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VIII - Congreso Nacional ESPAC

Barranquilla, agosto 18 y 19 de 2007

EL PERFIL DEL COORDINADOR ESPAC

Monseñor Carlos Sánchez Torres,
Director de la ESPAC

Celebramos el VIII-Congreso nacional de la ESPAC. Se trata de un encuentro de catequistas y, por consiguiente, de una reflexión sobre aquello que nos reúne: la catequesis, los catequizandos y, en este caso el Coordinador, que es persona clave en el engranaje de la organización “Escuela Parroquial de Catequistas”.

1. Los hechos.
Constamos índices bajísimos de formación cristiana en la sociedad por falta de catequesis. Constatamos una creciente e incontenible descomposición moral en la sociedad por falta de catequesis; constatamos que muchos católicos se retiran de la Iglesia, no por lo que los grupos no católicos creen y predican, sino por carencia de una formación crítica de su fe; no por problemas teológicos sino metodológicos de nuestra Iglesia. Se retiran en búsqueda de la respuesta que no encontraron en su Iglesia católica a sus inquietudes religiosas. La conclusión es clara, urge formar catequistas idóneos en su Ser, en su Saber y en su Saber hacer con el fin de responder a los retos de la Nueva Evangelización.

Se trata de lograr que religiosos y laicos, conscientes de su lugar dentro de la comunión eclesial, asuman su responsabilidad ministerial dentro de la Iglesia en estrecha comunión con sus pastores. Pero sabemos que para lograr este objetivo, los catequistas deben tener una sólida formación cristiana, un decidido compromiso apostólico misionero y la capacitación de un profesional en esta materia. De ahí la urgencia de catequistas que sean agentes especializados dentro de las comunidades cristianas.

2. La catequesis.
En general, se concibe la catequesis como una escuela de fe, en la que se realiza el aprendizaje y el entrenamiento de la vida cristiana mediante un encuentro personal con Jesucristo. En efecto, la catequesis busca que los llamados a la fe descubran el pleno sentido de su existencia humana y cristiana mediante el ejercicio permanente que realiza la madre Iglesia para educar la fe de sus hijos. Para ello se vale de la catequesis que, en un primer momento, los inicia en el camino de la fe a partir del kerigma misionero; los guía por un camino catecumenal en la construcción de su personalidad de discípulo de Jesucristo, los alimenta con los sacramentos de iniciación, y los inserta dentro de la comunidad eclesial donde logran su plema realización como discípulos y misioneros de Jesucristo. En otras palabras, la catequesis coloca los cimientos del edificio espiritual del cristiano mediante un proceso de iniciación, alimenta las raíces de su vida moral y de fe, lo capacita para recibir dentro de la comunidad cristiana el alimento sólido de los sacramentos y lo hace corresponsable de la misión de construir el Reino de Dios en medio de la sociedad. En este sentido, la catequesis es un momento prioritario y decisivo en la evangelización.

Pero la catequesis no se queda allí, se trata de una educación permanente de la fe que no puede agotarse en la iniciación cristiana, porque debe acompañar todo el camino que debe recorrer el cristiano en su búsqueda de la santidad dentro de la comunidad cristiana. Es en comunidad como el iniciado en la fe logra la madurez en su comunión eclesial mediante el ejercicio constante de la caridad. Esto supone una variada gama de formas para la catequesis permanente que debe realizar la Iglesia, nutriéndo a sus fieles con la Palabra de Dios, con la Tradición viva de la Iglesia y con su Magisterio permanente.

3. Los catequistas.
Dicho que la catequesis es un proceso de iniciación, de crecimiento en la fe y de maduración de la vida cristiana, la Iglesia, realiza esta tarea a través de los catequistas, es decir, a través de aquella multitud de hombres y mujeres que ejercen con alegría y esperanza la mision de explicitar y cultivar el contenido del Evangelio. No sobra recordar que la Iglesia reconoce el lugar privilegiado que ocupan los catequistas dentro de los agentes especializados de la pastoral. De ellos dice el Papa Juan Pablo II: “Entre los laicos que se hacen evangelizadores, se encuentran en primera línea los catequistas que son agentes especializados, testigos directos, evangelizadores insustituibles, que representan la fuerza básica de las comunidades cristianas” (RM 73).

