Ponencias
Reflexiones pedagógico pastorales sobre liderazgo y dinámica de grupos
Diác. Alirio Caceres
Profesor Universidad Javeriana y del ITEPAL
"Hacer de la Iglesia la casa y la escuela de la comunión:
éste es el gran desafío que tenemos ante nosotros
en el milenio que comienza,
si queremos ser fieles al designio de Dios y
responder también a las profundas esperanzas del mundo"
(S.S. Juan Pablo II en Novo Millenio Ineunte N 43)
Introducción
Dentro del proceso de evangelización, catequesis y estructuración de la comunidad parroquial, no basta con tener una actitud sensible frente a la fragmentación del ser humano, ni tampoco con lograr una claridad conceptual sobre el proyecto de Dios para la humanidad y la creación. Cada vez es más urgente contar con herramientas prácticas para llevar a la realidad esas buenas intenciones y buenas ideas que acompañan a los grupos de creyentes en Jesús.
Un rasgo fundamental de la presencia del Resucitado es la vida en comunidad. Día a día se vislumbra con mayor precisión que la experiencia vital de un (a) cristiano (a) está íntimamente ligada a la construcción de comunidad eclesial. El Dios Trino es el mayor punto de referencia para perfilar el ser y quehacer de la Iglesia. Sin embargo, no siempre es fácil participar dentro de un grupo humano ni mucho menos hacer parte activa de un equipo. Las limitaciones y flaquezas producto de nuestra naturaleza y de la influencia cultural negativa, constituyen permanentes obstáculos a vencer en la dimensión comunitaria.
¿Qué hacer para construir una comunidad cristiana auténtica? ¿Cómo darle seguimiento y mayor impacto a la catequesis en esta dimensión? ¿Cómo impulsar procesos pastorales que generen cambios eficaces y transformadores? ¿Cómo hacer para que los aprendizajes adquiridos en la ESPAC se vean reflejados en el testimonio cotidiano? ¿Qué sentido darle a todos estos esfuerzos desde la perspectiva del Plan de Salvación? ¿Cómo hacerlo en la diversidad de las culturas, en la urgencia de la coyuntura de la historia, en la premura de las funciones pastorales? Son algunas de las preguntas que, de entrada, surgen en el momento de abordar la temática.
En este contexto, hay necesidad de volver sobre las directrices que el Manual de Coordinador plantea para un catequista ESPAC y ahondar sobre los conocimientos, actitudes y destrezas que deben cultivarse para ejercer adecuadamente su liderazgo y animar la dinámica grupal. La ventaja es que se cuenta con una visión prospectiva muy clara sobre la identidad y el perfil del Coordinador ESPAC, así como la del tipo de catequista que la Escuela quiere ayudar a formar.
Sin embargo, se constata que del dicho al hecho, hay mucho trecho y que debemos reconocernos siempre en camino, siempre en proceso de mejoramiento continuo, siempre abiertos a la novedad del Espíritu. Es menester, entonces, identificar problemas, revisar conceptos, analizar tendencias, confrontar visiones, enriquecer experiencias, poner en práctica técnicas e innovar caminos para implementar metodologías apropiadas al perfil deseado para el catequista y en la perspectiva de la construcción de la comunidad cristiana.
En este orden de ideas, el Papa Juan Pablo II propone un horizonte común al plantear que la Espiritualidad de comunión es un principio educativo que se debe promover en todos los lugares donde se forma el hombre y el cristiano. De esta manera, abordar la reflexión pedagógico pastoral sobre el liderazgo y la dinámica de grupos que debe manejar con sabiduría un catequista ESPAC, implica asumir como criterio de referencia dicha espiritualidad que brota de la contemplación del misterio de la Trinidad y de la acogida y valoración del otro como regalo de Dios.
Por eso, desde este marco referencial, el itinerario de la presente ponencia conduce inicialmente a precisar algunos términos, para luego dar una mirada a las enseñanzas de Jesús como pedagogo; posteriormente enlazar con algunos los aportes de la pedagogía contemporánea y así, propiciar algunas pautas operativas a tener en cuenta en el ministerio de la catequesis.
