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Principal Programa Académico

 

0.1 Diseño ESPAC

0.2 Manual del Coordinador ESPAC

Presentación
Oración del Coordinador
 Capítulo Primero
La Coordinación en Catequesis
 Capítulo Segundo
El "Ser", el "Saber" y el "Saber Hacer" del Coordinador
Capítulo Tercero
Los "Quehaceres" del Coordinador
Capítulo Cuarto
Instructivo para la elaboración del Proyecto de Grado
Capítulo Quinto
  Convicencia de Grados
Capítulo Sexto
Celebración Euc. en la graduación de catequistas
Capítulo Séptimo
Espiritualidad del proceso de formación de un catequista ESPAC

ESCUELA PAROQUIAL DE CATEQUISTAS - ESPAC

0.2 MANUAL DEL COORDINADOR

PRESENTACIÓN

El Coordinador ESPAC, un guía por el camino de Cristo Maestro

Los ejemplos y las vivencias de Jesús Maestro frente al grupo de sus discípulos, son el modelo pedagógico al cual debe conformar su vida el Coordinador de un grupo de catequistas ESPAC. Identificado con los sentimientos de su Maestro, el Coordinador no se cree más que los miembros del grupo, sino que está dispuesto a servirlos con el amor de que nos da ejemplo Jesucristo. Y de tal manera el Coordinador debe reflejar la imagen de Jesús que podría decir a sus catequistas lo que dijo al apóstol Felipe cuando le pidió que le mostrara al Padre: Felipe, quien me ve a mí, ve a mi Padre (Cf. Jn 14, 9). De igual manera, el Coordinador debería decir a los catequistas de su grupo: ¡Quien me ve a mí, ve a Jesucristo!

El compromiso de hacer crecer la Iglesia asumiendo los ejemplos y la misión de Jesucristo, exige del Coordinador llevar la Buena Nueva a los catequistas y, mediante ellos, a todo el Pueblo de Dios. La presencia de Jesús en la vida del Coordinador se transparenta en su entrega generosa, en su oración constante, en la Lectio Divina, en la vida eucarística y en su devoción filial a María, la Madre de Cristo y Madre de la Iglesia. Son estas las herramientas más adecuadas para que el Coordinador, como virtuoso artista, modele en sus catequistas la personalidad de Jesucristo.

Decir que esta tarea no es fácil es reiterar algo que es común en todo lo que tenga que ver con el servicio a la Iglesia. Nada allí es sencillo, pero con empeño y con fe, al ejemplo del Señor Jesús y con la intercesión de María, trono de la Sabiduría y modelo de educadores, el Coordinador podrá realizar su labor de manera eficaz.

Es deber del Coordinador, además, permanecer actualizado en lo que tiene que ver con los contenidos doctrinales de la catequesis y sus ciencias auxiliares; con la metodología catequística y con las orientaciones de la Iglesia al respecto. En efecto, el Coordinador, elegido por Dios y enviado a construir, con el poder del Espíritu Santo, una Iglesia siempre antigua y siempre nueva debe, como la mujer samaritana, estar bebiendo permanentemente de la Fuente de Agua Viva que es Jesucristo y que es el Magisterio de la Iglesia, para que conociéndolos bien y sabiendo transmitir sus enseñanzas, haga de sus catequistas, verdaderos adoradores del Padre en espíritu y en verdad (cf. Jn 4, 11-24).

En la persona del Coordinador, los miembros de un grupo ESPAC deben ver siempre la imagen de Jesús: “A Jesús lo vemos cuando se acerca al ciego del camino (cf. Mc 10, 46-52), cuando dignifica a la samaritana (cf. Jn 4, 7-26), cuando sana a los enfermos (cf. Mt 11, 2-6), cuando alimenta al pueblo hambriento (cf. Mc 6, 30-44), cuando libera a los endemoniados (cf. Mc 5, 1-20). En su Reino de vida, Jesús incluye a todos: come y bebe con los pecadores (cf. Mc 2, 16), sin importarle que lo traten de comilón y borracho (cf. Mt 11, 19); toca leprosos (cf. Lc 5,13), deja que una mujer prostituta unja sus pies (cf. Lc 7, 36-50) y, de noche, recibe a Nicodemo para invitarlo a nacer de nuevo (cf. Jn 3, 1-15). Igualmente, invita a sus discípulos a la reconciliación (cf. Mt 5, 24), al amor a los enemigos (cf. Mt 5, 44), a optar por los más pobres (cf. Lc 14, 15-24)”.

Son estos los deseos de las Directivas de la ESPAC

ORACIÓN DEL COORDINADOR ESPAC

Señor, cuando pienso en que soy Coordinador de un grupo de catequistas que se reúnen en tu nombre para formarse como discípulos y misioneros tuyos, brotan a mi mente muchas de tus palabras dichas para mí desde tu experiencia.

Vosotros no os dejéis llamar «maestro», porque uno sólo es vuestro Maestro, y vosotros sois hermanos. Tampoco os dejéis llamar “jefe”, porque uno sólo es vuestro Jefe. Que no ocurra entre vosotros lo que pasa en otros grupos de la tierra. Al contrario, el que ocupa un cargo que sea el servidor de todos.

¿Cómo unir, Señor, el compañerismo con la firmeza, la humildad con la energía, el diálogo con las decisiones inmodificables, la cercanía con la organización, la igualdad con la función de cabeza de grupo?

¿Cómo anunciar al grupo tu Buena Noticia, si yo no la vivo con entusiasmo, con convicción y generosidad?

¿Cómo ser sal, luz y levadura, si yo mismo camino todavía con dudas y diciéndote todos los días: «sí, pero déjame primero ocuparme de mis cosas»?

Conviérteme primero, para que pueda, luego, anunciar tu Nombre a mis hermanos. Tú que fuiste la síntesis más perfecta de acción y contemplación; de suavidad y firmeza; de acogida y exigencia; de dulzura y objetividad; de amor y de lucha, comunícame algo de tu temple interior, para que sepa guiar al grupo que me has encomendado, con los ojos puestos en ti, los oídos atentos a tu palabra que tanto me cuesta: «no he venido a ser servido, sino a servir».

Te doy gracias, porque me llamaste y me destinaste para ser acompañante de este grupo en su caminar hacia el ideal de ser discípulos y misioneros tuyos. Lléname del fuego de tu Espíritu y toma mi mano entre tus manos para que, tomando yo las manos de muchos, juntos caminemos al impulso de tu Espíritu. Amén.

