V Congreso
Sesión de Apertura de (viernes 29 de junio de 2001)
Se dió inicio al V Congreso Nacional ESPAC con la animación de Arcenio Henao López con el lema: La catequesis al servicio de la iniciación cristiana.
Mensaje de bienvenida de Monseñor Rubén Salazar Gómez
En nombre de la Iglesia arquidiocesana de Barranquilla quiero saludar con inmenso cariño a Monseñor Darío de Jesús Monsalve Mejía, Obispo Auxiliar de Medellín y Presidente de la Comisión Episcopal de Catequesis de la Conferencia Episcopal Colombiana, a Monseñor Carlos Sánchez, fundador y Director Nacional de la ESPAC, a Monseñor Iván Darío Giraldo, Secretario adjunto y Director de la Sección de catequesis del SPEC, a todos los presbíteros, religiosos y laicos que conforman las diferentes delegaciones diocesanas venidas de todos los rincones de la Patria. Sean todos cordialmente bienvenidos a esta ciudad, amable y acogedora, y a esta Arquidiócesis que lucha todos los días, con el concurso de todos sus miembros, por ser una Iglesia local que crece en la fe, la esperanza y la caridad. Para nosotros todos los barranquilleros es ocasión de gran alegría el que nuestra ciudad haya sido elegida como sede de este importante congreso.
El congreso ha querido elegir como tema "La catequesis al servicio de la iniciación cristiana". Este tema nos sitúa de inmediato en el contexto del crecimiento en la vida del Espíritu que hemos recibido en el bautismo y nos invita a considerar la catequesis en el marco general de toda la vida cristiana, vivida al interior de la comunidad eclesial. Por esta razón he pensado que vale la pena, en esta inauguración del Congreso, hacer algunas consideraciones sobre aspectos que, a mi parecer, se constituyen en retos para la catequesis de iniciación cristiana. Quiero presentar estas consideraciones como sencillas preguntas que nos ayuden, a la luz de las ponencias y de los talleres de estos días del congreso, ahondar en las respuestas concretas que tenemos que darles para una organización conveniente de la catequesis en nuestras parroquias.
¿Cómo podríamos lograr que la catequesis de iniciación cristiana se integre en una catequesis permanente y sistemática, orientada a la vida y al testimonio cristiano para la evangelización del mundo?. Creo que para una verdadera iniciación cristiana de los niños y los adolescentes no basta hablar de una catequesis presacramental y, en concreto, de la preparación para los sacramentos de la Penitencia, la Eucaristía y de la Confirmación. El cristiano, situado en un mundo en permanente transformación, debe recibir en la catequesis los elementos fundamentales necesarios para reinterpretar la realidad cambiante a la luz de la fe en un proceso permanente de maduración. Esto implica que la catequesis presacramental debe integrarse en un proceso más global que permita al niño y al adolescente ir creciendo y madurando en la fe al mismo tiempo que crece y madura como persona y que esta catequesis adquiera unas características más amplias que entregue al joven en condiciones aptas para integrarse al proceso de crecimiento de vida de la comunidad a la que pertenece y para comprometerse en el servicio de la sociedad.
¿Cómo lograr que la catequesis favorezca la vivencia y experiencia de lo que se aprende?. Una autentica iniciación cristiana, si quiere ser fiel a su nombre, debe llevar a una autentica opción por Cristo. No basta la transmisión de los conocimientos, sino que la catequesis debe llevar al niño y al adolescente a un proceso permanente de conversión que le permita desarrollar cada día con mayor profundidad la vida divina que ha recibido en los sacramentos del Bautismo y de la Confirmación, de la Penitencia y de la Eucaristía. La catequesis es ante todo un camino de fe y no un aprendizaje de conocimientos racionales sobre la fe o de conocimientos más o menos teológicos, aunque estos sean necesarios. Tiene que ser ante todo un llevar al catequizado a realizar en su vida las palabras de San Pablo: "Estoy crucificado con Cristo y ya no vivo yo sino que es Cristo quien vive en mí" (GI 2, 19-20).