Precisiones Conceptuales
Es importante tener en cuenta la interpretación que se da a diferentes conceptos, pues detrás de las palabras se esconden realidades a las que deseamos hacer alusión en forma concreta. Por ejemplo, con frecuencia se confunden los términos método, metodología, técnica metodológica, dinámicas de grupo, etc. y aunque tienen relación no siempre responden a una misma idea. Igual sucede con las palabras pedagogía y didáctica.
- Concretamente el ámbito pedagógico se enfoca al estudio de las relaciones que facilitan los procesos de enseñanza-aprendizaje. Aclarando que no necesariamente hay correlación directa entre el acto de enseñar y el de aprender, pues muchas veces se aprende al margen de lo que otros han pretendido enseñar o se enseñan contenidos que los demás no aprenden satisfactoriamente.
- Si se asume que en el primer impulso de los procesos pedagógicos hay dos polos: el que pretende enseñar y el que pretende aprender; la didáctica se refiere a la reflexión sistemática de los enfoques, formas, métodos y herramientas utilizados por quien lidera la enseñanza.
- A su vez, quien enseña, en este caso los (as) catequistas, hacen uso de unos recursos didácticos para facilitar la interacción y por ende, posibilitar los aprendizajes por parte de las personas participantes en el escenario pastoral.
Desde el punto de vista etimológico, sabemos que metodología se encarga de estudiar el método y que el método es el camino ("odos") que conduce hacia algo que queremos lograr.
- El Método es más global, articulador y permanente. En la tradición de iglesia en América Latina es el Ver-Juzgar y Actuar con diferentes variaciones que se dan por corrientes pedagógicas y pastorales o por adaptación a realidades específicas. Por ejemplo: Ver-Juzgar-Actuar-Revisar-Celebrar; Percibir-Analizar-Transformar; Escuchar, Discernir, Responder; Ver-Intuir-Juzgar-Iluminar-Actuar-Celebrar-Evaluar y Retroalimentar.
- Las Técnicas Metodológicas constituyen otro nivel más puntual, específico y variable. En este sentido las "dinámicas de grupo" (en plural) son técnicas o recursos didácticos que se aplican a circunstancias particulares del trabajo pastoral. La Dinámica de grupo(en singular) hace referencia al proceso evolutivo que se realiza cuando un conjunto de personas se encuentran sistemáticamente para alcanzar unos objetivos comunes y responder a intereses y necesidades colectivas.
- El Manual de Coordinador ESPAC aclara, en el capítulo décimo que una metodología no es un recetario de fórmulas más o menos precisas que permiten alcanzar un buen resultado si se aplican con rigor. La metodología es más bien, un conjunto de pautas obtenidas de la ciencia y de la experiencia pedagógicas, que permiten al catequista desenvolverse de manera ágil, segura y eficaz en su labor. Las normas metodológicas son ayudas que hay que adoptar y completar con la propia iniciativa y creatividad, de acuerdo con las circunstancias y características del grupo con el que se trabaja (Cf. numeral 101).
En cierto modo, las características cuantitativas y cualitativas del grupo con el que se interactúa, la opción por el método Ver-Juzgar-Actuar y la apuesta por la caridad desde una Espiritualidad de Comunión van perfilando una serie de criterios para discernir cuál es el tipo de liderazgo que se debe cultivar y cuál es el enfoque de dinámica grupal que favorece una Nueva Evangelización.
En este sentido es muy importante destacar que el trabajo en equipo y la construcción de la comunidad son indicadores de madurez en un proceso de Evangelización. Por supuesto esto conduce a repasar lo que las fuentes bíblicas y el Magisterio Eclesial especifican sobre el significado de EVANGELIZAR y de los pasos que deben darse para lograr la Nueva Evangelización.
En síntesis, hay una base conceptual que debe ser precisada para no confundir pedagogía con didáctica o didáctica con recursos didácticos. En forma similar, las técnicas metodológicas, responden a cierta comprensión de la metodología y esta, a su vez, se inscribe en una noción de método mucho más amplia. Pero, dichos recursos y técnicas (algunos de ellos conocidos como dinámicas de grupo) están al servicio de la dinámica del grupo en particular que participa de la catequesis.
