Ponencias
La Catequesis Post Jubilar (sábado 30 de junio de 2001)
Mgr. Darío Monsalve M.
Obispo Auxiliar de Medellín,
Presidente de la Comisión Episcopal de Catequesis
Objetivo
Enriquecer nuestra visión común acerca de la misión eclesial y concretamente acerca de la misión del catequista.
Con los aportes del Encuentro, hacer un esfuerzo por transformar nuestra catequesis y nuestros catequistas en catequesis y catequistas para la Nueva Evangelización, servidores de la nueva evangelización.
Hay dos frases que nos ayudan a hacer esta reflexión, ambas tomadas del Directorio General para la Catequesis.
La renovación catequística debe cimentarse sobre la evangelización misionera previa. (62)
Los agentes de la evangelización han de saber operar con una visión global de la misma, e identificarla con el conjunto de la misión de la Iglesia (46).
Punto de Partida
Nuestro punto de partida es la Carta Novo Millennio Ineunte, de la cual solo nos referimos a los aspectos más sobresalientes.
- El encuentro con Cristo vivo en el hoy de la Iglesia y de la humanidad: El Santo Padre ha subrayado el hoy a través de las diversas citas bíblicas que presentan a Jesús como el hoy. También lo hemos reflexionado en este sentido en el evangelio de San Lucas que nos refirió, el domingo anterior, la presentación que hace Jesús en la Sinagoga de Nazaret hoy se cumple esta escritura ante ustedes.
- La categoría fundamental con la que se mueve la visión de la Iglesia en América latina y en todo el mundo es la de encuentro, con el carácter de personal, con Cristo vivo.
- Recordemos que la carta apostólica post sinodal Ecclessia in América lleva por titulo Encuentro con Jesucristo vivo, camino para la conversión, la comunión y la solidaridad.
- Además la categoría encuentro ha sido muy trabajada desde los mismos evangelios como elemento fundamental en la evangelización. Debemos hacernos a la convicción de que sin encuentro personal con Jesucristo no hay nada que pueda llamarse camino de fe.
En este sentido subrayamos el carácter de personal que siempre acompañó la obra evangelizadora de Jesús.
Desde allí, como lo propone el Santo Padre Juan Pablo II en su carta Novo Millennio Ineunte, la contemplación del rostro de Cristo desde los evangelios y la tradición viva, es la que permite la reconstrucción del Rostro de Cristo con los trazos más acertados.
En este sentido, nosotros también tenemos que configurar ese rostro de Cristo a partir de nuestra experiencia personal y de nuestra labor evangelizadora. No nos podemos separar de ese rostro sin el riesgo de caer en una presentación de Cristo desencarnado, meramente espiritualizado, humanizado, politizado o ideologizado. Hay que ser fieles al rostro de Cristo.
En los evangelios y en general en el Nuevo Testamento, esta condensado el autorretrato de Jesús, del cual encontramos rasgos en las bienaventuranzas, en el capítulo 13 de la primera carta a los Corintios, que identifica a Jesús con el amor y la caridad.
En tercer lugar esta el camino pastoral desde el encuentro con Cristo. El Santo Padre anota: que el anuncio de Cristo llegue a las personas, modele las comunidades e incida profundamente mediante el testimonio de los valores evangélicos en la sociedad y la cultura.
Aquí subrayamos las personas, en contraposición a las masas y multitudes. No se trata de predicar por predicar; modelar las comunidades: el evangelio debe hacer brotar una familia de fe, una comunidad viva; incidir profundamente en la sociedad y la cultura: el anuncio del evangelio no es sólo para suscitar la conversión personal, sino para el servicio de todo el hombre y de todos los hombres. En el fondo el Evangelio es la respuesta al misterio de la encarnación. Dios se hizo hombre para hacer al hombre hijo de Dios. Jesús es la cabeza de la Nueva Humanidad y un Evangelio que no tiene proyección auténtica o impacto social, que no genere una nueva humanidad, nueva sociedad, nueva cultura y nuevas estructuras, no es el evangelio auténtico.