¿Cómo lograr que la catequesis sea, como consecuencia de la opción por Cristo, una autentica opción por la Iglesia?. Es que, como bien lo sabemos, la vida de Cristo no puede vivirse sino como miembro del cuerpo de Cristo, que es la Iglesia. Esta realidad implica necesariamente una inserción real del "iniciado" en la vida de la comunidad cristiana en proceso de crecimiento en la fe, en la esperanza y en el amor. La comunidad de los fieles debe, por lo tanto, estar involucrada en la catequesis ya que el niño y el adolescente deben crecer en su seno y experimentar la realidad de lo que aprenden en la vida misma de la comunidad. Y, al mismo tiempo, la catequesis debe llevar al joven a entregarse con generosidad creciente al servicio de la comunidad tanto eclesial como humana.
¿Cómo lograr que esta catequesis, inserta en un proceso más amplio de educación en la fe, que lleve al iniciado a una opción clara por Cristo y por la Iglesia, sea un verdadero proceso de educación apropiado a la capacidad del niño y del adolescente y, por lo tanto, favorezca un verdadero crecimiento?. Si por el bautismo, el cristiano ha sido signado por el amor de Dios que habita en Èl como en un templo, la catequesis debe ayudar a descubrir, reconocer, aceptar y alabar a ese Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, y a confrontarse permanentemente con su palabra para lograr un compromiso creciente con Èl y con su Iglesia para el servicio del mundo. Por eso la catequesis no debe "venir desde fuera" sino más bien hacer emerger la realidad del Dios presente para que poco a poco tome toda la persona y la proyecte hacia la Iglesia y hacia el mundo.
Podría añadir muchos otros interrogantes. Creo que Estos son los fundamentales y que, en una cierta manera, incluyen los demás que podrían plantearse. La ESPAC tiene el gran mérito de haber iniciado una reflexión muy profunda sobre la situación, y las implicaciones de la catequesis parroquial. En este V- Congreso nacional se logra sin duda avanzar en la comprensión de los grandes retos y, por tanto, de las grandes respuestas a estos retos que nos plantea hoy la catequesis.
Les repito que esta Arquidiócesis los recibe a todos ustedes, queridos participantes en el congreso de la ESPAC, con inmensa alegría y auguramos que su estadía sea muy placentera para ustedes y los resultados del Congreso muy valiosos para nuestra Iglesia.
Discurso de Bienvenida Monseñor Reinaldo Iriarte
La Iglesia particular de Barranquilla esta de plácemes, por la presencia de este concurrido V Congreso de la ESPAC, que tiene como tema "La Catequesis al Servicio de la Iniciación Cristiana". Manifestamos nuestros agradecimientos a los miembros de las Escuelas Parroquiales de Catequistas del país por habernos tenido en cuenta como sede de Èste Congreso.
Estamos en Barranquilla, ciudad acogedora, conocida como la Puerta de Oro de Colombia, que abre sus brazos para recibir con mucha alegría a todos los cristianos católicos que vienen muy motivados y entusiasmados a dar testimonio de Fe y Amor a Jesucristo.
Con este saludo quiero significar la profunda alegría cristiana que sentimos al tenerlos en nuestra ciudad.
Es esencial que tengamos claro el objetivo de este encuentro en la fe: En primer lugar debemos estar en una verdadera sintonía en el amor del Padre en la persona de Jesucristo centro de toda la catequesis, con la acción del Espíritu Santo, aliento impulsador de la Iglesia, Pueblo de Dios.
Evidentemente estamos llamados por Dios a ofrecer el servicio de la catequesis, especialmente de los sacramentos de la Iniciación: Bautismo, Confirmación y la Eucaristía, que constituyen los fundamentos de toda vida cristiana. En palabras de su S.S. Juan Pablo II. "La catequesis es el conjunto de esfuerzos realizados por la Iglesia para hacer discípulos, para ayudar a los hombres a creer que Jesús es el hijo de Dios, a fin de que, por la fe, tengan vida en su nombre y para educarlos e instruirlos en esta vida y construir así el Cuerpo de Cristo" (CT 1, 2).
En definitiva: "La Catequesis esta íntimamente unida a toda la vida de la Iglesia, no sólo a la extensión geográfica y el aumento en número de la Iglesia, sino también y más aún su crecimiento interior, su correspondencia con el designio de Dios dependen especialmente de ella" (CT 13), es por ello que debemos dar una respuesta positiva a esta iniciativa de Dios, al hacernos participes de esta misión, aportando desde nuestra condición humana, nuestra disponibilidad y servicio, no sólo con palabras sino con nuestro testimonio de vida.
En efecto, la gracia de ser cristianos es un don gratuito que Dios nos hace de su vida infundida por el Espíritu Santo en nuestra alma para sacarla del pecado y santificarla; todo ello respetando nuestra libertad. La tarea que nos corresponde como catequistas ante esta gracia recibida es animar e impulsar la iniciación cristiana, base de la vida sacramental.
