.

A ustedes apreciados catequistas, corresponde vivir este tiempo de gracia con las actitudes propias de un "nuevo Adviento", como nos lo ha indicado el Papa Juan Pablo II en repetidas ocasiones.

En primer término, se debe hacer un gran esfuerzo por transmitir en la catequesis una gran confianza en la acción de Cristo; nuestras catequesis deben formar en la esperanza que nos permite superar los miedos. Hoy es corriente encontrar, aun entre creyentes, un gran escepticismo frente a todo, un gran pesimismo sobre las posibilidades humanas de lograr un mundo mejor

De las Escuelas ESPAC deben surgir los hombres y mujeres capaces de comprometerse en la construcción de una nueva cultura, y de la paz de la vida y fe sólida, que venza todos los temores, en la medida que los ayudemos a profundizar en el proyecto de salvación, serán capaces de sacudir el miedo. Corresponde al catequista sembrar en los corazones, especialmente en el de los jóvenes, la esperanza cristiana. Una actitud que nace de la certeza de que "al llegar la plenitud de los tiempos, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer" (Gal. 4,4); para darnos vida eterna; del convencimiento de que "Dios demostró su amor al mundo, dando a su Hijo único, para que todo el que creyera en El, tenga vida eterna y ninguno perezca. Porque Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por El". Nuestra acción como catequistas debe ser la de verdaderos y convencidos "Profetas de la esperanza.

La celebración del Jubileo del Año dosmil constituye igualmente una invitación a todos los cristianos, muy especialmente a los catequistas, a recobrar el gozo de anunciar el Evangelio.

El mundo actual, detrás de una máscara de satisfacción esconde una gran carga de tristeza. Son tantos los que han perdido el sentido de sus vidas ahogados por una sociedad materialista. El olvido de Dios en muchos hogares les está arrebatando a muchos las bases necesarias para construir la felicidad, muchos de los niños vienen hasta nosotros con el alma marcada por la tristeza, la angustia, las decepciones. En las Escuelas de Catequistas, debe vivirse la alegría de la Fe; debe escucharse el anuncio "No temáis, mirad que os traigo una buena noticia, una gran alegría que lo será para todo el pueblo: hoy en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador: el Señor" (Lo. 2,10-12).

Quiero recordarles lo que dice el papa Juan Pablo II en su "mensaje a los jóvenes" en 1996. "Hoy los creyentes tienen una tarea urgente que realizar. Consiste en conservar la sonrisa del mundo, de un mundo a veces violento, desmoralizado o aburrido, que necesita encontrar personas alegres y sonrientes, capaces de mirar el futuro".

Nuestras Escuelas de Catequesis deben tener siempre un ambiente de profunda y sincera alegría. Nuestras catequesis deben realizarse en un clima de auténticas fiestas en el Espíritu del Señor; nuestras vivencias de oración, verdaderas experiencias gozosas de Dios. Catequesis realizadas en un ambiente de tristeza, pesimismo, o mal humor, son una contradicción con el anuncio del Evangelio y el ser de la Iglesia.

Que en nuestras Escuelas de Catequesis se viva la preparación al Tercer Milenio como vivió María de Nazareth la espera de su Hijo, nuestro Salvador, con el espíritu alegre de Dios Salvador. Esto significa que, tanto Catequistas como Catequizándos, compartamos la felicidad de experimentar a Dios como un amor que salva; se deleiten íntimamente con el conocimiento de aquella verdad, que transforma la vida de aquellos que la aceptan: Dios nos ama y por nosotros envió a su Hijo Jesucristo.

Esta alegría debe construir una nueva forma de vida que predisponga los corazones a la paz, a la confianza y al agradecimiento. "Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres. Que vuestra bondad la conozca todo el mundo. El Señor está cerca. Nada os preocupe; sino que en toda ocasión, en la oración y súplicá con acción de gracias, vuestras peticiones sean presentadas a Dios. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo juicio, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús" (Fil. 4, 4-47). Formar para una vida así de alegre, es la tarea dQ un buen catequista. Y ello, sólo se logra desde una alegre y entusiasta comunicación del mensaje de Salvación.