Identidad de la Catequesis
El fin definitivo de la catequesis es poner a uno, no solo en contacto, sino en comunión e intimidad con Jesucristo (CT 5; DGC 80)
Un segundo texto muy importante para la catequesis, tomado del Directorio General para la Catequesis, afirma: La catequesis es esa forma particular del ministerio de la Palabra que hace madurar la conversión inicial hasta hacer de ella una viva, explícita y operativa confesión de fe; la catequesis tiene su origen en la confesión de fe y conduce a la confesión de fe (82)
La catequesis parte de la confesión de fe: Cuando yo acepto a Jesucristo que aparece como Señor de la nueva humanidad, es cuando pregunto por lo que tengo que hacer y es aquí cuando comienza el servicio de la catequesis.
Situación de la Misión Eclesial Hoy
Urge recuperar la misionariedad como raíz y sustento del ser y quehacer de la Iglesia, en cada comunidad, en cada fiel o asociación de fieles. Como a Dios mismo, el amor nos transforma en misión, se hace misión generadora de vida, santidad y unidad.
No sólo porque aquí nace uno como cristiano, sino porque también se hace cristiano y misionero. El amor hizo que Dios tuviera que abrirse e irrumpiera en la Encarnación.
Es importante considerar la misionariedad no solo en relación con la misión ad gentes que es su origen, sino sobre todo como categoría del ser de la Iglesia. El Santo Padre, Juan Pablo II ha insistido, desde los inicios de su pontificado en Iglesia, tu nombre es misión. Nos situamos en el misterio del descenso de Dios, que según la carta a los Filipenses en el capítulo 2, es Dios quien se anonadó y descendió hasta el abismo más profundo de lo humano para ascender con nosotros.
En este identificar a Jesús como el Mesías, el enviado, el Hijo, con toda la dinámica del amor, es donde nosotros comprendemos que la fe es entrar a compartir el ser y la misión del Mesías que es el misionero del Padre.
La fe es compartir la vida y el destino de Jesús. La fe no me permite hacer una apropiación egoísta de Jesús. Lo único que me permite es llegar a ser amigo del novio.
Esta misionariedad debe permear el estilo de vida del Obispo, el presbítero, los religiosos y religiosas y todos los apóstoles seglares.
En la anáfora III hay una expresión muy especial al respecto:
"Ya que por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor,
con la fuerza del Espíritu Santo,
das vida, santificas todo,
y congregas a tu pueblo sin cesar..."
El proyecto eclesial de la Evangelización debe entenderse, por lo tanto, en su doble e inseparable dimensión: Misión y Pastoral. Estos dos elementos son fundamentales e inseparables. Además no se puede hacer pastoral sobre aquello que no se ha suscitado por la acción misionera. La PASTORAL se refiere a acompañar a quienes ya están dentro de la Iglesia y de la comunidad. No soy pastor de las ovejas que están en el monte mientras no vaya y las traiga, no las puedo pastorear.
El puente entre la misión y la pastoral es la iniciación cristiana. La acción catequética iniciadora es un elemento. La parte fundamental es la iniciación cristiana como una totalidad. Podríamos decir que la raíz del árbol es la misión (por donde entra la vitalidad), pero el árbol va desarrollando el tallo que es todo el proceso de la iniciación cristiana, y el follaje (hojas, flores y frutos) es la pastoral.
El Directorio General para la Catequesis, nos dice al respecto:
El proceso evangelizador estructurado en etapas o momentos esenciales: la acción misionera, para los no creyentes y para los que viven en la indiferencia religiosa; la acción catequética iniciatoria, para los que optan por el Evangelio y para los que necesitan completar o reestructurar su iniciación; y la acción pastoral, para los fieles cristianos que buscan su madurez en el seno de la comunidad cristiana (DGC 49).
Podemos apreciar que la acción misionera se dirige inicialmente a los no-creyentes, pero también a los indiferentes; aunque hayan sido bautizados cuando niños. La acción catequética iniciatoria, que se orienta a quienes, después del primer anuncio, optan por el Evangelio, y también para quienes siendo bautizados de niños, necesitan completar o reestructurar su iniciación cristiana. En este caso no hay diferencia por razón de la edad, e incluso del estado de vida.