En consecuencia los fieles renovados en el bautismo se fortalecen con el sacramento de la Confirmación y finalmente son alimentados con la Eucaristía, manjar de la vida eterna (Catic 1212). Los que han sido elevados a la dignidad del sacerdocio real por el Bautismo y configurados más profundamente con Cristo por la confirmación, participan por medio de la Eucaristía con toda la comunidad en el sacrificio mismo del Señor que libera al hombre del pecado.
En concordancia con lo anterior, se ha escogido como emblema de este V Congreso Nacional de la ESPAC al Cristo liberador, con lo cual se quiere significar a Cristo como eje único de la Iglesia que libera al hombre viejo, convirtiéndolo en un ser nuevo, que madurado en sus pensamientos y actitudes cristianas, es nueva criatura.
No olvidemos: Ya no importa ser blanco o negro, del norte o del sur, guerrillero o paramilitar, desplazado o residente. Somos ciudadanos comunes, hombres, mujeres y niños que unidos al Cristo que libera del pecado, todos formamos su cuerpo que es la Iglesia.
Esta reunión de más de 1.000 catequistas de la ESPAC es una muestra de que nuestro país Colombia, no sólo quiere la Paz, sino que esta haciendo la Paz.
Que esa Paz anhelada sea como una ola que se origine en el corazón de Cristo en el Caribe Colombiano y que inunde todos los valles, colinas, montañas, y ríos de nuestra querida patria.
Que el amor maternal de la bienaventurada Virgen María, ejemplo del cristiano, nos fortalezca y anime para que la experiencia de este Congreso ayude a formar los catequistas que necesita la Iglesia para este Tercer Milenio.
Finalmente que este V Congreso Nacional de la ESPAC enrute la catequesis de iniciación por el camino que conduce a la PAZ.
Mensaje de Monseñor Carlos Sánchez Torres
Excelentísimo Monseñor Rubén Salazar, Arzobispo de Barranquilla,
Excelentísimo Monseñor Darío Monsalve, Obispo Auxiliar de Medellín, Presidente de la Comisión Episcopal de Catequesis,
Reverendísimo Monseñor Reinaldo Iriarte, incansable promotor de la ESPAC en la Arquidiócesis de Barranquilla,
Ilustrísimo Monseñor Iván Darío Giraldo, Director del Departamento de Catequesis de la Conferencia Episcopal de Colombia,
Señora Elvia Lozano e integrantes de las Comisiones preparatorias del Congreso, amadísimos catequistas ESPAC venidos de las más diversas regiones de Colombia para celebrar el V- Congreso Nacional.
Es ya tradición ininterrumpida que cada dos años la ESPAC celebre un Congreso Nacional. Por ello Bogotá, en 1993 congregaba a la ESPAC naciente bajo el lema "Nueva Evangelización para una Colombia Nueva"; luego, Montería en 1995, con su lema "Catequistas para el Tercer Milenio", nos señalaba las grandes tendencias del mundo de la globalización, de la cibernética y de la postmodernidad, como los grandes desafíos para la catequesis; Manizales en 1997, con su lema "En Cristo anunciamos Vida y construimos comunidad" nos situaba dentro de los parámetros de la eclesiología de comunión y participación del Vaticano II asumida por Puebla y Santo Domingo; y, finalmente Bogotá en 1999, en el último año del ciclo trinitario preparatorio para el Jubileo, al proclamar al Catequista, como "La manifestación del amor misericordioso de Dios Padre", ponía las bases del edificio de piedras vivas que se ha venido construyendo en la Iglesia Colombiana y que hoy aparece majestuoso aquí en Barranquilla al celebrar el Quinto Congreso. Este acontecimiento nos va a brindar ocasión de entrever los retos y los desafíos que, al iniciar el Tercer Milenio, se plantean a la pastoral catequística, particularmente en lo tocante al proceso de la "Iniciación cristiana", según lo señala el Directorio General para la Catequesis. Es Èste nuestro propósito.
Ha sido la figura amable y la orientación certera del Papa Juan Pablo II quien, desde Santo Domingo, en 1992, nos mostró el camino, nos señaló el espíritu y nos dio a conocer la pedagogía de la labor prioritaria de la Iglesia en todos los tiempos pero particularmente al cumplirse 2000 años desde cuando se oyó por primera vez aquella orden categórica: "Vayan por el mundo entero y anuncien el Evangelio" (Mt. 26, 19).