CAPÍTULO PRIMERO

LA COORDINACIÓN EN CATEQUESIS

1- ¿Qué es la coordinación? En sentido amplio, coordinación es disponer un conjunto de cosas o acciones de forma ordenada con miras a un objetivo común. El término coordinación tiene diferentes significados y exigencias según el objeto a que se refiera. En relación con la catequesis, la coordinación es tarea de suma importancia en la Iglesia si la consideramos bajo dos dimensiones:

  1. Al interior de la catequesis misma, entre los diversos destinatarios de la catequesis: niños, jóvenes, adultos; catequesis para élites, obreros, trabajadores, universitarios, grupos apostólicos, personas con limitaciones físicas o mentales, etc. Estos diversos procesos de catequesis, cada uno con sus posibles variantes, deben organizarse de manera coordinada y no separadamente como si se tratara de mundos diferentes.
  2. Al exterior de la catequesis en su relación con las demás acciones evangelizadoras, por ejemplo, la catequesis y la educación religiosa escolar (ERE); la catequesis y la pastoral familiar; la catequesis y las diferentes áreas de la pastoral que deben estar coordinadas entre sí, bajo la dirección del Obispo, mediante una acción concorde que refleje la unidad de toda la diócesis.

En este sentido, la acción evangelizadora en la parroquia requiere una buena coordinación porque de ella depende, en gran manera, la unidad de la fe que es la base de todas las acciones en la Iglesia. Por ello, el Coordinador de un grupo ESPAC no es el mismo Coordinador parroquial de la catequesis de que trata el Directorio General para la Catequesis (N 272), pero en muchos casos es posible que sí lo sea.

2. ¿Qué buscamos con la coordinación en catequesis?
La coordinación en una parroquia o dentro de un grupo de catequistas debe lograr:

  1. Que a partir de la experiencia de una formación en grupo, cada uno de los catequistas vaya experimentado, durante el proceso, las riquezas y las dificultades de la vida comunitaria y se capacite para ofrecer un servicio unitario y coherente en las diferentes áreas de la pastoral en las que deban ocuparse, para estructurar la comunidad parroquial.
  2. Que los catequistas y los agentes de las diferentes áreas de la pastoral en la parroquia, adquieran la espiritualidad propia de los discípulos y misioneros de Jesucristo conforme a los ideales propuestos por la Conferencia del Episcopado Latinoamericano en Aparecida.
  3. Que los distintos momentos de la iniciación cristiana: la acción misionera, la acción catecumenal, la acción mystagógica, los servicios y ministerios dentro de la comunidad, estén englobados en el contexto de la nueva evangelización.
  4. Que Catequesis, Educación Religiosa Escolar y cualquiera otra forma de educación en la fe, con sus ámbitos bien definidos, se integren en una pastoral bien coordinada, habida cuenta de la multiplicidad de agentes que inciden en unos mismos destinatarios: niños, adolescentes, jóvenes y adultos.
  5. Que en base de lo anterior los catequista y el grupo adquieran la espiritualaidad propia de un catequista parroquial, a que se refiere este manual en la pág. 74.

3. ¿Con qué espíritu debe hacerse la coordinación? La coordinación en una parroquia o en un grupo no es un asunto meramente técnico o estratégico para buscar una mayor eficacia; ella tiene una dimensión teológica de fondo y una espiritualidad propia: los discípulos de Jesús, dentro del grupo y en su acción evangelizadora están llamados a vivir en comunión con el Padre (1 Jn 1,3) y con su Hijo Jesucristo, en la unidad del Espíritu Santo (2 Co 13-13). El misterio de la Trinidad es la fuente, el modelo y la meta del misterio de la Iglesia y, consiguientemente, de su acción evangelizadora y pastoral. Esta espiritualidad, fundada en la Trinidad, tiene como origen la experiencia bautismal (Cf. Aparecida 155 y 240) y como meta el Misterio Eucarístico de comunión realizando lo dicho por Jesús en la Última Cena: Padre, te pido que estos que me has dado sean UNO como Tú y Yo somos UNO para que el mundo crea.

La buena y auténtica coordinación pastoral debe establecerse sobre la experiencia de Dios que es Uno y Trino, que es Unidad y que es Comunión inseparable. La coordinación de un grupo de catequistas debe estar inspirada por una espiritualidad que permita a sus integrantes superar el egoísmo y situarse al servicio de los demás.

4. La Coordinación en la ESPAC Siempre que hablemos de escuela, hablamos de maestro, de discípulos y de procesos de formación.

Maestro: Jesús es el Maestro del encuentro con la realidad más profunda de todo ser humano que sólo Dios y cada persona conocen; Jesús es el Maestro del encuentro de todos los redimidos con la Iglesia encargada de proponer los caminos de la conversión y del seguimiento tras las huellas del Maestro; Jesús es el Maestro del encuentro de cada creyente con Dios en su Palabra y en los Sacramentos; Él es el Maestro de cuantos “andan en tinieblas y en sombras de muerte”. La escuela de Jesús y sus Discípulos es el modelo ideal de la Escuela Parroquial de Catequistas.

Discípulo es el que habiendo respondido al llamado del Maestro, lo sigue paso a paso por los caminos del Evangelio. La primera invitación que Jesús hace a quien, de alguna manera, ha tenido un encuentro con Él, es la de ser discípulo suyo, es poner sus pasos en las huellas de Jesús y formar parte de su comunidad. Él nos llama a cada uno por nuestro nombre para convivir con Él, aprender de Él y enviarnos a continuar su misión salvadora (cf. Mc 3,14-15). Ser discípulo de Jesucristo es la mayor alegría de todo bautizado.

Procesos. La vida de todo bautizado debe ser un proceso de crecimiento continuo por etapas al impulso del conocimiento de los valores del Reino de Dios, de la celebración de la fe en los Sacramentos y del amor en el servicio a los demás, a imagen del Buen Samaritano. Este proceso implica un profundo discernimiento del Evangelio y una continua opción por vivirlo y anunciarlo en las diferentes circunstancias de la vida de los individuos y de las comunidades. Para ello, los discípulos de Jesucristo, se capacitan dentro de la ESPAC, como guías que abren caminos de vida y de esperanza a nuestros pueblos sufrientes por la ignorancia religiosa, el pecado y todo tipo de injusticias.

5. Catequesis, Catequista, Coordinador
• La Catequesis. Los convertidos a Jesucristo mediante el kerygma, son iniciados en el estilo de vida propio del Evangelio e instruidos en el Misterio de la Salvación a través de un aprendizaje convenientemente prolongado de la vida cristiana llamado catecumenado o período de la catequesis (cf. DGC 63). Cuando este proceso no se da o la catequesis parroquial carece de una buena coordinación, constatamos los siguientes hechos:

  1. Bajísimos índices de formación cristiana de los fieles en las parroquias por falta de catequesis. La conclusión es clara: urge formar catequistas-discípulos y misioneros de Jesucristo para una nueva evangelización. En eso está empeñada la ESPAC y es ésta la misión propia del Coordinador dentro de su grupo.
  2. Vivimos dentro de una sociedad con serias tendencias de secularismo en donde se pretende que Dios debe desaparecer de la mente y de las costumbres de las personas y donde los valores de la trascendencia se oculten cada vez más bajo los apetitos desordenados de tener, de poder y de placer. Es tarea de la catequesis cultivar la mente y los corazones de los bautizados con los principios del Evangelio, a fin de que puedan optar libremente por Jesucristo, no obstante los embates que a cada paso encuentren contra la fe.
  3. Por carencia de identidad cristiana, la generalidad de los laicos no se consideran corresponsables de la ministerialidad en la Iglesia. Desde el Concilio Vaticano II, la Iglesia viene insistiendo en que los laicos, conscientes de su lugar dentro de la comunión eclesial, deben asumir su responsabilidad ministerial en la Iglesia junto a sus pastores, especializándose en la tarea más importante de la Evangelización que es la Catequesis. Pero sabemos que, para lograr este objetivo, los laicos-catequistas deben tener una sólida formación cristiana y vivir en actitud misionera y apostólica como auténticos discípulos y misioneros de Jesucristo.