Y la acción pastoral para los fieles cristianos que buscan madurar en la comunidad cristiana
La misión Eclesial, vista en su integralidad, debería entenderse así:
Misión Permanente Ad Intra de cada Iglesia Particular
Es allí donde podemos entender la nueva evangelización, que supone una primera evangelización, que pide ser actualizada, por eso incluye la re-evangelización, no como un simple maquillaje externo de expresiones o métodos. Es una renovación de los cimientos, una renovación del encuentro con el Señor Jesús para desde allí cambiar todo.
- Conversión de los corazones y santidad de vida de los bautizados; esta es la finalidad de la nueva evangelización que se orienta a los bautizados, entre los que se incluyen los ministros ordenados y los agentes pastorales todos. Sin nuevos ministerios no hay nueva evangelización, sin nuevos pastores tampoco hay nueva evangelización. Esta fue una preocupación del Papa Pablo VI, del Concilio Vaticano II y el Papa Juan Pablo II manifiesta en la pregunta que hizo durante su viaje pastoral a Francia: Francia, ¿Qué has hecho de tu bautismo? . En este sentido se planteó la urgencia de un catecumenado post bautismal para quienes ya habían recibido el bautismo. Esta es una dimensión propia de todo nuestro proceso de evangelización cristiana.
- Misión de primer anuncio, de búsqueda y contacto testimonial y kerigmático, en ambientes descristianizados y necesitados del Dios vivo o de refundar una religiosidad unida al pecado y al misterio de la iniquidad. Es decir, una religiosidad de amor, que cuestiona la fe. El ejemplo lo tenemos en Jesús que cuestiona la fe de Simón Pedro, porque confiesa lo que Jesús es, y al mismo tiempo se opone a su proyecto. Además fijémonos que los mejores maestros de cristología, en los evangelios, son los espíritus inmundos: Sabemos quien eres y a qué has venido.... Pero este acontecimiento no conduce a nada. también nosotros podemos tener la fe de los espíritus inmundos que confiesan con los labios, pero en su vida obran de manera contraria.
El fenómeno que más nos ha afectado es la separación entre fe y vida; y en nuestro contexto es peor, porque se ha pasado de rechazar la vida cristiana a unir la religiosidad de tipo cristiano con el pecado y la mala vida. Poner mi fe en Dios para que nos ayude a hacer el mal, como soporte y sostén del mal. En este sentido se ha puesto la devoción a María y a los santos (V. gr. La película La Virgen de los Sicarios, que es toda una bofetada a la vida cristiana de un pueblo). Pero de alguna forma es una interpelación a la unión de la expresión religiosa con el narcotráfico, la violencia, y los comportamientos degradantes. En este proceso de enajenación de lo religioso se comienza degradando la fe y la vida y luego se vincula el pecado y la religiosidad y al final se convierte el pecado en religión. Lo más degradante de las aberraciones humanas esta a la base del satanismo.
- Bautismo de adultos mayores de quince años, que optan por el evangelio o retornar a la Iglesia católica. Aquí es donde tenemos en cuenta todo lo relacionado con el Ritual de Iniciación Cristiana de Adultos. (RICA). La sociología religiosa nos aporta hoy los datos del creciente número de adultos sin bautizar, así como las razones que los han conducido a esto: muchos no buscan el bautismo para sus hijos por el desarraigo religioso, el desplazamiento forzoso, el abandono de la Iglesia Católica, las dificultades por los requisitos para el bautismo de los adultos. Después del año 2000 el flujo de los católicos a las Iglesias va a ser importante. Muchos han quedado decepcionados por las falsas expectativas creadas por las sectas. Algunos vuelven a la Iglesia católica y esto exige de nosotros una preparación especial.
- Formación de pequeñas comunidades sectoriales, funcionales o personales (cárceles, hospitales) como espacio permanente y procesual de fe, de culto y de solidaridad, de discipulado y apostolado como elementos constitutivos.
