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VIII - Congreso Nacional- Bogotá, junio 30 a julio 1 de 2007

“20 AÑOS ESPAC”

FORMANDO
Discípulos y Misioneros de Jesucristo

Llamados a la santidad.

Dios llama al hombre a convivir con Él. Es decir, lo llama a la Santidad. El discipulado, es la forma más clara, segura y eminente, de responder a la Santidad.

Discípulos de Cristo

“Bordeando el mar de Galilea, Jesús vio a Simón y a Andrés...y les dijo: “Venid conmigo”... Luego vio a Santiago y a Juan, su hermano...y los llamó... y se fueron tras él”. (Mc 1,16).

“Id y haced discípulos míos en todas las gentes....enseñándoles a guardar lo que os he enseñado”... (Mt 28,19).

En los Evangelios se manifiesta repetidamente, la intención de Jesús por llamar personas para que le sigan y les encomienda que hagan discípulos.

Ser discípulo de Jesús, ha de ser el interés de todo cristiano; máxime de los que son agentes comprometidos en la pastoral de la Iglesia.

Veamos qué camino nos propone el Evangelio, para que la Palabra de Dios vaya formando en nosotros, un verdadero discípulo del Señor.

Las pautas más sobresalientes se pueden resumir en estas palabras: oír el llamado, encuentro, seguimiento, unción del Espíritu Santo, testimonio, y en comunidad.

Madre y Modelo de todo discípulo, ha de ser la Virgen María.

1. Oír el llamado. “… ven y sígueme” (Mt. 19, 21). La mejor forma de vivir el compromiso bautismal, es trabajar por ser verdaderos discípulos de Jesucristo. Cristo dice a todos, “ven y sígueme” y este llamado, nos lo hace de muchas formas y en repetidas ocasiones. Es un llamado personal.

Pensemos en los llamados que la Iglesia nos hace para ser miembros activos; las veces que nuestra conciencia nos reclama ser cristianos activos en la Iglesia; el buen ejemplo que recibimos de tantas personas; el interés que hay en muchos, por ser miembros activos en la evangelización; las organizaciones apostólicas necesitadas de miembros comprometidos. Podríamos enumerar otras circunstancias en las cuales hay un llamado, que hay que oír. Basta tener interés, fe y deseos de seguir al Señor.

Cada uno cuenta la experiencia de cómo fue “su oír el llamado del Señor”. Cada persona tiene su historia.

Llamados explícitos y claros, o llamados en la penumbra y sin esclarecer; voces permanentes o transitorias, ciertas o dudosas, diáfanas o semi confusas. El oír el llamado es una experiencia a veces permanente y a veces no. Es decir, cada quien tiene su historia.

Llamados-voces, que oídas, nos van cambiando la vida (Mc. 1, 18) “… dejando las redes… le siguieron”: (Lc 5, 27) “Sígueme. Él, dejándolo todo… le siguió”. (Lc. 18, 28) “… nosotros hemos dejado nuestras cosas y te hemos seguido.” (Mc. 10, 21) “Vende cuando tienes… luego ven y sígueme”.

La ESPAC seguirá constante en el reto de “hacer llegar a todos el llamado de Jesús”, quien invita a su seguimiento. Llamado que se ofrece como una opción de vida plena, opción por la construcción del Reino de Dios, en el continuo trabajo en la Iglesia.

El simple llamado para ser miembro de la ESPAC, o el deseo de pertenecer a ella, debe interpretarse como “la invitación que Cristo hace” en busca de un nuevo discípulo.

2. Encuentro con Cristo Vivo. Los encuentros con Cristo, son los momentos claves para que el discípulo se decida al seguimiento de Jesús. Es estar con él, como aparece en Jn 1, 39 y Mc 3,14.

Hoy este encuentro se realiza con Cristo Vivo en su Palabra. Allí está como Maestro, que enseña, ilumina, corrige, alienta, salva. Son palabras de vida (Jn 6,30).

La lectura asidua, el estudio y en especial el ejercicio de la Lectura Santa, son instrumentos insustituibles y que están al alcance de todos.