Esto nos lleva a movernos en el plano del sentido. No se trata de formulismos mágicos o recetas extraordinarias. Se trata de ir distinguiendo en la cotidianidad del servicio catequético aquello que mejor contribuye a formar comunidad desde los principios del Evangelio y el ideal establecido por ESPAC. De ahí que esta ponencia se plantee desde una perspectiva de Espiritualidad de Comunión, pues a partir de la comunión intraesclesial, la caridad se abre por su naturaleza al servicio universal, proyectándonos hacia la práctica de un amor activo y concreto con cada ser humano. Este es un ámbito que caracteriza de manera decisiva la vida cristiana, el estilo eclesial y la programación pastoral (NMI 49).
La Pedagogía de Jesús
Definitivamente, la fuente de donde emana todo el ser y quehacer de un catequista es el encuentro íntimo y personal con Jesucristo, Palabra de Vida en abundancia (Cf. Jn 10,10). Por eso, el Coordinador ESPAC, siguiendo la pedagogía de Jesús, tiene un proyecto de vida orientado al servicio de los demás, asume libremente sus responsabilidades, no se deja condicionar por ideologías, vive siempre en proceso de superación, se forma permanentemente, alimenta una solida vida interior, sabe trabajar en equipo y se compromete como apóstol de la comunidad y de su grupo.
Pero, ¿cuáles son los rasgos característicos de la Pedagogía de Jesús? He aquí algunas claves de acercamiento:
- Según los evangelios, la comunidad de los doce era bastante heterogénea y diversa. Por ejemplo se constata la presencia de un publicano, Mateo, pero también de un hombre con simpatía por el movimiento zelota, Simón. En el grupo hay jóvenes y otros de mayor edad. Algunos más impulsivos, otros más reflexivos. Algunos de familias más acomodadas...en fin, Jesús al elegir a los que El quiso (Cf Mc 3, 13) no buscó un grupo uniforme sino que mostró que reconociéndonos como hijos e hijas de un mismo Padre (abbá, papito) podemos convivir unidos aun siendo diferentes.
- En el capítulo 2 del Evangelio de Juan, a partir del versículo 35, aparece una bella narración que nos muestra cómo Jesús actúa como rabbí. Un sencillo análisis literario puede servir como mecanismo de acceso a la sabiduría de Jesús como Maestro. Si tomamos los verbos que describen su accionar encontramos que los dos discípulos después de oír el testimonio de Juan, siguieron a Jesús. El, entonces, se volvió y preguntó. Luego cuando le interrogan sobre el lugar donde vive, no responde en abstracto, sino que les invita vengan y vean. A partir de esa experiencia de estar con Jesús, Andrés, el hermano de Simón Pedro, va y da testimonio, desencadenando así un proceso de construcción comunitaria.
- El pasaje de Lucas 24, 13-35 es, por excelencia, un texto clave para entender la dinámica del acontecimiento pascual en la vida de la primitiva comunidad.
José Luis Meza y Oscar Arango, dos profesores de Teología de la Universidad Javeriana, en una reciente publicación basada en su experiencia como pastoralistas, hacen un análisis de este pasaje desde la pedagogía de Jesús como compañero de camino. Lo interesante es destacar los saberes que se descubren en ese proceso de aprender, de construir... y por supuesto, de catequizar:
Para SABER ACOMPAÑAR, hay que saber preparar el encuentro por el camino (v. 13-16); saber iniciar acercándose para escuchar y formular preguntas inteligentes (v. 17); saber dialogar (v..18-24); saber confrontar y discernir desde la lucidez critica de los valores del Reino (v.25-27); saber celebrar (v. 28-30), saber decidir- testimoniar (v.33- 35); saber recuperar-sistematizar (v.35); saber finalizar (v.31-32).
En consecuencia, la tarea de un líder cristiano tiene una amplia dimensión pascual: Desaparecer para que el otro pueda surgir y asumir nuevamente su vida. No crear dependencia y establecer relaciones igualitarias, dejar el corazón encendido y resucitado...Por ello la necesidad que el acompañante desaparezca para que el acompañado crezca
La Pedagogía en función Pastoral
Hoy en día, se experimenta un retorno al personalismo como una manera de rechazar la tecnologización de la educación. De ahí que se parta de una visión antropológica sustentada en la valoración de las inteligencias múltiples, comprendidas como habilidades, destrezas y competencias orientadas al desarrollo lógico racional, lúdico creativo y operativo práctico. En otras palabras, interesa que la persona aprenda conceptos, los ponga en práctica y les de sentido dentro de su proyecto de vida: SER, SABER y SABER HACER son expresiones que describen la intencionalidad formativa de este tipo de orientación pedagógica.
