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VI Congreso

Discurso de Apertura

Pronunciado por Monseñor Carlos Sánchez Torres
Director General de la ESPAC

Excelentísimo Monseñor Octavio Ruiz Arenas, Obispo de Villavicencio; Excelentísimos Señores Obispos; Señor Gobernador del Departamento del Meta; Señor Vicario de Pastoral de la Diócesis de Villavicencio; Señor Diácono Luis Calos Escobar responsable de la logística y organización de este Congreso, presidentes y miembros de las diferentes comisiones diocesanas preparatorias del Congreso; venerables señores curas párrocos; sacerdotes, diáconos, religiosas y catequistas de Villavicencio, asistentes de otras diócesis; amadísimos coordinadores y alumnos ESPAC:

El código de Derecho Canónico, que de ninguna manera puede ser considerado por nosotros como un compendio de prescripciones y de prohibiciones dentro de la Iglesia sino como la expresión de la voluntad de Dios para el cabal cumplimiento de su designio salvador, nos invita a repetir ante cada una de sus determinaciones lo que para Cristo constituyó la norma suprema de su vida: «lo que a mi Padre le agrada, es lo que yo hago siempre»; «mi alimento es hacer la voluntad de mi Padre»; «Padre, si no es posible que pase este cáliz, hágase tu voluntad»; «todo lo he cumplido».

El Concilio Vaticano II se ocupó ampliamente de la misión de enseñar que tiene la Iglesia recibida de Cristo y nos dejó abundante doctrina en sus Constituciones y Decretos. Posteriormente, el Código de Derecho Canónico, al legislar sobre este tema, establece: «En la Iglesia particular (diócesis) ejerce la función de enseñar el Obispo quien es el moderador de todo el ministerio de la Palabra» (Cn 756,2); y agrega: es propio de los presbíteros, como cooperadores de los Obispos, anunciar el Evangelio de Dios; esta obligación afecta principalmente a los párrocos y a quienes se encomienda la cura de almas; también esta misión corresponde a los diáconos en comunión con el Obispo y el presbiterio,» (Cn 757); y agrega el Código: «Los miembros de los institutos de vida consagrada, en virtud de su propia consagración a Dios dan testimonio del Evangelio de manera peculiar y es conveniente que el Obispo los tome como ayuda para anunciar el Evangelio» (Cn 758); y continúa el Código: «En virtud del Bautismo y la Confirmación, los fieles laicos son testigos del anuncio del Evangelio con su palabra y el ejemplo de su vida cristiana y pueden ser llamados a cooperar con el Obispo y con los presbíteros en el ejercicio del ministerio de la palabra.» (Cn 759).

Obispos, presbíteros, diáconos, religiosos, religiosas, laicos, es decir, la Iglesia toda, está comprometida en la causa de anunciar el Evangelio, de educar la fe de los creyentes y de conducirlos a ser partícipes de la vida divina por la vivencia de los sacramentos.

Convocados hoy para escuchar una vez más hoy la voz de Jesucristo: «como mi Padre me envió, así yo os envío...», la fe, el amor y el compromiso ejemplares de los catequistas ESPAC, que por estos días se reúnen en Villavicencio, obedientes a la voz de Dios expresada por sus obispos, los llevó a dejar casa, parentela y ocupaciones para emprender penoso viaje desde remotas tierras, ansiosos de encontrarse aquí para compartir una vez más la feliz experiencia ESPAC de cada dos años.

Quedan muy vivos en nuestro recuerdo los rasgos de los cinco congresos anteriores a tiempo que respiramos todavía el ambiente cálido y lleno de alegría de nuestro V-Congreso en Barranquilla, cuando junto a la inmensidad del Mar Caribe el Señor nos decía: «Rema mar adentro». Hoy, situados frente a esta otra inmensidad, la de los Llanos Orientales, el mismo Señor, que del fondo de esta inmensidad saca todos los días el sol que ilumina nuestra vastísima geografía patria y le da calor y vida, quiere orientar nuestro actuar de catequistas con la idea que nos congrega: «El Coordinador ESPAC, proyección de la luz de Cristo».