La Catequesis renovada que nos exige la "Nueva Evangelización", con la cual afrontamos el reto del Tercer Milenio, debe estar tocada por el "Nuevo ardor", fruto de la experiencia de Dios en la oración. Nuestras Catequesis deben ser oportunidades, para que catequistas y catequizandos se dejen transformar por el Espíritu Santo, que nos va modelando a través de ese diálogo amoroso, personal y comprometido que es la oración del Cristianó. Sólo en un clima de intensa oración es posible enseñarle al hermano a vivir la alegría en el Señor, a compartir con Jesús los sentimientos y opciones, a discernir cuál es la voluntad de Dios sobre nuestras vidas y actuar de acuerdo a ella. Desde la oración se: hace posible comprender el gozo del pan compartido, entender la "dulce esperanza del perdón" y estar dispuestos a perdonar setenta veces siete. Sin oración, estas realidades permanecen extrañas a la vida del hombre, incomprensibles e impracticables.

La Catequesis debe cultivar el anhelo de Santidad del bautizado, su "fuerte deseo de conversión y de renovación personal", y por eso se necesitan Catequistas movidos por la fuerza del Espíritu, dispuestos, gracias a la oración, a ser instrumentos del Señor que se santifiquen buscando la santificación de sus hermanos. De cara al Tercer Milenio, necesitamos catequistas Santos, educados en la Fe a través de una oración cada día más intensa".

Pero sobre todo, nuestra renovación Catequética, de cara al Tercer Milenio, debe estar marcada por una especial relevancia de la centralidad del Misterio de Cristo en la Catequesis de la Iglesia. En nuestras catequesis deberá percibirse con toda nitidez lo que nos enseña la "Catechesi Tradendae" y el "Catecismo de la Iglesia Católica".

"En el centro de la Catequesis encontramos, esencialmente una persona, la de Jesús de Nazareth, Unigénito del Padre, que ha sufrido y muerto por nosotros y que ahora resucitado, vive para siempre con nosotros... Catequizar es descubrir en la persona de Cristo el designio eterno de Dios, se trata de procurar comprender el significado de los hechos y de las palabras de Jesús.

El fin de la Catequesis es conducir a la Comunión con Cristo: sólo El puede conducirnos al amor del Padre en el Espíritu y hacernos partícipes de la vida de la Santísima Trinidad".

Para brindar la Catequesis que el mundo actual exige, es urgente que toda la comunidad, que es la que realmente catequiza, viva una gran experiencia de apertura a Jesucristo, mediante una intensa vida de oración y de compromiso en la Caridad, una entusiasta celebración de los sacramentos y un devoto estudio de la Palabra de Dios; de esta experiencia comunitaria brotará una Catequesis que será gozo de Jesús, para salvación de todos los hombres y del mundo.

No olvidemos que sólo a través del testimonio de una comunidad creyente podrán los hombres de hoy reconocer la presencia y la acción salvadora de Jesucristo. Sólo puede catequizar con autenticidad una comunidad que vive a Jesucnsto, que practica su Evangelio.

¿Cómo podrán los hombres de hoy vislumbrar el rostro y la figura de Jesús muerto y resucitado? Ciertamente, no sólo mediante representaciones artísticas o el recurso a las sugestiones de una emotividad incontrolada. Para un verdadero encuentro, no basta ni siquiera el ejercicio de una racionalidad fría y lejana. El rostro de cristo humillado y glorioso, asumira rasgos concretos y a traves del testimonio de fe una nuestras comunidades, precisamente, mediante el impacto de un estilo de vida autenticamente evangelico, es como podrán nuestros contemporáneos reconocer la presencia viva y la acción redentora del Señor Jesús". (Juan Pablo II).

Ruego a Dios, que todos los que conforman esta maravillosa y fructífera experiencia de la ESPAC, fundada, dirigida y animada por Monseñor Carlos Sánchez Torres, su equipo de colaboradores y los innumerables alumnos, Sacerdotes, Religiosos y Obispos, conformemos comunidades que desde su testimonio vivan el compromiso de colaborar en que muchos bautizados profundicen el Ministerio de su Bautismo, conociendo más y más a Jesucnsto, único Salvador del mundo. Amén.

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Actualizado: 2/16/05 - webmaster