Se deduce, entonces, que también en la catequesis, como proceso de educación en la fe para quienes optan por el Evangelio y para los que necesitan completar o reestructurar su iniciación, es fundamental velar por la construcción de aprendizajes significativos, es decir, conocimientos que se aplican en el contexto inmediato de los personas y son perdurables en todos los ámbitos vitales del individuo.
En este punto hay una gran coincidencia con el Papa cuando explica a partir del texto de Mateo 25, 35-46 que lo genuinamente cristiano está en la capacidad de reconocer a Cristo en los rostros de aquellos con los que El mismo ha querido identificarse: Esta página no es una simple invitación a la caridad: es una página de cristología, que ilumina el misterio de Cristo. Sobre esta página, la iglesia comprueba su fidelidad como Esposa de Cristo, no menos que sobre el ámbito de la ortodoxia (NMI 49).
Se trata definitivamente de aprender para la vida. No para vanagloriarse en la erudición. No por un instante o por cumplir un requisito. Aprender para vivir. Aprender a conocer, amar y seguir a Jesucristo. Por eso la importancia de recuperar el pleno sentido de la catequesis como etapa de iniciación cristiana y comprendida como un proceso de educación integral.
Algo más: Los aprendizajes significativos se construyen dentro de una dinámica comunicativa que se fundamenta en el diálogo cultural de saberes y en el diálogo de las gestiones, hábitos y prácticas de las personas que intervienen en la dinámica pedagógica-catequética.
Dicho Diálogo de saberes tiene, al menos, dos polos claramente identificados:
- El polo del saber religioso popular que recoge los imaginarios, preconceptos, prejuicios y hábitos de la mayoría de las personas que se están iniciando en la fe cristiana.
- El polo del saber teológico que representa un pensamiento más sistemático, estructurado y maduro sobre las razones que sustentan la fe. Este es el polo que corresponde a un Coordinador ESPAC que va un paso adelante en el proceso y comparte sus SABERES para que otros aprendan la sabiduría de la vida que brota del Evangelio.
Por lo tanto, el enfoque pedagógico asume que no se parte de cero: toda persona tiene alguna noción sobre el tema, adopta alguna postura respecto a los procedimientos y costumbres recomendadas y le da algún significado a las enseñanzas religiosas.
El asunto está en que el saber que nace de la experiencia pascual no es un saber instrumental, sobre algo que se cosifica y se manipula, sino un saber sobre alguien con quien hay un vínculo de amor y un compromiso ético. Es el saber que brota del corazón.
La labor de un Coordinador ESPAC es la de posibilitar espacios de diálogo a través de los cuales se puedan reflexionar dichas nociones, posturas y significados con el fin de construir nuevos conocimientos y aclarar adecuadamente ideas que incidan directamente en el mejoramiento de la calidad de vida cristiana. Dicho de otra forma, nos interesa que la persona se vaya dejando configurar con Cristo por la acción del Espíritu Santo y vaya purificando sus hábitos provenientes de un cristianismo sociológico hasta afirmar con Pablo no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí (Gal 2, 20). Se trata de un cristianismo de 24 horas al día, los 7 días de la semana, todas las semanas del año. Un cristianismo que asume la recomendación paulina a los Corintios: Ya sea que comas, ya sea que bebas o hagas cualquier otra cosa, haz todo para gloria de Dios (Cf. 1 Co 10, 31)
Pero para llegar a esto, es muy importante reconocer y valorar la singularidad de cada persona. Es cierto que todos en la ESPAC estudiamos un mismo tema en cada sesión, pero cada uno tenemos nuestra forma de aprender. Hay quienes aprenden por vía de lo práctico, lo concreto, por el hacer; otros manejan conceptos, ideas, abstracciones, el pensar y otros construyen conocimiento desde lo afectivo, lo emocional e intuitivo, el sentir. Todos estos caminos son viables para ser movilizados durante una sesión catequética y se hacen visibles en el diálogo de saberes y gestiones: un diálogo de maneras de hacer las cosas, de razonar, de juzgarlas; un diálogo de afectos y experiencias, cosmovisiones y horizontes de sentido.