Nos hemos reunido, en efecto, para presenciar el más bello amanecer llanero que habrá de iluminar con nuestra acción de catequistas, desde esta Diócesis de Villavicencio, a la Iglesia de Colombia representada en los aquí presentes y en quienes, sin estar aquí, se glorían de ser miembros de la familia ESPAC.

Quizás, quienes nos miren desde fuera de nuestra vocación y de nuestro compromiso pretendan observarnos, como en la noche de un eclipse de luna, con sofisticados aparatos y criterios de ciencia y tecnología, pensando que nuestra misión se basa en sabiduría humana. Nosotros, por el contrario, sabemos que nuestra ciencia procede del conocimiento vivencial de Jesucristo y de su mandato con el poder del Espíritu del Evangelio. Nos impulsa la espiritualidad misionera de la ESPAC que hemos venido bebiendo a lo largo del proceso de formación y particularmente en nuestros congresos de cada dos años. Desde Montería, en 1995, emprendimos un camino, como allí se nos enseñó, «con los pies descalzos» y así, en la humildad, hemos continuado nuestro caminar. Esto no obstante, para proseguir nuestro camino junto a Jesús en el comienzo del nuevo milenio, hoy se nos repite, con aire llanero: «ponte las sandalias de Jesús».

Ponernos las sandalias de Jesús ¿Qué otra cosa podrá ser sino vivir en plenitud el eslogan que hoy nos congrega: «El Coordinador ESPAC proyección de la luz de Cristo»?.

Ponernos las sandalias de Jesús en la ESPAC es, en términos generales del SER, del SABER y del SABER HACER del catequista, adoptar un programa de formación de los Coordinadores que nos permita llegar a ser expertos en la orientación de los procesos catequísticos en la parroquia y en la diócesis conforme a lo establecido en el Directorio General para la Catequesis.

Ya en mi carta convocatoria a este Congreso y en mi alocución en la XI-Asamblea Nacional de Delegados, de noviembre pasado, sugería algunas ideas generales que considero de importancia traer de nuevo para los fines que aquí nos proponemos. Y las traigo ahora porque lo que me propongo decir es tarea que compete por igual y según los carismas y ministerios concedidos a todos aquellos que acabo de mencionar, al extractar del Código de Derecho Canónico, los responsables de la misión de enseñar en la Iglesia

Supuesto lo anterior, ponernos las sandalias de Jesús será, para los evangelizadores, para todos en la ESPAC, pero, en particular, para los Coordinadores ESPAC de Colombia, cinco aspectos fundamentales:

1- Saber articular la teología y la catequesis

En la definición del perfil de un Coordinador ESPAC, «en su ser, en su saber y en su saber hacer», se debe dar prioridad a una formación teológica suficiente que le permita lograr un doble objetivo: el de procurar una exposición razonada y coherente del contenido doctrinal de la catequesis como la enseña el Catecismo de la Iglesia Católica, y el dominio de los métodos catequísticos y de las ciencias auxiliares de la Catequesis conducentes a la mejor transmisión de dicha doctrina. Es decir, debemos propender porque nuestros coordinadores y nuestros catequistas estén capacitados para proponer una visión inteligente y razonada de la fe cristiana: actualizada y adaptada a los destinatarios en su mundo, en su historia y dentro de su contexto sociocultural.

El Concilio Vaticano II, al respecto, resume este aspecto del ministerio de la Palabra diciendo que catequizar es hacer que los hombres adquieran una fe viva, explícita y activa esclarecida por la doctrina (Cf. Chr. D. 14). Según ésto, ponese las sandalias de Jesús es saber que el dinamismo profundo de la fe cristiana debe desarrollarse primeramente en los coordinadores; a través de ellos en los catequistas y, mediante estos, en los niños, en los jóvenes y en los adultos, de manera organizada y sistemática para iniciarlos y llevarlos a la plenitud de la vida cristiana. (Cf. CT 18).