Agentes especializados, testigos directos, evangelizadores insustituibles, dice el Papa. Estos tres honrosos calificativos los explicita el Directorio general para la catequesis con los terminos: el Ser, el Saber y el Saber hacer de un catequista. Es de esto de lo que nos vamos a ocupar ahora refiriéndonos al Coordinador de un grupo ESPAC y, por consiguiente, a los catequistas en proceso de formación.

Sin ocuparnos aquí del primer catequista en la diócesis que es el Obispo, ni del presbiterio que lo acompaña en esta tarea, ni de los religiosos con sus diferentes carismas, ocupémonos solo del Coordinador de grupo de catequistas, como mediador entre el párroco y los catequistas y como el personaje central de esta reflexión.

4. El Coordinador de grupo de catequistas en la ESPAC.
Para definir el perfil de un coordinador de grupo de catequistas dentro de la ESPAC, contemplemos con atención la imagen que está ante los ojos de todos en este escenario o la portada de la carpeta que cada uno tiene en sus manos; leamos el lema que orienta nuestro congreso: “ESPAC 20 años formando discípulos y misioneros de Jesucristo” y situemos nuestra reflexión dentro de este marco de referencia.

¿Qué es lo que allí vemos? A Jesús Maestro rodeado por un grupo de discípulos, en una de las frecuentes escalas de su viaje de Galilea a Jerusalén. Los evangelios sinópticos, especialmente el de san Lucas nos habla de este viaje. En la Liturgia de la Palabra de los domingos del ciclo C que estamos escuchando y meditando este año 2007, después del tiempo de pascua, el evangelista san Lucas, en los capítulos comprendidos entre el 9 y el 19, nos presenta a Jesús, quien en Galilea tomó la decisión de ir a Jerusalén.

Quiénes de entre los aquí presentes ya estudiaron el Módulo 2.5 Sagrada Escritura II, pag. 17, saben que Galilea fue el ámbito de la evangelización de Jesús donde, como un buen judío que espera el advenimiento del Mesías y del Reino de Dios tan anunciado, acude a Juan Bautista para ser bautizado. Fué allí, en el Jordán, donde llamó a sus primeros discípulos; fue junto al lago de Galilea donde completó el número de los Doce; fué en aquella región, donde posteriormente expuso la parábola del buen samaritano, donde hospedado en casa de Marta y María nos enseñó a “elegir la mejor parte”; donde expuso las parábolas de la misericordia y los nueve artículos del “manual de convivencia” del colegio de sus discípulos en el sermón de las bienaventuranzas; donde les enseñó a orar diciendo, “Padre nuestro que estás en el cielo” y las parábolas referentes a las características del Reino de Dios que les estaba anunciando. Fue en Galilea donde se dió a conocer de sus discípulos como el Hijo de Dios. “Quién dicen las gentes que es el hijo del hombre?, les preguntó; “Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo”, le respondió Simón en nombre de los demás. Fue en Galilea donde les probó su condición el de Hijo de Dios con la pesca milagrosa, donde multiplicó los panes para saciar el hambre de más de cinco mil personas que lo seguían, donde caminó sobre el agua y calmó la tempestad aquella noche y, al día siguiente en Cafarnaún, prometió dar a los que pedían pan, el Pan que da la vida eterna. Fue allí donde reprochó severamente a las gentes por su falta de fe y los retó a retirarse de su camino a los que no quisieron aceptar esta palabra; fué allí donde logró la adhesión de sus discípulos que tuvieron que reconocer por todo lo que habían visto, al Mesías que esperaban: “a quién iremos, sólo tu tienes palabras de vida eterna”, repuso Simón, el mismo que dijo: “Tú eres el Mesías, tú eres el Hijo de Dios”.

Jerusalén, por el contrario, es el punto de llegada del camino de que nos habla san Lucas, camino que es la escuela de Jesús-Maestro, la cátedra, como nos la pinta este afiche, desde donde Jesús dejó las más importantes enseñanzas de su Evangelio.

