Exhortación Apostólica PASTORES GREGIS del Santo Padre Juan Pablo II
EL Obispo responsable de la Iniciación Cristiana
38. En las circunstancias actuales de la Iglesia y del mundo, tanto en las Iglesias jóvenes como en los países donde el cristianismo se ha establecido desde siglos, resulta providencial la recuperación, sobre todo para los adultos, de la gran tradición de la disciplina sobre la iniciación cristiana.Ésta ha sido una disposición oportuna del Concilio Vaticano II, que de este modo quiso ofrecer un camino de encuentro con Cristo y con la Iglesia a muchos hombres y mujeres tocados por la gracia del Espíritu y deseosos de entrar en comunión con el misterio de la salvación en Cristo, muerto y resucitado por nosotros.
Mediante el itinerario de la iniciación cristiana se introduce progresivamente a los catecumenos en el conocimiento del misterio de Cristo y de la Iglesia, analogamente a lo que ocurre en el origen, desarrollo y maduración de la vida natural. En efecto, por el Bautismo los fieles renacen y participan del sacerdocio real. Por la Confirmación, cuyo ministro originario es el Obispo, se corrobora su fe y reciben una especial efusión de los dones del Espíritu. Al participar de la Eucaristía, se alimentan con el manjar de vida eterna y se insertan plenamente en la Iglesia, Cuerpo místico de Cristo. De este modo, por medio de estos sacramentos de la iniciación cristiana, estan en disposición de gustar cada vez mas y mejor los tesoros de la vida divina y progresar hasta la consecución de la perfección de la caridad .
Así pues, los Obispos, teniendo en cuenta las circunstancias actuales han de poner en practica las prescripciones del Rito de la Iniciación Cristiana de Adultos. Por tanto, han de procurar que en cada diócesis existan las estructuras y agentes de pastoral necesarios para asegurar de la manera mas digna y eficaz la observancia de las disposiciones y disciplina liturgica, catequética y pastoral de la iniciación cristiana, adaptada a las necesidades de nuestros tiempos.
Por su propia naturaleza de inserción progresiva en el misterio de Cristo y de la Iglesia, misterio que vive y actua en cada Iglesia particular, el itinerario de la iniciación cristiana requiere la presencia y el ministerio del Obispo diocesano, especialmente en su fase final, es decir, en la administración de los sacramentos del Bautismo, de la Confirmación y de la Eucaristía, como tiene lugar normalmente en la Vigilia pascual.
El Obispo debe regular también, segun las leyes de la Iglesia, lo que se refiere a la iniciación cristiana de los niños y jóvenes, dando disposiciones sobre su apropiada preparación catequética y su compromiso gradual en la vida de la comunidad. Ademas, ha de estar atento a que eventuales itinerarios de catecumenado, de recuperación y fortalecimiento del camino de la iniciación cristiana o de acercamiento a los fieles que se han alejado de la vida normal de fe comunitaria, se desarrollen segun las normas de la Iglesia y en plena sintonía con la vida de las comunidades parroquiales en la diócesis.
Finalmente, el Obispo, ministro originario del Sacramento de la Confirmación, ha de ser quien lo administre normalmente. Su presencia en la comunidad parroquial que, por la pila bautismal y la Mesa eucarística, es el ambiente natural y ordinario del camino de la iniciación cristiana, evoca eficazmente el misterio de Pentecostés y se demuestra sumamente util para consolidar los vínculos de comunión eclesial entre el pastor y los fieles.
El Obispo, maestro de la fe y heraldo de la Palabra
Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva (Mc 16, 15)
26. Jesus resucitado confió a sus apóstoles la misión de hacer discípulos a todas las gentes, enseñandoles a guardar todo lo que Él mismo había mandado. Así pues, se ha encomendado solemnemente a la Iglesia, comunidad de los discípulos del Señor crucificado y resucitado, la tarea de predicar el Evangelio a todas las criaturas. Es un cometido que durara hasta al final de los tiempos. Desde aquel primer momento, ya no es posible pensar en la Iglesia sin esta misión evangelizadora. Es una convicción que el apóstol Pablo expresó con las conocidas palabras: Predicar el Evangelio no es para mí ningun motivo de gloria; es mas bien un deber que me incumbe. Y ¡ay de mí si no predicara el Evangelio! (1 Co 9, 16).
