Ponencias
Dimensión Ecuménica de la Catequesis
Padre Manuel Jiménez,
Delegado Arquidiocesano para la catequesis
"Tendremos verdadero espíritu ecuménico si nosotros, sin dejar de profesar que la plenitud de las verdades reveladas y los medios de salvación instituidos por Cristo permanecen en la Iglesia Católica, vivamos nuestra fe con sincero respeto, en palabras y obras, para con las otras Iglesias y comunidades cristianas". (Catequesis renovada, 90).
La catequesis, lo sabemos todos los aquí presentes, es tarea primordial y fundamental en la vida de la Iglesia. Por medio de ella la Iglesia conduce a los creyentes a la madurez de la fe.
En la actualidad el Directorio General para la Catequesis publicado por la Congregación para el Clero en el año de 1997 nos ofrece los criterios teológico pastorales de carácter fundamental por el que debemos orientar y regir la acción pastoral del ministerio de la palabra y, en concreto, de la catequesis (No 9). En este documento de carácter universal, dentro del contexto de la evangelización, la catequesis es entendida como una etapa de la misma orientada a la "iniciación cristiana integral", es decir, a la educación en todas las dimensiones de la vida cristiana y de la vida de fe.
De acuerdo con ello, son tareas de la catequesis: a) propiciar el conocimiento de la fe, b) la educación litúrgica, c) la formación moral, d) enseñar a orar e iniciar y e) educar para la vida comunitaria y para la misión.
En la educación para la vida comunitaria afirma el Directorio: "En la educación de este sentido comunitario, la catequesis cuidará también la dimensión ecuménica y estimulará actitudes fraternales hacia los miembros de otras iglesias y comunidades eclesiales".
Las reflexiones que siguen se orientan a la profundización de lo que el Directorio llama dimensión ecuménica de la catequesis, con el fin de profundizar en el servicio que como catequistas podemos dar hoy a uno de los propósitos del Concilio Vaticano y recordado por el Papa Juan Pablo II en su exhortación "Tertio Millennio Adveniente": trabajar, con verdadero sentido de comunión eclesial, por la unidad de todos los cristianos.

El Congreso dentro del contexto del Júbilio del año 2.000
Si vamos por la calle nos topamos con relojes que nos recuerdan los días que faltan para la llegada del año 2.000. Si vemos la prensa algunas de sus páginas también nos recuerdan los días que faltan, o nos dicen la forma como mucha gente famosa piensa celebrar la llegada del nuevo milenio, o nos presentan modos para celebrarlo nosotros.
Para los cristianos la llegada del año 2000, de acuerdo con lo señalado por el Papa Juan Pablo II en la Carta Apostólica "Tertio Millennio Adveniente", guarda un significado más profundo que el del inicio de un nuevo siglo. Para los cristianos, la llegada del año 2000 es ocasión propicia para celebrar y agradecer desde la fe a Dios Padre en el Espíritu Santo por el Misterio de la Encarnación de su Hijo Jesucristo, único salvador y redentor.
En palabras del Papa, "el Jubileo del Año 2000 quiere ser una gran plegaria de alabanza y de acción de gracias sobre todo por el don de la Encarnación del Hijo de Dios y de la Redención realizada por El". En este sentido, objetivos del Jubileo son: a) " Conforme a la articulación de la fe cristiana en palabra y sacramento, parece importante juntar, también en esta particular ocasión, la estructura de la memoria con la celebración, no limitándonos a recordar el acontecimiento sólo conceptualmente, sino haciendo presente el valor salvífico mediante la actualización sacramental. El jubileo deberá confirmar en los cristianos de hoy la fe en el Dios revelado en Cristo, sostener la esperanza prolongada en la espera de la vida eterna, vivificar la caridad comprometida activamente en el servicio a los hermanos"; b) "Todo deberá mirar al objetivo prioritario del Jubileo que es el fortalecimiento de la fe y del testimonio de los cristianos. Es necesario suscitar en cada fiel un verdadero anhelo de santidad, un fuerte deseo de conversión y de renovación personal en un clima de oración siempre más intensa y de solidaria acogida del prójimo, especialmente del más necesitado"
En este contexto del Gran Jubileo del Año 2000, el presente congreso de catequistas ESPAC, es para todos nosotros un momento de gracia para renovar nuestra fe en Jesucristo Señor de la Historia, único mediador entre Dios y los Hombres, nuestro Dios y Salvador.
Pero también es ocasión de expresar nuestro amor a la Iglesia Católica, continuadora de la acción de Cristo en la tierra, signo e instrumento del Reino de Dios. Seguramente en nuestras diócesis y parroquias hemos venido ya preparando, de acuerdo con lo señalado por la Papa, la celebración del Jubileo. Son muchas las acciones que habremos realizado para acompañar a nuestros catequizandos en la disposición de sus corazones al acontecimiento jubilar. Este congreso, en continuidad con todas ellas, al detenerse a mirar, tal como lo leemos en el lema que nos guía, se orienta particularmente a que todos nosotros, catequistas ESPAC, nos reconozcamos como manifestación del amor misericordioso del padre.
De acuerdo con ello, el objetivo del congreso consiste en "asumir una actitud filial de fe ante la persona de Dios Padre misericordioso para comprometer a los catequistas ESPAC en la tarea de la reconciliación y del Ecumenismo", de modo que asumiendo los elementos doctrinales esenciales de la Encíclica sobre el ecumenismo UT UNUM SINT se comprometan con los anhelos del Papa expresados en la Bula de Convocatoria del Año santo 2.000 y en la Carta Apostólica Tertio Millennio Adveniente.
Y es que el ecumenismo, en el pensamiento del Papa, es vital tanto en la preparación como en la celebración del Jubileo. A este propósito bástenos señalar dos cosas. En primer lugar, recordar la invitación a la conversión y al reconocimiento de las culpas, dentro de la cual la división de la Iglesia es una de la más graves. Afirma el Papa:
" Entre los pecados que exigen mayor compromiso de penitencia y de conversión han de citarse ciertamente aquellos que han dañado la unidad querida por Dios para su Pueblo. A lo largo de los mil años que se están concluyendo, aún más que en el primer milenio, la comunión eclesial, a veces no sin culpa de los hombres de ambas partes, ha conocido dolorosas laceraciones que contradicen abiertamente la voluntad de Cristo y son un escándalo para el mundo. Desgraciadamente, estos pecados del pasado hacen todavía sentir su peso y permanecen como tentaciones del presente. Es necesario hacer enmienda, invocando con fuerza el perdón de Cristo.
En esta última etapa del milenio, la Iglesia debe dirigirse con una súplica más sentida al Espíritu Santo implorando de El la gracia de la unidad de los cristianos. Es este un problema crucial para el testimonio evangélico en el mundo. Especialmente después del Concilio Vaticano II han sido muchas las iniciativas ecuménicas emprendidas con generosidad y empeño: se puede decir que toda la actividad de las Iglesias locales y de la Sede Apostólica ha asumido en estos años un carácter ecuménico.
