IV Congreso
Sesión de Apertura (viernes 2 de julio)
El viernes 2 de julio a las 3:30 p.m. se dio inicio al IV Congreso Nacional ESPAC con la animación del padre Julio Solórzano teniendo como lema: "El Catequista: Manifestación del amor misericordioso de Dios Padre".
Ante la ausencia de Monseñor Carlos Sánchez, por motivos de salud; Monseñor Oscar Urbina, Obispo de la Zona Pastoral Episcopal de la Inmaculada Concepción fue el encargado de dar lectura al mensaje enviado por Monseñor Carlos Sánchez Torres para la apertura de este Congreso:

Mensaje de Monseñor Carlos Sánchez, Director General de la ESPAC.
Excelentísimos Señores Arzobispos y Obispos, señores Párrocos, Reverendos Padres, Religiosas, queridos Delegados Diocesanos para la ESPAC y Delegados de las Zonas Pastorales de Bogotá artífices de la organización de este Congreso, Coordinadores ESPAC, colaboradores inmediatos, muy amados catequistas:
Dos años han pasado después que la Arquidiócesis de Manizales, vale decir su Arzobispo Monseñor Fabio Betancur Tirado, el Padre Alirio Gómez, el CECAM y con él María Leonor Mejía, Carlos Alberto Gómez y cuantos son alma y vida de la pastoral Arquidiocesana en el Departamento de Caldas, abrió de par en par sus puertas para acoger a centenares de catequistas ESPAC provenientes de los más diversos rincones de Colombia. Nos congregábamos, en las estribaciones del imponente Nevado del Ruiz, bajo el lema "En Cristo anunciamos Vida y construimos Comunidad" con el corazón rebosante de gozo ESPAC para celebrar su Tercer Congreso Nacional. Cuántas luchas, pero también cuántas satisfacciones; cuántas experiencias saludables y, por lo mismo, cuántos buenos resultados; cuántos intercambios y, por eso, cuánta integración para el mejor desarrollo de la primera y más urgente tarea de la Iglesia.
Cuáles y cuántos hayan sido los frutos del Congreso en Manizales, Dios lo sabe; sin embargo, lo podemos constatar en el incremento que desde entonces ha tenido la ESPAC en Colombia. Por esto, gracias, reiteradas gracias por tan amplia acogida, tan ejemplar organización y tan generosa apertura para preparar y celebrar el III Congreso Nacional ESPAC en junio de 1997.
De entonces a hoy la ESPAC se ha proyectado sobre nuevos ámbitos de la Iglesia Nacional. Las Diócesis de Riohacha, Istmina, Jericó, Málaga, Girardota, Garagoa y las Arquidiócesis de Tunja y Popayán han asumido el Programa y se han agregado a la diócesis que de tiempo atrás lo vienen utilizando como instrumento para la formación de sus catequistas. Con estas nuevas diócesis, el número de alumnos ESPAC en Colombia es hoy de 9.200. En los dos años transcurridos después de Manizales, 1.550 alumnos han concluido su formación y, enviados por sus respectivos Obispos a trabajar en la Viña del Señor, se encuentran construyendo comunidades de fe en sus parroquias.
Dos años antes del Congreso de Manizales, en junio de 1995, otra experiencia igualmente significativa y de mayores dimensiones la habíamos vivido en Montería donde la espiritualidad, la generosidad, el entusiasmo y el dinamismo ejecutivo de su Obispo Monseñor Darío Molina Jaramillo preparó el II- Congreso Nacional ESPAC. Allí, bajo el lema "Catequistas para el tercer milenio" y dentro del fervor de la tierra monteriana, previmos y asumimos parte de lo que, al respecto, nos señalaría posteriormente el Directorio General de Catequesis.