Claves Pedagógicas para el Coordinador
Aunque el Manual del Coordinador ESPAC, contiene una guía muy rica para desarrollar una reunión de estudio en grupo, en la que se distribuyen funciones, tareas y liderazgos y se viven diversos momentos de ejercitación de las dimensiones cognitivas, voy a socializar algunas pautas emanadas del modelo didáctico que Germán Mariño propone para procesos constructivistas, ya pueden ser provechosas para el ministerio de la catequesis. Dicho modelo sigue los siguientes pasos y tiene su valor en la intención de generar aprendizajes significativos:
- Reconocimiento del problema
- Reconocimiento de los saberes de los participantes
- Intercambio de los saberes del grupo
- Sistematización del primer intercambio
- Conocimiento de otros puntos de vista (el Coordinador, un experto invitado, un texto, un vídeo, etc.)
- Intercambio de los saberes del grupo con los aportes del Coordinador (otro punto de vista)
- Sistematización del segundo intercambio
- Re-estructuración de saberes y re-formulación del problema
- Identificación y valoración de alternativas de solución
- Formulación del plan de acción
- Ejecución
- Evaluación y retroalimentación
En una primera etapa, se da el marco para compartir los saberes previos de las personas participantes en la reunión. Es decir, ¿Qué tanto saben las personas sobre el tema? ¿Qué les ha acontecido en relación al objeto de estudio? ¿Qué opiniones o situaciones conocen sobre el problema que se va a estudiar? De esta manera, se puede hacer un balance de las experiencias, prejuicios y preconceptos que manejan los participantes frente al tema.
Recordemos que nos estamos moviendo en el plano de un método que parte de la Realidad. Ponernos a la escucha los unos de los otros, con libertad, con cariño, sin juzgar ni censurar es un camino que facilita la aproximación a un diagnóstico de lo que realmente sucede y por tanto, el pilar para construir soluciones eficaces y tangibles desde el Evangelio.
Es también, una manera de cultivar la Espiritualidad de Comunión, de aprender dialogar con respeto en un país donde, al parecer, sólo entendemos el lenguaje de las balas y los miedos. Escuchar con asombro al otro. Escuchar en profundidad los gritos y clamores de la realidad real. Escuchar la voz de Dios que nos interpela a través de los signos de los tiempos: Esta es la base para construir conocimientos que contribuyan a anunciar proféticamente la plenitud del Reino.
Una vez hecho este diagnóstico preliminar de lo que los participantes saben respecto al objeto de estudio y sus procesos conexos, se procede a aclarar la posición del Coordinador y a entrar en diálogo con los imaginarios de los participantes, con el fin de construir un nuevo imaginario enriquecido por la conceptualización, socialización de experiencias y análisis de situaciones correlacionadas con el manejo de la vida eclesial.
Como fruto del intercambio de saberes y su respectiva sistematización, se logra una reestructuración del problema, lo que permite visualizar alternativas de solución e implementar un plan de acción orientado al cambio de hábitos y al esclarecimiento de los compromisos que se han de asumir.
Dicho proceso debe ser evaluado y retroalimentado, con un espíritu de mejoramiento continuo.
En resumen:
- Hay que conocer el perfil de los participantes en la catequesis: El Coordinador debe alimentar el interés por conocer al máximo su grupo e identificar sus fortalezas y debilidades. En este punto es importante recurrir tanto a datos cuantitativos (edad, sexo, ocupación, nivel académico, nivel de ingresos, etc.) como rasgos cualitativos (formas de pensar, experiencias previas, historias de vida, etc.)
- Hay que reconocer la etapa que vive el grupo con el que se realiza el trabajo pastoral: No es lo mismo trabajar con un grupo que recién inicia que con otro más consolidado. En forma análoga a la psicología evolutiva de un ser humano, hay grupos niño, grupos adolescentes, grupos adultos, grupos ancianos con todas las ventajas y desventajas que se asocian con cada edad.