Sin embargo, todos somos conscientes de que el logro de esta meta no puede ser sólo fruto de esfuerzos humanos, aun siendo éstos indispensables. La unidad definitiva, es un don del Espíritu Santo. Aquí está, por tanto, una de las tareas de los cristianos encaminados hacia el año 2.000. La cercanía del final del segundo milenio anima a todos a un examen de conciencia y a oportunas iniciativas ecuménicas, de modo que ante el Gran Jubileo nos podamos presentar, sino del todo unidos, al menos mucho más próximos a superar las divisiones del segundo milenio...".
De acuerdo con ello, toda la Iglesia está llamada a pedir perdón por la actual división de la Iglesia a orar por la unidad de los cristianos y a trabajar efectivamente por la misma desde aquello que le es propio, en el caso nuestro desde la catequesis en las formas y con los criterios que señalaremos más adelante.
En segundo lugar, y de acuerdo con lo señalado por el Papa en esa frase introductoria de la "Tertio Millennio Adveniente", en las fases de preparación al acontecimiento jubilar es posible descubrir una dimensión y una exigencia ecuménica. En concreto: a) para el año de Jesucristo (1997): "Bajo el perfil ecuménico, será un año muy importante para dirigir juntos la mirada a Cristo, único Señor, con la intención de llegar a ser en El una sola cosa, según su oración al Padre. La acentuación de la centralidad de Cristo, de la Palabra de Dios y de la fe no deberá dejar de suscitar en los cristianos de otras Confesiones interés y acogida favorable"; b) para el año del Espíritu Santo (1998): "... en el campo eclesial, una más atenta escucha de la voz del Espíritu a través de la acogida de los carismas y la promoción del laicado, la intensa dedicación a la causa de la unidad de todos los cristianos, el espacio abierto al diálogo con las religiones y con la cultura contemporánea..."; c) aunque para el año del Padre (1999) el Papa no hace alguna alusión específica al ecumenismo como en los dos años anteriores, es significativo el hecho de que invite a practicar el diálogo como actividad pastoral en el mundo de hoy, especialmente en lo referente al secularismo y al diálogo con las otras religiones.
Es más, esta fuerte dimensión ecuménica del Gran Jubileo, también aparece evidente en la fase de la celebración misma con la realización de un "significativo encuentro pancristiano", en colaboración con los cristianos de otras confesiones y tradiciones.

Acercamiento a los términos
Ya decía Santo Domingo que uno de los problemas frente al ecumenismo "es la existencia de una confusión sobre el tema, fruto de una deficiente formación religiosa, y de otros factores". Por eso, antes de explicitar la dimensión ecuménica de la catequesis, es necesario clarificar los términos implicados en nuestro estudio, tales como movimiento ecuménico y catequesis.
Especialmente el primero de ellos requiere de una mayor profundización, ya que muchas veces lo confundimos con el diálogo interreligioso o con la acción evangelizadora ante el rápido avance de las sectas y movimientos religiosos de todo orden.
Pero también el término catequesis, aunque a primera vista de la impresión de que no necesite de mayores esfuerzos de profundización entre nosotros los catequistas, hay que ampliar y clarificar su concepto desde el Directorio General para la Catequesis, porque sólo desde su comprensión como catequesis de iniciación cristiana integral es posible determinar su dimensión ecuménica y desde allí nuestras tareas.

Moviemiento ecuménico
En el Directorio para la aplicación de los principios y normas sobre el ecumenismo, elaborado por el Pontificio Consejo para la promoción de la unidad de los cristianos en el año de 1993, encontramos un adecuado acercamiento al término.
El documento afirma: "el movimiento ecuménico...encuadrado en el marco de la misión general de la Iglesia, que es unir a la humanidad en Cristo, tiene como misión específica, el restablecimiento de la unidad entre los cristianos" .
La enseñanza de la Iglesia sobre el ecumenismo, así como el estimulo a esperar y la invitación a amar, encuentran una expresión oficial en los documentos del Concilio Vaticano II, especialmente en Lumen Gentium (sobre la Iglesia) y Unitatis Redintegratio (Sobre la unidad de los cristianos). Este último decreto define el movimiento ecuménico como el conjunto de actividades y empresas que conforme a las necesidades de las Iglesias y las circunstancias de los tiempos se suscitan y se ordenan a favorecer la unidad de los cristianos"; la unidad consistente "en la profesión de una sola fe...en la celebración común del culto divino...en la concordia fraternal de la familia de Dios", unidad, que exige por su misma naturaleza, una plena comunión visible de todos los cristianos.
De acuerdo con ello, "el movimiento ecuménico pretende ser una respuesta al don de la gracia de Dios, que llama a todos los cristianos a la fe en el misterio de la Iglesia, según el designio de Dios que desea conducir a la humanidad a la salvación y a la unidad en Cristo por el Espíritu Santo".
El movimiento ecuménico exige la convicción plena de que la única Iglesia de Cristo subsiste en la Iglesia Católica, gobernada por el sucesor de Pedro y por los Obispos en comunión con él. Los Católicos confesamos que la plenitud de la verdad revelada, de los sacramentos y del ministerio, que Cristo dio para la construcción de su Iglesia y para el cumplimiento de su misión, se halla en la comunión católica de la Iglesia.
Lo anterior significa, que la plenitud de la unidad de la Iglesia de Cristo se ha mantenido en la Iglesia Católica, mientras que las otras Iglesias y comunidades eclesiales, aun no estando en plena comunión con la Iglesia Católica, conservan en realidad una cierta comunión con ella. Esto quiere decir que "fuera de la comunidad católica no existe el vacío eclesial", ya que muchos de los medios de salvación contenidos en la Iglesia católica se encuentran también en las otras comunidades cristiana. El decreto conciliar sobre el ecumenismo al respecto afirma lo siguiente:
" Son muchos, en efecto, los que veneran la Sagrada Escritura como norma de fe y de vida y manifiestan un amor sincero por la religión, creer con amor en Dios Padre todopoderoso y en el Hijo de Dios Salvador y están marcados por el Bautismo, por el que están unidos a Cristo, e incluso reconocen y reciben en sus propias Iglesias o Comunidades eclesiales otros sacramentos. Algunos de ellos tienen también el Episcopado, celebran la sagrada Eucaristía y fomentan la devoción a la Virgen Madre de Dios".
Por eso solo es posible hablar de ecumenismo con estas Iglesias o comunidades eclesiales, y no lo relacionado con las sectas y los nuevos movimientos religiosos. El fundamento para ello es el reconocimiento por ambas partes de una cierta comunión ya existente, aunque sea imperfecta, unida a la apertura y al respeto mutuo que tal reconocimiento produce. "El ecumenismo trata precisamente -afirma el Papa Juan Pablo II en la Carta Encíclica UT UNUM SINT - de hacer crecer la comunión parcial existente entre los cristianos hacia la comunión plena en la verdad y en la caridad".
"Entendemos por Iglesias afirma el episcopado colombiano a las comunidades cristianas que en distintos momentos históricos se separaron de la plena comunión de la Iglesia católica, pero que mantienen con ella una cierta comunión por razón de los elementos verdaderamente cristianos que en ellas se encuentran".