Aunque el deber de anunciar el Evangelio es propio de toda la Iglesia y de cada uno de sus hijos, lo es por un título especial de los Obispos que, en el día de la sagrada Ordenación, la cual los introduce en la sucesión apostólica, asumen como compromiso principal predicar el Evangelio a los hombres y hacerlo invitandoles a creer por la fuerza del Espíritu o confirmandolos en la fe viva.
La actividad evangelizadora del Obispo, orientada a conducir a los hombres a la fe o robustecerlos en ella, es una manifestación preeminente de su paternidad. Por tanto, puede repetir con Pablo: Pues aunque hayais tenido diez mil pedagogos en Cristo, no habéis tenido muchos padres. He sido yo quien, por el Evangelio, os engendré en Cristo Jesus (1 Co 4, 15). Precisamente por este dinamismo generador de vida nueva segun el Espíritu, el ministerio episcopal se manifiesta en el mundo como un signo de esperanza para los pueblos y para cada persona.
El Catecúmenado Bautismal (DGC Nº 88-91)
El catecumenado bautismal: estructura y gradualidad
88. La fe, impulsada por la gracia divina y cultivada por la acción de la Iglesia, experimenta un proceso de maduración. La catequesis, al servicio de ese crecimiento, es una acción gradual. La catequesis apropiada esta dispuesta por grados. (279)
En el catecumenado bautismal, la formación se desarrolla en cuatro etapas:
- el precatecumenado, (280) caracterizado porque en él tiene lugar la primera evangelización en orden a la conversión y se explícita el kerigma del primer anuncio;
- el catecumenado, (281) propiamente dicho, destinado a la catequesis integral y en cuyo comienzo se realiza la entrega de los Evangelios; (282)
- el tiempo de purificación e iluminación, (283) que proporciona una preparación mas intensa a los sacramentos de la iniciación, y en el que tiene lugar la entrega del Símbolo (284) y la entrega de la Oración del Señor; (285)
- el tiempo de la mystagogia, (286) caracterizado por la experiencia de los sacramentos y la entrada en la comunidad.
89. Estas etapas, llenas de la sabiduría de la gran tradición catecumenal, inspiran la gradualidad de la catequesis. (287) En la época de los Padres de la Iglesia, en efecto, la formación propiamente catecumenal se realizaba mediante una catequesis bíblica, centrada en la narración de la Historia de la salvación; la preparación inmediata al Bautismo, por medio de una catequesis doctrinal, que explicaba el Símbolo y el Padre nuestro, recién entregados, con sus implicaciones morales; y la etapa que seguía a los sacramentos de la iniciación, mediante una catequesis mystagógica, que ayudaba a interiorizarlos y a incorporarse en la comunidad. Esta concepción patrística sigue siendo un foco de luz para el catecumenado actual y para la misma catequesis de iniciación.
Ésta, por ser acompañamiento del proceso de conversión, es esencialmente gradual; y, por estar al servicio del que ha decidido seguir a Jesucristo, es eminentemente cristocéntrica.
El catecumenado bautismal, inspirador de la catequesis en la Iglesia
90. Dado que la misión ad gentes es el paradigma de toda la acción misionera de la Iglesia, el catecumenado bautismal a ella inherente es el modelo inspirador de su acción catequizadora. (288) Por ello, es conveniente subrayar los elementos del catecumenado que deben inspirar la catequesis actual y el significado de esta inspiración.
Antes hay que decir, sin embargo, que entre los catequizandos (289) y los catecumenos y entre la catequesis posbautismal y la catequesis prebautismal, respectivamente, hay una diferencia fundamental. Esta diferencia proviene de los sacramentos de iniciación recibidos por los primeros, los cuales "han sido ya introducidos en la Iglesia y hechos hijos de Dios por el Bautismo. Por tanto su conversión se funda en el Bautismo recibido, cuya virtud deben desarrollar después". (290)
91. Supuesta esta diferencia esencial, se consideran ahora algunos elementos del catecumenado bautismal, que deben ser fuente de inspiración para la catequesis posbautismal:
El catecumenado bautismal recuerda constantemente a toda la Iglesia la importancia fundamental de la función de iniciación, con los factores basicos que la constituyen: la catequesis y los sacramentos del Bautismo, de la Confirmación y de la Eucaristía. La pastoral de la iniciación cristiana es vital en toda la Iglesia particular.