Para responder a estas urgencias, la ESPAC nació con el fin de formar catequistas idóneos en su Ser humano y cristiano, en su Saber doctrinal y en su Saber hacer pedagógico, capaces de responder competentemente a los retos y a los desafíos que enfrentan hoy a la Iglesia. Estos tres aspectos constituyen el núcleo de este Manual.

La Catequesis.
Además de cuanto el Directorio General para la Catequesis establece acerca de la formación de los catequistas (N. 230-253), el Documento de Aparecida (No 278) nos ofrece los siguientes cinco momentos o etapas de formación que debe recorrer quien aspire a ser un catequista idóneo en la Iglesia de hoy. Es evidente que el Coordinador, antes de serlo, debe haber vivido estas etapas y tener en ellas suficiente experiencia para asumir la misión de guiar a quienes han sido elegidos por Jesucristo como discípulos suyos y misioneros del Evangelio.

  1. El encuentro con Jesucristo. Es el momento de gracia con que se inicia la vida cristiana de un discípulo de Jesucristo. Este encuentro, que los primeros discípulos tuvieron con Jesús junto al río Jordán (Jn 1,38-51) y junto al Lago (Mc 1,16; Mt 9,9-12), lo experimenta el catequista en el retiro kerygmático con que inicia su proceso en la ESPAC. El Kerygma es el hilo conductor que, insertado en el “Proyecto de Vida”, lleva al catequista a la madurez de su condición de discípulo de Jesucristo. Sin un corazón verdaderamente convertido al Señor mediante el Kerygma, los demás aspectos del proceso están condenados a la esterilidad.
  2. La conversión a Jesucristo. La conversión es la respuesta inicial de quien habiendo escuchado el llamado del Señor, le responde afirmativamente porque cree en Él y se decide a seguirlo, adoptando la manera de ser, de pensar y de vivir de Jesucristo. Es entonces cuando el que ha sido llamado, descubre que en su vida hay una jerarquía de valores y que el primero de todos es Jesucristo.
  3. El discipulado. A medida que el convertido va madurando en el conocimiento, en el amor y en el seguimiento del Maestro, va también profundizando en el misterio de su persona, de su ejemplo y de su doctrina mediante la Catequesis y la vida sacramental que fortalecen su conversión inicial, le permiten perseverar en la vida cristiana y proyectarse como misionero de Jesucristo.
  4. La comunión. No puede haber verdadera vida cristiana sino en comunidad. A la manera como los primeros cristianos se reunían para orar, escuchar la enseñanza de los apóstoles, celebrar la Eucaristía y compartir los bienes con los necesitados, así los catequistas-discípulos de Jesucristo participan de la vida de la Iglesia dentro de la pequeña comunidad del grupo ESPAC, viviendo la vida fraterna y sacramental en el amor cristiano, guiados por el Coordinador.
  5. La misión. Dentro de la vida comunitaria, el discípulo experimenta la necesidad de compartir con los demás la alegría de su fe, de ser enviado a anunciar a Jesucristo y de construir el Reino de Dios en el mundo. Es entonces cuando se hace misionero. La misión, inseparable del discipulado, no debe entenderse como una etapa posterior al “Grado de Catequista Parroquial” que le confiere la ESPAC, sino como algo inherente a toda la vida del catequista, desde su primer encuentro personal con Jesucristo hasta el término de su vida.

Estos cinco momentos del Proceso que nos sugiere el Documento de Apare-cida deben ser cuidadosamente observados por el Coordinador.

El Coordinador. La calidad de la formación de los catequistas, el crecimiento en su vocación, su madurez personal y su perseverancia dentro del grupo de catequistas depende, en gran parte, del trabajo del Coordinador; de ahí su importancia tanto dentro del grupo, como en la parroquia, porque:

  1. El Coordinador es la persona con quien el párroco comparte su responsabilidad pastoral de formar discípulos y misioneros comprometidos en la causa de la Nueva Evangelización.
  2. El Coordinador, a imagen de Jesús, es el Buen Pastor que da la vida por sus ovejas, las reúne, las defiende en el peligro y las nutre con los buenos pastos de la sana doctrina y de su testimonio.
  3. El Coordinador, debidamente elegido y capacitado, es la persona idónea en su Ser, en su Saber y en su Saber hacer, para:
  • Lograr que la Catequesis alcance toda su eficacia dentro de la misión evangelizadora de la parroquia impulsando un proceso basado en los sacramentos de iniciación cristiana y un catecumenado postbautismal que haga captar y vivir las riquezas del bautismo recibido; anuncie el evangelio a los que viven en situación de indiferencia religiosa y forme pequeñas comunidades dentro de las que se beneficie la catequesis destinada a niños, adolescentes, jóvenes y adultos (DGC 258).
  • Cooperar con el Párroco en la tarea a él confiada por el Obispo, de hacer de la Parroquia “una casa de familia, fraternal y acogedora, donde los cristianos se hagan conscientes de ser Pueblo de Dios” (DGC 257).

6. Perfil de la personalidad de un Coordinador ESPAC. El Directorio General para la Catequesis (Nº 238) señala tres dimensiones de la formación de un catequista y, consiguientemente, de un formador de catequistas: el SER, el SABER y el SABER HACER. Habida cuenta de que el Coordinador es, ante todo, un educador de catequistas, describimos a continuación, los rasgos más sobresalientes de su perfil humano y cristiano en estas tres dimensiones para que él, a su vez, las cultive en sus catequistas.

CAPÍTULO SEGUNDO

EL “SER”, EL “SABER” Y EL “SABER HACER” DEL COORDINADOR

EL “SER” DEL COORDINADOR ESPAC

1. El SER humano del Coordinador.
Jesús de Nazareth es la Buena Noticia, el valor supremo en torno del cual gira la vida de cada uno de los miembros del grupo de los Doce. Ellos siguieron a Jesús libremente, acogieron sus enseñanzas con amor y, junto a Él, se capacitaron para la misión. Siguiendo la pedagogía de Jesús y ante las exigencias de su seguimiento y de su misión, la ESPAC define el perfil humano de un Coordinador como:

a) Un catequista con un proyecto de vida dinámico y bien definido.