Digo ésto porque sabemos bien que la catequesis, en el conjunto de la evangelización, es la etapa de la enseñanza y de la maduración de la fe; es el tiempo en el que el cristiano, habiendo aceptado por la fe inicial la persona de Jesucristo como el único Señor y habiéndole dado una adhesión global por una sincera conversión del corazón, se esfuerza por conocer mejor al Jesús a quien se ha entregado (Cf. CT 20).

Cuando empleo la palabra «enseñanza» no me estoy apartando del Evangelio que utiliza con frecuencia este vocablo para decir que Jesús enseñaba a sus discípulos: (Cf Lc 4.31-32; 5,3; 5.17; Mc 1,21-22; 4,1: 2.13; Mt 7,28-29, Jn 6,45: 16, 26). El Coordinador ESPAC está llamado a ser un maestro de la fe, sabiendo que la fe no es sólo un sentimiento, una exclamación o una generosidad, sino también un conocimiento y una fidelidad. No basta con decir a Jesús SI sin saber lo que entraña ese SI. Es por ésto que el cristiano tiene necesidad de conocer, lo mejor posible, el misterio de Dios, su proyecto sobre el hombre y la historia de la Alianza (Cf. DGC 240).

Según ésto, «ponernos las sandalias de Jesús», a partir de Villavicencio, va a exigirnos que nuestro Programa de formación del Coordinador ESPAC deba ser de gran calidad teológico-catequística que englobe conocimientos suficientes de exégesis, de dogma y de moral, juntamente con las ciencias humanas de la educación. ¿Cómo lo vamos a hacer? La repuesta nos la debe dar este Congreso.

Ponernos las sandalias de Jesús será, en segundo lugar,

2- Valorar la cultura y la inculturación de la fe

Tal es la espiritualidad ESPAC que nos ha venido guiando desde el III-Congreso en Manizales 1997 y el IV-en Bogotá en 1999. Así como la humanidad histórica de Jesús le permitió proclamar la Palabra de Dios a las gentes de su tiempo, la inculturación de la catequesis debe lograr que el Evangelio sea palabra concreta para cada cultura. La lógica de la Palabra de Dios en el testimonio de Jesús es una lógica de encarnación. Cuando Jesús proclamaba la Buena Nueva no lo hacía de manera ajena a la mentalidad de sus oyentes: asumía todas las peculiaridades de la condición humana en un lugar y en una época determinados, dentro de un contexto social y político preciso. En su predicación Jesús utilizaba imágenes y fórmulas que recordaban a sus oyentes las realidades de su cultura. Esto nos lleva a pensar que el lenguaje de Cristo debe continuar encarnándose en el aquí y en el ahora del ambiente multicultural de Colombia a través de nuestra catequesis. En esta perspectiva, una catequesis inculturada debe mostrar que la evangelización no es cuestión de técnicas y tácticas humanas más o menos eficaces, sino el espacio creador de las condiciones que le permitan a Jesús realizar en cada cultura y en cada persona lo que aún falta a su Encarnación. Por ello, la inculturación de la catequesis exige del Coordinador un buen conocimiento de la Biblia y de su mensaje, atención a los interrogantes y esperanzas existenciales de las personas con miras a actualizar adecuadamente el mensaje bíblico que determina la respuesta a los interrogantes acerca del sentido de la vida y del destino del hombre y del mundo.

Fundamentalmente, ponerse las sandalias de Jesús, en lo referente a la inculturación de la catequesis exige, en el SABER HACER del Coordinador, tener gran capacidad para discernir las relaciones existentes entre la fe y la cultura que condicionan la comunicación y la apropiación de la fe. Los textos de Gaudium et Spes y de Catechesi Tradendae lo mismo que del Magisterio posterior de la Iglesia sobre este tema y concretamente del Directorio de Religiosidad Popular y la Liturgia, deben ser conocidos y asimilados por el Coordinador hasta lograr la metodología de la inculturación de la catequesis y de la fe.

