Nueva Sede de la ESPAC
El día 27 de marzo de 2003 en solemne ceremonia presidida por el Eminentísimo Señor Cardenal Pedro Rubiano Sáenz, Arzobispo de Bogotá; con la asistencia de los Obispos Auxiliares y los Vicarios Episcopales de Bogotá, los miembros de la Junta Directiva y numeroso publico invitado, Monseñor Carlos Sánchez Torres, Director General de la ESPAC hizo entrega al Arzobispo de Bogotá de la casa y todos sus implementos para el funcionamiento de la Dirección General de la Escuela Parroquial de Catequistas ESPAC.
Monseñor Sánchez al termino de la celebración Eucarística dirigió a los asistentes las siguientes palabras:
Eminentísimo Señor Cardenal Pedro Rubiano Sáenz, Arzobispo de Bogotá
Excelentísimo Monseñor Beniamino Stella, Nuncio Apostólico
Excelentísimos Señores Obispos Auxiliares de Bogotá
Ilustrísimos Monseñores Vicarios Episcopales
Reverendos Padres, Religiosas
Muy queridos miembros de la familia ESPAC
Señoras, Señores.
Dentro del proceso evangelizador en que se encuentra comprometida la Iglesia desde cuando recibió de Cristo el mandato misionero (Mt 28,18-19), la voz del Santo Padre Juan Pablo II, en ocasión de la celebración del Quinto Centenario de la evangelización del Nuevo Mundo (1992), resonó vigorosa en todos los ámbitos de la «Iglesia en América» y muy concretamente en nuestra Iglesia Particular de Bogotá. Nos invitaba el Santo Padre en esa ocasión, a reemprender la tarea realizada por los primeros evangelizadores del Nuevo Mundo, pero con la novedad que reclamaba nuestra sociedad y la Iglesia en las postrimerías del siglo XX; por los días ya cercanos de la «Novo Milennio Adveniente»; de la «Tertio Milenio Ineunte» y dentro de la novedad de criterios evangelizadores y metodológicos adoptados por la eclesiología del Concilio Vaticano II y, además, con el ardor que el Espíritu Santo imprimió a la Iglesia durante los pontificados de Juan XXIII y Pablo VI.
En 1987, dentro de ese caminar eclesial, la Vicaría Episcopal de la Sagrada Eucaristía, (vale decir su Vicario Episcopal, los 73 párrocos, los presbíteros, religiosos y religiosas, lo mismo que una inmensa cantidad de laicos, henchidos todavía del ardor que 19 años antes había impreso en ellos la acción pastoral realizada en ocasión de la celebración, en Bogotá, del XXXIX Congreso Eucarístico Internacional y la presencia en este lugar del muy amado Papa Pablo VI), la Vicaría diseñó y adoptó un Plan de Acción Pastoral que, enmarcado en los criterios eclesiológicos y pastorales del Concilio y a las más recientes orientaciones del Magisterio buscaba, entre sus prioridades, ofrecer a los párrocos una metodología fácil y eficaz para la formación, en sus parroquias, de agentes laicos para la evangelización y la catequesis.
Para ello, el contexto eclesial era propicio: los 27 años transcurridos desde la clausura del Concilio Vaticano II hasta la Redemptoris Missio, fue un tiempo muy rico en orientaciones y promoción de la catequesis al hacer presente en varios documentos y acontecimientos la vitalidad evangelizadora de la Iglesia, impulsando las enseñanzas de los Santos Padres y favoreciendo el retorno del catecumenado de los primeros siglos.
Desde 1971, el Directorio General para la Catequesis, orientó el camino de renovación de la catequesis tanto en los contenidos, como en la pedagogía y en los métodos más adecuados.
Luego, en 1973, la Exhortación Apostólica Evangeli Nutiandi, fruto del sínodo de los obispos, consideraría la catequesis como elemento esencial de la acción evangelizadora de la Iglesia. A partir de entonces la actividad catequística comenzaba a ser considerada como una de las urgencias más apremiantes del postconcilio. En 1979, el Papa Juan Pablo II, en su Exhortación Apostólica Catechesi Tradendæ insistiría en situar la catequesis dentro del marco de la evangelización.