Jerusalén es el lugar de la culminación de su misión salvadora, podríamos decir, es la “sesión solemne de graduación” de los discípulos en Pentecostés después de pasar el riguroso examen de la cruz. Mientras iba de camino, Jesús sabía que en Jerusalén lo esperaba la pasión y la cruz. Y, cuando de Jerusalén les hablaba, cuántas oposiciones suscitó y cuánto le costó a Simón y los demás discípulos comprender las exigencias del discipulado. Por eso lo oyeron decir: “el que quiera ser discípulo mío, tome su cruz y sígame”, “Despréndase de lo que tiene, dé el dinero a los pobres y, después, venga conmigo”.

Este camino de Galilea a Jerusalén que con Jesús a la cabeza hemos venido recorriendo en la liturgia los domingos después del tiempo de pascua y en nuestro grupo ESPAC, es la escuela donde Jesús realizó el proceso de formación de sus discípulos: discursos, parábolas, comparaciones, milagros, testimonio, oración, actitud decidida frente a sus opositores, etc. tal es el contenido de las diferentes lecciones del Maestro que nos transcribe san Lucas, durante el viaje desde Galilea hasta Jerusalén, para formar a sus discípulos.

Recordemos, a propósito, la lección que nos dió el domingo pasado (12 de agosto) y en el anterior, cuando nos hablaba de la necesidad de desprendernos de lo material que estorba para que el discípulo sea como el Maestro, pobre y humilde y, a cambio de lo material, atesorar los bienes del espíritu para construir el Reino de la justicia, del amor y de la paz que vino a instaurar (Lc 12, 32-48).

O, recordemos la lección de este domingo (19 de agosto), cuando nos dice que el Evangelio no es una noticia tranquilizante ni una droga o terapia para producir somnolencia, sino una noticia inquietante cuyo anuncio puede engendrar divisiones en razón de los valores del Reino que el mundo rechaza y que no es capaz de conocer ni comprender (Lc 12. 49-53).

Veamos en este afiche de nuestro Congreso, lo que es un grupo ESPAC. Allí estamos representaados cada uno de los que aquí estamos; allí está Jesús rodeado de los discípulos que lo acompañan en una de sus habituales escalas de su caminar hacia la Pascua. Veamos en este afiche al Coordinador ESPAC rodeado de sus catequistas que lo acompañan en el proceso de su formación como discípulos y misioneros. A partir de esta imagen respondamos, pués, a la pregunta:

5. ¿Quién es el Coordinador ESPAC y cuál es el perfil de su persona?
Digámoslo de una vez, el coordinador ESPAC es Cristo en medio de los doce y en medio de la multitud de quienes lo llaman Maestro, “Rabbi”, “Rabuoni”, Coordinador.

5.1 El Coordinador es un catequista con autoridad.

Para entender esta afirmación, detengámonos en el relato de Marcos (1, 21-28) quien nos dice que Jesús, un sábado, entró al pueblo de Cafarnaún y, como era su costumbre, fue a la sinagoga y empezó a enseñar. Allí todos se extrañaban de su forma de enseñar porque enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas y los maestros de la ley.

¿De qué autoridad se trata? Jesús enseñaba de un modo único y singular, con la metodología de la historia de la salvación, es decir, con hechos y palabras. Sus palabras estaban siempre respaldadas por sus obras; su actuar de todos los días era hacer la voluntad de su Padre, Él nunca cometió error alguno ni hizo nada que pudiera obstaculizar la misión que el Padre le confió.

El Coordinador, como Cristo en medio de su grupo, tiene y necesita tener autoridad, y no solo frente a su grupo sino ante la comunidad parroquial. ¿Qué clase de autoridad? Aquella que le viene de fuera y aquella que le viene de dentro.

De fuera le viene la autoridad del párroco, de quien es su representante ante el grupo de catequistas; la misma autoridad que el párroco tiene recibida de su Obispo y el Obispo, de Cristo.