No tenía aún seis años de nacida la ESPAC (1987) como instrumento para la formación de catequistas parroquiales en la Vicaría Episcopal de la Sagrada Eucaristía de Bogotá cuando, por los días de sus primeros balbuceos, daba también sus primeros pasos por el camino de la realización, cada dos años, de un encuentro nacional. Fue así como, bajo el lema Nueva Evangelización para una Colombia Nueva, en junio de 1993 nos reunimos aquí delegados de Bogotá, Montería, Casanare, Manizales, Sibundoy, Chiquinquirá, Facatativá y Villavicencio en lo que llamamos Primer Congreso Nacional ESPAC. Nos comprometimos entonces con el saludable propósito de realizar cada dos años un encuentro de ESPAC-Colombia.
La experiencia de nuestros congresos nacionales ha venido a constituirse así en el corazón del Programa que hoy cultiva y alimenta la fe de tantos miles de compatriotas. Es que al igual que el corazón tiene un doble movimiento de compresión y de explosión, así nuestros congresos ESPAC son la fuerza vital que desde entonces viene irrigando vida de fe en los más remotos rincones del cuerpo de nuestra iglesia nacional.
Hoy nos encontramos aquí con los mismos sentimientos con que nos congregábamos en los tres congresos anteriores anhelantes de compartir experiencias y llenar las alforjas de ardor misionero, amparados todos bajo el lema:
"El catequista, manifestación del amor misericordioso de Dios Padre".
La Arquidiócesis de Bogotá nos acoge y nos congrega bajo el manto amoroso de la Inmaculada Concepción de María, Patrona de esta Arquidiócesis Primada, a los pies del Señor de Monserrate, expresión dolorosa de la Patria cubierta de llagas y del contexto histórico dentro del cual nos movemos y actuamos como constructores de la civilización del amor.
¿Y, por qué nos reunimos?
Nos reunimos porque estando a punto de abrirse la puerta del tercer milenio, el Señor nos pide, a los catequistas, que salgamos de nuestros confines habituales y nos congreguemos en este cenáculo para hacernos experimentar con mayor poder la acción del Espíritu de Cristo, el evangelizador del Padre.
Por desgracia para nuestra Patria, constatamos que, no obstante el anuncio incesante del Evangelio del amor por más de 500 años y el esfuerzo de tantos miles de catequistas ESPAC en los 12 años anteriores, sin embargo, el odio prevalece sobre la voz persuasiva del amor que predicamos. Por esto, la Iglesia y la Patria esperan que lo que en este Congreso vamos a experimentar en conocimientos, en integración, en paz y en propósitos de construir un mundo mejor, lo implantemos luego en el campo de nuestras parroquias nunca suficientemente cultivado por la Nueva Evangelización.
Nos reunimos porque este encuentro tiene lugar en vísperas del Gran Jubileo del año 2000, celebración de la salvación que el Padre ofrece a todos los hombres. La realidad de nuestro mundo secularizado y de nuestra sociedad desintegrada por los odios y las guerras nos lleva a constatar, de modo espontaneo, que la misión de Cristo Redentor confiada a la Iglesia está aún lejos de cumplirse. A seis meses de celebrar 2000 años, del mayor acontecimiento de la historia: la Encarnación de Dios, una mirada global a la humanidad y a nuestra Patria, demuestra que el "
Id y haced discípulos míos de todas las naciones" se encuentra todavía en sus comienzos y que debemos comprometernos, aún más, con todas nuestras fuerzas y recursos en el servicio de esta causa.
Nos reunimos porque somos conscientes de que toda la Iglesia ha recibido el mandato de realizar el plan de salvación universal que nace, desde la eternidad, de la fuente del amor, es decir, de la caridad de Dios Padre. Sólo con el conocimiento de este amor y firmemente apoyados en él, podremos vivir según la Verdad para hacer comprender que la evangelización constituye el primer servicio que la Iglesia puede prestar a cada hombre y a la humanidad entera. "La Nueva Evangelización, en la que todos estamos comprometidos, nos indica que la fe no puede darse por supuesta, sino que debe ser presentada explícitamente en toda su amplitud y riqueza. Este es el objeto principal de la catequesis, la cual por su misma naturaleza, es una dimensión esencial de la nueva evangelización" (Cf. Ecclesia in América).