Dentro de este contexto eclesial y con tanta abundancia de fuentes y de orientaciones surgió la Escuela Parroquial de Catequistas con su sigla ESPAC, diseñada metodológicamente por algunas religiosas hijas de María Auxiliadora e implementada en su contenido doctrinal por el, entonces, Vicario Episcopal de la Sagrada Eucaristía de Bogotá.
Impulsada por la palabra del Vicario de Cristo, la Arquidiócesis se aprestaba en 1996, con la presencia del Papa Juan Pablo II en Bogotá, para iniciar un camino sinodal hacia una Nueva Evangelización, bajo la guía de su Pastor el Cardenal Mario Revollo Bravo. Fué ésta la ocasión definitiva para que la ESPAC se enmarcara dentro de los parámetros del Sínodo Arquidiocesano felizmente llevado a término por el Eminentísimo Señor Cardenal Pedro Rubiano Sáenz.
En los primeros días de 1987 la ESPAC comenzó a dar sus primeros pasos en la mayoría de las parroquias de la entonces Vicaria Episcopal de la Sagrada Eucaristía y, sin pretenderlo, comenzó también a caminar por otros ámbitos del país y luego por las demás Zonas Pastorales de Bogotá con resultados que nunca pretendió.
La aparición del Catecismo de la Iglesia Católica en 1991 y del nuevo Directorio General para la Catequesis en 1996, le permitieron a la ESPAC actualizarse y enriquecerse en sus contenidos doctrinales y confrontarse frente al actual Directorio General para adecuarse plenamente a los planes de pastoral de las Iglesias Particulares de Colombia que la han adoptado.
De mayo 22 de 2002 es el Decreto Número 859 el Eminentísimo Señor Cardenal Pedro Rubiano Sáenz, Arzobispo de Bogotá, mediante el cual concede a la ESPAC plena autonomía a fin de continuar su labor con personalidad madura y autonomía propia. Tanto la promulgación de este Decreto como la presencia del Señor Arzobispo en los principales acontecimientos de la vida de la ESPAC y sus continuos estímulos, me han llevado a mi y a quienes conmigo hemos hecho este camino durante más de 16 años, lo mismo que a los actuales miembros de la Junta Directiva, a agradecerle con este acto sus orientaciones, sus estímulos y la posibilidad de poder actuar con vida propia dentro de la Estructura Pastoral de la Arquidiócesis.
Así las cosas, la ESPAC continúa prestando un servicio a la Iglesia de Colombia no solamente en Bogotá sino en las demás 45 circunscripciones que la han asumido como su Escuela para la formación de sus catequistas.
A propósito, es bueno insistir aquí, que al termino del año académico ESPAC 2002, 11.300 alumnos terminaron inscritos en los seis semestres de formación. De ellos, 1.150 recibieron de sus respectivos obispos el grado de «Catequista Parroquial» agregándose a los más de 5.000 graduados en los años anteriores; 214 recibieron diploma para desempeñarse como «Promotores de la Comunidad Cristiana en la Parroquia» al término del quinto semestre e, iniciado apenas la publicación y los estudios del Sexto Semestre sobre Liturgia, 7 terminaron su formación en Bogotá como «Dinamizadores de la Liturgia en la Parroquia».
Cuál sea la formación que brinda la ESPAC a sus alumnos se puede colegir de la vivencia de lo que ellos mismos llaman el lema ESPAC y que han asumido como norma de su espiritualidad y de su acción:
A Cristo, centro y Señor de la historia
lo conocemos en las Sagradas Escrituras
y por ellas en Él creemos.
Lo vivimos en la Eucaristía.
Lo amamos y servimos en los hermanos
y lo anunciamos en comunidad
Conocimiento de la persona de Jesucristo a través de las Escrituras y vivencia de Él por los sacramentos no es un intelectualismo frio frente a los contenidos catequísticos y a las ciencias auxiliares de la catequesis, sino la espiritualidad propia del catequista parroquial vivida, de manera comprometida en su comunidad parroquial.