- Generación de cultura cristiana desde el testimonio de la caridad y de inculturación del Evangelio desde el lenguaje y las formas de expresión de la fe. No entendemos el concepto de cultura solo como Escuela, Universidad, arte, medios de comunicación, sino como todo el quehacer humano que lleva a humanizar y hacer crecer, desde el testimonio de la caridad, que pretende la inculturación del Evangelio desde el lenguaje y las formas de expresión de la fe.
- Renovación de toda la pastoral profética, litúrgica, cultual y social, lo mismo que los procesos formativos en general y las estructuras pastorales a partir de las exigencias de la misión y concretamente de la nueva evangelización. La renovación catequética debe cimentarse sobre esta evangelización misionera previa (DGC 62)
Misión Permanente Ad gentes
En la Redemptoris Missio, haciendo eco al Decreto Ad gentes del Concilio Vaticano II, el santo Padre convoca a todas las Iglesias particulares a una verdadera recuperación del espíritu misionero, poniendo en movimiento todos sus recursos y aceptando la confrontación con las nuevas realidades.
Hoy se pide a todos los cristianos, a las Iglesias particulares y a la Iglesia universal el mismo valor que movió a los misioneros del pasado y la misma disponibilidad a la voz del espíritu (RM 30). La disponibilidad es el termino clave de la misionariedad. El primer escollo en la pastoral es la disponibilidad.
En Conclusión
Ninguna definición parcial y fragmentaria refleja la realidad rica compleja y dinámica que comporta la evangelización. Se corre el riesgo de empobrecerla e, incluso, mutilarla. Al contrario ella debe desplegar toda su integridad e incorporar sus intrínsecas bipolaridades: Testimonio y anuncio; Palabra y Sacramento; Cambio interior y Transformación social.
Los agentes de la evangelización han de saber operar con una visión global de la misma, e identificarla con el conjunto de la misma Iglesia (DGC 46).
La Catequesis para la Nueva Evangelización
De la Demanda Pastoral a la Oferta Evangelizadora
Estamos hablando de los que llegan y piden que el niño sea aceptado al bautismo, que los niños hagan la primera comunión o la confirmación en determinada fecha, o los que piden servicios pastorales de matrimonios, exequias, etc...
Todos los que llegan hoy demandan una atención pastoral inmediata. El catequista y el evangelizador en general debe transformar esa demanda en oferta evangelizadora. En este sentido debe:
- Superar la suposición de la evangelización y de la referencia personal a Cristo vivo como Salvador, Señor y Cabeza de la nueva humanidad. No se puede suponer esa referencia personal a Cristo vivo. El esposo no puede suponer el amor de la esposa, si ella nunca le da la cara, intercambian, si no se dicen palabras de amor y en definitiva, si no hay signos que sean sacramentos del amor. El amor no se supone, se verifica, y la referencia a Cristo no es un supuesto, sino que también tiene que ser verificada en lo personal. No se trata de una referencia a una doctrina, sino a una persona. Puedo tener una referencia a unos ritos muy vivos, pero estos no reemplazan la referencia a la persona. No es la referencia a una ley unos mandamientos o una instrucción. Lo primero es la persona viva de Cristo. Yo estoy con ustedes hasta el final de los tiempos.
Muchas personas que se retiran de la Iglesia argumentan que no habían conocido a Cristo como católicos, o que no tuvieron un auténtico encuentro con Cristo. Son frases que golpean el oído y el sistema emocional cristiano-católico.
No se pueden dar por supuestas la fe y la comunidad que la cultiva. Como en nuestra acción evangelizadora no tenemos misión sino pastoral, reducimos la evangelización a la pastoral y cuando recibimos a una pareja que busca el matrimonio, que fueron bautizados de niños y recibieron la primera comunión y los preparamos rápidamente para recibir la confirmación antes del matrimonio. Damos por supuesto que esta pareja tiene una experiencia de relación personal con el Señor, de conversión y que tiene una comunidad donde se ha cultivado y vivido la fe. En resumen, damos por supuestas esas dos cosas: el kerigma y la vida comunitaria.
