Ponencias
Hacia donde va (Debería ir) la Catequesis
Manuel José Jiménez R. Pbro.
1. Hacia donde va la catequesis. Ese es el argumento pensado por las directivas de la ESPAC para reflexionar en el marco de este congreso de catequesis. Dicho argumento podría ser analizado y pensado de distintas maneras y desde distintos marcos. Para su estudio podríamos partir de la realidad y tratar de analizar hacia donde vamos en la hipótesis de que sigamos así y de que no cambiamos o renovemos nuestra práctica, siempre y cuando seamos conscientes de que hay algo para mejorar. De lo contrario, sacaríamos como conclusión que como vamos, vamos bien y, por lo mismo, hay que seguir haciendo las cosas como hasta ahora. Pero si al revisar el como vamos y hacia donde vamos, vemos que no podemos seguir actuando ni pensando de la misma manera, o de lo contrario iremos cada vez de mal en peor, intentaremos corregir y replantearnos muchas de las cosas que hacemos en la campo de la catequesis. Sin querer ser extremistas, se puede decir, citando al Cardenal Ratzinger que la catequesis actual es un total fracaso. Pues nunca como antes teníamos tantos agentes formados, contábamos con tantos recursos y material didáctico. Pero los resultados no son expresión de todo este inmenso esfuerzo personal y didáctico. Creemos que si hay que renovar en el campo de la catequesis y mucho. Pero no tanto en las formas, sino ante todo y como elemento esencial, en la orientación de fondo de la catequesis.
2. Otro camino para estudiar hacia donde va la catequesis, sería el llevar a cabo un estudio exhaustivo y detallado de los planes de pastoral de nuestras diócesis. Limitándoos al caso Colombiano, claro está. Podríamos analizar el concepto de catequesis que existe en ellos, las metas que se proponen, los agentes y su formación, los aspectos de renovación, si es que aparecen. Un estudio de este tipo nos permitiría conocer, como lo llaman algunos, el estado del arte de la práctica catequística en nuestro país o al menos en las diócesis en donde hace presencia la ESPAC. En este caso, habría que mirar también hasta que punto la presencia de la escuela y de los catequistas ESPAC inciden en la practica catequística, si ha permitido mejorar los procesos existentes, si la catequesis ha crecido en cualidad, etc.
3. No negamos la necesidad y la pertinencia de estas posibles miradas. Estamos convencidos que estamos en mora de realizar este tipo de análisis. Aunque no faltarían quienes lo vieran innecesario, ya que conocer lo que se hace en el campo de la catequesis no necesita de mayor estudio y reflexión. Al fin y al cabo en todas las parroquias se hacen catequesis con ocasión del Bautismo, de la primera comunión y de la confirmación, así como cursos con ocasión del matrimonio. Se piensa que es algo tan normal en nuestras parroquias que no necesitamos matarnos la cabeza pensando en lo que estamos haciendo y en el como lo estamos haciendo.
4. Para la siguiente reflexión hemos optado por pensar el hacia donde va la catequesis desde las indicaciones del magisterio de la Iglesia, tomando como referente fundamental de análisis el Directorio General para la Catequesis del año 1997. Por eso pensamos que más que hablar de hacia donde va la catequesis, deberíamos hablar mejor de hacia donde debería ir la catequesis. Es decir, nos colocamos más en la perspectiva del deber ser que del ser. Sabemos que no existe oposición entre los dos, pues el deber ser se nos presenta como el horizonte de sentido hacia el cual debemos caminar y orientar nuestra acción.
A los que puedan llegar a pensar que una reflexión de este tipo es descontextualizada y poco actual, sería suficiente entender el propósito de este documento para ver la pertinencia de esta mirada. En el prologo del documento se afirma la intencionalidad del mismo. Leemos en el número 9: La finalidad del presente Directorio es, obviamente, la misma que perseguía el texto de 1997. Se propone, en efecto, indicar los principios teológicos pastorales de carácter fundamental - tomados del Magisterio de la Iglesia y particularmente del Concilio Ecuménico Vaticano II - por los que pueda orientarse y regirse más adecuadamente la acción pastoral del ministerio de la palabra y, en concreto, la catequesis. El propósito fundamental era y es ofrecer reflexiones y principios, más que aplicaciones inmediatas o directrices prácticas. Tal camino y método se emplea, sobre todo, por la siguiente razón: únicamente si desde el principio se entiende con rectitud la naturaleza los fines de la catequesis, como también las verdades y los valores que deben transmitirse, podrán evitarse defectos y errores en materia catequética (DGC 9).
5. De esta larga cita del Directorio General para la Catequesis podemos subrayar lo siguiente. Primero, tener claro que es en este documento, donde podemos encontrar el deber de la catequesis. Es el documento que nos ofrece los criterios de orden teológico y pastoral que deben orientar y regir nuestra acción. Por eso, si queremos saber hacia donde va la catequesis, hemos de recurrir a él necesariamente. Segundo, al tener este carácter orientativo, es el documento base para revisar nuestra práctica catequística actual. Una comparación con sus indicaciones, así sean de carácter general, nos permiten examinar el ser de nuestra práctica con el deber ser señalado por la Iglesia en su magisterio. Como lo señala la frase en estudio: solo si se entiende con rectitud la naturaleza y los fines de la catequesis, podrán evitarse errores en materia catequética. De este modo, el Directorio es a la vez un documento que nos permite revisar y proyectar. Revisar desde sus orientaciones lo que estamos haciendo y proyectar el camino a construir, a mejorar.
Un añadido más para entender el porqué de la actualidad y la necesidad de recurrir al Directorio como documento guía para conocer hacia donde va (o debería ir) la catequesis. El problema actual de la catequesis no es en cuestión de instrumentos y de técnicas. Pensemos en la cantidad de posibilidades que encontramos en este sentido. El mayor problema de la catequesis actual, lo señalaba en su momento el Directorio y sigue presente aún hoy día (seis años después de la publicación del documento), es que la naturaleza y los fines de la catequesis no son comprendidos en su rectitud. Como lo afirma el mismo documento: Algunos problemas, sin embargo, deben ser hoy examinados con particular cuidado, tratando de encontrar la solución a los mismos. El primero se refiere a la concepción de catequesis como escuela de fe, como aprendizaje y entrenamiento de toda la vida cristiana, concepción que no ha penetrado plenamente en la conciencia de los catequistas (DGC 30).