La Tertio Millennio Adveniente, desde su aparición el 10 de noviembre de 1994, fue la luz que guió nuestros pasos en los congresos de Montería, Manizales y Bogotá, por consiguiente, los de cada unos de los miles de catequistas ESPAC que han venido surgiendo desde entonces, para situar la catequesis en Colombia dentro la eclesiología que brota del Misterio Trinitaria, de la vida sacramental y de la vida nueva en el Espíritu de Cristo Resucitado. Estoy seguro de que si el Santo Padre, Juan Pablo II, viera el espectáculo que ahora presenciamos, experimentaría aquella misma satisfacción que en su encuentro con los jóvenes en el Año Santo. La satisfacción de quien después de sembrar en terreno abonado logran tan excelente cosecha.
Y, llegados a la culminación del Gran Jubileo, es el mismo guía, Juan Pablo II quien "Al comenzar el nuevo milenio" nos señala el camino de la Iglesia hacia el futuro, exhortándonos lo mismo que Cristo a sus apóstoles: "Duc in altum" (remar mar adentro). Algo nos dice, al respecto, desde ya, el lugar y el emblema de este Congreso que providencialmente celebramos en Barranquilla: "rema mar adentro". "Esta palabra resuena también para nosotros y nos invita a recordar con gratitud el pasado, a vivir con pasión el presente y a abrirnos con confianza al futuro".
En efecto, es esta la ocasión propicia para recordar con gratitud el pasado. La ESPAC no existiría y quizás la brecha en el campo de la catequesis sería mayor en Colombia sin el concurso de cuantos hicieron posible su origen, sus primeros pasos y la marcha de lo que hoy estan familiar en la Iglesia de Colombia. En este grato recuerdo no pretendo nombrar personas porque me haría interminable frente a ese inmenso ejército de artífices de lo que hoy es la ESPAC, pero es necesario destacar con gratitud la aceptación y la dedicación de tantos Señores Arzobispos y Obispos; el compromiso de los abnegados y celosos Delegados de los Señores Obispos para la ESPAC, particularmente las religiosas, con quienes la ESPAC tiene una deuda de especial gratitud. Con los Delegados se ha conformado una familia tan íntimamente compenetrada en esta causa que no podemos menos de exclamar con la Escritura: "Quam suave et quam jucundum esta habitare fratres in unum". Gracias a la incansable dedicación de los Delegados en sus diferentes diócesis, la ESPAC se ha venido proyectando en horizontes cada vez más amplios, al punto de que hoy la mayoría de las Diócesis de Colombia orienta la formación de sus catequistas con la metodología ESPAC, hay un promedio anual de 700 graduados y existen en nuestros archivos los nombres de 8.400 graduados en los 12 años anteriores. ¡Que decir, al respecto, de la Delegación ESPAC de Barranquilla, autora de esta gran dicha!.
Debo igualmente tributar un reconocido homenaje de gratitud a la multitud de párrocos que han acogido con benevolencia el Programa y lo han impulsado en sus parroquias conscientes del grave deber que les incumbe de formar catequistas para la evangelización de sus parroquias. Y que decir de la abnegada paciente labor de los coordinadores. Gracias a ellos los grupos nacen, crecen y llegan a su madurez en la fe y en la capacidad para anunciar el Evangelio.
Pero la razón de ser de la ESPAC con los catequistas. Son ellos los destinatarios de cuanto pretende la ESPAC y la esperanza de que como laicos ocupen el lugar que les corresponde en la vida y marcha de la Iglesia. No podemos dejar de mirar con inmensa gratitud ese ejército de miles y miles de testigos de Cristo en la mayoría de las parroquias de Colombia.
Nuestra gratitud, igualmente, en esta mirada fugaz hacia el corto pasado nos obliga a reconocer la labor inicial y el acompañamiento posterior de algunas de las Hijas de María Auxiliadora y de tantas personas que con competencia y verdadero celo apostólico han dedicado lo mejor de su vida al servicio de la ESPAC. Mi gratitud, igualmente, para quienes desde las oficinas centrales están pendientes de la buena marcha del Programa en todo momento.
Cómo resulta grato ver desde aquí, al calor de este Congreso, la corta historia de 14 años de la ESPAC cargada de esfuerzos y sacrificios, semilla cuyos frutos otros habrán de cosechar.