De dentro, le viene la autoridad de su idoneidad, de su profesionalismo de ser agente especializado en el SER, en el SABER y en el SABER HACER de un catequista especializado.

5.2 El ser, el saber y el saber hacer del Coordinador.

Antes de detenernos en cada una de estas tres categorías del perfil de un Coodinador ESPAC, categorías que el Directorio General para la Catequesis aplica por igual a todo catequista, precisemos algunos aspectos que nos permitirán definir el perfil de la personalidad del Coordinador como discípulo de Jesucristo:

  1. El Coordinador es alguien que ha sido llamado por Dios y que después de escucharlo supo decir como el profeta: “Aquí estoy, Señor, porque me has llamado”; o como Cristo: “lo que a mi Padre le agrada es lo que yo hago siempre” o como la Virgen María: “soy la servidora del Señor, hágase en mí según tu palabra”;
  2. El Coordinador es alguien que, formado junto al corazón de su Maestro Jesús, ha copiado los rasgos de su personalidad humana y divina y se ha hecho verdadero discípulo suyo.
  3. El Coordinador es alguien que fue consagrado en el Bautismo y la Confirmación y que está capacitado por los dones del Espíriu Santo para exclamar como el apóstol san Pablo: “!Ay de mí si no anuncio el Evangelio!”.
  4. El Coordinador es un enviado por la Iglesia a un mundo secularizado que a tiempo que rechaza a Dios, experimenta el vacío de Dios y pretende llenarlo con lo que no es Dios.
  5. El Coordinador es un enviado en medio de nuestra Iglesia en la que buena parte de los católicos buscan vivir su fe cristiana fuera de Ella, en busca de una respuesta a sus inquietudes acomodada a su gusto.

Estos cinco aspectos se apoyan en los siguientes cuatro ejes que ofrece el Documento de Aparecida a todo el que haya sido llamado a ser discípulo de Jesucristo, sea obispo, presbítero, diácono, religioso o laico (n. 236):

  1. La experiencia religiosa. El Coordinador es un apóstol que ofrece a los miembros de su grupo de catequistas un encuentro personal con Jesucristo, una experiencia religiosa profunda e intensa, una conversión personal y un cambio de vida integral.
  2. La vivencia comunitaria. Nuestros fieles buscan comunidades cristianas en donde sean acogidos fraternalmente y se sientan valorados como miembros de una comunidad eclesial que les ayude en su desarrollo personal.
  3. La sólida formación bíblica doctrinal. Junto con una fuerte experiencia religiosa y una destacada vivencia comunitaria, el Coordinador, formador de catequistas, necesita profundizar en el conocimiento de la Palabra de Dios y en los contenidos de la fe que de ella proceden, ya que es la única manera de madurar la experiencia religiosa. En este camino eminentemente vivencial y comunitario, la formación no puede ser algo teórico y frío, sino una herramienta fundamental y necesaria para el crecimiento espiritual, personal y comunitario de los catequistas.
  4. El compromiso misionero personal y del grupo. El Coordinador con sus catequistas sale al encuentro de los alejados y los no creyentes, se interesa por su situación y los acoge fraternalmente para que descubriendo la importancia de vivir su fe en la Iglesia, se acerquen a ella.

Según estos cuatro ejes de acción que nos señala el Documento de Aparecida analicemos el perfil del Coordinador ESPAC en su Ser, en su Saber y en su Saber hacer, a la luz de las enseñanzas del Directorio General para la Catequesis.

6. Criterios inspiradores del perfil del Coordinador ESPAC.
El Directorio General para la Catequesis, en el capítulo II de la Quinta Parte, trata de la formación para el servicio de la catequesis señalando las tres dimensiones que tanto he repetido: el ser, el saber y el saber hacer.

6.I - FORMACION DEL SER

El SER del Coordinador se fundamenta en los valores humanos de su personalidad y en el Bautismo y la Confirmación que lo identifican con Cristo haciéndolo partícipe de la triple misión de Cristo y de todo bautizado: profeta, sacerdote y rey. Esto quiere decir que el Coordinador, como discípulo de Cristo, debe poner todos los días sus propios pasos en las huellas de Jesús Profeta, Sacerdote y Rey hasta adquirir una personalidad al estilo de Jesús. Sólo haciéndose, paso a paso, un verdadero discípulo de Jesucristo, podrá decirse del Coordinador lo que las gentes decían de Jesús: enseña con autoridad.