  • - El Coordinador ESPAC vive y actúa guiado por un proyecto de vida dinámico que mantiene en continua revisión y actualización. Cada día incorpora a su Proyecto de Vida los elementos nuevos que van surgiendo de la experiencia cristiana en la familia, en el trabajo y en la comunidad; de la Lectio Divina; de su participación consciente y activa en la liturgia; de la vida eucarística y de su piedad filial a la Virgen María.
  • A semejanza de Jesús, verdadero hombre y verdadero Dios, el Coordinador realiza su misión viviendo los valores humanos y los valores cristianos con su dedicación y su testimonio de vida ejemplar. De esta manera hará de los catequistas verdaderos discípulos de Jesucristo y mensajeros del Evangelio, dentro de la comunidad eclesial de su Parroquia.

b) Un catequista que asume su responsabilidad no por satisfacer a alguien sino como una opción de fe. Al ser responsable de su Proyecto de Vida, lo es también de cuanto ese Proyecto implica:

  • Sentido de comunión y de participación con su Diócesis y su Parroquia.
  • Dedicación permanente y responsable en todos los momentos del proceso de formación de los catequistas.
  • Preparación y realización de los “Encuentros” del Grupo, de conformidad con la metodología y la espiritualidad ESPAC.
  • Participación activa y desinteresada en las reuniones de Coordinadores convocada por el Delegado Diocesano.
  • Mantener excelentes relaciones con el Delegado diocesano, el Párroco y los demás Coordinadores.
  • Ser ejemplo de vida cristiana ante el grupo y ante la comunidad.

c) Un catequista con su vida orientada hacia los demás.
El Coordinador tiene una amplia capacidad de escucha, de suerte que lee lo que hay detrás de las palabras, de los sentimientos y de las actitudes de cada uno y de cada una de los miembros de su grupo. Como Cristo, no está para ser servido sino para servir y gastar su tiempo y sus capacidades en servicio de los miembros de su grupo.

d) Un catequista con gran capacidad de diálogo porque sabe que el diálogo es superior a cualquier técnica de animación.

e) Un catequista que actúa movido por un amor solidario.
Los demás son más importantes que él y trabaja con ellos por la consolidación y el crecimiento del grupo y de la comunidad eclesial de su Parroquia. Siente como suyos los sufrimientos de los demás.

f) Un catequista que no se deja condicionar por ideologías.
Lo mismo que Jesús, sabe superar los condicionamientos de su entorno socio-cultural. Jesús tuvo que superar muchos condicionamientos y situarse por encima de ellos resistiendo a quienes querían convertirlo en militante de sus filas. Quisieron vincularlo a determinados grupos de su tiempo:

  • Los saduceos, para quienes la política era su religión.
  • Los zelotes, partido que pretendía cambiar la sociedad por medios violentos.
  • Los esenios, personas que, en busca de perfección, huían de la sociedad y de la realidad.
  • Los fariseos. Su minuciosidad hipócrita en la observancia de la ley les valió la condena de Jesús quien los acusó de menospreciar el espíritu de la ley, dando más importancia a la letra de la ley (Mt. 23:2-4) y de sustituir la Palabra de Dios por las tradiciones de los hombres (Mt. 15,1-9).
  • Los escribas, eran un grupo de eruditos allegados a los fariseos, a los saduceos y a los más altos dignatarios político-religiosos. Los escribas eran los intérpretes profesionales y profesores de las leyes y de la ética bíblicas. Su interpretación fundamentalista de la Ley de Moisés condujo al pueblo a un género de esclavitud contra la que tuvo que luchar Cristo diciendo: “el sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado”.

g) Un catequista que vive en permanente proceso de superación. Está siempre en crecimiento en los valores humanos y en una mayor capacitación para el mejor desempeño de su tarea. En su formación nunca se detiene: estudia, consulta, se actualiza en su Ser, en su Saber y en su Saber hacer.

h) Un catequista que se interesa permanentemente por los miembros de su grupo. El grupo de catequistas es el espacio donde el Coordinador comparte su experiencia de fe; es allí donde se realiza como persona y se proyecta como maestro. El grupo de catequistas es la preocupación permanente del Coordinador.

i) Un catequista que sabe trabajar en equipo. El grupo de catequistas es el espacio donde se realiza la iniciación cristiana de sus miembros; el ámbito de la educación y celebración de la fe; el campo abierto a la diversidad de carismas, servicios y ministerios organizados comunitariamente. A ejemplo de Cristo, para quien su alimento diario era hacer la voluntad de su Padre, el Coordinador vive y actúa en estrecha comunión con:

  • El Párroco quien, bajo la autoridad del Obispo, es el pastor propio de la comunidad parroquial.
  • Las directivas diocesanas de la catequesis y con los miembros de los diferentes movimientos apostólicos de la parroquia.
  • Cada uno de los miembros de su grupo de catequistas.

2. El SER espiritual del Coordinador
La imagen de Jesús en medio de los Doce y a la cabeza de una multitud de discípulos, como nos lo presentan los Evangelios, es el modelo que adoptamos para esbozar el perfil espiritual de un Coordinador de grupo en la Escuela Parroquial de Catequistas.

Dijimos inicialmente que el Coordinador ESPAC es Cristo en medio de los Doce y en medio de la multitud de quienes lo llaman Maestro, “Rabbi”, “Rabuoni”. Esto significa que el Coordinador debe ser un catequista con autoridad. Para entender esta afirmación, acudamos al relato de Marcos (1, 21-28) quien nos dice que Jesús, un sábado, entró al pueblo de Cafarnaún y, como era su costumbre, fue a la Sinagoga y empezó a enseñar. Allí todos se extrañaban de su forma de enseñar porque enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas y los maestros de la ley. ¿De qué autoridad se trata? Jesús enseñaba de un modo único y singular, con la metodología de la Historia de la Salvación, es decir, con hechos y palabras. Sus palabras estaban siempre respaldadas por sus obras y su manera de ser y su actuar era hacer, en todo momento, la voluntad de su Padre. Él nunca hizo nada que pudiera obstaculizar la misión que el Padre le confió. El Coordinador, como Cristo en medio del grupo de los Doce, tiene y necesita tener una autoridad como la de Cristo y no sólo frente a su grupo sino ante la comunidad parroquial. Se trata de aquella autoridad que le viene de fuera y de aquella que le viene de dentro. De fuera le viene la autoridad del párroco, de quien es su representante ante el grupo de catequistas; autoridad que el párroco recibe de su Obispo y el Obispo, de Cristo. De dentro, le viene la autoridad de su idoneidad, de su profesionalismo pero, sobre todo, de su profunda espiritualidad según los siguientes criterios que nos da el Documento de Aparecida, (nº 129 - 153):