Estos elementos comunes son distintos según se trate de Iglesias que proceden de las separaciones que se dieron en oriente (son las Iglesias ortodoxas) o de los que se dieron en occidente en el siglo XVI (reforma protestante e iglesia anglicana). Algunas de estas Iglesias se hallan presentes en Colombia como son, entre otras, la luterana, la anglicana, la menonita y la presbiteriana.
Como elementos distintivos de una Iglesia el episcopado colombiano señala los siguientes:
- La aceptación de la validez y de la necesidad de algunos sacramentos.
- La aceptación de la validez y de la necesidad de una estructura jerárquica.
- La convicción de que tienen una misión dirigida a todos los hombres sin discriminación alguna.
- El hecho de que en su seno tienen cabida no sólo los justos y los santos, sino también los pecadores, lo mismo que los niños.
- Apertura a las realidades terrenas e históricas, las cuales son consideradas como obra de Dios y por lo tanto objeto de la preocupación del cristiano que debe asumir un compromiso ante ellas.
Pero aunque el movimiento ecuménico se oriente, como lo hemos dicho, a la unidad de los cristianos miembros de estas Iglesias, no podemos desconocer entre nosotros la presencia de sectas y nuevos movimientos religiosos, ya que es un fenómeno que incide profundamente sobre nuestra pastoral y, naturalmente, sobre la catequesis.
El episcopado colombiano da el nombre de sectas a aquellos grupos y movimientos religiosos provenientes del protestantismo que no son católicos, pero de los que se puede afirmar que son cristianos porque en su credo admiten las verdades fundamentales del cristianismo, como son:
- La existencia de un Dios personal en tres personas distintas.
- La encarnación del verbo en la persona de Jesucristo, y en consecuencia su divinidad consubstancial con el Padre y el Espíritu Santo.
- La maternidad divina de María.
- La redención realizada por Cristo a través de su misterio pascual: pasión, muerte y resurrección.
- La vida eterna, etc.
Algunas de las sectas presentes en nuestro país pueden ser: pentecostales, adventistas, cruzada estudiantil y profesional alfa y omega, cuadrangulares, iglesia de Cristo científico, iglesia wesleyana, etc.
Pero también es necesario distinguir entre secta y grupos religiosos no cristianos y prácticas seudo religiosas. Con el nombre de grupos religiosos no cristianos se designan "las agrupaciones y movimientos que se presentan como portadores de la salvación del hombre por caminos religiosos o seudoreligiosos, pero que se caracterizan por no ser cristianos, ya que no reconocen las verdades básicas del cristianismo. Algunos de ellos tienen origen cristiano e incluso se presentan como si lo fueran. Tal es el caso, entre otros, de los testigos de Jehová y los mormones".
Las así llamadas prácticas seudoreligiosas son "comportamientos que pueden tener alguna apariencia religiosa y se ofrecen como solución más o menos mágica a los problemas humanos (económicos, sentimentales, de salud..), pero que nada tienen de auténticamente religiosos; a ellos, si embargo acuden personas que se consideran religiosas y aún católicas, llevadas por la ingenuidad o por la tendencia a la superstición".
En resumen: aunque hayamos hecho referencia a la presencia de las sectas y de las prácticas seudoreligiosas, debemos recordar que con ellas no se puede hablar de ecumenismo, aunque su crecimiento si exija de parte nuestra una adecuada respuesta pastoral y catequética como lo diremos más adelante. El movimiento ecuménico, como lo señalamos anteriormente, es la búsqueda de la unidad entre la Iglesia Católica y las otras iglesias o comunidades eclesiales.

El movimiento ecuménico en el magisterio de la Iglesia en América Latina.
Hemos visto en el numeral anterior la fuerza que tiene la dimensión ecuménica dentro del contexto del Gran Jubileo, como telón de fondo indispensable para la comprensión de la dimensión ecuménica de la catequesis y su importancia en la actualidad.
Pero ahora, al colocarnos en el contexto latinoamericano, veremos cómo la importancia del ecumenismo y de la dimensión ecuménica de la catequesis, no es sólo cuestión para trabajar y desarrollar con ocasión del Gran Jubileo, sino que es además exigencia propia de la misión de la Iglesia, llamada a ser instrumento de unidad entre todo el género humano, así como también respuesta a los desafíos del momento de la Iglesia en América Latina y en Colombia.
Expresión del magisterio eclesial latinoamericano son las cuatro Conferencias del Episcopado del continente, realizadas con el propósito de mirar pastoralmente nuestra realidad para actuar efectivamente en ella.
La problemática ecuménica no ha sido indiferente a la reflexión de nuestros obispos, especialmente después del Concilio Vaticano II en las Conferencias de Medellín (1968), Puebla (1979) y Santo Domingo (1992).En todas ellas el ecumenismo aparece con distintos acentos, de acuerdo con la realidad social y eclesial de la época.
Por ejemplo en Medellín, encontramos el siguiente párrafo dedicado explícitamente a la dimensión ecuménica de la catequesis: "Se debe resaltar el aspecto totalmente positivo de la enseñanza catequística con su contenido de amor. Así se fomentará un sano ecumenismo, evitando toda polémica y se creará un ambiente propicio a la justicia y a la paz".
En Puebla la preocupación ecuménica abarca mucho más espacio. En el capítulo cuarto dedicado a la reflexión sobre el diálogo para la comunicación y la participación, se reconoce la necesidad de "incrementar el diálogo ecuménico entre las religiones", ya que la Iglesia, frente a la responsabilidad de la Evangelización... se abre a un diálogo de comunión, buscando áreas de participación para el anuncio universal de la salvación". Después de ello - señala el documento- que de este modo se estará trabajando por lograr "uno de los principales propósitos del Concilio", que es, "promover la restauración de la unidad entre todos los cristianos".
En este mismo documento, después de un análisis de la situación en la que aparece claro el hecho de que en el continente latinoamericano además de la Iglesia Católica que sigue siendo mayoría es posible encontrar también cristianos no católicos, no cristianos y no creyentes, los obispos ofrecen una serie de criterios pastorales que deben orientar el diálogo ecuménico. Por su importancia y actualidad para la catequesis, como veremos más adelante, reportamos únicamente el siguiente: "Procurar la adecuada exposición de la doctrina católica, que ofrezca una justa jerarquía de verdades y una respuesta válida a los planteamientos que le vienen de la situación concreta latinoamericana. Procurar igualmente la educación, formación e información necesarias en orden al ecumenismo y al diálogo religioso en general, particularmente a los agentes de pastoral".
Santo Domingo, por su parte, reconoce en la división entre los cristianos un gran desafío que le plantea la realidad a la acción evangelizadora en el continente. Para responder a esta situación es necesario, afirma, "encontrar los caminos más eficaces para alcanzar la unidad en la verdad", entre los cuales señala, dada "la existencia de una confusión sobre el tema, fruto de una deficiente formación religiosa", "promover la formación ecuménica en los cursos de formación de los agentes de pastoral, principalmente en los seminarios". Esto de la formación de agentes en el ecumenismo, como lo veremos también más adelante, es uno de los aspectos de lo que hemos llamado desde el principio dimensión ecuménica de la catequesis.