Lo grave del asunto es que este no es un problema secundario. Es EL PROBLEMA central de nuestra práctica actual, problema que lleva a que cometamos, así sea con la buena intención de la evangelización, muchos errores en materia catequética. El reconocimiento de que ESTE ES EL PROBLEMA del cual se explican el resto de problemas y reduccionismos en la catequesis actual, es el primer paso para el cambio. Tomar conciencia de esta realidad es empezar a cambiar, a renovar nuestra práctica, a entender las razones por las cuales nuestra práctica actual no corresponde al deber ser de la catequesis, o mejor, a la naturaleza y fines de la catequesis en sí misma, no en lo que a veces pensamos equívocamente que es.
6. Podría pensarse que una reflexión de este tipo es más teórica que práctica, y por lo mismo lejana de la realidad y de nuestra cotidianidad. Se podría argüir que pensar en conceptos en donde lo que necesitamos es criterios para la acción, es tiempo perdido. Pero esta no es la perspectiva del Directorio ni de otros documentos actuales de catequesis. Se trata de pensar en la cuestión de fondo, sin la cual las formas quedan sin sentido, sin rumbo claro y preciso. Quizá es la falta de reflexión sobre estos problemas que nos llevan a un activismo demasiado difuso y sin rumbo.
En este orden de ideas pensemos en la siguiente afirmación del Directorio General para la Catequesis: La concepción que se tenga de la catequesis condiciona profundamente la selección y organización de sus contenidos (cognoscitivos, experienciales y comportamentales), precisa sus destinatarios y define la pedagogía que se requiere para la consecución de los objetivos (DGC 35). Como puede verse no hay nada más práctico que una buena teoría. Pues del concepto que tengamos de catequesis depende lo que hagamos de ella en la práctica. Y para aquellos que aún no están muy convencidos de este tipo de reflexión, qué pensar de ésta otra afirmación, ya no del Directorio, sino de una relectura y aplicación del mismo para América Latina: La catequesis no puede realizarse como una iniciativa particular aislada, sino que debe estar animada por la unidad en el Espíritu, que es la fuente de la comunión y participación de los agentes. Para lograrlo, es preciso que los catequistas identifiquen adecuadamente la naturaleza de la catequesis y la de su propia misión, a fin de no confundirla con otras acciones pastorales, ni pretender de la catequesis acciones que no le correspondan (La catequesis en América Latina. Orientaciones comunes a la luz del Directorio para la Catequesis 217).
7. Hemos dicho que necesitamos tener un concepto claro de lo que es catequesis. De una comprensión clara y adecuada de su naturaleza y sus fines podemos evitar muchos errores en materia catequética (palabras del Directorio), o no confundir la catequesis con otras acciones pastorales o no pretender de la catequesis acciones que no le correspondan (palabras del documento de orientaciones de la catequesis para América Latina). De una lectura del Directorio General para la catequesis podemos encontrar dos definiciones /descripciones de lo que es la catequesis en la Iglesia. Para el Directorio la Catequesis es tanto una etapa del proceso de evangelización como una forma del Ministerio de la Palabra. Son dos maneras de entender la catequesis de forma complementaria, maneras a través de las cuales el Directorio expresa la naturaleza y fines de la catequesis. Y que para el caso que nos ocupa expresan el hacia donde va la catequesis o lo que hemos llamado también lo que debería ser la catequesis.
8. Veamos primero lo que significa que la catequesis sea una etapa de la evangelización. Para el Directorio, retomando otros documentos como Ad Gentes y Redentoris Missio, el proceso de la Evangelización que es único e idéntico en todas partes y en todas las condiciones, aunque no se realice del mismo modo según las circunstancias, se despliega con una dinámica peculiar, estructurada por etapas o momentos esenciales. Estas son: a) La acción misionera para los no creyentes y para los que viven en la indiferencia religiosa; b) la acción catequética, de iniciación para los que optan por el evangelio y de reiniciación para los que necesitan completar o reestructurar su iniciación; y c) la acción pastoral para los fieles cristianos ya maduros, en el seno de la comunidad cristiana (DGC 49).
Esto hace ver que la Iglesia, aun conteniendo en sí permanentemente la plenitud de los medios de salvación, obra de modo gradual. El decreto conciliar Ad Gentes (AG) ha clarificado bien la dinámica del proceso evangelizador en los siguientes términos: a) testimonio cristiano, b) diálogo y presencia de la caridad, c) anuncio del evangelio y llamada a la conversión, d) catecumenado e iniciación cristiana, e) formación de la comunidad cristiana, por medio de los sacramentos con sus ministerios (AG 12-18).
Lo anterior significa que la dinámica de la evangelización está al servicio del proceso de conversión permanente y del crecimiento continuo en la fe, ya sea para suscitarla, fundamentarla o alimentarla. Y ello porque la fe es un don destinado a crecer en el corazón de los creyentes. En efecto, la adhesión a Jesucristo da origen a un proceso de conversión permanente que dura toda la vida. Quien accede a la fe es como un niño recién nacido que, poco a poco, crecerá y se convertirá en un ser adulto, que tiende al estado del hombre perfecto, a la madurez de la plenitud en Cristo (DGC 56).