Este congreso nos invita también a vivir con pasión el presente. No me refiero al doloroso presente que vive nuestra Patria. Estaría fuera de lugar amargar ahora nuestra fiesta trayendo a cuento lo que a diario vivimos en Colombia. Pero, me angustia pensar que, quizás, la causa de tantos males actuales haya sido la carencia oportuna de catequesis en las familias y en la parroquias, vale decir, la carencia de catequistas idóneos y comprometidos en la educación de la fe de las presentes generaciones para la construcción de la cultura de la paz. ¡Tampoco es este el momento para lamentarnos de la ausencia de una catequesis encarnada en la realidad cultural de nuestra Nación!.
Contemplando la realidad de este presente, a todos nos urge, hoy más que nunca, aquella palabra del Señor: "Anuncien el Evangelio... el que crea se salva; el que no crea se condena". Acaso, se están cumpliendo en nuestra Patria esta sentencia de salvación y de condenación? Me pregunto esto porque si debemos reconocer que por la fe de la mayoría existen en Colombia tantos valores individuales, familiares e institucionales, expresión y vivencia de la salvación que procede de la fe en Cristo, por la carencia de fe de quienes no tuvieron la gracia de recibirla o de tantos que han vuelto las espaldas a Dios, el proceso de condenación que padece nuestra Patria se agudiza cada día más. ¿Cómo vivir impasibles ante esta realidad? ¿Cómo hacer eficaz, mediante la ESPAC, la expresión de Cristo Resucitado: "Os traigo la paz"? Nuestra respuesta no puede ser otra que la profunda convicción del apóstol Pablo: "¡Ay de mi si no anuncio el Evangelio! Nos urge por tanto, asumir, con la pasión del Apóstol, la misión que el Señor nos tiene señalada y por la cual nos hemos congregado aquí.
Pero, estamos aquí, no sólo para mirar con gratitud el pasado y con ardor el presente. Nos hemos congregado particularmente, para "abrirnos con confianza al futuro". "Duc in altum" es la consigna. Al respecto, en éste como en tantos otros acontecimientos de la vida de la Iglesia y de cada uno en particular, experimentamos hoy, entre nosotros, la amable presencia de Jesús. Y, lo mismo que Andrés y Juan junto al Jordán, al observar la mano firme de Juan Bautista que lo señala y al escuchar su palabra que dice: "este es el Cordero de Dios, el quita el pecado del mundo", nos sentimos inmensamente atraídos por El. Al verlo, como Juan y Andrés, llenos de entusiasmo lo hemos seguido y aquí estamos porque su persona y su mensaje son la razón de ser de nuestra existencia. Y como en el Jordán, aquí, en Barranquilla, escuchamos su voz de Jesús que nos dice: ¿Qué buscáis? ¿A que habéis venido?.
¿Cómo formularnos esta pregunta después de tantos esfuerzos y sacrificios y de tan penoso viaje? Desde que se nos dijo V- Congreso Nacional ESPAC todo ha sido un continuo esfuerzo por llegar aquí para encontrarnos con El. Entonces, por que la pregunta ¿Qué buscáis?.
Lo mismo que a Juan y Andrés también a nosotros nos resulta extraña su pregunta: ¿Qué queréis? Pues, ¿A qué hemos venido? Maestro, no solo "queremos saber dónde vives" sino, sobre todo, queremos contemplar tu rostro, tu rostro de Hijo, tu rostro doliente, pero sobre todo, tu rostro de Resucitado. Es por esto que al escuchar de tus labios: "Duc in altum" (remar mar adentro), sabemos que continuas enviándonos al mundo que tiene hambre y padece sed de Dios. Es que, después de este encuentro, el mundo nos pide, no sólo "hablar" de Cristo sino hacerlo "ver" de todos (Novo Millennio Ineunte 16).
Queridos catequistas, hacer "ver" a Cristo, es esta vuestra misión en el hogar de cada uno, en medio del grupo juvenil, en la vereda, en el barrio industrial lo mismo que entre los marginados, en vuestra parroquia, en vuestra diócesis. Es deber de cada uno hacer que los demás vean a Cristo en el testimonio de vuestra vida. Al respecto dice Juan Pablo II: "seréis en esto eficientes en la medida en que quien se acerque a vosotros, tenga la sensación de encontrar en vuestras palabras, en vuestras actitudes y en vuestra vida la presencia liberadora de Cristo Resucitado". Recorriendo los caminos de vuestro quehacer de catequistas sentíos siempre al servicio de la Iglesia en plena comunión con vuestros párrocos y vuestros obispos.