  1. El Coordinador es alguien que ha sido llamado por Dios y que después de escucharlo sabe responder como el Profeta: “Aquí estoy, Señor, porque me has llamado”; o como Cristo: “lo que a mi Padre le agrada es lo que yo hago siempre” o como la Virgen María: “Soy la servidora del Señor, hágase en mí según tu palabra”. El Coordinador es alguien que, formado junto al corazón de su Maestro Jesús, copiando los rasgos de su personalidad humana y divina, se ha convertido en un verdadero discípulo suyo.
  2. El Coordinador es alguien que, consagrado en el Bautismo y en la Confirmación, está capacitado por los dones del Espíritu Santo para exclamar como el apóstol san Pablo: “!Ay de mí si no anuncio el Evangelio!”.
  3. El Coordinador es un enviado por la Iglesia a un mundo secularizado que a tiempo que rechaza a Dios, experimenta el vacío de Dios y pretende llenarlo con lo que no es Dios.
  4. El Coordinador es un enviado en medio de nuestra Iglesia en la que buena parte de los católicos buscan vivir su fe fuera de la Iglesia, en busca de una respuesta a sus inquietudes acomodada a sus gustos.
  5. El Coordinador es un catequista de intensa oración nutrida por la Lectio Divina, la lectura asidua de la Palabra de Dios, la participación en la vida litúrgica-sacramental, su amor a la Santísima Virgen María que lo lleva a tributarle un culto filial, a imitarla como el modelo más perfecto del cristiano y a orar a la que es Estrella de la Evangelización. Su ejemplo influye en los catequistas para que también ellos tengan que decir como los Apóstoles: “Maestro, enséñanos a orar” (Lc 11,1).
  6. El Coordinador es un catequista constructor de comunidad. Sabe que la Palabra de Dios y la Eucaristía son la fuente de donde mana la fe y la vida de la comunidad. Al participar en la Eucaristía sabe que su vida es estar al servicio de los demás y gastarla para formar comunidad de fe, de culto y de acción misionera (ver Pág.78).
  7. El Coordinador es un catequista con clara conciencia de Iglesia: es corresponsable con el párroco y los catequistas en la tarea común de educar la fe de la comunidad parroquial mediante el anuncio y el cultivo de la Palabra de Dios, de la Vida Eucarística, la oración en común y el servicio de la caridad.

Cuatro ejes sobre los que se apoya la espiritualidad de un llamado a ser Discípulo de Jesucristo según el Documento de Aparecida (nº. 236):

  1. La experiencia religiosa del encuentro personal con Jesucristo. El Coordinador favorece el encuentro personal de los miembros de su grupo con Jesucristo, a partir de su experiencia religiosa, de su conversión personal y de su testimonio de vida.
  2. La vivencia comunitaria. Los fieles buscan comunidades cristianas en donde se sientan valorados como miembros de una comunidad eclesial que les ayude en su desarrollo personal. El grupo ESPAC es, justamente, una pequeña comunidad en la que sus miembros experimentan su encuentro personal con Jesucristo en la escucha de la Palabra y en la vida sacramental. Es en la vida comunitaria donde los catequistas crecen en la fe y en su compromiso, y se capacitan para ser misioneros idóneos del Evangelio.
  3. La sólida formación bíblica-doctrinal. La experiencia religiosa y la vivencia comunitaria del Coordinador deben hacerlo madurar en el conocimiento de la Palabra de Dios y en los contenidos de la fe que de ella proceden. En este camino eminentemente vivencial, la formación bíblica no puede quedarse en algo teórico y frío: el asiduo contacto del Coordinador con la Palabra de Dios mediante la Lectio Divina, se proyecta necesariamente en un crecimiento espiritual, personal y comunitario de sus catequistas.
  4. El compromiso misionero personal y del grupo. El Coordinador con sus catequistas sale al encuentro de los no creyentes y de los católicos alejados, se interesa por su situación y los acoge fraternalmente para que, descubriendo la importancia de vivir la fe en la Iglesia Católica, se acerquen a ella.

Según estos cuatro ejes de acción que nos señala el Documento de Aparecida y con los criterios del Directorio General para la Catequesis (Nº 233 a 252) analicemos SABER del Coordinador ESPAC.

EL “SABER” DEL COORDINADOR ESPAC
El SER humano y espiritual del Coordinador se expresa en su SABER catequístico adquirido mediante el estudio sistemático de las ciencias auxiliares de la catequesis y de las ciencias teológico-bíblicas.

1. El “SABER” de un Coordinador ESPAC
El Coordinador del grupo de catequistas ESPAC enseña lo que Cristo enseñaba a los Doce y a las multitudes, y lo que la Iglesia enseña a los discípulos de Cristo. Este saber comprende:

  1. La formación en las ciencias humanas auxiliares de la catequesis.
    El Coordinador debe ser un experto, o al menos un buen conocedor de “los dinamismos psicológicos que mueven al hombre, la estructura de su personalidad, las necesidades y aspiraciones más hondas del corazón humano, la psicología evolutiva y las etapas del ciclo vital humano, la psicología religiosa y las experiencias que abren al hombre al misterio de lo sagrado, las ciencias sociales y las condiciones sociológicas, culturales y económicas que tienen gran influencia en el proceso de la evangelización, las ciencias de la educación y de la comunicación” (cf. DGC 422).
  2. La formación para la animación bíblica de la pastoral.
    Teología y catequesis pertenecen a la misión profética de la Iglesia. Si teología es la reflexión sobre la Revelación dentro y desde la fe, la catequesis es el camino hacia la fe revelada y reflexionada por la teología. El Coordinador debe ser un buen conocedor de estas ciencias y tener la capacidad de explicarlas para los catequistas en proceso de formación y para los catequizandos en general. El conocimiento y la comunicación de la fe mediante la sagrada Escritura es hoy muy deseada y se difunde cada día más en todo lo que tenga que ver con la evangelización y la catequesis. La catequesis es el camino de la fe que todos debemos recorrer y que sólo termina cuando dejemos de respirar.
  3. Buen conocimiento del Catecismo de la Iglesia Católica y del Directorio General para la Catequesis.
    El Catecismo de la Iglesia Católica y el Directorio General para la Catequesis ayudan a leer la Biblia según la fe de la Iglesia y son instrumentos imprescindibles para la formación de los catequistas. La exposición de las verdades de la fe contenidas en el Catecismo de la Iglesia Católica se debe realizar a través del proceso de iniciación: anuncio, catequesis y mystagogia. Para ello, la catequesis, como escuela de fe, necesita recuperar las dimensiones del catecumenado en el que la transmisión del mensaje se enriquece y sostiene con ritos y celebraciones, se integra con ejercicios ascético-penitenciales, encuentra testimonio y apoyo en el acompañamiento de la comunidad eclesial y de la familia, para convertirse en auténtica escuela de vida cristiana.
  4. Conocimiento de la realidad histórica, socio-política, socio-económica y socio- religiosa de los individuos y de la comunidad.
    La catequesis presenta la Revelación dada en Jesucristo como la respuesta a los interrogantes más profundos del hombre en general y de cada persona en particular. Es tarea de la catequesis plantear, a la luz del Evangelio, las preguntas que surgen de las situaciones humanas, individuales y sociales, de manera que estimule en los catequizandos un deseo de transformar la propia conducta y el propio entorno social. Por ello, la catequesis tiene que ser palabra viva enraizada en la experiencia individual y social de los catequizandos. Esto exige, entre otras cosas, el respeto al proceso personal de fe de cada catecúmeno o catequizando en su itinerario de adhesión progresiva a Jesucristo. De aquí la necesidad de que la proclamación de la Palabra de Dios y la enseñanza de la Tradición de la Iglesia no sean algo apartado de la vida, un sistema de verdades abstractas, sino algo conectado profundamente con la vida de las personas y con las realidades que las rodean.
  5. Promover comunidades eclesiales. La catequesis es eficaz en la medida que exista un adecuado ambiente de fe dentro de la comunidad animado por catequistas idóneos y sostenido por subsidios válidos. La transmisión doctrinalmente correcta de la fe se logra dentro del contexto de comunidades vivas, capaces de narrar en su experiencia diaria la historia de la salvación, celebrarla en la liturgia, vivirla con la caridad, manifestarla con el ejemplo de los numerosos santos y santas de la historia de la Iglesia y con el testimonio de los heraldos de la fe en la misión. La correcta exposición de la fe en la catequesis logra su fin, que es la comunión con Cristo y la Iglesia, mediante una pedagogía y una espiritualidad que acompañen el camino hacia la madurez de la fe.