Catequesis
El Directorio General para la catequesis plantea la necesidad y la urgencia de formar a los catequistas en el concepto de catequesis que allí se ofrece, ya que de este modo se recuperaría el sentido original del término y de la acción catequística en la Iglesia.
De este modo se coloca en la misma dirección e indicación de la carta encíclica del Papa Juan Pablo II "Tertio Millennio Adveniente", en la que se afirma con ocasión del año de Jesucristo: " El primer año será, por tanto, el momento adecuado para el redescubrimiento de la catequesis en su significado y valor originario de enseñanza de los Apóstoles (Hechos 2,42) sobre la persona de Jesucristo y su misterio de salvación".
En este orden de ideas, podemos señalar como elementos centrales del concepto de catequesis ofrecido por el Directorio, los siguientes:
La catequesis es una etapa de la evangelización: Dentro del proceso global de evangelización es posible distinguir tres etapas o momentos esenciales: la acción misionera para los no creyentes y para los que viven en la indiferencia religiosa; la acción catequético-iniciatoria para los que optan por el Evangelio y para los que necesitan reestructurar o completar su iniciación; y la acción pastoral para los fieles cristianos ya maduros, en el seno de la comunidad cristiana.
La Exhortación apostólica Catechesi tradendae, cuando sitúa la catequesis dentro de la misión de la Iglesia, recuerda que la evangelización es una realidad rica, compleja y dinámica, que comprende momentos esenciales y diferentes entre sí. Y añade: la catequesis es uno de esos momentos y cuan señalado- en el proceso total de la evangelización. Esto quiere decir que hay acciones que preparan a la catequesis (acción misionera) y acciones que emana de ella (acción pastoral).
La catequesis de iniciación es el eslabón necesario entre la acción misionera, que llama a la fe, y la acción pastoral, que alimenta constantemente a la comunidad cristiana. No es, por tanto, una acción facultativa, sino una acción básica y fundamental en la construcción de la personalidad del discípulo como de la comunidad.
El momento de la catequesis es el que corresponde al período en que se estructura la conversión a Jesucristo, dando una fundamentación a esa primera adhesión. Los convertidos, mediante una enseñanza y aprendizaje convenientemente prolongado de toda la vida cristiana, son iniciados en el misterio de la salvación y en el estilo de vida propio del evangelio. Se trata, en efecto, de iniciarlos en la plenitud de la vida cristiana.
La catequesis es una función del ministerio de la palabra: El ministerio de la palabra es elemento fundamental de la evangelización. El ministerio de la palabra, al interior de la evangelización, transmite la revelación por medio de la Iglesia, valiéndose de palabras humanas. El ministerio de la palabra se ejerce de forma múltiple, todas ellas sirven para canalizar aquellas funciones básicas que el ministerio de la palabra está llamado a desplegar. Las principales funciones del ministerio de la palabra son siguientes: convocatoria y llamado a la fe (primera evangelización), la función de iniciación, la educación permanente en la fe, la función litúrgica y la función teológica.
La catequesis corresponde a la función de iniciación. La Iglesia realiza esta función, fundamentalmente, por medio de la catequesis, en íntima relación con los sacramentos de iniciación, tanto si van a ser recibidos como si ya se han recibido.
Aunque lo específico de la catequesis es la de servir al proceso de iniciación integral cristiana, ocurre, a menudo, que las formas del ministerio de la palabra por circunstancias pastorales- deben asumir más de una función. La catequesis, por ejemplo, junto a su función de iniciación, debe asumir frecuentemente tareas misioneras y tareas de educación permanente en la fe
La catequesis es una acción de naturaleza eclesial: El verdadero sujeto de la catequesis es la Iglesia. El catequista actúa en nombre de la Iglesia y anuncia la palabra en fidelidad con la Iglesia que lo reconoce como testigo calificado para ello.
La finalidad de la catequesis es la comunión con Cristo: El fin definitivo de la catequesis es poner no sólo en contacto sino en comunión, en Intimidad con Jesucristo. La comunión con Cristo, por su propia dinámica, impulsa al discípulo a unirse con todo aquello con lo que el propio Jesucristo estaba profundamente unido: con Dios su Padre, con el Espíritu santo, con la Iglesia, con los hombres sus hermanos.
La catequesis al servicio de la iniciación cristiana integral: La catequesis es elemento fundamental de la iniciación cristiana y está estrechamente vinculada a los sacramentos de la iniciación, especialmente al bautismo. La finalidad de la catequesis consiste en propiciar una viva, explícita y operante profesión de fe.
- El hecho de ser momento del proceso evangelizador orientada a la iniciación cristiana integral, confiere a la catequesis las siguientes características:La catequesis es una formación orgánica y sistemática de la fe. Por ello no se reduce a lo meramente circunstancial u ocasional.
- Es más que enseñanza. Es un aprendizaje de toda la vida cristiana, una iniciación cristiana integral. Se orienta a educar la fe vivida, celebrada, orada, testimoniada y conocida. Por ser iniciación, incorpora a la comunidad que vive, celebra y testimonia la fe.
- Es una formación básica, esencial, centrada en lo nuclear de la experiencia cristiana, en las certezas básicas de la fe y en los valores evangélicos fundamentales. Por ser esencial, se centra el lo común para el cristiano, sin entrar en cuestiones disputadas ni convertirse en investigación teológica.
Tareas de la catequesis: la finalidad de la catequesis la comunión con Cristo se realiza a través de diversas tareas, mutuamente implicadas. Las tareas de la catequesis corresponden a la educación de las diferentes dimensiones de la fe, ya que la catequesis es una formación cristiana integral, abierta a todas las esferas de la vida cristiana. La fe pide ser conocida, celebrada, vivida y hecha oración. La catequesis debe cultivar cada una de estas dimensiones. Pero la fe se vive en la comunidad cristiana y se anuncia en la misión: es una fe compartida y anunciada. Y estas dimensiones deben ser, también, educadas por la catequesis. Las tareas fundamentales de la catequesis son:
- Propiciar el conocimiento de la fe,
- La educación litúrgica,
- La formación moral,
- Enseñar a orar,
- La educación para la vida comunitaria,
- La iniciación para la misión.
Todas las tareas son necesarias. Así como para la vitalidad de un organismo humano es necesario que funcionen todos sus órganos, para la maduración de la vida cristiana hay que cultivar todas sus dimensiones. Si la catequesis descuidará alguna de ellas, la fe cristiana no alcanzaría todo su crecimiento.

Dimensión ecuménica de la catequesis
La importancia y actualidad del Concilio Vaticano II es tanta, que el mismo Papa Juan Pablo II en la Tertio Millennio Adveniente afirma: "En este sentido se puede afirmar que el Concilio Vaticano II constituye un acontecimiento providencial, gracias al cual la Iglesia ha iniciado la preparación próxima del Jubileo del segundo milenio..". Es por ello que el Santo Padre añade más adelante en el mismo documento: "En efecto, la mejor preparación al vencimiento bimilenario ha de manifestarse en el renovado compromiso de aplicación, lo más fiel posible, de las enseñanzas del Vaticano II a la vida de cada uno y de toda la Iglesia".