Los métodos deberán ser adaptados a la edad, a la cultura, a la capacidad de las personas, tratando de fijar siempre en la memoria, la inteligencia y el corazón las verdades esenciales que deberán impregnar la vida entera (EN 44)
- Hay que identificar los tipos de participantes que existen en el grupo: Así como Jesús conocía muy bien los diversos matices de sus discípulos, el Coordinador debe lograr un conocimiento de las personas y de los estados de ánimo con que llegan a la reunión. Siempre encontraremos personas más habladoras, otras más reflexivas y silenciosas, otras alegres, algunas dispersas, unas ágiles, otras lentas, en fin, el Coordinador tendrá que cultivar el arte de comprender a cada persona en situación y responder creativamente a los desafíos que se presentan en cada momento.
- El uso de las Técnicas metodológicas está en función del perfil de grupo, el tema, los objetivos y las condiciones para desarrollar el trabajo (tiempo, espacio, recursos, etc.): Los recursos didácticos o las dinámicas de grupo, no garantizan de por sí, el logro de las competencias requeridas para ser un cristiano auténtico. En esto, hay que despertar una capacidad de análisis y de aplicación de llamada inteligencia emocional para manejar con sabiduría las diferentes variantes que se pueden implementar en el proceso catequético.
De hecho, para estudiar un tema, a veces, se necesitan varias técnicas. Lo importante es que el Coordinador tome conciencia progresiva de su didáctica y establezca conexiones entre los procesos de enseñanza y aprendizaje para adoptar los correctivos necesarios y potenciar los aciertos.
En una sesión de estudio hay que buscar el ejercicio de las tres dimensiones: Lógica-racional, Intuitiva-Creativa y Operativa-Práctica. Esto propicia un desarrollo armónico del sentir-pensar-actuar pero también garantiza que se responda a las inteligencias múltiples presentes en un grupo.
- El método Ver (Escuchar, Percibir)- Juzgar (Discernir, Iluminar)- Actuar (Responder, Revisar y Celebrar) permite flexibilidad en su puesta en marcha, siempre y cuando se parta de la realidad: La catequesis no puede quedarse en transmitir ideas o en la pretensión de saber muchas cosas pero sin transformar la vida. Si se tiene siempre como referencia la realidad, se establecerá un ciclo en el que la reflexión y el estudio conducirán a pequeños compromisos y acciones que poco a poco irán mejorando las condiciones de vida desde el mandamiento del amor que nos hace hombres y mujeres nuevos.
- El Norte, el Objetivo Principal, la Estrella de Belén, el Horizonte del rol del Coordinador es facilitar el encuentro personal y comunitario con JESUCRISTO: "...no hay humanidad nueva si no hay en primer lugar hombres nuevos, con la novedad del bautismo y de la vida según el Evangelio. La finalidad de la evangelización es por consiguiente este cambio interior si hubiera que resumirlo en una palabra, lo mejor sería decir que la iglesia evangeliza cuando, por la sola fuerza divina del Mensaje que proclama, trata de convertir al mismo tiempo la conciencia personal y colectiva de los hombres, la actividad en la que ellos están comprometidos, su vida y su ambiente concretos" (Cf. EN 18)
Por eso mismo, hablar de liderazgo y dinámica grupal se enmarcan en la pertinencia de promover catequistas que sepan ser animadores (dar vida) y reanimadores de las comunidades desde la espiritualidad del Buen Samaritano.
Así como el discípulo amado acogió a María en su propia casa, anhelamos que los dones y valores transmitidos por Jesús: la gracia, la palabra, el Espíritu y la Eucaristía sean acogidos desde la dinámica del diálogo fecundo y el asombro ante la inmensidad del amor misericordioso de Dios para que tanto en lo litúrgico como en lo profético, en lo institucional como en lo carismático, en lo social como en lo individual, en lo espiritual como en lo ministerial la Iglesia despliegue todo su potencial evangelizador de esperanza, de tal forma que se evidencie que es un signo inequívoco del Reino. Dicha esperanza se concretiza en signos históricos, en iniciativas y proyectos humanizadores, en calidad de vida y en dignificación del excluido, en rescate de valores sustanciales, en promoción de justicia, en respeto a las diferencias y en participación que hace cada creyente un protagonista de la historia. La esperanza cristiana es una vocación a la responsabilidad histórica
Tal es el liderazgo que el catequista ESPAC está llamado a ejercer y tal es la dinámica de amor que debemos impulsar en nuestros grupos.