La ESPAC tiene que ser una oyente permanente de la Palabra, y así constituirse en servidora incansable de la Palabra, a través del Anuncio, Catequesis, Estudio y Testimonio. Sembrará la Palabra y se preocupará para que la tierra esté preparada. La Simiente-Palabra, tiene fuerza por sí misma, pero en tierra preparada, hay mejor fruto. El Retiro Kerigmático y los encuentros que propone la ESPAC, son elementos que ayudan a la madurez cristiana de sus integrantes.

Encuentro con Cristo Vivo en la Liturgia. La Liturgia es un momento muy significativo, pues los ritos adentran a la persona en el “misterio celebrado y significado”. La renovación del propio bautismo y de la confirmación, serán un punto muy importante.

La Eucaristía, que es Palabra, Sacrificio y Banquete, es el punto más alto de la Liturgia. “La Iglesia vive de la Eucaristía” (Carta Encíclica, Juan Pablo II). La participación en la Sagrada Eucaristía será marcante en la vida del discípulo. Su recepción será el distintivo insignia, de quien dice pertenecer a la ESPAC.

La ESPAC, debe brillar por la abundante insistencia en la Sagrada Liturgia, y en los contenidos temáticos en su III y IV etapas.

Encuentro con Cristo Vivo en la Persona Humana. En la solidaridad cristiana, el discípulo encontrará los diversos rostros del Cristo Vivo: niño, joven, sufriente, alegre, mujer, hombre, desplazado, dirigente, rico... etc.

La ESPAC tiene que ser solidaria, si quiere encontrar a Jesús Vivo en el hermano. El hermano es el Cristo vivo en la Iglesia. Toda acción social debe ser realizada dentro del espíritu de samaritanidad. Es asumir, como propia, la situación del hermano; es hacer que el propio corazón se convierta en “prójimo” del que sufre.

La universalidad de la ESPAC, al ofrecer su formación a toda persona, la convierte en instrumento óptimo, para ejercer la comunión con el hermano. Los integrantes de la ESPAC, deben respirar éste universalismo comunitario.

3. Seguimiento: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame” (Lc 9, 23).

La primera condición para seguir al Señor es: “querer”; el que quiere, es el que sigue al Señor. Pero si quiere seguirlo, hay que seguirlo como el Señor quiere; no lo seguimos a nuestro gusto. Se le sigue con y dentro de las condiciones que él propone. El seguimiento con fidelidad al Evangelio, es la propuesta más desafiante que hace el Señor.

“Niéguese a sí mismo”. Condición fundamental para ser discípulo, es la negación a sí mismo; es dejar el egoísmo, que es la fuerza más imperante, para abrirse a los demás.

“Tomar la cruz”, es vivir en función de los demás. El grano de trigo muere, para dar fruto; el Crucificado muere y salva a los otros, para luego resucitar glorioso.

Negarse y tomar la cruz es la forma de estar en verdadera comunión con Cristo y los demás. Esto trae como consecuencia que el discipulado va exigiendo y dando un espíritu “comunitario”.

“Sígueme”. Seguir a Cristo es salir de sí mismo y sentirse en comunión; es construir Iglesia; es tener consciencia de integración para formar el único cuerpo cuya cabeza es Cristo (Ef. 4, 11…). Seguir a Cristo es, realizar lo que él realizó: es decir, permitir el Reinado de Dios en su persona y compartirlo con los demás.

Oír los repetidos llamados y tener frecuentes encuentros con el Señor, serán la pauta para un seguimiento generoso.

Signo evidente del “seguimiento” es el cambio de vida. La vida cambió a los que le siguieron; la vida cambiará a los que hoy le siguen.

Será un cambio lento o inmediato; grandes cambios o pequeños cambios; cambios que se ven y cambios que no se ven; cambio que a veces se “descambia” y hay que volver a cambiar.

Todo cambio implica, dejar algo por algo. En el cambio que Cristo propone, se dejarán muchas cosas, por Alguien.

La ESPAC debe ser repetitiva en el tema del discipulado, del seguimiento fiel a la persona de Jesús y lo propondrá, como un itinerario para toda persona.

El estudio de los ministerios, son la forma como la ESPAC, en forma concreta, induce e invita al seguimiento de Jesucristo.