En tercer lugar, ponerse las sandalias de Jesús es para un Coordinador ESPAC

3. Aprender a comunicarse

En nuestra cultura moderna y postmoderna del lucro y del consumismo, la fe aparece como un fenómeno extraño. En la cultura pluralista de nuestras democracias, se respeta la fe de los cristianos lo mismo que las creencias de los demás, pero por ser católicos, se nos considera como personas extrañas, se nos mira como a aquellas personas que aman los muebles antiguos muy propios para un salón muy elegante amoblado a la antigua. Es por ello que los de la cultura de la informática y del robot cuando nos miran, piensan que nosotros nos vestimos a la moda pero amoblamos la casa al gusto de culturas ya superadas.

Esto explica bien lo que nuestro Premio Nobel de literatura Gabriel García Márquez, en su prólogo al libro recién aparecido del científico Rodolfo Llinás «El cerebro y el mito del yo», dice del científico Llinás cuando era alumno de primaria del Gimnasio Moderno de Bogotá: «Lo más difícil para él era tal vez la religión católica cuyos dogmas tenía que aprenderse de memoria sin entenderlos. Lo exasperaba que le prohibieran hablar en misa si no molestaba a nadie. No concebía que las bendiciones llegaran a los fieles, si eran echadas al aire por un sacerdote que no miraba a nadie, pues en su lógica pura no debían lanzarse al azar sino con ciertas dimensiones geométricas para que llegaran a donde el oficiante se proponía. Por estas y otras muchas razones las clases de religión sólo le servían para poner en duda la existencia de Dios, porque nadie supo cómo explicárselo, ni lo ayudaron a descifrar el rompecabezas teológico de que tres personas distintas fueran en realidad un solo Dios verdadero».

El Coordinador ESPAC debe saber bien que nuestra sociedad científica desarrolla cada día más las ciencias y las técnicas y que los medios de comunicación: cine, televisión, internet son hoy el «aerópago» para anunciar al «Dios desconocido» de la sociedad moderna. Esto supone que ponerse las sandalias de Jesús sea, para un catequista familiarizarse con el universo de las ciencias modernas de la comunicación.

Y como una imagen dice más que mil palabras, llamados a dar razón de nuestra esperanza (1Pe 3,15), debemos reconocer que los catequistas no solemos siempre proyectar nuestra vida con la transparencia necesaria para que los demás puedan reconocer de dónde nos viene tal esperanza. Por eso repetiremos hasta la saciedad: «El Coordinador ESPAC es proyección de la luz de Cristo».

En cuarto lugar, ponerse las sandalias de Jesús significa

4. Dar prioridad a la catequesis de adultos

El Directorio General para la Catequesis, en el número 258a nos dice que la catequesis de adultos debe asumir siempre una importancia prioritaria. Se trata de impulsar una catequesis postbautismal, a modo de catecumenado que vuelva a proponer algunos elementos del Ritual de Iniciación Cristiana de Adultos destinado a hacer captar y vivir la inmensa riqueza del bautismo recibido. Esto implica para el Coordinador ESPAC ponerse las sandalias de Jesús, es decir, adquirir una capacitación que le permita diseñar y promover programas adaptados pedagógica y metodológicamente a los propósitos de la iniciación cristiana. En esta dimensión se está orientando la reforma del proceso de formación de los futuros catequistas en la ESPAC.

A este respecto, el Papa Juan Pablo II en reciente alocución a los obispos de la Conferencia Episcopal Italiana (20 mayo 2003) les decía: «El desafío de la Iglesia se centra, hoy, en la transmisión de la fe a las futuras generaciones, en un contexto en el que ser cristiano va «contra corriente». Para anunciar la fe a las nuevas generaciones es necesario crear medios de «iniciación cristiana» que den «amplio espacio al anuncio de la fe», ofreciendo «las motivaciones fundamentales de manera proporcionada a la edad y a la preparación de las personas».