Uno de los objetivos principales del Concilio Vaticano II fue la búsqueda de la unidad de los cristianos, tanto, que a partir de él se han intensificado las relaciones fraternales con las Iglesias y Comunidades eclesiales que no están en comunión plena con la Iglesia católica.
El mismo Concilio en el documento sobre la unidad de los cristianos invita a todos los bautizados a contribuir con su oración, su estudio y su acción, según las capacidades propias y su propio papel en la Iglesia, a la edificación de todos los cristianos.
Esta participación presupone y exige una adecuada formación ecuménica, presente en todos los medios y ambientes de formación. A este respecto el documento La dimensión ecuménica en la formación de quienes trabajan en el ministerio pastoral señala: " La formación cristiana es necesaria a todos los niveles y en todos los momentos de la vida cristiana; por eso es menester pensar en el modo de asegurar la dimensión ecuménica en los diferentes tipos de formación"
Entre los principales medios de formación, el Directorio para la aplicación de los principios y normas sobre el ecumenismo, señala la escucha de la palabra de Dios y su estudio, la predicación, la catequesis, la liturgia y la vida espiritual.
Pero como para este mismo directorio "la formación ecuménica trata de que todos los cristianos estén animados por el espíritu ecuménico, sean las que fueren su misión y su función particulares en el mundo y en la sociedad", en las reflexiones que siguen analizaremos la dimensión ecuménica de la catequesis en esta doble perspectiva: a) la formación de todos los fieles al ecumenismo mediante la catequesis, entendida ésta como formación de iniciación y formación permanente; y b) la formación ecuménica de los catequistas como agentes de pastoral.
Y si como decíamos, uno de los objetivos principales del Concilio Vaticano II fue la búsqueda de la unidad de los cristianos, el análisis de estos dos aspectos nos permitirá reflexionar sobre la invitación del Papa al examen de conciencia como preparación al Jubileo: " El examen de conciencia debe mirar también la recepción del Concilio, este gran don del Espíritu a la Iglesia al final del segundo milenio".

Formación de todos los fieles al ecumenismo mediante la catequesis
Afirma el Directorio para el ecumenismo: "La preocupación por la unidad está en el corazón de la concepción de la Iglesia... Esta unidad es, en primer lugar, unidad con Cristo en un único movimiento de caridad hacia el Padre y hacia el prójimo. En segundo término, es la comunión activa y profunda de cada fiel con la Iglesia universal en la Iglesia particular a la que pertenece. En tercer lugar, es la plenitud de la unidad visible buscada con todos los cristianos de las otras Iglesias y Comunidades eclesiales".
El movimiento ecuménico, según esto, es producto del concepto de Iglesia entendida como comunión, concepto clave que ha inspirado la eclesiología del Vaticano II y la reciente enseñanza del magisterio. Concepto que el Directorio para el ecumenismo resume en estos términos y que por su importancia para la dimensión ecuménica de la catequesis reproducimos en su totalidad:
"La comunión en la que los cristianos creen y esperan es, en su más profunda realidad, su unidad con el Padre por Cristo y en el Espíritu Santo. A partir de Pentecostés, esta comunión se da y se recibe en la Iglesia, comunión de los santos. Se cumple en plenitud en la gloria del cielo, pero se realiza ya en la Iglesia en la tierra, mientras camina hacia esa plenitud. Los que viven unidos en la fe, la esperanza y la caridad, en el servicio mutuo, en la enseñanza común y en los sacramentos, guiados por sus pastores, participan en la comunión que constituye la Iglesia de Dios. Esta comunión se realiza en concreto en las Iglesias particulares, cada una de las cuales se reúne alrededor de su Obispo. En cada una de ellas la Iglesia de Cristo, una, santa, católica y apostólica, está verdaderamente presente y actuante. Esta comunión es pues universal por su misma naturaleza.
La comunión entre las Iglesias se mantiene y se manifiesta de modo especial por la comunión entre sus Obispos. Juntos, forman un colegio que sucede al colegio apostólico. Este colegio tiene a su cabeza al Obispo de Roma, como sucesor de Pedro. De este modo los Obispos garantizan que las Iglesias de las que son ministros continúan la única Iglesia de Cristo, fundamentada en la fe y el ministerio de los apóstoles.
Cada Iglesia particular, unida en sí misma, y en la comunión de la Iglesia una, santa, católica y apostólica, es enviada en nombre de Cristo y por la fuerza del Espíritu para llevar el Evangelio del Reino cada vez a mayor número de personas, ofreciéndoles esta comunión con Dios. Al aceptarla, estas personas entran también en comunión con todos los que ya la han recibido, y se constituyen con ellos en una auténtica familia de Dios. Esta familia da, por su unidad, testimonio de esa comunión con Dios. En esta misión de la Iglesia es donde se realiza la oración de Jesús, ya que él pidió para que todos sean uno, Padre, que sean uno en nosotros, como tú estás en mí y yo en ti, para que el mundo crea que tú me has enviado (Juan 17,21)"
La catequesis, como acción de naturaleza eclesial, tiene al mismo tiempo que inspirarse en este modelo de comunión y orientarse a su consecución. Es por eso que el Directorio General para la Catequesis insiste en dos aspectos característicos de la catequesis, los cuales asumimos como base de su dimensión ecuménica.
En primer lugar, citando a Catechesi Tradendae, afirma que "el fin definitivo de la catequesis es poner a uno no sólo en contacto sino en comunión, en intimidad con Jesucristo". Pero, también de acuerdo con el concepto de comunión que reportamos antes, señala que está comunión con Cristo es también que el catequizando entre en comunión con todo aquello con lo que el propio Cristo estaba unido: Dios Padre, con la Iglesia y con los hombres sus hermanos. En segundo lugar, recuerda uno de los principios del catecumenado que debe inspirar la catequesis actual: "la comunidad cristiana es el origen, lugar y meta de la catequesis. De la comunidad cristiana nace siempre el anuncio del Evangelio, invitando a los hombres y mujeres a convertirse y a seguir a Jesucristo. Y es esa comunidad la que acoge a los que desean conocer al Señor y adentrarse en una vida nueva. Ella acompaña a los catecúmenos y catequizandos en su itinerario catequético y, con solicitud maternal, les hace partícipes de su propia experiencia de fe y les incorpora en su seno".
Estos dos principios son la base, porque sólo a partir de la finalidad última de la catequesis (la comunión con Cristo y con todo lo que él entró en comunión) y de su naturaleza eclesial (la comunidad es el origen, el lugar y la meta de la catequesis), es posible comprender las tareas ecuménicas que le corresponden a la catequesis y el tipo de formación que deben recibir los fieles en este campo tan delicado e importante de la acción eclesial.
En efecto, como dice el Directorio General para la Catequesis, "la finalidad de la catequesis se realiza a través de diversas tareas, mutuamente implicadas", lo que significa, que aunque la dimensión ecuménica corresponde más específicamente a la educación en el sentido comunitario, ella debe también ser objeto de educación y de atención por parte de las otras tareas. Y esto obedece, a que "las tareas se implican mutuamente y se desarrollan conjuntamente...Una tarea llama a la otra: el conocimiento de la fe capacita para la misión; la vida sacramental da fuerzas para la transformación moral".