4. Ungidos por el Espíritu Santo “…quedaron llenos del Espíritu Santo” (Hc 2, 3). El Espíritu Santo, es la promesa hecha por Jesucristo a sus discípulos y su función es clara: dar testimonio de Cristo en unión con ellos y llevarlos a la Verdad plena (Jn 15, 26…; 16,13).

La narración de Pentecostés (Hch. 2), será el inicio para otros muchos Pentecostés realizados en la Iglesia naciente y que luego se irán repitiendo en la historia. La presencia del Espíritu y su acción, permanecerán en ella a través de los siglos.

Los Evangelios insisten en la “presencia” del Espíritu Santo en la vida de Jesús. Jesús siente la fuerza del Espíritu, y éste siente la necesidad de ese mismo Espíritu para sus discípulos. De ahí que su gran promesa es:”os enviaré el Espíritu, ….que os llevará a la Verdad plena” (Jn 16, 7.13)

La ESPAC tiene especial atención en los sacramentos de iniciación; en el sacramento de la Confirmación, se da especial énfasis, en el conocer la obra realizada por el Espíritu Santo, a través de la Historia de Salvación. También hace ver que la confirmación es el paso a una “madurez en la fe y compromiso consciente con Jesucristo y la Iglesia”.

En conclusión, el discípulo en su seguimiento al Señor, irá penetrando el misterio de Cristo, Hijo de Dios, Salvador, Maestro, Sacerdote, Evangelio del Padre, Camino, Verdad y Vida.

5. Testimonio. “....y recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría y hasta los confines de la tierra” (Hch 1,8).

Los elementos anteriores se orientan hacia el hecho de constituirnos en “testigos” de Jesucristo.

El discípulo da testimonio, de lo que tiene en su corazón, a través de una vida, de unos actos, que son manifestación de su interioridad. Los actos tienen que estar en íntima concordancia con lo que se cree; una convicción profunda, exige actos concordantes a ella.

La luz brilla porque toda ella es luz; en ella no hay tinieblas. La sal sala, porque toda ella es sal, no tiene espacios insípidos. Dar testimonio es el resultado de la opción tomada en la conciencia y manifestada en los actos. El Espíritu recibido, no sólo santifica, da fuerza y se manifiesta en el testimonio dado por el discípulo.

La ESPAC tendrá en el testimonio de sus miembros, la mayor fuerza evangelizadora y misionera. Testimonio ante todo de conversión permanente. Testimonio en el hogar, hasta los confines de la tierra.

La ética del cristiano-espac, no será solamente la observancia de prescripciones, sino que buscará en la ética cristiana, “configurar su vida a lo que él es: imagen de Dios”.

6. En comunidad. Todo lo expuesto anteriormente, debe realizarse en “ecclesía” es decir en comunión con otras personas, en comunidad. Es el ideal trazado por Cristo y es el programa de la Iglesia. “Formar Comunidades”

En el Evangelio se insiste en que “Jesús se preocupó por formar una comunidad: los Doce. Esta comunidad tiene sus características propias.
- Nace de la escucha y práctica de la Palabra, (Lc. 8, 19-21) (Juan 1, 11-13).

  • Dios es Padre (Lc. 11, 2).
  • Una comunidad abierta (Lc. 19, 10).
  • La autoridad es servicio (Lc. 22, 24).

Además la Comunidad goza de las prerrogativas de la Iglesia. La Iglesia es un cuerpo en el cual, la unidad, la multiplicidad-diversidad, la comunión, el orden y el crecimiento son fundamentales (1 Cor. 12-12…).

  • Unidad: dada por Cristo que es cabeza del cuerpo.
  • Multiplicidad-diversidad: por la ministerialidad que el Cristiano tiene desde su bautismo, a más de los carismas propios y los dados por el Espíritu Santo.
  • Comunión: porque cada miembro del cuerpo no se apropia de la vida y función que tiene. Toda gracia y carisma están en beneficio de todos.
  • Orden: los ministerios y carismas se ejercen “jerárquicamente”, es decir, en orden.
  • Crecimiento: todo ser vivo crece. Esta ley del crecimiento no quita las crisis; las incorpora como condición normal de su vida.

La ESPAC, busca hacer una comunidad de discípulos comprometidos con el mandato de “ir a enseñar a todos los pueblos y hacer discípulos”.

Hay muchos elementos que nos indican la necesidad de “hacer comunidad”.