EL “SABER HACER” DEL COORDINADOR ESPAC
El SER y el SABER del Coordinador se integran y se expresan en su SABER HACER pedagógico-pastoral dentro del grupo de catequistas y en la parroquia.

1. ¿Qué es un grupo en la ESPAC?
Hablar de grupo es hablar de comunidad. Vida comunitaria, comunión, koinonía, son elementos imprescindibles en la vocación cristiana. El discipulado cristiano y la misión exigen siempre la pertenencia a un grupo, a una comunidad de fe. La ESPAC, siguiendo el ejemplo de los cristianos de los primeros siglos (Hch 2,46-47) se reúne periódicamente para compartir el pan de la Palabra y crecer en la fe por la catequesis, para vivir la vida de Cristo en los sacramentos y para practicar la caridad al estilo del Buen Samaritano.

  1. El grupo ESPAC es un conjunto de bautizados que se conocen, se identifican en un mismo espíritu, se relacionan entre sí actuando dentro de un determinado tiempo y espacio, intercambiando opiniones y funciones en búsqueda de objetivos comunes para llegar a ser en plenitud discípulos y misioneros de Jesucristo.
  2. Es propio de la metodología ESPAC reflexionar, dialogar y descubrir en grupo el sentido trascendente de la realidad iluminada por la Revelación. El aprendizaje en un grupo ESPAC no consiste en llenar la memoria con muchos datos o informaciones, sino en adoptar criterios prácticos que permitan a cada uno elaborar juicios de valor y adoptar acciones conformes con los fines propios de la evangelización y de la catequesis.
  3. Habida cuenta de que la catequesis debe orientarse no tanto a la acumulación de conceptos sino a su comprensión, organización, asimilación y vivencia, el trabajo en grupo busca que cada uno de sus miembros logre un cambio conceptual y actitudinal para reorientar su proceder dentro de un proyecto de vida cristianamente definido.
  4. Aprender a pensar y a actuar dentro de un grupo ESPAC implica adoptar la metodología de ver, juzgar, actuar, celebrar y evaluar los problemas, proponer soluciones y verificar resultados. Este proceso exige: recolectar datos, manejar variables y comprobar teórica y experimentalmente las posibles soluciones.
  5. El método de aprender haciendo que emplea la ESPAC, analiza la realidad a partir de la recolección de datos, de su comprobación experimental, del análisis de los mismos a la luz de un marco doctrinal y de sugerencias comunes, para adoptar un juicio claro y un propósito común en busca de soluciones.
  6. El aprendizaje en grupo debe conducir al desarrollo armónico de todas las facultades del catequista: sus sentimientos ante los problemas propios y de los demás (intelectuales, sociales, económicos, morales, etc.), el desarrollo de la imaginación, de la voluntad, de la libertad, de la capacidad de discusión y de crítica, la capacidad de convivencia y de búsqueda del bien común, el trabajo activo y constructivo, la búsqueda de objetividad. El estudio en grupo es fundamentalmente “aprender haciendo”.

2. Espiritualidad del SABER HACER pedagógico del Coordinador

  1. El Coordinador hace dentro de su grupo de catequistas lo que Cristo hacía en medio del grupo de los Doce: sirve a los demás con el espíritu de Cristo quien no vino a ser servido sino a servir; motiva al grupo a tener iniciativas, a participar, a crecer humana y espiritualmente y a comprometerse en la construcción de la comunidad eclesial en su parroquia.
  2. El símbolo geométrico de la coordinación es la circunferencia: sillas en círculo, todos iguales, todos en el mismo plano. Lo que importa son las buenas relaciones de todos con todos. El Coordinador es un guía y no un jefe que maneja a los demás.
  3. El Coordinador no se satisface por sentirse querido, aceptado, respetado, sino porque todos se acepten mutuamente, se respeten, se quieran y crezcan en los objetivos de la Escuela Parroquial de Catequistas.
  4. El buen Coordinador se preocupa de compartir las funciones de su ministerio o liderazgo con los demás miembros del grupo, haciendo que desempeñen eficientemente los liderazgos de la proclamación de la Palabra, de la animación, de la administración del tiempo o cronometrista, de la evaluación del encuentro y de la secretaría, cuidando de estimular las cualidades y capacidades de cada uno.
  5. Por ser la ESPAC una escuela de aprendizaje pastoral, el Coordinador anima la realización de actividades pastorales a todos los niveles, para el bien de la parroquia, de los catequistas y los catequizandos.
  6. El Coordinador estimula la creatividad, la participación y la corresponsabilidad del grupo, poniéndolos a todos en estado de búsqueda.
  7. El Coordinador responde oportunamente a las situaciones que se suelen presentar dentro de todo grupo:
  • Motivando a los más pasivos a participar.
  • Consultando la opinión de todos sin condicionarlas con la suya.
  • Valorando las intervenciones, los logros y las iniciativas de los miembros del grupo.
  • Ofreciendo la posibilidad de que cada uno pueda realizar una responsabilidad concreta, de manera que todos se sientan valorados y puedan madurar a través de la acción.
  • Creando un clima de respeto y libertad para que nadie se sienta retraído a la hora de participar y favoreciendo la circulación de la comunicación.
  • El Coordinador suscita el diálogo dentro del grupo, de manera que el trabajo de todos redunde en la unidad del grupo. Este trabajo debe conducir a un compromiso, no obligados o presionados, sino porque todos se consideran protagonistas de sus convicciones y de sus actos.
  • El Coordinador sabe despertar en los miembros del grupo la vocación de servicio, estimulando y desarrollando sus habilidades en bien de la comunidad.
  • El Coordinador procura comprometer a todos en la programación, realización y evaluación de los itinerarios y tareas de cada Encuentro.
  • Las actuaciones del Coordinador suscitan entusiasmo y confianza; llega a su trabajo antes del tiempo fijado para que con su ejemplo los demás lleguen a tiempo; ayuda a solucionar los problemas y nunca echa la culpa a ninguno; actúa siempre en función del “nosotros” y no en función del “yo”.