De esta forma le damos el sacramento del matrimonio a una pareja que no tiene capacidad espiritual para responder por ese sacramento. Les pedimos que sean fieles y mantengan una unión indisoluble, que respeten la vida, que estén al servicio de la Iglesia, que sean evangelio del amor, pero no tiene de donde dar frutos.
Lo mismo sucede en muchas ocasiones con quienes entran en el Seminario. Si la formación no comienza por ser evangelizadora, ese joven termina siendo sacerdote, religioso o religiosa y hasta obispo, sin tener una referencia personal a Jesucristo; sin una vivencia de fondo y este es el origen de los dolores de cabeza de los ministros de la Iglesia. No se puede edificar sobre la arena de la religiosidad sin llegar a la roca que es Cristo (cf. Mt. 7, 24ss).
- Transformar la Catequesis, especialmente la presacramental con adultos y jóvenes en la puerta de entrada a los procesos de evangelización, a los itinerarios de fe renovada. Es la Catequesis Pre-evangelizadora que interpela con signos, con testimonios, con denuncia evangélica del culto vacío (La nueva alianza, que es el tema del post exilio del pueblo de Israel, se prepara con una denuncia del culto vacío y de las injusticias sociales, de la perversión de lo religioso y de la quiebra de valores causada por la falta de alianza y fidelidad con Dios. Anuncio de la presencia de Dios en Cristo resucitado, de la necesidad y posibilidad de nacer de nuevo (que es el tema clave para toda catequesis pre-evangelizadora). La catequesis tendría que suscitar la expectativa del Salvador y la salvación.
- El modelo de esta catequesis es Juan Bautista (Cf. homilía de Juan Pablo II a los catequistas en la celebración del Jubileo dic. 10 de 2000). El catequista debe ser voz que remite a la Palabra, amigo que guía hacia el esposo, además profeta que denuncia y precursor que señala e indica al Mesías esperado.
El dedo del catequista que señala a Jesús es la imagen de la catequesis para la nueva evangelización (He aquí al cordero de Dios que quita el pecado del mundo) que prepara el camino al kerigma (que no es un discurso o un sermón, una clase de teología, sino la presencia de la persona viva de Cristo que se presenta como solución de Dios a la vida de todo ser humano).
Algunos textos que nos permiten estudiar todo lo anteriormente señalado pueden ser los siguientes:
Juan 1, 35ss: Texto clave.
Juan 3, 22-36: El último testimonio del Bautista.
Mateo 3, 1-12: Exigencias de Conversión.
Mateo 14, 1-12: El Bautista confrontado con Herodes.
Lucas 3, 1-18:
Del Catequista Instructor al Misionero y Testigo
La Nueva Evangelización requiere de catequistas que hayan sido re-evangelizados, hayan hecho la apropiación de la iniciación cristiana y que tengan una vivencia de comunidad eclesial o comunidad apostólica. Por esto tenemos que cuestionar a quien le damos el nombre de catequista.
El ser, el saber y el saber hacer (DGC 238) debe conformarse con la experiencia personal y el espíritu propios de los testigos del Señor como Salvador personal y redentor del hombre.
El modelo el catequista testigo y misionero es el apóstol Andrés, que fue primero discípulo del Bautista y luego de Jesús. En Èl se configura lo que podría llamarse la Catequesis kerigmática, que busca a otros para llevarlos a Jesús. Recordemos que el apóstol Andrés, en el evangelio de Juan es quien lleva a los demás a Jesús. Es quien testimonia que ha encontrado a Jesús. Aparece en tres ocasiones, así:
Juan 1, 40ss: Es la experiencia personal del encuentro con Jesús que transforma su vida. Una vez que ha estado con Èl y ha visto donde vive, va su casa y cuando encuentra a su hermano mayor, Simón Pedro, lo conduce a Jesús. Andrés nunca le pide cuenta a Pedro de su servicio en haberlo conducido a Jesús, aunque este sea ahora quien preside al grupo de los discípulos.
Los catequistas también tienen su familia humana y allí deben dar testimonio de su fe como catequistas. No son pocas las ocasiones en que se aprecia que somos la luz de la calle y oscuridad de la casa, porque en nuestros propios hogares no tenemos un testimonio coherente y auténtico.