El Coordinador debe poseer una personalidad humana, cristiana y pastoral, que lo habilite para ser un verdadero educador de la fe. Y sabemos que ser educador, que ser maestro de la fe, es algo que no se improvisa sino que se adquiere con la vivencia, la ciencia y la experiencia, a lo largo de un proceso de formación. Acerca de esto. El DGC nos dice que “cualquier actividad pastoral que no cuente para su realización con personas verdaderamente formadas y preparadas, pone en peligro su calidad” (DGC 234).

Analicemos el SER del coordinador en cuatro dimensiones:
- Humana-comunitaria,
- Espiritual,
- Intelectual y
- Pastoral.

1. La dimensión Humana-comunitaria.

a) Comprende:
La relación consigo mismo y con la comunidad dentro de la cual trabaja, lo cual exige: equilibrio psicológico, capacidad de comunicación, nivel académico adecuado al grupo, integración a su núcleo familiar y a su parroquia o comunidad eclesial, capacidad para promover procesos de cambio y resolución de conflictos, aceptación, buena salud, superación personal, sana afectividad, madurez sexual.

b) Exigencias de esta dimensión

  • Ser veraz, sincero, transparente.
  • Crecer en el conocimiento y la aceptación de sí mismo, de los demás y de la propia realidad.
  • Tener buena salud física y mental.
  • Comprender el sentido de la sexualidad como un valor y tener conceptos correctos y completos sobre la genitalidad, la virilidad y la femineidad.
  • Poseer una buena educación en la higiene, el vocabulario, el vestir, la urbanidad, el comer y el beber, la gratitud, el respeto, la honradez y la modestia en el actuar.
  • Aprender a compartir su tiempo y sus bienes materiales y espirituales principalmente a través del servicio a la comunidad dentro de la que buscará desarrollar su creatividad.
  • Tener equilibrio afectivo capaz de dialogar y de establecer relaciones sanas con su familia, los amigos, los compañeros hombres y mujeres, niños y adolescentes.
  • Cultivar la conciencia ecológica.
  • Asumir los criterios de formación y la disciplina que ofrece la ESPAC como medios para moldear la propia personalidad.
  • Aceptar las observaciones del párroco como un acompañamiento y no como un reproche.
  • Tener la capacidad de trabajar en equipo en todo tipo de actividades.
  • Crecer en la autoestima.
  • Ser capaz de pensar y decidir responsablemente.
  • Tener estabilidad en las decisiones que toma.

2. La dimensión Espiritual.
a) Comprende:

  • La relación con Dios: oración, sacramentos, vida de gracia;
  • La relación con la Iglesia: amor y acatamiento al Magisterio, espíritu de servicio a la comunidad eclesial.
  • La relación con los demás: comunicación, colaboración, servicio, capacidad de escucha, capacidad para trabajar en equipo, sentido de caridad y de justicia.
  • La relación con las cosas: espíritu de pobreza y desprendimento, generosidad y buen uso del dinero, del lugar donde vive y de las cosas que están a su servicio.

b) Exigencias de esta dimensión

  • Alimentar la vivencia personal y gozosa de la fe mediante la práctica de la Lectio divina como fuente de vida espiritual.
  • Participar activamenete en la Eucaristía dominical como alimento de su Vida cristiana.
  • Vivir con intensidad la Liturgia de la Iglesia, guiado por el año litúrgico.
  • Celebrar regularmente el Sacramento de la Reconciliación.
  • Practicar con regularidad la oración personal, devoción mariana, visita a Jesús Sacramentado.

3. La dimensión Intelectual.
a) Comprende:
Los conocimientos y habilidades adquiridas con el estudio y la experiencia tanto de las ciencias auxiliares de la catequesis como los contenidos del Catecismo de la Iglesia Católica.

b) Exigencias de esta dimensión.