Ya indicábamos, cuando nos referimos al concepto de catequesis que debemos inspirarnos hoy día, que las tareas de la catequesis son propiciar el conocimiento de la fe, la educación litúrgica, la formación moral, enseñar a orar, la educación para la vida comunitaria y la iniciación a la misión. Todas ellas, como se ve, son importantes y necesarias, porque educan todas las dimensiones de la fe, que por su misma naturaleza exige ser conocida, celebrada, vivida, hecha oración, compartida en comunidad y anunciada.
En la perspectiva de la integralidad y conjunción entre las tareas, es en la educación en el sentido comunitario en donde el Directorio General de Catequesis ubica la dimensión ecuménica de la catequesis:
"En la educación del sentido comunitario, la catequesis cuidará también la dimensión ecuménica y estimulará actitudes fraternales hacia los miembros de otras iglesias y comunidades eclesiales. Por ello, la catequesis, al proponerse esta meta, expondrá con claridad toda la doctrina de la Iglesia católica, evitando expresiones o exposiciones que puedan inducir al error. Favorecerá, además, un adecuado conocimiento de las otras confesiones, con las que existen bienes comunes como: la Palabra de Dios escrita, la vida de la gracia, la fe, la esperanza y la caridad, y otros dones interiores del Espíritu Santo. La catequesis tendrá una dimensión ecuménica en la medida en que sepa suscitar y alimentar el verdadero deseo de unidad, hecho no en orden a un fácil irenismo, sino a la unidad perfecta, cuando el Señor lo disponga y por la vías que El quiera" .
Pero para comprender en su contexto la anterior afirmación del Directorio y con la intención de profundizar en algunos de sus elementos con miras a la acción, es necesario ver como esta tarea de educación al ecumenismo se ubica en un contexto social y religioso específico, que el Directorio llama "contexto ecuménico". En este contexto, después de que recuerda el hecho de que toda comunidad cristiana está llamada a participar activamente en el diálogo ecuménico, el Directorio, siguiendo en este sentido al Papa Juan Pablo II en Catechesi Tradendae, las orientaciones del Concilio y el magisterio reciente de la Iglesia, distingue dos modos de realizar la dimensión ecuménica de la catequesis: Una que podríamos llamar formativa y otra de colaboración ecuménica en el campo de la catequesis. La primera compromete a la catequesis en toda la Iglesia católica, la segunda se refiere a situaciones particulares donde conviven católicos y otros cristianos en el mismo territorio
Limitándonos solamente a la primera, ya que en nuestro medio es la que tiene más posibilidades de realización práctica, el Directorio General de Catequesis afirma: "Esta se lleva a cabo, en primer lugar, mediante la exposición de toda la Revelación, cuyo depósito custodia la Iglesia católica, respetando la jerarquía de las verdades; en segundo lugar, la catequesis ha de poner de manifiesto la unidad de fe que existe entre los cristianos y, al mismo tiempo, explicar las divisiones que aún perduran y los pasos a dar para superarlas; además, la catequesis ha de suscitar y alimentar un deseo sincero de unidad, en particular mediante el amor a la Sagrada Escritura; finalmente se ha de esforzar en preparar niños, jóvenes y adultos, a vivir en contacto con hermanos y hermanas de otras confesiones, cultivando la propia identidad católica en el respeto a la fe de los demás".
Por su parte, el Directorio para el ecumenismo, presenta este aspecto de formación de todos los fieles en el ecumenismo mediante la catequesis, en los siguientes términos:
"La catequesis no consiste únicamente en enseñar la doctrina, sino en iniciar a la vida cristiana completa, con plena participación en los sacramentos de la Iglesia. Pero esta enseñanza puede también ayudar a formar en un auténtico comportamiento ecuménico, siguiendo estas líneas directrices:
- En primer lugar la catequesis debe exponer con claridad, con caridad y con la firmeza requerida toda la doctrina de la Iglesia católica, respetando especialmente el orden y la jerarquía de verdades y evitando las expresiones o formas de exponer la doctrina que obstaculizan el diálogo.
- Al hablar de las otras Iglesias y Comunidades eclesiales es importante presentar correcta y lealmente su enseñanza. Entre los elementos por los que se construye y vivifica la misma Iglesia, varios, e incluso muchos y de gran valor, pueden existir fuera de los límites visibles de la Iglesia católica, el Espíritu de Cristo no rehusa, por tanto, servirse de estas comunidades como medios de salvación. El hacer esto pone de relieve las verdades de fe poseídas en común por las diferentes confesiones cristianas. Esto ayudará a los católicos, por una parte a profundizar en su fe, y por otra a conocer y estimar más a los otros cristianos, facilitando así la búsqueda en común del camino de la plena unidad en la verdad completa.
- La catequesis tendrá una dimensión ecuménica si suscita y alimenta un verdadero deseo de unidad, y aún más, si provoca esfuerzos sinceros, incluidos los esfuerzos de humildad por purificarse, a fin de quitar los obstáculos existentes a lo largo del camino, no mediante fáciles omisiones y concesiones en el plano doctrinal, sino orientándose a la unidad perfecta, como la quiere el Señor y por los medios que El quiere.
- Además, la catequesis debe tener esta dimensión ecuménica si se dedica a preparara los niños y a los jóvenes, así como a los adultos, para vivir en contacto con otros cristianos, formándose como católicos y al mismo tiempo respetando la fe de los otros"
Dada la importancia de algunos de estos elementos señalados hasta ahora en los distintos documentos, es necesario detenernos a mirar con atención los aspectos más relevantes de los mismos:
- En primer lugar, la enseñanza de la doctrina católica debe ser clara y completa; debe evitarse toda omisión y toda concesión en el plano doctrinal. No se puede renunciar a enseñar que la plenitud de las verdades reveladas y de los medios de salvación se encuentra en la Iglesia católica. No se debe poner en peligro la fidelidad a la Iglesia y a la propia fe. La catequesis debe transmitir el mensaje en toda su integridad y pureza, evitando presentaciones parciales o deformadas del mismo, sin silenciar ningún aspecto fundamental de la fe. Presentar el mensaje evangélico auténtico, sin reducir sus exigencias, por temor al rechazo. Pero esta presentación integral, al adaptarse a la capacidad del destinatario (niño, joven, adulto), debe hacerse de modo gradual y progresivo. La catequesis, gradualmente, propondrá el mensaje de manera cada vez más amplia y explícita, según la capacidad del catequizando y el carácter propio de la catequesis
- Para una presentación integra del mensaje el catequista debe recurrir a todas las fuentes de la catequesis que la Iglesia católica reconoce como tales, conservando especialmente la unidad que existe entre Escritura, tradición y magisterio .