Nos reunimos porque como miembros activos de la Iglesia estamos obligados a buscar los métodos, el dinamismo y el ardor apostólico necesarios para responder a los grandes retos y desafíos de la nueva evangelización en nuestra sociedad colombiana. Sabemos, en efecto, que dadas las peculiares circunstancias que vive Colombia, los campesinos se ven obligados todos los días a abandonar sus parcelas y a emigrar a las ciudades constituyendo allí núcleos de desplazados carentes no sólo de lo necesario para la subsistencia física sino de la requerida atención espiritual.
Nos reunimos porque, al fenómeno de las migraciones internas y de los desplazados se agregan los graves problemas que el desarrollo de los centros urbanos plantea a la acción de la Iglesia y que la pastoral actual no acaba de estudiar ni mucho menos de darles adecuada respuesta. Al respecto, el Sínodo de los Obispos para América, realizado el año anterior, precisa algunos elementos de la actividad pastoral en los cuales debemos trabajar particularmente. Nos dice el Papa Juan Pablo II:
"El fenómeno de la urbanización presenta grandes desafíos a la acción pastoral de la Iglesia que ha de hacer frente al desarraigo cultural, la pérdida de costumbres familiares y el alejamiento de las propias tradiciones religiosas que no pocas veces lleva al naufragio de la fe, privada de aquellas manifestaciones que contribuían a sostenerla. Evangelizar la cultura urbana es, pues, un reto apremiante para la Iglesia que así como supo evangelizar la cultura rural durante siglos, está hoy llamada a llevar a cabo una evangelización urbana metódica y capilar mediante la catequesis, la liturgia y la organización de las estructuras pastorales". (La Iglesia en América 21).
Estos tres propósitos del Sínodo de América Latina propuestos por el Papa, a saber: la catequesis, la liturgia y la organización de las estructuras pastorales, corresponden a las tres vertientes de la pastoral que debe realizar la Iglesia: enseñar, santificar y mostrar el camino hacia el Padre. Estas tres dimensiones de la obra salvadora de Cristo tienen como objetivo para nosotros, en este Congreso, lograr una experiencia nueva y más profunda de comunidad evangelizadora de acuerdo con nuestro logotipo ESPAC: "A Cristo, centro y Señor de la historia
lo servimos en nuestros hermanos y lo anunciamos en comunidad".
Estoy convencido de que una evangelización metódica y capilar mediante la catequesis, la liturgia y la organización de las estructuras pastorales es la única respuesta eficaz y duradera que podemos dar a una cultura marcada por el desarraigo, el anonimato, la movilidad y las injusticias.
Nos reunimos aquí porque cuando la experiencia de comunidad no se da o es frágil, es seguro que aumenta el número de fieles que se alejan de la religión y de la fe católica para agregarse a las sectas y a los grupos seudoreligiosos que aprovechándose de la alienación de los marginados, se desarrollan entre los bautizados no suficientemente evangelizados.
Al respecto el Santo Padre Juan Pablo II y con él, los padres sinodales del Sínodo de América, constatando la realidad del "conjunto de iglesias y comunidades cristianas no católicas" cuyo número crece de día en día entre nosotros, nos invitan a fomentar el encuentro con los cristianos de las diversas confesiones cooperando, en nombre del Evangelio, en la promoción de la justicia, la oración común por la unidad y la participación de la Palabra de Dios. De esta forma se busca facilitar el diálogo ecuménico distinguiendo con claridad las comunidades cristianas con las cuales es posible establecer relaciones inspiradas en el espíritu del ecumenismo. (Cf Iglesia en América N° 49).
Para realizar los propósitos de este encuentro debemos llenarnos de un nuevo impulso misionero que nos comprometa a lograr el anhelo de Cristo: "Padre Santo, no ruego sólo por estos, sino también por aquellos que, por medio de su palabra, creerán en mí, para que sean uno. Como Tú Padre en mi y yo en Ti, que ellos también sean uno en nosotros para que el mundo crea que Tú me has enviado" (Jn. 17, 20-21).
A esto hemos venido y espero que, con la ayuda de Dios y de cuantos generosamente se han comprometido en la organización de este Congreso, no hemos de quedar defraudados.
Mil gracias.