Aparece claro que a la función de iniciación, propia del momento catequístico o catecumenal, anteceden unas acciones y surgen como consecuencia otras acciones. Se trata de tomar conciencia de tres cosas. Primero, que si bien es verdad que la iniciación cristiana es elemento fundamental y prioritario de toda acción evangelizadora, no debe ser confundida con la totalidad del proyecto evangelizador. Segundo, de cara a un proyecto unitario, coherente y global de iniciación cristiana, entender que no es suficiente que estructuremos de modo armónico sus elementos litúrgicos y catequéticos, sino que además tengamos presente lo que precede (acción misionera - primer anuncio) a la iniciación cristiana y lo que sigue como consecuencia o resultado del proceso (acción pastoral). Es decir, se trata de tanto el "antes" como el "durante" y el "después" de la iniciación cristiana y de la catequesis que la acompaña necesariamente. Y, tercero, tengamos presente lo que señala un documento catequístico actual acerca de la necesidad de respetar los procesos y los específico de cada una de estas etapas: Los elementos de la evangelización tienen una concanetación dinámica, que viene pedida por el nacimiento y crecimiento de la fe... La fe cristiana, en efecto, es una realidad dinámica, que va madurando... La gradualidad de la acción evangelizadora corresponde a las etapas de este nacimiento, crecimiento y maduración en la fe. Muchas veces, sin embargo, observamos en nuestra acción evangelizadora una confusión de planos. Se realizan acciones pastorales inadecuadas al nivel real de la fe de las personas a las que se dirigen. Por ejemplo, catequizamos frecuentemente cristianos ya iniciados, que necesitarían otro alimento. Otras veces desarrollamos un proceso catequizador con adultos que no tienen la fe inicial requerida para poder asimilarlo. La situación de lejanía de la fe de muchos que solicitan los sacramentos requiere una acogida y un tratamiento evangelizador que, muchas veces, no sabemos ofrecer. La gradualidad de la evangelización es signo del respeto de la Iglesia al crecimiento personal del creyente. Su amor maternal desea dar a cada uno el alimento más adecuado a su situación. En modo alguno significa camuflar o silenciar exigencias de la evangelización, sino saber respetar las posibilidades graduales del destinatario, adaptándose al momento en que se encuentra(Catequesis de adultos, 37).
De este modo estaríamos acogiendo las siguientes indicaciones del Directorio General para la Catequesis: "Al definir la catequesis como momento del proceso total de la evangelización, se plantea necesariamente el problema de la coordinación de la acción catequética con la acción misionera que la precede, y con la acción pastoral que la continúa. Hay, en efecto, elementos que preparan a la catequesis o emanan de ella". (DGC 276). Y ello, en razón de que nuestra situación de nueva evangelización, exige que las tres acciones o etapas de la evangelización, se conciban coordinadamente y se ofrezcan mediante un proyecto evangelizador misionero, catecumenal y comunitario unitario (DGC 277). Para el caso concreto de la catequesis de iniciación, esta coordinación se hace más necesaria ya que ella es el eslabón necesario entre la acción misionera que llama a la fe y la acción pastoral que alimenta constantemente la comunidad cristiana. Como afirma el Directorio: "sin ella la acción misionera no tendría continuidad y sería infecunda. Sin ella la acción pastoral no tendría raíces y sería superficial y confusa" (DGC 64).
Y es que la relación entre las tres etapas es básica para la marcha de los procesos de iniciación. La acción misionera, la acción iniciatoria y la acción comunitaria forman una unidad tan fuerte que cualquier acentuación unilateral o cualquier descuido en una de ellas, perjudica todo el conjunto. De modo tal que es posible afirmar: sin una buena acción misionera es imposible una buena iniciación cristiana; sin la existencia de comunidades cristianas vivas la iniciación cristiana será, igualmente, superficial; y sin una adecuada pastoral comunitaria en la etapa de acción pastoral, la acción misionera y la acción iniciatoria carecerían de meta y de referente animador.
9. La catequesis: una función o forma del ministerio de la Palabra. El Ministerio de la Palabra (pastoral profética), al lado del ministerio del servicio (pastoral social), del ministerio de la liturgia (pastoral litúrgica) y del ministerio de la comunión (pastoral de la comunión), es uno de los elementos fundamentales de la evangelización en su etapa de acción pastoral, entendida como la etapa dirigida a los fieles de la comunidad cristiana con el propósito de alimentar continuamente su fe.
Para comprender esto recordemos brevemente lo que dijimos anteriormente sobre el proceso de evangelización: El anuncio del Evangelio a todos los hombres trata de suscitar la fe y la conversión. Por eso la evangelización no es un fenómeno que se produzca automáticamente, sino un proceso continuo en la vida de los creyentes. Puede decirse que dura toda la vida, desde el momento en que se oye hablar por primera vez de Cristo y de su Evangelio, o se perciben sus signos.
Hemos de constatar que el término evangelización ha tenido una evolución clara a lo largo de los últimos años, especialmente desde que la teología de la misión ha estado presente en la teología pastoral. De hablar de evangelización como llevar el primer anuncio del evangelio a los que no lo conocían, por medio, ante todo, del ministerio de la palabra, la evangelización ha llegado a comprenderse como el proceso global de la vida de la Iglesia. De este modo, se habla de etapas de la evangelización en el camino hacia la plenitud creyente (acción misionera, acción catequística y acción pastoral) y se contemplan las distintas acciones que la evangelización abarca (ministerio de la palabra, ministerio del servicio, ministerio de la comunión y ministerio de la liturgia).
En este sentido, la evangelización aparece configurada por unas etapas que buscan suscitar, fundamentar y alimentar permanentemente la fe: acción misionera (con los no creyentes y con los indiferentes), acción catecumenal (con los recién convertidos) y acción pastoral (con los fieles de la comunidad cristiana).
Limitándonos a la etapa de la acción pastoral, digamos en primer lugar que en sentido amplio se le considera como sinónimo de la acción evangelizadora de la Iglesia. Aquí la tomamos en sentido estricto como etapa de la evangelización dirigida a los fieles de la comunidad cristiana ya iniciados en la fe, orientada a propiciar el crecimiento constante en todas las dimensiones de la vida creyente. Por la acción pastoral la Iglesia actualiza la acción salvadora de Cristo, de cara a la implantación del Reino. Esta amplia tarea implica diversas acciones, denominadas funciones o mediaciones eclesiales, es decir, ministerios de la Iglesia en diferentes ámbitos de realización.