3. ¿Con qué cuenta un Coordinador para realizar su misión?
Para cumplir la misión de formar catequistas según los criterios antes expuestos, el Coordinador dispone:

  1. De la ayuda de la gracia de Dios, del ejemplo de Cristo su Maestro, de la fuerza del Espíritu Santo, de la protección de la Virgen María, del apoyo de su Obispo y su Delegado, de la presencia de su Párroco, de este Manual y de la oración de cuantos estamos comprometidos en esta causa.
  2. De una organización, la ESPAC con sus mecanismos de acompañamiento y con material de apoyo para adquirir la ciencia y la experiencia necesarias que guíen a los catequistas en lo que han de enseñar, y frente a las dificultades y preguntas que le vayan surgiendo a lo largo de su proceso de formación.
  3. De unos mecanismos que le permitan impulsar y evaluar el proceso, los avances o los retrocesos, las necesidades de los catequistas, a fin de lograr los objetivos de la formación. Al efecto, el Coordinador debe cultivar simultáneamente los tres sectores esenciales de la formación de sus catequistas: el SER (humano y espiritual), el SABER (doctrinal-catequístico) y el SABER HACER (pedagógico-metodológico).
  4. De una espiritualidad pastoral. La formación dentro de un grupo ESPAC busca capacitar catequistas, no sólo para transmitir con exactitud el mensaje evangélico, sino para que sus catequizandos logren discernir los valores de su cultura y, a partir de ese discernimiento, realizar todo el proceso de iniciación en la fe que los lleve a ser cristianos católicos verdaderamente comprometidos con su condición de bautizados, de discípulos de Jesucristo y de misioneros del Reino de Dios. Por ello, el Coordinador debe procurar en sus catequistas una formación:
  • De carácter sintético, en la que los diferentes elementos de la fe cristiana puedan ser apreciados en una visión orgánica, dentro del conjunto de la jerarquía de las verdades y del desarrollo general del proceso ESPAC.
  • De carácter catequético, capaz de iluminar pedagógicamente la vida de las personas con las riquezas y la sabiduría del mensaje cristiano.
  • Dinámica y actualizada, que capacite al catequista para dar razón de la esperanza frente al mundo en que vive, no obstante sus graves y complejos problemas.

4. La formación del ser humano de un catequista.
El proceso formativo de un catequista debe llevarlo a saber analizar las personas y los acontecimientos que van cruzándose en su vida: las edades, los temperamentos y la cultura cambiante, estableciendo una jerarquía de valores que transforme evangélicamente a los miembros de su comunidad. Por ello, el Coordinador debe procurar una formación en sus catequistas que desarrolle en ellos los valores y las virtudes humanas en lo físico, lo cultural, lo social, lo artístico, lo moral y lo trascendente.

5. La formación del ser espiritual del catequista.
El Coordinador debe procurar que los catequistas, durante todo el proceso de su formación, adquieran la personalidad de discípulos y misioneros de Jesucristo, así:

  1. Procurando que crezcan en su experiencia de Dios, mediante su familiaridad con la Palabra de Dios a partir de la Lectio Divina.
  2. Haciendo que tengan experiencias eclesiales, para crecer en sus motivaciones evangelizadoras.
  3. Realizando procesos de superación en el compromiso de su fe, durante todo el proceso de la formación de los catequistas.
  4. Trabajando junto a los otros y dejando trabajar a los otros.
  5. Desarrollando la espiritualidad de cada uno de los catequistas y del grupo a partir de la autoestima personal, del respeto mutuo y del amor a Jesucristo y a la Iglesia.
  6. Guiando el proceso de formación por el camino del discipulado que le señala los Evangelios y a la espiritualidad de la ESPAC: A Cristo, centro y Señor de la Historia, lo conocemos en las Sagradas Escrituras y por ellas en Él creemos, lo vivimos y celebramos en la Eucaristía, lo amamos y servimos en los hermanos y lo anunciamos en comunidad (ver Capítulo 7 pág. 73).

6. La formación del saber del catequista.

  1. El “Saber” de un catequista se inicia con un buen conocimiento de las ciencias auxiliares de la catequesis y culmina con el conocimiento de una sólida base doctrinal de la fe. El programa ESPAC está diseñado para armonizar las cuatro áreas del Catecismo de la Iglesia Católica: Credo, Moral, Sacramentos y Espiritualidad.
  2. El contenido doctrinal de la formación de un catequista ESPAC es el mismo que transmitirá luego en la catequesis y que se encuentra en los Módulos y en el Manual de Prácticas del Catequista. Para ello, la Sagrada Escritura es considerada como el alma del proceso, y el Catecismo como referencia doctrinal fundamental de toda la formación.
  3. El catequista debe aprender a discernir cuáles son las verdades de la Iglesia que se deben creer y enseñar, y cuáles son opiniones personales que no son objeto de la catequesis. Es decir, el catequista necesita conocer la doctrina de la Iglesia, diferenciándola de las múltiples ideologías o maneras de pensar diferentes.

7. La formación del Saber bíblico-teológico del catequista.
Además de discípulo de Jesucristo, de educador y de testigo de la fe, el catequista es maestro que enseña la fe de la Iglesia. Por consiguiente, el Coordinador debe procurar que los catequistas adquieran una formación bíblico-teológica sólida, que les proporcione un conocimiento del mensaje cristiano articulado en torno al misterio central de la fe que es Jesucristo. El contenido de esta formación comprende los elementos propios de todo proceso orgánico de catequesis, a saber:

  1. Las tres grandes etapas de la historia de la salvación: Antiguo Testamento, vida de Jesucristo y la historia de la Iglesia;
  2. Los grandes núcleos del mensaje cristiano: el Credo o Símbolo de la fe, la Liturgia, la Moral y la Oración.