El catecumenado bautismal es responsabilidad de toda la comunidad cristiana. En efecto, esta iniciación cristiana no deben procurarla solamente los catequistas y los sacerdotes, sino toda la comunidad de los fieles, y de modo especial los padrinos. (291) La institución catecumenal acrecienta, así, en la Iglesia la conciencia de la maternidad espiritual que ejerce en toda forma de educación de la fe. (292)
El catecumenado bautismal esta impregnado por el misterio de la Pascua de Cristo. Por eso, conviene que toda la iniciación se caracterice por su índole pascual. (293) La Vigilia pascual, centro de la liturgia cristiana, y su espiritualidad bautismal, son inspiración para toda la catequesis.
El catecumenado bautismal es, también, lugar inicial de inculturación. Siguiendo el ejemplo de la Encarnación del Hijo de Dios, hecho hombre en un momento histórico concreto, la Iglesia acoge a los catecumenos integralmente, con sus vínculos culturales. Toda la acción catequizadora participa de esta función de incorporar a la catolicidad de la Iglesia las auténticas semillas de la Palabra esparcidas en individuos y pueblos. (294)
Finalmente, la concepción del catecumenado bautismal como proceso formativo y verdadera escuela de fe, proporciona a la catequesis posbautismal una dinamica y unas características configuradoras: la intensidad e integridad de la formación; su caracter gradual, con etapas definidas; su vinculación a ritos, símbolos y signos, especialmente bíblicos y liturgicos; su constante referencia a la comunidad cristiana...
La catequesis postbautismal, sin tener que reproducir miméticamente la configuración del catecumenado bautismal, y reconociendo el caracter de bautizados que tienen los catequizandos, hara bien en inspirarse en esta escuela preparatoria de la vida cristiana, (295) dejandose fecundar por sus principales elementos configuradores.
Taller: Preguntate y responde
- ¿A partir de los conocimientos y la experiencia que tienes en la ESPAC y viendo lo que nos presenta el Directorio, en un futuro próximo hacia dónde nos llevara? ¿Cuales son las prospectivas?.
- En tres o cuatro puntos, haz un recuento sobre el desarrollo de los talleres mensuales de coordinadores en tu Diócesis o Zona Pastoral.
ORACIÓN: VIVENCIA DEL COMPROMISO BAUTISMAL
(Se ambienta el lugar con el cirio pascual y una vasija con agua. A los participantes se les entrega una vela; con música de fondo se les invita a vivenciar el momento de su bautismo, después a escribir su credo y sus renuncias. Después se hace la entronización de la Palabra y juntos proclamamos una frase de Jn 15).
Siéntate cómodo. Siente la vida que brota dentro de ti. Seguramente que te has bañado esta mañana, recuerda este momento, presencializa la frescura del agua y su capacidad de donar vida. ¿Recuerdas el día de tu Bautismo? Posiblemente eras niño/a, pero sabes de ese día, de tus padres, padrinos, vuelve a vivir esta experiencia, siéntete centro de tu familia, rodeado de cariño, de atenciones; ese día posiblemente te pusieron un vestido nuevo, blanco y Dios te puso un nombre nuevo. Escucha tu nombre que Dios pronuncia con enorme cariño. Escribe este nombre sobre el papel. Te llama Hijo. Mira su corazón cómo se regocija contigo y con tu familia. Experimenta el gozo de la comunidad cristiana que te entrega su fe y te recibe como miembro predilecto de la familia. Ese día recibiste el mayor regalo. El Espíritu Santo te inundó con su luz. Levántate y enciende tu vela en el Cirio Pascual a la vez que dejas tu nombre alrededor del mismo. Cristo muerto y resucitado está contigo.
Ahora te voy a contar una historia. Te invito a que intentes meterte en ella:
El Hombre Vela Apóstol de la Luz
Había un hombre llamado vela, que cansado de las tinieblas que rodeaban su existencia, se quiso abrir a la luz. Esa era su ansia, su deseo, su ambición, su ideal: recibir la luz.
Un día, la luz verdadera que ilumina a todo hombre llegó con su presencia luminosa y lo rodeó, lo contagió, lo encendió... vela se sintió feliz por haber recibido la luz verdadera que destierra las tinieblas y da seguridad a los corazones.