  • Conocer el contenido doctrinal de los Módulos del Programa ESPAC.
  • Leer fluídamente en público.
  • Escribir sin faltas de ortografía.
  • Escribir con una caligrafía aceptable.
  • Cultivar el hábito de la lectura.
  • Poseer una sana curiosidad intelectual.
  • Tener el hábito del estudio personal practicando el método adecuado.
  • Saber elaborar esquemas y resúmenes tanto en su estudio personal como durante los encuentros.

4. La dimensión Pastoral.
a) Comprende:

El servicio que, como laico comprometido, presta el coordinador a los catequistas para guiarlos en el conocimiento del Evangelio y la manera pedagógica de comunicarlo y conducirlos por el camino de Dios y de la santidad. Lo hace de acuerdo con su condición de profeta, sacerdote y rey procedente de su Bautismo y de su Confirmación, y moderando las reuniones del grupo de acuerdo con la metodología establecida en los Módulos ESPAC.

b) Exigencias de esta dimensión

  • Tener la experiencia de Dios para poder dar testimonio de ella.
  • Vivir su condición de coordinador como experiencia de Dios.
  • Desempeñar su función como exigencia del bautismo y la confirmación.
  • Ser profeta que anuncia la salvación y denuncia las injusticias.
  • Llevar en la mente y en el corazón las necesidades del pueblo de Dios y trabajar e interceder por resolverlas.
  • Tener conciencia de ser colaborador de grupo y no dominador.
  • Ser hombre de comunicación, de diálogo y de buen trato con toda clase de personas.
  • Adquirir el hábito de planear y evaluar en cada actividad pastoral.
  • Tener la actitud del servicio a los demás siguiendo el ejemplo de Jesús que no vino a ser servido sino a servir.

II - FORMACIÓN DEL SABER.
Todo lo anterior está comprendida en la del SABER catequístico del Coordinador mediante el estudio sistemático de las ciencias auxiliaries de la catequesis y de las ciencias teológico-catequísticas.

a) Comprende.

  • La formación en ciencias humanas.
    “Los dinamismos psicológicos que mueven al hombre, la estructura de la personalidad, las necesidades y aspiraciones más hondas del corazón humano, la psicología evolutiva y las etapas del ciclo vital humano, la psicología religiosa y las experiencias que abren al hombre al misterio de lo sagrado, las ciencias sociales y las condiciones sociológicas, culturales y económicas que tienen gran influencia en el proceso de la evangelización, las ciencias de la educación y de la comunicación” (DGC 422).
  • La formación en ciencias bíblico-teológico-catequéticas.
    Teología y catequesis pertenecen a la misión profética de la Iglesia. Esto exige del coordinador la capacidad de explicar y actualizar la Palabra de Dios para los catequistas formandos y para los catequizandos en general.

Si teología es la reflexión de la Revelación dentro y desde la fe, la catequesis es el camino hacia la fe revelada y reflexionada por la teología. La catequesis es, entonces, el camino de la fe que todos debemos recorrer y que solo termina cuando dejemos de respirar.

b) Exigencias de esta dimensión:

  • Una formación teológico-catequística (la Sagrada Escritura, la Revelación y el Magisterio de la Iglesia) basada en la experiencia que le permita relacionar los aspectos del mensaje cristiano con los hechos de la vida real.
  • Un conocimiento básico de los diferentes elementos de la fe cristiana estrechamente unidos en una visión orgánica que respete la “jerarquía de las verdades”.
  • Una formación pedagógico-metodológica que le permita, no sólo transmitir el mensaje evangélico con exactitud, a los catequistas del grupo y a los catequizandos en general, sino recibirlo de manera activa que lo capacite para discernir su vida desde la fe.
  • Un conocimiento del hombre y de la realidad de su entorno por medio de la antropología, la psicología y la sociología.
  • Saber programar, en el grupo de catequistas, la acción educativa de la fe elaborando un plan realista y después de realizado, evaluarlo críticamente (DGC 244).