A lo largo de la historia, la Iglesia ha dividido estas funciones de diversos modos, de acuerdo a una determinada interpretación bíblica, visión cristológica, comprensión de la eclesiología, función de la jerarquía, corresponsabilidad de los laicos y análisis de la sociedad y del mundo. La trilogía profeta, sacerdote y rey ha servido con frecuencia para explicar la misión de Cristo, de sus discípulos y de la Iglesia. De este modo las acciones eclesiales son enunciadas así: el ministerio profético, que incluye el poder del magisterio, como comunicación de la palabra de Dios en todos sus niveles; el ministerio litúrgico, que incluye el poder del orden, como celebración de los misterios cristianos, y el ministerio real, que incluye el poder de jurisdicción, como servicio cristiano en la organización eclesial y la promoción caritativa total.
Esta división tripartita ha permanecido en la Iglesia hasta el Vaticano II. Pero las actuales perspectivas de la teología pastoral como teología práctica o teoría de la praxis de los cristianos y de la Iglesia en la sociedad orientan las acciones pastorales en torno a cuatro ámbitos: Martyria, Diaconia, Koinonia y Liturgia, añadiendo a las tres anteriores el elemento nuevo de la comunión.
Para Casiano Floristan la acción pastoral la Iglesia hace presente el reino de Dios por medio de cuatro funciones o mediaciones: Diaconia (el compromiso liberador o pastoral social), Koinonia (la fraternidad vivida o pastoral comunitaria, Martyria (La misión profética o pastoral de la palabra), Liturgia (la vida sacramental o pastoral litúrgica)
El Ministerio de la Palabra, cuya función al interior del proceso de evangelización consiste en transmitir la Revelación por medio de la Iglesia, se realiza de formas muy variadas y complementarias: convocatoria y llamada a la fe (primer anuncio del evangelio), función de iniciación (catequesis), la educación permanente en la fe, la función litúrgica y la función teológica (DGC 51).
La función de iniciación se realiza fundamentalmente mediante la catequesis, en íntima conexión con los sacramentos de iniciación, tanto si van a ser recibidos como si ya se han recibido. Formas importantes de la función de iniciación o catequesis son: la catequesis de adultos no bautizados, en el catecumenado; la catequesis de adultos que desean volver a la fe, o de los que necesitan completar su iniciación; la catequesis de niños y jóvenes, que tiene de por sí un carácter iniciatorio (DGC 51).
10. La catequesis: al servicio de la iniciación cristiana integral. En los esquemas anteriores aparece claro que en el dinamismo de la evangelización, lo propio de la catequesis es la iniciación cristiana integral.
Como etapa de la evangelización, la catequesis de iniciación corresponde a la segunda etapa, la catecumenal. En este sentido, afirma el Directorio: El momento de la catequesis es el que corresponde al período en que se estructura la conversión a Jesucristo, dando una fundamentación a esa primera adhesión. Los convertidos, mediante una enseñanza y aprendizaje convenientemente prolongado de toda la vida cristiana, son iniciados en el misterio de la salvación y en el estilo de vida propio del Evangelio. Se trata, en efecto, de iniciarlos en la plenitud de la vida cristiana (DGC 63).
Para el Directorio, las características propias de la catequesis de iniciación como momento esencial del proceso de evangelización, que la hacen distinta a las otras formas educación en la fe, son:
La catequesis de iniciación es una formación orgánica y sistemática de la fe. No se reduce a lo meramente circunstancial y ocasional. Esto quiere decir que la catequesis proporciona una estructura básica de la fe. El Directorio de Catequesis en los números 114-115 muestra muy bien cómo está visión orgánica de la fe es necesariamente jerarquizada, es decir, esa visión se organiza siempre en torno a un centro. "Al presentar, por ejemplo, la historia de la salvación, la visión orgánica se organiza en torno a Jesucristo, centro de la historia de la salvación (DGC 115). Al presentar la síntesis doctrinal de la fe, la visión orgánica se organiza en torno al Símbolo trinitario, clave de lectura de toda la fe de la Iglesia. Al tratar el mensaje moral, la visión orgánica de la vida evangélica se organiza en torno al doble mandamiento del amor, del que pende toda la ley y los profetas (Mt 22,40)". Esta formación orgánica es más que una enseñanza: es un aprendizaje de toda la vida cristiana, una iniciación cristiana integral, que incluye al mismo tiempo tareas de iniciación, educación e instrucción. Es decir, propicia la iniciación a la experiencia cristocéntrica-trinitaria, educa en el estilo de vida propia del evangelio y ofrece una síntesis vital y orgánica del mensaje cristiano.
Ya que la catequesis es formación cristiana integral sus tareas corresponden a la educación de las diferentes dimensiones de la fe que en virtud de su dinámica interna pide ser conocida, celebrada, vivida, hecha oración, vivida en comunidad y anunciada en la misión. Por eso, tareas de la catequesis son:
- Propiciar el conocimiento integral de la fe.
- La educación litúrgica.
- La formación moral.
- Enseñar a orar.
- Iniciar y educar a la vida comunitaria y a la misión.
Todas estas dimensiones en las que educa la catequesis deben ser tenidas en cuenta al momento de la programación de la acción. Lo importante es que estén todas presentes de una u otra forma, a lo largo del proceso catequístico.
La catequesis de iniciación es una formación básica, esencial, centrada en lo nuclear de la experiencia cristiana. De este modo la catequesis pone los cimientos de la vida cristiana, capacitando al creyente a recibir el alimento continuo en la etapa de acción pastoral. La iniciación cristiana no es tanto en el orden del profundizar cuanto en el orden del fundamentar. En este sentido afirma el Directorio: " La catequesis, al realizar con diferentes formas esta función de iniciación del ministerio de la palabra, lo que hace es poner los cimientos del edificio de la fe. Otras funciones de ese ministerio irán construyendo, después, las diversas plantas de ese mismo edificio" (DGC 64).
