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IV Congreso

Eucaristía Domingo 4 de julio de 1999

Presidida por su Excelencia Monseñor Pedro Rubiano Sáenz, Arzobispo de Santafé de Bogotá.

Textos Litúrgicos del XIV Domingo Ordianario:

  • Zacarías 9, 9- 10
  • Salmo 144
  • Romanos 8, 9.11-13
  • Mateo 11, 25 – 30

Homilía

Al dejarles el Mensaje de Saludo, con el que me hacía presente espiritualmente en la sesión inaugural, quise mencionar expresamente a Monseñor Carlos Sánchez Torres, sacerdote ejemplar y apóstol infatigable de la labor catequética, Director de la ESPAC, animador y organizador de este Congreso, que por designios del Señor, no nos puede acompañar físicamente, pero que desde su lecho de enfermo, está ofreciendo su ausencia, para que el éxito de está reunión muestre que su obra admirable de las Escuelas Parroquiales de Catequistas, ya está madura y es obra del Señor. Así son siempre las cosas de Dios, ya San Pablo nos lo decía en la Primera Carta a los Corintios, que ni el que planta es algo, ni el riega, sino Dios es el que hace crecer (1 Cor. 3, 7).

El texto del Evangelio de este XIV domingo, pareciera haber sido escogido expresamente para este Congreso, porque si algo está en la más íntima entraña de la experiencia de un catequista, en su encuentro con sus hermanos, que el Señor le ha confiado en la catequesis, es la de constatar que el encuentro vital con El, se da más fácilmente, como si fuera algo muy natural, en los pequeños. Muchas veces nosotros los adultos, aún con formación teológica, como debe ser la de un catequista, no tenemos la espontaneidad y la confianza en el Señor, que si tienen los niños; ellos, si sabemos nosotros captar su vivencia, nos enseñan más que lo que nosotros podemos enseñarles.

Hoy el Evangelio nos debe llevar a pedirle al Señor, que nos de un corazón de niño o de gente sencilla, como lo es la de la mayoría de nuestras parroquias, para que El se nos pueda revelar y, al mismo tiempo, hacernos mejores catequistas. Ningún método catequético, por bueno y recomendable que sea, tiene la fuerza del testimonio personal, como insistiera tanto el Papa Juan Pablo I, que en su vida de pastor, antes de su breve pontificado, que sobretodo un catequista. El, el Papa de la sonrisa, valoró mucho esa dimensión personal de cada catequista de ser con su propia vida, testigo de su compromiso con Jesús y con su Iglesia y para eso necesita hacerse pequeño.

La cercanía del catequista con el Señor, lo va a llevar a un profundizar continuo en la Palabra de Dios, yendo siempre a El, en la seguridad de que El y sólo El, lo reconfortará. Venid a mí todos los que estáis rendidos y agobiados, que yo os aliviaré. Cargad sobre vosotros mi yugo y aprended de mí, porque soy paciente y humilde de corazón. La lectura y la escucha de la Palabra de Dios, meditada, orada tiene que inspirar la vida del creyente y por supuesto del catequista, para que alimente su fe, ilumine su existencia y anime su misión.

Esa docilidad espiritual, que todo buen catequista debe obtener para sí, para poder dar testimonio a los catequizandos, debe llevarlo cada día a acrecentar su unión con el Señor, lo cual implica una continua revisión de vida, en el convencimiento de que no se pude ser esclavo de los instintos, pues como nos lo dice San Pablo en la segunda lectura, todo cristiano, y el catequista con mayor razón, debe estar bajo la acción del Espíritu, lo cual lo lleva a renunciar a toda inmoralidad. Y esto en el caso de Colombia significa, un compromiso de ser un instrumento de paz en la construcción de una sociedad más justa, en la que se respete la dignidad de la persona humana.

El catequista, al vivir su renuncia a toda inmoralidad, en el momento actual de nuestra Patria debe convertir su experiencia catequética, en un camino de la reconciliación, siguiendo el modelo del Padre misericordioso, que en buena hora Juan Pablo II, nos ha propuesto como el tema central de este último año preparatorio del Gran Jubileo; reconciliación que en primer lugar es con Dios Padre y en El, con nosotros mismos y con nuestros hermanos.

Los textos de hoy nos presentan el modelo del Mesías pacífico, que se realizó en el Señor Jesús, el cual es anunciado por el profeta Zacarías, como el que viene a suprimir los carros de combate, a destruir las arma bélicas y a promulgar la paz. El catequista es, por oficio, el que muestra a los niños, jóvenes y adultos con su testimonio y con su enseñanza, este mensaje de salvación, mensaje de paz y de amor que el mundo y en especial Colombia lo necesita. La catequesis debe enseñar a los catequizados a decir NO a la violencia, al odio, a la lucha armada y a todas las trágicas manifestaciones que de ellas se derivan, como lo son el asesinato y el secuestro.

Quiero invitarlos a que desde sus hogares se unan a la jornada que en esta semana tendremos por la paz de Colombia. Con ocasión de la visita a Bogotá de Nuestra Señora del rosario de Chiquinquirá, la Reina de Colombia; Ella, que nos indicó en el Evangelio de San Juan que debemos hacer lo que El nos diga, es la única que nos puede ayudar a encontrar los caminos de paz que el país necesita.

Oración de Fieles

P/: Oremos, hermanos, pidiendo a Dios el don de la unidad para su pueblo.

R/: Que todos seamos una familia para gloria tuya.

  • Padre Dios, te pedimos por la Iglesia. Dale la paz, manténla en la unidad, protégela en toda la tierra y concede a todos los hombres una vida confiada y serena.
  • Padre Dios, te pedimos por nuestro Pastor, el Papa Juan Pablo II. El nos enseña a buscar caminos para el ecumenismo. Protege a nuestros pastores y que el pueblo cristiano gobernado por ti, bajo el cayado del Sumo Pontífice, progrese siempre en la fe.
  • Padre Dios, te pedimos por nuestros hermanos que creen en Cristo, para que la integridad de la fe y el vínculo de la caridad congregue en una sola Iglesia a los que consagró un solo bautismo.
  • Padre Dios, que creaste a todos los hombres para que te busquen y, cuando te encuentren, descansen en ti, concédeles que en medio de sus dificultades, los signos de tu amor y el testimonio de los creyentes les lleven al gozo de reconocerte con Dios y Padre de todos los hombres.

P/: Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor.

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Domingo 4 de julio de 1999
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Actualizado: 2/16/05 - webmaster