III - FORMACIÓN DEL SABER HACER.
Es este un aspecto tan importante del perfil de un coordinador de grupos ESPAC, que no obstante conocer bien los elementos fundamentales de la doctrina revelada, si no sabe comunicarla y no puede entrar en sintonía con los que lo escuchan, el mensaje transmitido no llega al corazón y se pierde. No olvidemos que el fin de la catequesis es poner al catequizando en contacto y en comunión con Jesucristo. El Coordinador es un instrumento de la acción del Espíritu Santo, pero tiene que ser un instrumento válido.

a) Comprende.
Junto a las dimensiones que conciernen al ser y al saber, el Coordinador debe poseer la capacidad de formar a los catequistas en el saber hacer pedagógico.

El coordinador de catequistas es, a un mismo tiempo, maestro, educador y testigo, es decir, tiene que ser, pensar y actuar catequísticamente. Y no es suficiente tener una buena preparación bíblica, doctrinal, catequética y pastoral, se requiere que tenga, además, suficientes conocimientos y experiencia de pedagogo de la fe para la eficacia de su acción catequística. En este sentido el ser y el saber del Coordinador deben conducirlo a saber hacer su tarea, es decir a comunicar debidamente la enseñanza, para que pueda ayudar a la recta maduración del proceso de la fe.

Por ello, el Directoio General para la Catequesis nos dice que el catequista-coordinador es fundamentalmente un educador que facilita la maduración de la fe que el catecúmeno o el catequizando va realizando con la ayuda del Espíritu Santo (DGC 244).

b) Exigencias de esta dimensión.

  • Ser capaz de trabajar en equipo.
  • Saber planear y evaluar a la luz de la fe las actividades pastorales.
  • Saber apoyar la pastoral juvenil y la pastoral de los adolescentes.
  • Vivir actualizado en las ciencias del saber hacer pedagógico mediante una formación permanente.

Conclusión.
De las anteriores consideraciones surge la conciencia que debe tener el Coordinador en relación con la tarea que debe cumplir para que la catequesis sea al mismo tiempo palabra que se transmite, memoria que se reaviva y testimonio que conduce a la santidad.

Es por ello que, para desempeñar adecuadamente su misión el Coordinador debe saber y vivir la catequesis como palabra, como memoria y como testimonio.

  • Como palabra, debe anunciar, enseñar y comunicar con gozo el mensaje revelado que nos da a conocer el misterio de Dios Salvador. Desde este punto de vista, corresponde al coordinador trasmitir los núcleos esenciales y la sustancia vital del anuncio evangélico contenido en el Catecismo de la Iglesia Católica (Módulos ESPAC).
  • En cuanto memoria, el Coordinador debe conducir a su grupo de catequistas formandos a una participación alegre y activa de la Liturgia de la Iglesia. En efecto, la acción litúrgica es un recuerdo y una conmemoración de la vida y de las acciones de Cristo que no pueden estar ausentes en un grupo de catequistas. La catequesis debe empalmar toda su acción con la vida sacramental y litúrgica; debe llevar a una auténtica introducción a la “lectio divina” que permita a los catequistas y catequizandos profundizar en la Palabra de Dios y asimilar mejor aquellas expresiones de fe procedentes de la reflexión viva de los cristianos durante siglos y que son recogidas hoy en los símbolos y signos de la Liturgia por el Magisterio de la Iglesia.
  • En cuanto testimonio el coordinador no puede separar su acción de un serio compromiso de vida, pues la palabra tiene que ser palabra viva que conduzca al seguimiento de Cristo y a la santidad. De esta manera, la enseñanza de la moral, de la ley de Cristo, de la doctrina social de la Iglesia que ocupan un lugar imprescindible en la catequesis, han de conducir al Coordinador y al grupo de catequistas a un serio compromiso especialmente en el campo de la justicia y la pastoral social en todas sus dimensiones. Para ello es necesario que el Coordinador con los catequistas de su grupo establezcan procesos que, con una adecuada planificación y una buena programación, realicen las cuatro dimensiones de la iniciación cristiana que propone la ESPAC: kerigmática, catequística, mistagógica y ministerial.

Ponencia

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Actualizado: 8/9/07 - webmaster