En síntesis: lo propio de la catequesis es la iniciación global y sistemática en la fe de la Iglesia. Por ser iniciación global, la catequesis tiene que estar abierta a la educación de todos los aspectos de la vida cristiana y tiene que ser iniciación en todos ellos. Por ser iniciación sistemática, la catequesis tiene que estar estructurada y ordenada, con pasos definidos, como proceso metodológicamente realizado.
11. La catequesis en el contexto de nueva evangelización. Ya se ha hecho repetitivo entre nosotros hablar de nueva evangelización. En encuentros, congresos, reuniones de pastoral solemos hacer referencia a ella. El Directorio General para la Catequesis define la situación de nueva evangelización en los siguientes términos: En muchos países de tradición cristiana, y a veces también en las Iglesias más jóvenes, se da una situación intermedia, ya que en ella grupos enteros de bautizados han perdido el sentido vivo de la fe o incluso no se reconocen ya como miembros de la Iglesia, llevando una existencia alejada de Cristo y de su Evangelio. Esta situación requiere una nueva evangelización. Su peculiaridad consiste en que la acción misionera se dirige a bautizados de toda edad, que viven en un contexto religioso de referencias cristianas, percibidas solo exteriormente.
Según el documento de Santo Domingo, hablar de nueva evangelización no significa que lo hecho sea invalido, infructuoso o de poca duración. Significa que hoy hay desafíos nuevos, nuevas interpelaciones que se hacen a los cristianos y a los cuales es urgente responder. Surge y se hace necesaria en nuestro continente y en nuestro país como respuesta a los problemas que presenta la realidad de un continente en el cual se da un divorcio entre fe y vida hasta producir clamorosas situaciones de injusticia, desigualdad social y violencia, e implica la grandiosa tarea de infundir energías al cristianismo de América Latina. Tiene además como finalidad formar hombres y mujeres y comunidades maduras en la fe y dar respuesta a la nueva situación que vivimos, provocada por los cambios sociales y culturales de la modernidad.(SD 23 30).
Sobre esta nueva situación podríamos decir muchas cosas, como por ejemplo caracterizarla por la secularización, el pluralismo, sociedad del conocimiento y de la información, racionalidad científico técnica. En este nuevo contexto la religión también se ve fuertemente afectada. Se vive como una realidad efímera, donde se dan adhesiones parciales y provisorias. Esto hecho produce una religión a la carta, una religión condicionada. Factor determinante en esta nueva situación es la poca o escasa significancia del hecho religioso, lo que produce también la separación entre fe y vida, fe y cultura. Pero a su vez trae como ventajas o elementos positivos la valoración de la libertad religiosa, de las opciones personales, de la personalización del hecho religioso. Se es creyente cada vez por convicción que por motivaciones sociales.
Esta situación interpela fuertemente a la catequesis. De modo particular, señala el Directorio General para la Catequesis, la catequesis debe tener una relación muy estrecha con la acción misionera o con el primer anuncio del Evangelio. No es que se niegue la necesaria coordinación con la etapa de acción pastoral. De lo que se trata es de vincular la catequesis más con el primer anuncio del Evangelio, factor que ha sido fuertemente descuidado por nosotros en razón de un reduccionismo de la catequesis a lo instruccional y a lo presacramental.
12. La relación entre catequesis y primer anuncio: factor decisivo de la catequesis actual. Si la vinculación entre el anuncio misionero, que trata de suscitar la fe, y la catequesis de iniciación, que busca fundamentarla es decisiva en la evangelización, con mayor razón lo es en el contexto de nueva evangelización. Hoy la catequesis, señala el Directorio, debe ser vista, ante todo, como la consecuencia de un anuncio misionero eficaz. La situación actual de la evangelización postula que las dos acciones, el anuncio misionero y la catequesis de iniciación, se conciban coordinadamente y se ofrezcan, en la Iglesia particular, mediante un proyecto evangelizador misionero y catecumenal unitario.
La razón que justifica esta relación tan íntima la explica el hecho de que en la actual situación marcada por el pluralismo y la secularización, exige que no demos por supuesta la conversión, tal como lo afirma el Directorio General para la Catequesis: ) "En la situación actual que requiere una nueva evangelización, la coordinación se hace más compleja, puesto que, a veces, se pretende impartir una catequesis ordinaria a jóvenes y adultos que necesitan, antes, un tiempo de anuncio en orden a despertar su adhesión a Jesucristo. Problemas similares se presentan en relación a la catequesis de los niños y a la formación de sus padres" (DGC 276); b) "El primer anuncio, que todo cristiano está llamado a realizar, participa del ID que Jesús propuso a sus discípulos: implica por tanto, salir, adelantarse, proponer. La catequesis, en cambio, parte de la condición que el mismo Jesús indicó, "el que crea", el que se convierta, el que se decida. Las dos acciones son esenciales y se reclaman mutuamente: ir y acoger, anunciar y educar, llamar e incorporar. En la práctica pastoral, sin embargo, las fronteras entre ambas acciones no son fácilmente delimitables. Frecuentemente las personas que acceden a la catequesis necesitan, de hecho, una verdadera conversión. Por eso, la Iglesia desea que, ordinariamente, una primera etapa del proceso catequizador esté dedicada a asegurar la conversión" (DGC 62).
La frase anterior llama la atención sobre el siguiente hecho que no hemos de descuidar hoy en la pastoral: la conversión es algo que no debemos dejar pasar de largo de ninguna manera, en ningún proceso catequístico. Esto implica la toma de conciencia de que se vive en una cultura escasamente cristiana, en la que la pertenencia de la mayor parte de la gente a la Iglesia no está ya asegurada o favorecida por la misma cultura. La actual situación invita a examinar el papel decisivo del anuncio del Evangelio de cara a la conversión a Dios y a la adhesión a Jesucristo. Por esto, destinatarios de este tipo de acción son también los bautizados de toda edad.