Juan 6, 1ss: Este apóstol que evangeliza a la familia, es también un apóstol que evangeliza a los jóvenes. Jesús le hace una pregunta capciosa a Felipe y este se encarta en responder, y en la consulta que hace a Andrés, Este, sin dudar, dice: aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces. Por esta razón es quien presenta a un joven como respuesta a la demanda que Jesús hace. El joven se convierte en el portador del milagro del amor de Dios.
Juan 12, 20ss: El Santo Padre Juan Pablo II toma de este texto la frase que sirve de pie para una de las partes de su Carta Apostólica Novo Millennio Ineunte unos gentiles griegos quieren ver a Jesús. Felipe le cuenta a Andrés la inquietud de los gentiles y este es el que los lleva a Jesús. Por esto podemos afirmar que también ejemplariza al catequista misionero, kerigmático, que es el evangelizador de su propia familia, que confía en los adolescentes y jóvenes y que es abierto a quien es diferente.
Su catequesis, como presentador de Jesús, busca proponer la conversión inicial, asegurar la conversión inicial. El DGC anota al respecto: En la misión ad gentes, esta tarea se realiza en el precatecumenado. En la situación que requiere la nueva evangelización se realiza por medio de la CATEQUESIS KERIGMATICA, que algunos llaman PRE-CATEQUESIS (DGC 62).
De la Catequesis puntual al Acompañamiento del Proceso Global
El Catequista de la Nueva evangelización y de la misión ad gentes debe conocer y poder acompañar los diversos momentos del proceso de la fe, especialmente aquellos que corresponden a la educación permanente de la fe, en la que el servicio de la Palabra desarrolla la educación básica de la iniciación cristiana y hace resonar (Katechein) el kerigma.
El termino catequesis como tal, surge hacia el siglo II y por esta razón no se encuentra en el Nuevo Testamento. Tiene el sentido de resonancia y eco a la Palabra de Dios y al kerigma.
Cada catequista debe ser un adulto en la fe y estar en capacidad de aportar en el proceso de hacer un cristiano adulto. Es muy importante señalar las expresiones catequesis de adultos, adulto, adulto en la fe, pastoral de adultos. Es toda una actitud nueva para nuestra pastoral que exige expresiones de evangelización, que estén a la altura de los adultos de hoy.
Ese proceso lo podemos recoger en los momentos de la martyría o testimonio inicial, el kerigma o primer anuncio, la metanoia o conversión a la persona de Cristo, la Koinonía o inserción en la comunión eclesial dentro de una vida comunitaria, la Didaje o educación en el discipulado permanente de la Palabra, la Liturgia o participación sacramental y céltica, la Diaconía o transformación social de la caridad y el servicio a los más pobres, y la missio o apostolado misionero.
Estos momentos constituyen en su integralidad la arquitectura de la fe como resultado de la Palabra proclamada, celebrada y vivida. podríamos decir que el proceso de la fe es un proceso vital que comienza con el testimonio, abre el paso al primer anuncio, que genera la conversión y el bautismo, en el nombre de Jesús y de la comunidad. Con el bautismo se hace la incorporación en la comunidad, y con la conversión comienzan los procesos que hacen parte de la educación permanente de la fe, la celebración y la vivencia de la liturgia en el culto y la proyección social, la vivencia de la caridad que es convertir la Palabra en vida (compromiso), en profunda relación con la diaconía, y finalmente el mismo apostolado cristiano que es la vivencia de todo este proceso
La Catequesis al Servicio de la Iniciación Cristiana
Especial interés hemos de poner en la catequesis que realiza la función iniciatoria en el marco de la Nueva Evangelización, tanto de quienes, como adultos, reciben el sacramento de la iniciación (Bautismo, Confirmación, Eucaristía), como de quienes, como los párvulos, van siendo iniciados en la fe de sus padres y de la comunidad eclesial (Bautismo, Confesión, Primera Comunión, Confirmación). La Confesión hay que verla como una actualización el Bautismo, con quien tiene más relación que con la Eucaristía. Es un sacramento del orden de la Evangelización y el kerigma; incluso se le ha dado en nombre de bautismo de lagrimas. Igualmente de quienes, siendo bautizados, necesitan apropiarse del bautismo y de su fe, o hacer plena su comunión con la Iglesia.