Finalizada la lectura, Monseñor Oscar Urbina comentó su preocupación sobre la unión cristiana, la misión del Cristo Redentor, los problemas sociales que afrontamos: migraciones, desplazamientos, violencia etc. para enfrentar estos problemas hay que trabajar en las tres dimensiones de la obra salvadora de Cristo y de la Iglesia: Catequesis, Liturgia y Organización Pastoral.
Acto seguido Monseñor Octavio Ruiz, Obispo Zona Pastoral Episcopal de la Sagrada Eucaristía, destacó el crecimiento de la ESPAC; dio su felicitación por el lema escogido para este Congreso ya que está en concordancia con el sentido expresado en el documento del Santo Padre Juan Pablo II, resaltó la labor de Monseñor Carlos Sánchez, para finalizar leyó las cartas de saludo enviadas por Monseñor Rubiano Sáenz Arzobispo de Bogotá y por otros Obispos:

Mensaje de Saludo del Arzobispo Monseñor Pedro Rubiano Saenz al IV Congreso Naciona ESPAC
Por estar en la Santa Sede, no podré participar en la Sesión de Apertura del IV Congreso Nacional de la Escuela Parroquial de Catequistas ESPAC, como hubiese sido mi deseo; así que con este Mensaje de Saludo, les doy a todos la bienvenida, muy especialmente a los participantes que vienen de fuera de Bogotá, cuya Arquidiócesis se honra en acogerlos. Estoy seguro de que los que son de aquí sabrán ser hospitalarios con nuestros visitantes y los harán sentir como en su propia casa.
El domingo próximo, Dios mediante, podré compartir con ustedes la manifestación más maravillosa del amor misericordioso de Dios Padre: la Eucaristía, en la que Nuestro Señor Jesucristo, reactualiza su único sacrificio redentor en la cruz y se queda con nosotros como nuestro alimento y nuestra compañía. La catequesis está íntimamente unida a la Eucaristía y toda su actividad debe orientarse hacia la plena participación del catequista y del catequizado en la celebración eucarística, que es el culmen y la fuente de la vida cristiana.
Desde ahora quiero felicitarlos por el lema escogido para el IV Congreso: El Catequista: Manifestación del amor misericordioso de Dios Padre, lema que se entronca directamente con el sentido que el Santo Padre ha querido darle a este tercero y último año preparatorio al Gran Jubileo del 2000, en su Carta Apostólica Tertio Millennio Adveniente, dedicándolo a la reflexión acerca de la misericordia del Padre, tema muy querido por el Papa, ya que a él le dedicó la segunda de sus encíclicas, la Dives in misericordia, publicada el 30 de noviembre de 1980.
De igual manera los felicito por el tema del Congreso: De la Reconciliación al Ecumenismo y estoy seguro que con la iluminación de las dos ponencias centrales: la de su Excelencia Monseñor Fabio Suescún Mutis, Obispo de Pereira, quien profundizará sobre la Reconciliación con Dios, Padre Misericordioso y la de mi Delegado para la Catequesis, el señor Presbítero Manuel Jiménez, quien presentará la Dimensión Ecuménica de la Catequesis, el éxito del Congreso desde el ángulo doctrinal está de antemano asegurado y sólo le falta que ustedes, los participantes, sepan aprovechar estas enseñanzas, sacar las conclusiones que definan los compromisos pastorales que se deben adoptar.
Así mismo quiero resaltar los tres objetivos específicos del Congreso para los catequistas: concientizarlos en el compromiso por la paz; permitirles asumir la doctrina sobre el ecumenismo, de acuerdo con la maravillosa encíclica Ut unum sint, prácticamente desconocida entre nosotros; y comprometerlos con los deseos del Santo Padre en la Bula Incarnationis mysterium, con la cual nos ha convocado al Gran Jubileo del Año 2000. Ciertamente estos objetivos tienen una especial importancia en el momento actual de la Iglesia en Colombia y deben impregnar la permanente y necesaria actualización de los catequistas, para que estén sintonizados con las orientaciones de la Santa Sede y en especial con las del Santo Padre. La Iglesia de Colombia siempre se ha distinguido por su fidelidad a Roma.