En otro tiempo era suficiente con un mínimo de conocimientos del mensaje cristiano y de elección personal y consciente para permanecer en unión vital con la Iglesia y su enseñanza. Pero hoy esto ya no es posible. En este mundo pluralista y secularizado sólo se puede ser cristiano sobre la base de una elección personalizada de la fe. Por eso además de la necesidad de reconocer la necesaria dimensión misionera de la catequesis, hay que poner énfasis en la predicación del mensaje cristiano en vistas a la conversión a Dios y de la adhesión al Evangelio de Jesucristo.
Como "sobre esta opción fundamental descansa todo el edificio de la vida cristiana", todo el proceso de crecimiento personal y comunitario, la catequesis de iniciación en la segunda etapa y la acción pastoral en la tercera etapa, han de apoyarse en ella. Pues como lo señala con acierto el Directorio General para la Catequesis "sólo a partir de la conversión y contando con la actitud interior de "el que crea", la catequesis propiamente dicha podrá desarrollar su tarea específica de educación en la fe" (DGC 62).
El no dar por un hecho esa conversión no ha de entenderse en el sentido a que en este momento hay que abandonar la catequesis para entrar en fase de primera evangelización como si lo que hubiéramos hecho hasta ahora no hubiera servido para nada. Significa, lo afirma muy bien el Directorio, que en el contexto de nueva evangelización como el nuestro el primer anuncio y una catequesis fundante constituye la opción prioritaria (DGC 58).
El no tener en cuenta esta base fundamental de la conversión, afirma Monseñor Rino Fisichela, es lo que explica los fracasos pastorales en la acción catequística. Con la catequesis puede sucedernos algo parecido a la parábola evangélica del hombre sabio y del hombre necio que edifica sobre arena y sobre piedra. En nuestro caso, edificamos sobre arena cuando, dando por supuesto la conversión, no hacemos nada antes para suscitar o despertarla. Al primer combate, el edificio de la vida cristiana es posible que se derrumbe con mayor facilidad. En cambio, edificamos sobre roca cuando no damos por supuesto la Conversión, cuando dedicamos en primer momento la catequesis propiamente a suscitarla, despertarla y renovarla. Esto es lo que el Directorio llama etapa previa a la catequesis (DGC 62) y lo que se conoce con el nombre de Catequesis de talante misionero.
El que exista una catequesis de corte misionero no implica la supresión de una acción eminentemente misionera o de primer anuncio. Por el contrario, el Directorio de Catequesis insiste en que así como existe en nuestras comunidades existe la catequesis en forma institucionalizada, lo mismo debe suceder con la acción misionera. Es decir, podemos seguir entendiéndola como algo secundario o esporádico. Ha de ser permanente, continua, con agentes y recursos propios (DGC 62).
13. prestar atención especial al ANTES de la catequesis. Nuestra práctica habitual de catequesis presacramental nos lleva a preguntarnos casi siempre por el después de la celebración del sacramento. Entre nosotros ya se ha hecho costumbre hablar de pastoral de la postcomunión y de pastoral de la postconfirmación, buscando caminos para que los niños o los jóvenes continúen participando de la catequesis y de procesos continuos de formación cristiana.
Pero aunque está forma de pensar se oriente a dar respuesta a un problema pastoral que nos preocupa, es necesario que al programar un proyecto catequístico como el que nos exige el Directorio General para la Catequesis, en el que es básico la coordinación de las etapas de evangelización y de la catequesis de iniciación cristiana, se tenga en cuenta no solo el después de sino el antes y el durante de los mismos procesos. Esta insistencia en cuidar el "antes", el "durante" y el "después" de la catequesis brota del convencimiento de la unidad de la evangelización que señalábamos con anterioridad, por lo que todo proyecto evangelizador no debe descuidar ninguna de las tres etapas de la evangelización (misionera, catequística y pastoral). El antes está conformado por la etapa de la acción misionera de primera evangelización, el durante por la catequesis de iniciación y el después por la etapa de acción pastoral, a la que en definitiva debe desembocar todo el proyecto.
Limitándonos por ahora al antes, es decir a la relación entre primer anuncio y catequesis, afirma el Directorio General para la Catequesis: El primer anuncio se dirige a los no creyentes y a los que, de hecho, viven en la indiferencia religiosa. Asume la función de anunciar el evangelio y llamar a la conversión. La catequesis, distinta del primer anuncio del evangelio, promueve y hace madurar esta conversión inicial, educando en la fe al convertido e incorporándolo en la comunidad cristiana. La relación entre ambas formas del ministerio de la palabra es, por tanto, una relación de distinción en la complementariedad (DGC 61).
Y citando a CT 19 añade: En la práctica pastoral, sin embargo, las fronteras entre ambas acciones no son fácilmente delimitables. Frecuentemente, las personas que acceden a la catequesis necesitan, de hecho, una verdadera conversión. Por eso la Iglesia desea que, ordinariamente, una primera etapa del proceso catequizador esté dedicada a asegurar la conversión. En la misión ad gentes, esta tarea se realiza en el precatecumenado. En la situación que requiere la nueva evangelización se realiza por medio de la catequesis Kerigmática, que algunos llaman precatequesis, porque inspirada en el precatecumenado, es una propuesta de la Buena Nueva en orden a una opción sólida de fe. Sólo a partir de la conversión, y contando con la actitud interior del que crea, la catequesis propiamente dicha podrá desarrollar su tarea específica de educación en la fe (DGC 62. El subrayado es nuestro).