¡Bienvenidos al V- Congreso Nacional ESPAC!
Carta de Monseñor Octavio Ruiz, Administrador Apostólico Diócesis de Villavicencio
Queridos organizadores y delegaciones ESPAC
Barranquilla
Reciban un caluroso saludo, deseándoles que esta estadía en tierra caribeña traiga a todos ustedes Bendiciones del Señor.
Quiero primero presentar disculpas por mi ausencia entre ustedes, pero por motivos pastorales me es imposible. Saben muy bien que los guardo y recuerdo con aprecio en mi corazón de Pastor.
Saludo a los organizadores de este V - Congreso Nacional ESPAC, haciéndolo extendido a todas y cada una de las delegaciones.
Los felicito por su ardua y valiosa tarea de catequizar, movidos por la gran misericordia de Nuestro Señor Jesucristo. Su misión, enriquece a la Iglesia y solidifica el depósito de la fe. Como dice San Pablo: "No se cansen de hacer el bien".
Virgen del Carmen, patrona del Llano, ruega por nosotros. Con estos sentimientos, imparto mi bendición.
Carta de Monseñor Héctor Gutiérrez Pabón, Obispo de Chiquinquirá
Muy apreciado Monseñor
Por medio de la presente me permito presentarle al Padre José Salomón Barón, Vicario de Pastoral y Director de la Pastoral Catequética para la Diócesis de Chiquinquira, y a las Señoras: Leonor Valbuena,Myriam Avila y Elicenia Forero Nova, como representantes de esta Iglesia Particular ante el V- Congreso Nacional ESPAC.
Sea esta la ocasión, apreciado Monseñor, para hacerle llegar a su Señoría mi sincero agradecimiento por los servicios que la ESPAC presta a la Diócesis de Chiquinquirá. Dios guarde a su Señoría.
Carta de Monseñor Bernardo Parra, Director Centro Nacional Misionero de la Conferencia Episcopal de Colombia
Muy estimado Monseñor
Afirma el apóstol San Pablo que los que se dedican a la enseñanza merecen toda felicitación; por eso con mucho cariño y en nombre de la Comisión Episcopal de Pastoral Misionera de la Conferencia Episcopal de Colombia, me permito enviar un saludo de especial felicitación a los Excelentísimos Señores Arzobispos y Obispos, Presbíteros, Consagrados y Fieles Laicos que participan en este Encuentro Nacional ESPAC. Su trabajo y esfuerzo para glorificar el nombre de Nuestro Señor por medio de la evangelización y la catequesis de todos nuestros hermanos y hermanas del mundo, llenan a la Iglesia colombiana de una nueva esperanza que ilumina y anima su acción pastoral, orientada hoy por nuestro Santo Padre a "remar mar adentro" para llevar al mundo por los verdaderos caminos de la santidad.
La presencia de todos me induce a proponerles una invitación a los que se sientan llamados por correr una nueva aventura evangelizadora y misionera al iniciar este tercer milenio de fe cristiana. Especialmente a los laicos catequistas ESPAC, que desean en nombre de Nuestro Señor iniciar su proceso de formación para predicar y catequizar más alla de nuestras fronteras, oyendo la voz de más de cuatro mil millones de personas que todavía no lo conocen y que tienen necesidad de conocerlo y acepten este gran desafío de nuestra fe. A ellos los invito a ponerse en contacto con el Centro Nacional Misionero de la Conferencia Episcopal.
Todos ustedes tienen la experiencia del laico como protagonista de la Nueva Evangelización, pero es necesario dar el paso siguiente y experimentar también que el laico es protagonista de primer orden en la misión universal o "Ad Gentes" que confió el Señor a la Iglesia y que la identifica sobre cualquier otra característica. Oigaos todos la voz del Señor que nos sigue llamando y enviando y respondámosle con la generosidad propia de los Santos, imitando la entrega total de María nuestra Madre al cumplimiento fiel de la voluntad amorosa del Padre.
Les ofrezco mi oración y les ruego que siempre, pero especialmente en estos alegres días de encuentro y de compromiso, pidan al Señor que envíe más misioneros que lleven su nombre y su amor a todos los pueblos de la tierra. Que Èl los bendiga y recompense a todos la maravillosa obra que realizan.