No quiero terminar este mensaje de bienvenida y de saludo, sin resaltar la admirable labor de Monseñor Carlos Sánchez Torres, el Director de la Escuela Parroquial de Catequistas, alma y nervio de estas jornadas de encuentro y reflexión. A él y a sus colaboradores mi agradecimiento y mi reconocimiento muy especial. Que el Señor les recompense todos estos esfuerzos.
Para terminar, quiero colocar este IV Congreso, bajo la protección maternal de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, la Reina de Colombia, que el próximo viernes viene en visita a esta sede arzobispal, que hoy los acoge a ustedes. Que ella, la Reina y Señora de la Paz, nos ayude en este momento tan difícil de nuestra patria; y a todos ustedes, sus hijos, los haga, como buenos catequistas, instrumentos de esa Paz, que solo Cristo, Su Hijo, nos puede obtener del Padre Celestial, el Padre de la Misericordia.
Con mi afectuoso saludo y bendición.

Carta de Monseñor Luis Gabriel Romero Franco, Obispo de Facatativá
Apreciado Monseñor Carlos:
Recibí su carta en la cual me invita a la sesión inaugural del IV Congreso de la Escuela ESPAC, el viernes 2 de julio, a las 6:30 p.m., en el Coliseo cubierto del Colegio San Bartolomé, de la Merced.
Agradezco mucho la invitación y, si el trabajo de preparación de la próxima Asamblea Plenaria del Episcopado me lo permite, gustosamente estaré presente.
Aprovecho la oportunidad para felicitarlo por la labor que usted realiza con esta Escuela Parroquial que ha dado a mis diócesis muchos beneficios a favor de la evangelización.
Con sentimientos de consideración y aprecio.

Carta de Monseñor Juan Francisco Sarasti, Arzobispo de Ibagué
Estimado Monseñor Sánchez:
Oportunamente recibí su amable información sobre el Congreso Nacional de la ESPAC que se celebrará por estos días en Santafé de Bogotá y la amable invitación para participar en la sesión inaugural.
Desafortunadamente otros compromisos pastorales me impiden estar en Bogotá en esa fecha.
Les deseos muchos éxitos en esa importante reunión y ruego al Padre Misericordioso que haga a todos nuestros catequistas testigos luminosos de su amor.
Cordialmente.

Carta de Monseñor Fabio de Jesús Morales, Vicario Apostólico de Sibundoy
Muy apreciado Monseñor Carlos:
Ante la imposibilidad de llegar antes del 5, para poder hacerme presente en el muy importante y entusiasta Congreso de la ESCUELA PARROQUIAL DE CATEQUISTAS, me valgo de este medio para hacerte llegar un cálido saludo de felicitaciones, extensivo a todos los felices participantes en la cita de este año del Padre Misericordioso. Congratulaciones y muchos éxitos.
No cabe duda de que nuestro gran simposio, sensibilizado con lema tan expresivo y actual: El Catequista: manifestación del amor misericordioso de Dios Padre, ciertamente producirá los mejores frutos, para alivio de nuestra querida patria tan enferma moralmente.
Es bien alentador el hecho de tantos laicos que van avivando su conciencia de ser Iglesia Misionera, y en consecuencia se responsabilizan cada vez más de la actividad catequética, la cual constituye una de las urgencias y afanes del mandato sincero para nuestro tiempo.
Con mucho acierto ha sido señalada la actual renovación catequética como un don precioso del Espíritu Santo a la Iglesia de hoy. Aquí en el Putumayo todavía estamos al comienzo pero nos estamos dando impulso con grandes ilusiones y no poco entusiasmo.
Por eso, Monseñor Carlos, Usted merece todos nuestros agradecimientos y fervientes felicitaciones, como abanderado del avance catequético en la Iglesia que peregrina en Colombia. Que bueno, sentirse instrumento de este don del Espíritu Santo para este país tan necesitado. Infinitos parabienes, y adelante.
En viva comunión eclesial, fraterno abrazo de viejos amigos.
El grupo VIVA LA GENTE del Instituto San Pablo Apóstol, animó durante el coctel.