Este momento previo a la catequesis es necesario hoy día tanto para los niños y jóvenes como para los adultos. Al respecto afirma el Papa Juan Pablo II en CT: La peculiaridad de la catequesis, distinta del anuncio primero del Evangelio que ha suscitado la conversión, persigue el doble objetivo de hacer madurar la fe inicial y de educar al verdadero discípulo por medio de un conocimiento más profundo y sistemático de la persona y del mensaje de Nuestro Señor Jesucristo. Pero en la práctica catequética, este orden ejemplar debe tener en cuenta el hecho de que a veces la primera evangelización no ha tenido lugar. Cierto número de niños bautizados en su infancia llega a la catequesis parroquial sin haber recibido alguna iniciación en la fe, y sin tener todavía adhesión alguna explícita y personal a Jesucristo, sino solamente la capacidad de creer puesta en ellos por el bautismo y la presencia del Espíritu Santo; y los prejuicios de un ambiente familiar poco cristiano o el espíritu positivista de la educación crean rápidamente algunas reticencias. A éstos es necesario añadir otros niños, no bautizados, para quienes sus padres no aceptan sino tardíamente la educación religiosa: por motivos prácticos, su etapa catecumenal se hará en buena parte durante la catequesis ordinaria. Además muchos preadolescentes y adolescentes, que han sido bautizados y que han recibido sistemáticamente una catequesis así como los sacramentos, titubean por largo tiempo en comprometer o no su vida con Jesucristo, cuando no se preocupan por esquivar la formación religiosa en nombre de su libertad. Finalmente los adultos mismos no están en reparo de tentaciones de duda o de abandono de la fe a consecuencia de un ambiente notoriamente incrédulo. Es decir que la catequesis debe a menudo preocuparse, no sólo de alimentar la fe, sino de suscitarla continuamente con la ayuda de la gracia, de abrir el corazón, de convertir, de preparar una adhesión global a Jesucristo en aquellos que están aún en el umbral de la fe. Esta preocupación inspira particularmente el tono, el lenguaje y el método de la catequesis (CT 19).
En este mismo sentido se coloca el Directorio General para la Catequesis cuando recomienda para la catequesis con jóvenes: Con todo hay que poner de relieve, que la evangelización contemporánea de los jóvenes debe adoptar con frecuencia un carácter misionero más que estrictamente catecumenal. En realidad, la situación exige a menudo que la acción apostólica con los jóvenes sea de índole humanizadora y misionera, como primer paso necesario para que maduren unas disposiciones más favorables a la acción catequética. Por tanto, muchas veces en la realidad, será oportuno intensificar la acción precatecumenal al interior de procesos educativos globales (DGC 185).
14. Conclusión. Comenzábamos preguntamos por el rumbo que ha de tomar la catequesis en la actualidad. De este largo discurso queda claro que la catequesis ha de entenderse ante todo como iniciación cristiana integral. Pero al ser una de las formas del ministerio de la palabra y una de las etapas de la evangelización, para cumplir adecuadamente con su tarea de hacer madurar la conversión inicial ha de guardar una relación estrecha tanto como la acción misionera que la precede como con la acción pastoral que es su consecuencia. Pero en el contexto de nueva evangelización como en el que estamos ha de ser subrayado el vinculo con la acción misionera.
Si nos hemos extendido en este punto es para mostrar uno de los aspectos más débiles y frágiles de nuestros actuales procesos de iniciación cristiana, y del cual somos poco o nada conscientes. Es el problema del anuncio del Evangelio en un contexto misionero, en el que la predicación del Evangelio en vistas a la conversión y a la fe, supuesto básico del desarrollo permanente de la vida cristiana, o en palabras del Directorio "opción fundamental sobre la que descansa toda la vida cristiana del discípulo del Señor" (DGC 56), se halla en dificultades o disminuye a causa de los profundos cambios de nuestro actual contexto social y cultural.
No podemos olvidarlo: la conversión es el fundamento de la vida cristiana y de la acción evangelizadora. Recordémoslo una vez como lo afirma el Directorio: "sólo a partir de la conversión, y contando con la interior de "el que crea", la catequesis propiamente dicha podrá desarrollar su tarea específica de educación en la fe" (DGC 62). El no tomar en consideración esta realidad, explica la cantidad de fracasos en materia catequística. De lo que se trata es de tomar conciencia que hasta que la libertad humana no ha dado una respuesta a la fe y de conversión al Evangelio recibido, todo ser humano, así sea bautizado (niño, joven o adulto), es destinatario del primer anuncio, y que se encuentra, por tanto, en situación de acción misionera.
La debilidad de la catequesis actual tiene explicaciones más hondas que aquellas relacionadas con las técnicas, didácticas o materiales. Es un problema de concepción, decíamos recordando al Directorio General para la catequesis. Pero también es un problema estructural de nuestra práctica actual: no contamos con procesos de anuncio misionero, con procesos claros de primer anuncio del Evangelio. No trabajamos la conversión. Nos limitamos a instruir en unas cuantas nociones en un tiempo más o menos prolongado. Nos limitamos a que se celebren más o menos bien unos sacramentos.
Primer anuncio y catequesis han de ser acciones prioritarias en la nueva evangelización en orden a la conversión y a la adhesión a Cristo, tal como lo afirma el documento de Santo Domingo: Desde la situación generalizada de muchos bautizados en América Latina, que no dieron su adhesión personal a Jesucristo por la conversión primera, se impone, en el ministerio profético de la Iglesia, de modo prioritario y fundamental, la proclamación vigorosa del anuncio de Jesús muerto y resucitado raíz de toda la evangelización. (SD 33).
El magisterio de la Iglesia nos ha mostrado hacia donde debe ir la catequesis en la actualidad. De nosotros depende que tome ese rumbo en la práctica.