- Hay que prestar también mucha atención al criterio de la jerarquía de verdades, es decir, la necesidad de distinguir entre lo esencial y lo secundario, entre lo fijo y lo inmutable. El mensaje que transmite la catequesis tiene un carácter orgánico y jerarquizado, constituyendo una síntesis coherente y vital de la fe. Se organiza en torno al misterio de la Santísima Trinidad, en una perspectiva cristocéntrica, ya que este misterio es la fuente de todos los otros misterios de la fe y la luz que los ilumina. A partir de él, la armonía del conjunto del mensaje requiere una jerarquía de verdades, por ser diversa la conexión de cada una de ellas con el fundamento de la fe cristiana. Ahora bien esta jerarquía no significa que algunas verdades pertenezcan a la fe menos que otras, sino que algunas verdades se apoyan en otras como más principales y son iluminadas por ellas.
- En la catequesis católica, además de hacer una presentación íntegra del mensaje, es muy importante hacer también una presentación correcta y leal de las demás Iglesias y Comunidades eclesiales. Esta objetividad nos lleva a distinguir entre las diversas Iglesias que no están en comunión plena con la Iglesia católica. Los elementos que en ellas se encuentran y por los que la Iglesia católica sabe que está unida a ellas no se dan en todas por igual (LG 15; UR 3,15). En efecto, diversa y específica es la configuración de las Iglesias ortodoxas, de la comunión anglicana y de las que provienen de la Reforma. En consecuencia es también distinta y específica la problemática planteada por cada una de estas Iglesias. Pero hay que tener también presente que la descripción leal y correcta de las demás Iglesias está igualmente constituida por la necesidad de señalar las divergencias doctrinales todavía existentes entre la Iglesia católica y las demás Iglesias. Tampoco hay que ignorar una presentación histórica de las diversas Iglesias, pues esto llevará a comprender el origen de la división y las estructuras de organización de cada una de ellas.
Concluyendo: por los distintos puntos aquí expuestos sintéticamente aparece claro que la principal tarea de la catequesis con miras a favorecer el ecumenismo se puede expresar en la necesidad de educar a los fieles católicos a crecer en su identidad de bautizados y miembros de la Iglesia en el respeto a los miembros de las otras Iglesias Comunidades eclesiales que no están en plena comunión con la Iglesia católica. Esta tarea, afirma el Directorio General para la catequesis, es básica en un contexto plural y complejo como el de la cultura y sociedad actual:
"se hace indispensable una catequesis evangelizadora, es decir, una catequesis llena de savia evangélica y con un lenguaje adaptado a los tiempos y a las personas. Esta tiene por objetivo educar a los cristianos en el sentido de su identidad de bautizados, de creyentes y de miembros de la Iglesia, abiertos al diálogo con el mundo. Les vuelve a poner los elementos fundamentales de la fe, los impulsa a una conversión auténtica, los ayuda a profundizar en la verdad y en el valor del mensaje cristiano ante las objeciones teóricas y prácticas, los anima a discernir y a vivir el Evangelio en lo cotidiano, los capacita para dar razón de la esperanza que hay en ellos, los fortalece en su vocación misionera con el testimonio, el diálogo y el anuncio" (DGC 194).
Todo lo dicho hasta ahora hace referencia a la dimensión ecuménica de la catequesis y las tareas que le corresponden. Pero como decíamos al principio de este estudio aunque la problemática de las sectas y de los nuevos movimientos religiosos no pertenece propiamente a la dimensión ecuménica, si es un problema que no debe ser descuidado. Es por eso que el nuevo Directorio de Catequesis, atento a los signos de los tiempos, dedica también algunos pocos números a su descripción y el modo de realizar la catequesis en estos contextos. Por la importancia de los mismos los transcribimos a continuación:
"En un clima de relativismo cultural, y a veces también a causa de la conducta no recta de los cristianos, proliferan hoy nuevos movimientos religiosos, llamados también sectas o cultos, con multitud de nombres y tendencias, difíciles de clasificar de modo orgánico y preciso. En la medida que es posible, cabe distinguir movimientos de matriz cristiana, otros derivados de religiones orientales y otros vinculados a tradiciones esotéricas. La razón de la preocupación estriba en que sus doctrinas y prácticas de vida se alejan de los contenidos de la fe cristiana.
Por ello sigue siendo necesario promover, a favor de los cristianos cuya fe esta en peligro, el esfuerzo de una evangelización y una catequesis integral y sistemática, a las que ha de acompañar el testimonio. Se trata, en efecto, de superar el grave peligro de la ignorancia y del prejuicio, de ayudar a los fieles a encontrarse de modo correcto con la Escritura, suscitando en ellos la experiencia viva de la oración, defendiéndoles de los sembradores de errores; educándolos en la responsabilidad de la fe recibida, saliendo al paso, con las armas del amor evangélico, de las dolorosas situaciones de soledad, pobreza, sufrimiento. Por el anhelo religioso que esos movimientos pueden expresar, merecen ser considerados como un aerópago de evangelización, en el que los proble-mas más importantes pueden encontrar respuesta. En realidad, la Iglesia tiene un inmenso patrimonio espiritual que ofrecer a la humanidad: Cristo, que se proclama el camino, la verdad y la vida". (DGC 201).
Pero también el episcopado colombiano, dado el rápido avance de estos grupos religiosos entre nosotros, se ha pronunciado señalando a la catequesis unas tareas específicas frente al problema:
"La catequesis es la predicación y formación que lleva la fe inicial a su madurez y educa al verdadero discípulo de Cristo (SD 33); es una acción central y decisiva en la vida de la Iglesia (SD 41) y, concretamente, en la respuesta pastoral al fenómeno de las sectas (SD 142). Ella implica atender a los siguientes aspectos:
- Promover la catequesis en el hogar, motivando a los padres para que, como los primeros educadores de la fe de sus hijos, sean catequistas y proporcionándole el material conveniente.
- Intensificar la catequesis de adultos, la cual se puede realizar todos los domingos antes de la Eucaristía y, de forma más amplia e intensiva, organizando cursos, grupos o jornadas de formación cristiana (DNPP 208-215).
- Dar toda la importancia a la catequesis presacramental, dedicando a ella el tiempo y los recursos necesarios, y con un proporcionado grado de exigencia.
- Asesorar la catequesis escolar, tanto en lo que respecta al acompañamiento y capacitación de profesores de enseñanza religiosa, como en lo que respecta a los docentes en general; a veces es mejor encargar a un laico catequista para que atienda a esa enseñanza, que dejarla en manos de un profesor que, aun teniendo buena voluntad, no está capacitado.
- Organizar o mejorar la catequesis parroquial, conformando un equipo catequístico que atienda a la catequesis de iniciación, presacramental, prejuvenil y juvenil, o incluso organizando un centro catequístico para la formación de agentes y la programación de esta área de la pastoral profética (DNPP 260-273).
- Desarrollar una mentalidad catequística que asuma el criterio de que todo debe estar acompañado de la catequesis (en la liturgia, la religiosidad popular, los acontecimientos de la sociedad y de la Iglesia).
- Convendría elaborar catequesis sobre temas particulares que son contestados o interpretados erróneamente por las sectas.
- Todo lo anterior requerirá de la formación de catequistas, la creación de institutos diocesanos o vicariales de catequesis, la elaboración y/o difusión de catecismos y de material didáctico (DNPP 247-253).