Para ello es fundamental familiarizar a todos los agentes de pastoral, empezando por los mismos responsables del primer anuncio, con el Ordo para la Iniciación Cristiana de Adultos, comúnmente conocido como el RICA, publicado en 1974. Dicho ritual es, en si mismo, un paradigma del proceso de la fe: Evangelización, precatecumenado, catecumenado, el tiempo de la purificación e iluminación con sus escrutinios y entregas, la celebración el sacramento de la iniciación (normalmente en la Pascua y la Confirmación en Pentecostés), y el tiempo de mistagogía o neofitado en los domingos de la Pascua.
El Ritual de Iniciación Cristiana de Adultos no es sólo para la misión ad gentes, ni para adultos exclusivamente, sino un paradigma para poner a toda la comunidad eclesial en estado de iniciación cristiana (Cf. Carlo Roccheta, Como evangelizar hoy a los Cristianos, Colección Teshura, Biblioteca Merciba, Bilbao, 1994).
En el Marco Fundamental del Año Litúrgico
Este tema merece una amplia exposición. aquí solo nos referimos a los aspectos más sobresalientes.
El Año Litúrgico, visto en su globalidad y en sus tres ciclos, es en si mismo, el paradigma y la armazón fundamental de la Evangelización, de la Pastoral y del itinerario de fe de la comunidad.
Tanto el proceso de primer anuncio, como de catecumenado o de conversión, de iluminación y purificación, de celebración de la iniciación cristiana y mistagogía, como el de koinonía y acciones pastorales, se ubican en el año litúrgico como en su matriz y ritmo celebrativo más apropiado.
El Año Litúrgico, con la celebración de la Pascua anual y semanal en el día del Señor, y con la Liturgia de las Horas, constituyen el eje de catequesis permanente de la comunidad entera.
Las tres rotaciones astrales del año (tiempo que demora la tierra para girar alrededor del sol) del mes (tiempo que tarde la luna para girar alrededor de la tierra) y del día (tiempo que tarda la tierra para girar sobre si misma) son las que toma el tiempo litúrgico para marcar el ritmo temporal histórico de la fe ascendente.
El año Litúrgico tiene un ciclo trienal, que nos pone en contacto con la Palabra de Dios en su novedad cada año y comunicar a la comunidad cristiana de hoy con la comunidad cristiana de ayer: Mateo en el ciclo A; Marcos en el ciclo B, Lucas en el ciclo C.
Los tiempos fuertes que son Adviento, Navidad, Cuaresma, Pascua, Pentecostés, Tiempo Ordinario, no deben verse como segmentos del misterio de Cristo, sino como un acto evocador de todo su misterio, como el único e indivisible misterio en toda su riqueza.
Las celebraciones mariológicas y santorales no pretenden expresar, tampoco, algo diferente del misterio del Salvador, sino anunciarlo, prolongarlo y llevar a Èl.
La recuperación del Dies Domini (El domingo) como pascua semanal y expresión central de la vida de la Iglesia y la Biblia Litúrgica (Leccionarios A, B y C), como lectio continua de la comunidad que se confronta con la primera comunidad cristiana, han de ocupar un espacio fundamental en la tarea de la catequesis. La gente va a la Eucaristía dominical buscando la Palabra Nueva para iluminar su vida.
Igualmente, la desprivatización de la Liturgia de las Horas, como la propone el Santo Padre, extendiendo las Laudes y las Vísperas a la oración de las comunidades (NMI 34), deberán ocupar un nuevo capítulo en la tarea de la Catequesis Eclesial.
Conclusión
La Catequesis en la Nueva Evangelización se enfrenta al gran desafío de la renovación del ministerio eclesial y de responder con la fuerza salvadora de Jesucristo a los retos del hombre de hoy. Desde la riqueza de la vida de la Iglesia, de sus fuentes y de su tradición, especialmente de la liturgia como paradigma inmediato de referencia, la respuesta se hace más clara y viable.