BIBLIOGRAFÍA
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| AD GENTES |
PROCESO DE CONVERSIÓN |
ETAPAS DE LA EVANGELIZACIÓN |
FUNCIÓN DEL MINISTERIO DE LA PALABRA |
MEDIOS ADECUADOS |
| Situaciones iniciales |
Interés por el Evangelio. Conversión. |
Acción misionera |
Convocatoria y llamado a la fe |
Primer anuncio |
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Desarrollos graduales
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La profesión de la fe |
Acción catequística y catecumenal |
Función de iniciación |
Catequesis |
| Situación de madurez |
El camino hacia la perfección |
Acción pastoral |
Función litúrgica Función teológica |
Educación permanente en la en la fe |
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Proceso de Conversión Permanente
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La Evangelización alservicio del proceso de conversión permanente etapas
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El Ministerio de la Palabra al servicio de la plena conversión formas y funciones
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1- El interés por el Evangelio: el primer momento se produce cuando en el corazón del no creyente, del indiferente o del que pertenece a otra religión, brota, como consecuencia del primer Anuncio, un interés por el evangelio, sin ser todavía una decisión firme. Este primer movimiento del espíritu humano en dirección de la fe, que ya es fruto de la gracia, recibe varios nombres: atracción a la fe, preparación evangélica, inclinación a creer, búsqueda religiosa. La Iglesia denomina simpatizantes a los que muestran esta inquietud.
La conversión: este primer interés por el Evangelio necesita de un tiempo de búsqueda para poder llegar a ser una opción firme. La decisión por la fe debe ser sopesada y madurada. Esta búsqueda, impulsada por la acción del Espíritu Santo y el anuncio del Kerigma, prepara la conversión, que será ciertamente- inicial, pero que lleva consigo la adhesión a Jesucristo y loa voluntad de caminar en su seguimiento. Sobre esta Opción fundamental descansa toda la vida cristiana del discípulo del señor.
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1. Acción Misionera: Dirigida a los no creyentes y a los que viven en la indiferencia religiosa.
Tiene como finalidad la conversión o la aceptación global de Cristo.
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1. Convocatoria y llamado a la fe: Es la función que más inmediatamente se desprende del madato misionero de Jesús. Se realiza mediante el primer anuncio, dirigido a los no creyentes, a aquelllos que han hecho una opción de increencia, los bautizados que viven al margen de la vida cristiana, los que pertenecen a otras religiones. El desperta religioso de los niños en las familias cristianas es también una forma evidente de está función.
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2. La profesión de fe: La entrega a Jesucristo genera en los creyentes el deseo de conocerle más profundamente y de identificarse en El. La catequesis les inicia en el crecimiento de la fe y en el aprendizaje de la vida cristiana, favoreciendo un camino espiritual que provoca un cambio progresivo de actitudes y de costumbres, hecho de renuncias y de luchas, y también de gozos que Dios concede sin medida. El discípulo de Jesús es ya apto, entonces, para realizar una viva, explícita y operante profesión de fe.
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2- Acción Catequística Catecumenal: Dirigida a los recién convertidos.
Busca fundamentar la fe de los que han optado por el Evangelio.
Inicia en la fe, mediante la catequesis y los sacramentos de iniciación cristiana a todos los convertidos a Jesucristo, incorporándolos a la comunidad cristiana.
Es lo que llamamos iniciación cristiana en todo lo que la Iglesia es para adherirse plenamente a ella: La caridad, la comunicación, la palabra y la celebración
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2. Función de iniciación: Aquel que, movido por la gracia, decide seguir a Jesucristo es <<introducido en la vida de la fe, de la liturgia y d la caridad del Pueblo de Dios>>. La Iglesia realiza esta función, fundamentalmente, por medio de la catequesis, en Ìntima relación con los sacramentos de la iniciación, tanto si van ha ser recibidos como si ya se han recibido. Formas importantes son : la catequesis de adultos no bautizados, en el catecumenado ; la catequesis de adultos bautizados que desean volver a la fe, o de los que necesitan completar su iniciación ; la catequesis de niños y jóvenes, que tiene de por sí un carácter iniciatorio. También la educación cristiana familiar y la enseñanza religiosa escolar ejercen una función de iniciación.
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3. El camino hacia la perfección: Esa madurez básica, de la que brota la profesión de fe, no es el punto final del proceso permanente de la conversión. La profesión de fe bautismal se sitúa en los cimientos de un edificio espiritual destinado a crecer. El bautizado impulsado siempre por el Espíritu, alimentado por los sacramentos, la oración, el ejercicio de caridad, y ayudado por las múltiples formas de educación permanente, busca hacer suyo el deseo de Cristo: sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto. Es la llamada a la plenitud que se dirige a todo bautizado.
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3. Acción Pastoral: Dirigida a los fieles de la comunidad cristiana.
Con ella la Iglesia:
Alimenta constantemente el don de la comunión en los fieles, mediante la liturgia con su homilía, otras formas del ministerio de la Palabra y de la educación en la fe, los sacramentos y el ejercicio de la caridad
Suscita continuamente, la misión, enviando a todos los discípulos de Cristo a anunciar el Evangelio.
Propicia el crecimiento constante en todas las dimensiones de la vida.
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3. La educación permanente en la fe: En diversas regiones es llamada también <<catequesis permanente>>. Se dirige a los cristianos iniciados en los elementos básicos, que necesitan alimentar y madurar constantemente su fe a lo largo de toda su vida. Es una función que se realiza a través de formas muy variadas: <<sistemáticas y ocasionales, individuales y comunitarias, organizadas y espontáneas, etc.>>.
Función litúrgica: El ministerio de la Palabra tiene, así mismo, una función litúrgica ya que cuando se realiza al interior de una acción sagrada es parte integrante de la misma. Este ministerio se expresa de modo eminente a través de la homilía. Otras formas, son las intervenciones y exhortaciones durante las celebraciones de la palabra. Hay que referirse también a la preparación inmediata a los diversos sacramentos y a las celebraciones sacramentales, sobre todo a la participación de los fieles en la Eucaristía, que es la forma frontal de la educación en la fe.
Función Teológica: Trata de desarrollar la inteligencia de la fe, situándose en la dinámica de la <<fides quaerens intellectum>>, es decir, de la fe que busca entender. La teología, para cumplir esta función, necesita confrontarse o dialogar con las formas filosóficas del pensamiento, con los humanismos que configuran la cultura y con las ciencias del hombre. Se canaliza a través de formas que promueven <<la enseñanza sistemática y la investigación científica de las verdades de la fe>>.
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