Formación ecuménica de los catequistas como agentes de pastoral
Hemos visto el numeral anterior que la dimensión ecuménica de la catequesis tiene una finalidad compleja, que Eleuterio Florentino expresa en estos términos: "Formar un nuevo tipo de católico, seguro en su propia fe, abierto a los otros hermanos cristianos, comprometido activamente con su propio papel y capacidad en la búsqueda de la unidad, dispuesto a dar su propio testimonio en nuestro tiempo, preocupado por llegar a un acuerdo con los demás cristianos, de anunciar el Evangelio a quien no lo conoce".
"Más para conseguir estos objetivos continua este mismo autor se necesitan instrumentos adecuados. Hay necesidad urgente de nuevos catecismos y de catequistas bien formados".
En este mismo sentido afirma el Directorio para la Catequesis: " Todos estos quehaceres nacen de la convicción de que cualquier actividad pastoral que no cuente para su realización con personas verdaderamente formadas y preparadas, pone en peligro su calidad. Los instrumentos de trabajo no pueden ser verdaderamente eficaces si no son utilizados por catequistas bien formados. Por tanto, la adecuada formación de los catequistas no puede ser descuidada a favor de la renovación de los textos y de una mejor organización de la catequesis".
Para el caso del ecumenismo y de los criterios que deben inspirar en este campo tan delicado la formación de los catequistas laicos, existe un documento de la Iglesia universal que debe ser estudiado y analizado por todos nosotros a fin de brindar una adecuada formación a nuestros catequistas para la realización de las tareas arriba enunciadas. Este documento es La dimensión ecuménica en la formación de quienes trabajan en el ministerio pastoral, del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos del año de 1998.
De entre las muchas exigencias que señala el documento, señalamos las siguientes:
Los agentes de pastoral y entre ellos los catequistas deben ser formados en una visión global de la acción ecuménica. Esto significa entender que las relaciones ecuménicas conllevan al mismo tiempo el estudio y el diálogo teológico, los contactos y las relaciones fraternas, la oración y la colaboración práctica. Por eso, dada esta complejidad de la tarea ecuménica, la formación no debe solamente limitarse a transmitir nociones, sino que también debe motivar y animar a la conversión y al compromiso ecuménico (No 6).
Toda formación doctrinal sobre el ecumenismo debe tener en cuenta el contexto en el cual se imparte. Deberá atenerse de modo particular a la situación ecuménica particular y a las exigencias pastorales específicas del país o de la región (No 7).
En este sentido cabe también lo que afirma el Directorio de Catequesis sobre las ciencias humanas en la formación de los catequistas: "las ciencias sociales proporcionan el conocimiento del contexto socio-cultural en que vive el hombre y que afecta decisivamente su vida. Por eso es necesario que en la formación de los catequistas se haga un análisis de las condiciones sociológicas, culturales y económicas, en tanto que estos datos de la vida colectiva pueden tener una gran influencia en el proceso de evangelización"
En la formación ecuménica de los agentes de pastoral, hay que tener también presentes los elementos claves que aparecen sugeridos por el Directorio para el ecumenismo: la hermenéutica y la jerarquía de verdades. La hermenéutica es un medio de reflexión ecuménica necesario si se quiere que los estudiantes aprendan a distinguir entre el "depósito de la fe" y el modo en que las verdades de fe son formuladas. Se entiende aquí la hermenéutica como el acto de interpretar y comunicar correctamente las verdades que se hallan en la Sagrada Escritura y en los documentos de la Iglesia. Y la jerarquía de verdades, como ya lo hemos dicho, es un criterio que los católicos deben seguir cuando exponen o comparan las doctrinas (No 11).
Aquí también, como en el párrafo anterior, hay que tener presente todo lo que el Directorio de Catequesis afirma sobre la formación bíblico teológica del catequista, especialmente a la referencia que allí se hace con respecto a una interpretación adecuada de la Escritura y al uso del Catecismo de la Iglesia católica como referencia doctrinal fundamental de formación.
En su formación doctrinal, los catequistas deben ser formados en los fundamentos bíblicos y doctrinales del ecumenismo, tal como lo entiende la Iglesia católica en el Concilio Vaticano (Lumen Gentium y Unitatis Redintegratio) y en el magisterio actual; en el concepto Conciliar de la Iglesia como Pueblo de Dios y comunión; y en la diferencia entre ecumenismo y diálogo interreligioso (No 25).
Este tipo de formación ecuménica, en los aspectos que hemos señalado, no es que sea distinta o superpuesta a la formación básica y permanente que debe recibir todo catequista. Ella debe insertarse y hacer parte de las distintas dimensiones de la formación: el ser, el saber y el saber hacer. Igualmente, debe acomodarse a los distintos niveles de formación, por lo que será distinta para el catequista de escuela de base, para el catequista que se forma en una escuela de responsables y para los que se forman en centros superiores para peritos en catequesis.

Conclusión
A lo largo del presente estudio hemos analizado diferentes documentos del magisterio universal, latinoamericano y colombiano sobre el ecumenismo y la dimensión ecuménica de la catequesis. La gran mayoría de las veces transcribimos apartes extensos de estos documentos. Hemos escogido este camino para que el catequista ESPAC conozca de su propia fuente el pensamiento de la Iglesia al respecto. Y, esto, porque somos conscientes que la tarea ecuménica no puede ser dejada al vaivén de las circunstancias o a iniciativas personales desligadas de la acción de los pastores y de sus enseñanzas.
Es claro, lo sabemos y lo exigimos todos, que la catequesis no debe realizarse aisladamente de las demás acciones evangelizadoras, sin que tiene que hacerse armónicamente con todas ellas. Por lo mismo, la dimensión ecuménica de la catequesis debe comprenderse dentro del movimiento ecuménico general que actúa la Iglesia hoy. Sólo de este modo, no será una acción aislada y sin sentido verdaderamente eclesial. Todo ello exige, naturalmente, comunión con nuestros pastores, los obispos.
Nos hemos limitado a dar indicaciones muy generales, sacadas especialmente del magisterio de la Iglesia. No hemos aterrizado en cuestiones particulares. Tal camino y método se emplea, sobre todo, por la siguiente razón: únicamente si desde el principio se entiende con rectitud la dimensión ecuménica de la catequesis, podrán evitarse errores y defectos en la acción práctica.
Hemos señalado las tareas que la catequesis puede realizar a favor del ecumenismo, pero solo desde el punto de vista educativo de los fieles cristianos y de los mismos catequistas como agentes de pastoral. Por eso en el documento poco o nada se habla de la oración a favor de la unidad de los cristianos. No es que ella no sea importante, necesaria y fundamental como lo ha señalado repetidamente el Papa Juan Pablo II. Dada la importancia de la misma queremos como conclusión acoger la invitación del Papa y hacerla extensa a todos ustedes, catequistas ESPAC: La oración ha sido definida por el Concilio Vaticano II como el alma de todo el movimiento ecuménico. La oración es un medio sumamente eficaz para pedir la gracia de la unidad, una expresión auténtica de los vínculos que siguen uniendo a los católicos con los hermanos separados" (Ut Unum Sint, 21).

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