«En esta labor, dice el Papa, es de gran importancia dar inicio muy pronto a la educación cristiana de los niños para que sea vitalmente asimilada desde los primeros años. Ningún niño bautizado debe ser privado del alimento que hace crecer la semilla que se ha puesto en él el Bautismo. Por su parte, los sacerdotes, los catequistas, y los formadores están llamados a cultivar el dialogo personal con los muchachos, adolescentes y jóvenes, sin esconder la grandeza de la llamada de Dios y el exigente compromiso de la respuesta».

Finalmente, ponerse las sandalias de Jesús significa dar suma importancia a

5. La liturgia y la piedad popular

Para ello, el Coordinador debe estar debidamente capacitado para establecer las sanas relaciones que deben existir entre la liturgia y la piedad popular:

  1. reconociendo y valorando los frutos de vida cristiana y de santidad que las expresiones de piedad popular, reconocidas y aprobadas por la Iglesia, han producido y siguen produciendo en los fieles,
  2. apoyando la vida espiritual de los fieles con las prácticas de piedad popular y, mediante ellas,
  3. contribuyendo a salvaguardar la fe y a promover la difusión del mensaje cristiano.

Deben saber muy bien los Coordinadores que la relación entre liturgia y piedad popular se deteriora cuando en los fieles se debilita la conciencia de los valores propios de la liturgia, vale decir:

  1. Cuando disminuye o se desconoce el sentido de la Pascua y su lugar central en la Historia de la Salvación. Cuando ésto sucede, los fieles desvían su dimensión cultual hacia episodios de piedad popular distantes de la fe.
  2. Cuando se desconoce el sentido del sacerdocio común de los bautizados en virtud del cual todos los fieles están habilitados para ofrecer sacrificios agradables a Dios por medio de Jesucristo (Cf 1 Pe 2,5) en la vida sacramental y se ven obligados a reducirse a prácticas piadosas privadas, pretendiendo agradar a Dios a su manera.
  3. Cuando la acción absorbente y posesiva de los clérigos cierra el espacio propio de los laicos, en aquellas acciones que litúrgicamente son propias de éstos.
  4. Cuando se desconoce el lenguaje propio de la liturgia (el de los signos, de los símbolos y los gestos rituales) haciendo que los fieles pierdan el sentido de la celebración. Es entonces cuando los laicos optan por los ejercicios privados de piedad que responden más a sentimientos y situaciones personales que a una vida centrada en Cristo.

Cuando ésto sucede, se produce el desequilibrio en las relaciones que deben existir entre liturgia y piedad popular con detrimento de la liturgia y con empobrecimiento de la piedad popular.

El VI- Semestre ESPAC, consagrado al estudio de la Sagrada Liturgia y de la Piedad popular, y que hemos denominado «La Liturgia en la Nueva Evangelización» basado en el estudio de la Constitución Conciliar Sacrosanctum Concilium, permitirá a los coordinadores y alumnos descubrir la relación armónica que existe entre las dos expresiones de la piedad: la Liturgia y la Piedad Popular. Allí ha quedado establecido que no se pueden plantear las relaciones entre liturgia y piedad popular en términos de oposición, ni que es posible admitir que la piedad popular se equipare a la liturgia o que la pueda sustituir. Allí conocerán los catequistas que concluyen su proceso de formación, el pensamiento de la Iglesia expresado tanto en la Constitución Conciliar Sacrosanctum Concilium como en el Directorio sobre la Piedad Popular y la Liturgia.

VI Congreso

Discurso de Apertura
  Saber articular la teología y la catequesis
  Valorar la cultura y la inculturación de la fe
  Aprender a comunicarse
  Dar prioridad a la catequesis de adultos
  La liturgia y la piedad popular

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Actualizado: 9/16/05 - webmaster