Muy pronto se dio cuenta de que haber recibido la luz no solamente constituía, una inmensa alegría, sino también una fuerte exigencia: tomar conciencia de que, para que la luz que había recibido perdurara en él, tenía que alimentarla desde el interior, y a través de un diario derretirse, de un permanente consumirse.
Fue entonces cuando su alegría tomó una dimensión mucho más profunda, pues entendió que su vocación era consumirse al servicio de la luz, lo cual aceptó con entera libertad y generosidad. Había entendido su nueva vocación.
En este momento te invito a que escribas en el papel qué es lo que ha mantenido encendida tu luz?. ¿En qué crees realmente?. ¿Cuál es tu fe?.
A ratos pensaba que habría sido más cómodo no haber recibido la luz, pues en lugar de un doloroso derretirse, su vida hubiera seguido siendo un estar tranquilo, y a decir verdad, varias veces tuvo la tentación de no alimentar más esa llama que lo consumía, y dejar morir la luz que había recibido. Así no se sentiría tan incómodo.
Escribe a qué has renunciado, en tu vida has tenido tentaciones, y como aprendiste a rezar no nos dejes caer en la tentación, durante este tiempo de vida cristiana has sido asediado por el mal pero has renunciado a él. Escribe tus renuncias.
Ahora te invito a que compartas con el catequista que tienes a tu lado tu fe y tus renuncias.
(En este momento se hace la entronización de la Palabra. Y se proclama: Jn 15, 5)
Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada.
También se dio cuenta que en el mundo existen muchas velas apagadas, ya que hay muchas corrientes de aire que buscan apagar la luz. Vela sintió entonces, la exigencia del compromiso que había aceptado: alimentar la luz desde el interior, se unía ahora a un fuerte llamado a defenderse de ciertas corrientes de aire que circulan por el mundo y que son causa de muchas velas apagadas, unas porque nunca han tenido la oportunidad de recibir la luz, otros por miedo a derretirse y un gran número porque no habiendo alimentado su luz desde su interior la dejaron apagar; o porque no pudieron defenderlas de las fuertes corrientes de aire. Fue entonces cuando vela se preguntó preocupado: ¿Podré encender otras velas?, y pensando muy seriamente fue también cuando descubrió su vocación de APÓSTOL DE LA LUZ.
Desde entonces se dedicó con todo el entusiasmo a encender velas de todas las características, tamaños y edades a fin de que hubiera luz en todo el mundo. Su alegría y esperanza crecían cada día, pues en su diario consumirse encontraba por todas partes velas apagadas: velas viejas, velas jóvenes que recibían o recobraban la anhelada luz, y con ella la alegría de vivir bien encendidas.
Cuando presintió que se acercaba el final porque se había consumido totalmente al servicio de la luz, dijo con voz muy fuerte y con profunda expresión de satisfacción en su rostro: CRISTO ESTA VIVO EN MI.
Oración del Catequista
Señor Jesus Palabra Viviente del Padre
Tu nos hablas por medio de tu Espíritu
Iluminas nuestros ojos para que podamos
Reconocerte vivo y presente en la Sagrada
Escritura, en los hermanos, en el acontecer
De la vida cotidiana.
Nosotros queremos ser tus testigos; voces
Que jamas se cansan de hablar de ti
Manos que jamas se cansan de acompañar;
A quienes nos confías en el camino;
Ternura que jamas deja de inventar gestos
Para testimoniar tu amor a quienes te buscan
Con sincero corazón.
Contigo, Maestro y Señor, queremos educarnos
En la humildad del siervo que ofrece su trabajo
Sencillo y fiel. Haznos ricos en humildad, atentos
A las necesidades de quienes nos rodean
Entusiastas para buscar nuevas respuestas
Prontos para aprender de todo y de todos.
Ningun momento se pierda, siempre y en cualquier lugar
En el acontecer de la vida cotidiana, te anunciaremos
Con la alegría y la confianza de quien ha encontrado
La piedra preciosa.
Haznos catequistas celosos de tu Reino, evangelizadores
A tiempo y a destiempo con nuestro testimonio de vida
y anunciar a todos tu amor, tu perdón y salvación.