Saben bien los catequistas y las Directivas de la ESPAC que en la entraña misma de la espiritualidad del catequista están la paciencia, la confianza y la esperanza de que Dios mismo es quien hace que la semilla sembrada en tierra buena y cultivada con amor, germine, crezca y dé fruto. El Evangelista Marcos nos describe en una parábola, una tras otra estas etapas del desarrollo gradual y constante de la semilla sembrada, para construir la obra de Cristo: «el Reino de Dios, dice, es como un hombre que echa grano en la tierra: duerma o se levante, de noche o de día, el grano brota y crece. Sin que sepa cómo la tierra da el fruto por sí misma: primero hierba, luego espiga, después trigo abundante en la espiga. Y cuando el fruto lo admite, en seguida se mete la hoz porque ha llegado el tiempo de la siega» (Mc 4, 26-29).
Ha llegado el día de la siega y en él estamos. Con el gozo del segador quiero hoy hacer entrega al Señor Arzobispo de esta Organización y de esta casa. Estamos convencidos, quienes nos consideramos directivos de la ESPAC, vale decir, el Director Ejecutivo en representación del Señor Arzobispo, la Directora Académica, la Hermana Carmenza González, los Delegados de cada una de las ocho Zonas Pastorales Episcopales de Bogotá en representación de sus respectivos Vicarios Episcopales, que esta labor realizada durante los últimos 16 años, podrá seguir mejorando en su estructura y ampliando sus servicios en la medida en que, cuantos nos encontramos aquí esta tarde, a una con los 45 Delegados Diocesanos de Colombia, los más de 2000 Coordinadores de grupos ESPAC que se preparan para celebrar el sexto Congreso Nacional en Villavicencio en el próximo mes de junio y los varios miles de catequistas formados, hagamos nuestro el lema ESPAC cuando nos dice: a Cristo centro y Señor de la Historia lo amamos y servimos en nuestros hermanos y lo anunciamos en comunidad.
El proyecto ESPAC, considerado inicialmente por algunos como de débil contextura teológica, buscaba formar a los catequistas de una espiritualidad eclesial y dotarlos de lo esencial del contenido de la iniciación cristiana para la vivencia de los sacramentos. Ésto no obstante, la ESPAC fue robusteciéndose paulatinamente en su contenido doctrinal y en organización eclesial, metodológica y pedagógica a medida que párrocos y catequistas se hacían más conscientes de su obligación de llenar el vacío que había dejado tras de ellos el abandono de la enseñanza de la religión en las escuelas oficiales; la deficiente educación de la fe en la mayoría de los establecimientos educativos privados; el descuido de los padres de familia frente a su deber de educar la fe de sus hijos en los hogares; la carencia de un verdadero compromiso de muchos párrocos frente a la catequesis de niños, jóvenes y adultos; los cambios políticos derivados de nuevas posturas frente al Concordato entre la Santa Sede y el Estado colombiano y la legislación sobre libertad religiosa.
Estos hechos causaron una profunda herida de la cual no ha podido aún curarse nuestro pueblo que, aunque educado solícitamente en la fe cristiana durante más de 500 años, sin embargo se alejó inconciente de la casa del Padre para dedicarse al cuidado de sus pasiones violentas, de sus odios y venganzas.
Muy larga es ya la historia de dolor que ha tenido que padecer nuestra querida Colombia, culturalmente tan religiosa pero tan ajena a los valores del Reino de Cristo, para que en medio de esta situación, finalmente nos demos cuenta de que los espacios propios para la educación de la fe cristiana son los propios de la Iglesia: la diócesis, la parroquia y la familia cristiana.
Con los mismos sentimientos del Padre Misericordioso que espera ansioso el retorno del hijo, quienes estamos implicados en la causa de la educación de la fe cristiana de nuestro pueblo, seguimos esperando el retorno de quienes por ignorancia malograron las riquezas que habían recibido del Padre. Será necesaria aún una larga espera, vale decir, una acción muy decidida de Evangelización y de Catequesis antes que se oiga de nuevo el «me levantaré y volveré a mi Padre». Será necesario que todos: pastores y demás fieles, nos bañemos por igual en las aguas purificadoras del misterio de Cristo, que nos urge a anunciar el Evangelio, a tiempo y a destiempo, a fin de que llegue pronto el día feliz de sentarnos todos a la mesa del banquete de la reconciliación y de la paz.