Nuestra fe proclama a Dios-Trino, es decir a Dios-“Comunidad”; Israel “pueblo” de Dios; los Doce, son la “comunidad primera” de Jesús; la Iglesia es Pueblo, Cuerpo, Comunión, Participación. La vida empieza en la comunidad llamada familia. Y en el escudo de la ESPAC, tenemos un signo de comunidad.

MARÍA Y EL DISCIPULADO

Ahora y sin lugar a dudas, hay que mirar a la Virgen María, como Discípula. Si bien no es nombrada en la lista de los Doce Apóstoles, ni en las mujeres que acompañaban a Jesús en sus recorridos, ella mejor que nadie, realizó durante su vida, las condiciones del discipulado. Por eso es, la Discípula Modelo.

Podemos trazar unas pistas para que ustedes hagan un trabajo en torno al discipulado de María.

Los Evangelios nos dan unas pautas que indican el proceso realizado por la Virgen María.

Al comienzo se narra el Pentecostés de la Virgen María y cómo ella es la fiel oyente y receptora de la Palabra. “El Espíritu Santo vendrá sobre ti… hágase en mí, según tu palabra”. Esto la convierte en Madre de Jesús. (Lc 1,26…)

Estará en todas las circunstancias y dificultades que conocemos en torno al nacimiento y primeros días de la vida de Jesús (Lc 1,39 - 2,50. Mt 1,18 -3,23).

Después, como toda madre, será Educadora de Jesús, durante el tiempo en que él permanece en el hogar de Nazaret, “Bajó (Jesús) con ellos y vino a Nazaret y vivió sujeto a ellos. Su madre conservaba todas estas cosas en su corazón. Jesús progresaba en sabiduría y estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres” (Lc 2,51 – 52). Es decir, hará un “seguimiento” muy especial y muy cercano a Jesús, como madre.

Luego, al ser nombrados los discípulos de Jesús: en las Bodas de Caná (Jn 2,1..); cuando Jesús determina que su familia son quienes escuchan la Palabra (Mc. 3, 31-35; Mt. 12, 46-50; Lc 8,19-21), aparece María en encuentro con Jesús, de forma muy especial.

En la Pasión del Señor aparecerá un discípulo junto a María y allí es constituida Madre del discípulo (Jn. 19, 25-27). Es fácil entender la universalidad de esta maternidad: María es Madre de todo discípulo.

En los Hechos de los Apóstoles, cuando los discípulos esperan la promesa del Espíritu Santo, María está con ellos (Lc. 1, 12-14). Aquí María tiene un segundo Pentecostés que la constituye en Madre de la Iglesia.

El Concilio Vaticano (LG 58-65) nos enseña que la Virgen María hizo su caminar en la fe, desde la Anunciación, hasta Pentecostés. Este itinerario mariano, meditado con fe, es luz para quien desea ser fiel discípulo del Señor.

La Iglesia nos anima a ver en María, la Estrella refulgente de la Nueva Evangelización, que nos guía a Jesucristo (E.N. 82) (L.N. 67).

“María es la primera imagen de Cristo para América Latina” (1978, Cardenal Ratzinger. Guayaquil).

LECTURA SANTA: Juan 1, 35…

Los primeros discípulos

“Al día siguiente, Juan se encontraba de nuevo allí con dos de sus discípulos. Fijándose en Jesús que pasaba, dice: “He aquí el Cordero de Dios”. Los dos discípulos le oyeron hablar así y siguieron a Jesús. Jesús se volvió, y al ver que le seguían les dice: “¿Qué buscáis?”. Ellos le respondieron: “Rabbí - que quiere decir, Maestro”- ¿dónde vives? Les respondió: “Venid y lo veréis”. Fueron, pues, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día”.

Lectura
Lectura individual fijándonos en:

  • Los personajes, lo que dicen y hacen
  • Títulos dados a Jesús
  • Frases que nos llaman la atención.
  • Elementos del discipulado.

Meditación.
Grabar en la memoria el relato.

Contemplación.
Contemplar nuestra vida y el relato.

Oración.

    Ponencia

    "El catequista ESPAC discípulo y misionero de Jesucristo"

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    Actualizado: 8/9/07 - webmaster