8. La formación del Saber Hacer en catequesis.

  1. Junto con el conocimiento de los principios teológico-bíblicos, el catequista debe comenzar por conocer y saber emplear las llamadas ciencias auxiliares de la catequesis que le permiten conocer al hombre, la realidad dentro de la que vive y actúa, y la manera de comunicar los contenidos de la fe.
  2. Porque estas disciplinas son auxiliares de la catequesis, deben estar siempre subordinadas a los principios teológico-bíblicos y puestas al servicio de la acción evangelizadora que no es sólo acción humana sino principalmente obra del Espíritu Santo.
  3. Para ello, la ESPAC brinda a los catequistas algunos elementos fundamentales de las ciencias de la educación y de la comunicación, los dinamismos psicológicos propios de toda persona, la psicología evolutiva y las etapas del ciclo vital humano, elementos de psicología religiosa, de antropología, de pedagogía, de metodología, de dinámicas y técnicas de grupo con el fin de que el catequista esté capacitado para situarse y actuar dentro del contexto socio-cultural que afecta la vida de sus catequizandos.
  4. En el estudio de la realidad, los catequistas hacen un análisis teórico-práctico de las condiciones socio-políticas, socio-económicas y socio-religiosas de su entorno, habida cuenta de que estos elementos de la vida colectiva influyen poderosamente en el proceso de la educación en la fe (ver Módulo 2.2 Pág. 23 y ss).

9. Formación pedagógica del catequista.
Es propósito de la ESPAC capacitar a sus catequistas para ser educadores del Pueblo de Dios en la fe de la Iglesia, lo cual implica:

  1. Que el catequista adquiera la capacidad de acoger a las personas y el arte de conducir a un grupo humano hacia la madurez en la fe.
  2. Que el catequista desarrolle su estilo propio de dar catequesis, acomodando a su propia personalidad los principios generales de la pedagogía catequística, a partir de los criterios de la pedagogía de Dios en la Historia de la Salvación, de la pedagogía de Cristo-Maestro en el Evangelio, y de la pedagogía de la Iglesia en la catequesis.
  3. Que con la metodología de ver, juzgar, actuar, celebrar y evaluar, el catequista se capacite para programar su acción educativa de la fe, ponderando las circunstancias, elaborando planes realistas y, después de realizados, evaluarlos críticamente.
  4. Que el catequista conozca y sepa utilizar con propiedad las técnicas y dinámicas de animación grupal.
  5. Que mediante la investigación y la creatividad, los catequistas se conviertan en los protagonistas de su propio aprendizaje, que los conduzca de la práctica catequística a la práctica de la fe.
  6. Que esté bien informadoen las dimennsiones de la pedagogía catequística (ver Módulo 2.2 Pág. 38 y ss).

10. Formación metodológica del catequista.
Dado que el catequista debe realizar su acción dentro de un ambiente marcado e identificado por una cultura, su formación debe ser eminentemente práctica y activa (ver Módulo 2.2 Pág. 89 y ss; Pág. 50 y ss). Es por ello que la ESPAC ha adoptado, tanto para el estudio como para sus prácticas, la metodología de ver, juzgar, actuar, evaluar y celebrar. Y puesto que la catequesis es comunicación del Mensaje, el catequista debe ser experto en el empleo de los instrumentos más comunes e inmediatos de comunicación tales como carteleras, audiovisuales, catecismos, textos, tablero, carteleras, videos, video beam, etc.

CAPÍTULO TERCERO

LOS “QUEHACERES” DEL COORDINADOR

De la manera como el Coordinador cumpla sus funciones depende la calidad de los catequistas y la buena marcha de la catequesis en la parroquia. Las siguientes doce pautas, asumidas y puestas en práctica, con seriedad y responsabilidad, garantizan el éxito de la labor catequística del Coordinador en la Parroquia y en su grupo:

1. Relaciones del Coordinador con el Párroco. El Coordinador, elegido y enviado por el Párroco, es la persona en quien el Párroco ha puesto toda su confianza; su misión como la del Párroco es cuestión de vida o muerte ya que el futuro de la Iglesia depende de la Catequesis. Por ello, el Coordinador, en perfecta comunión con su Párroco, debe:

  1. Presentar al Párroco el cronograma de actividades que la Delegación diocesana, junto con la Dirección general de la ESPAC programan, al comienzo de cada año, para que lo coordine con los demás programas y actividades de la parroquia.
  2. Informar al párroco de las novedades del grupo: ingresos y egresos de catequistas, sus progresos o retrasos y las causales de estas novedades.
  3. Invitar al Párroco para que acompañe el proceso del grupo, con su orientación doctrinal, la dirección espiritual, la dirección de las Prácticas y el acompañamiento en la elaboración del Proyecto de grado. La presencia del Párroco es indispensable durante los “Escrutinios” al término de cada Etapa del proceso.
  4. El Coordinador fomenta y organiza encuentros o retiros espirituales para los catequistas cuando, de común acuerdo con el párroco y el grupo, lo consideren oportuno.

2. Promover la pastoral vocacional para la catequesis. Para un buen funcionamiento del ministerio de la catequesis en la Diócesis y en la Parroquia es preciso contar con una adecuada pastoral catequística. Para ello, es misión del Coordinador acompañar al Párroco, que es llamado con razón “próvido cooperador del Obispo”, en esta labor que les impone el Código de Derecho Canónico (Cn 773), cuando establece: “es un deber propio y grave, sobre todo de los pastores de almas, cuidar la catequesis del pueblo cristiano, para que la fe de los fieles, mediante la enseñanza de la doctrina y la práctica de la vida cristiana, se haga viva, explícita y operativa”. El Directorio General para la catequesis (Nº 219 - 225) y diferentes exhortaciones del Magisterio de la Iglesia.

  1. Suscitar en la parroquia y en sus comunidades cristianas vocaciones para la catequesis.
  2. Acompañar al Párroco en su misión de promover la pastoral catequística tanto en lo que concierne a la formación básica como a la formación permanente de apóstoles de la catequesis.
  3. Promover un cierto número de catequistas que puedan dedicarse a la catequesis de manera estable.
  4. Promover catequistas jóvenes y adultos, para la infancia y la adolescencia, para adultos y para los diferentes campos que exigen una catequesis más especializada.
  5. Coordinar a los catequistas con los demás agentes de la pastoral en la parroquia y en las pequeñas comunidades cristianas a fin de que la acción evangelizadora global sea coherente y el grupo de catequistas no se margine de la vida de la comunidad.

3. Acompañar el retiro kerigmático. Definido, por parte del párroco, el grupo de aspirantes a ser catequistas, estos son invitados a realizar el Retiro Kerigmático. Es entonces cuando el Coordinador debe ocuparse de inscribir a los aspirantes y acompañarlos al lugar determinado por el Delegado Diocesano para el Retiro. Durante el tiempo del Retiro, el Coordinador acompaña al grupo y a cada uno de los catecúmenos en lo referente a sus inquietudes y proyectos. Terminado el Retiro, el Coordinador invita al grupo a iniciar el estudio del Módulo “1.2 Proyecto de Vida”, al término del cual, quienes desean continuar el Proceso hacen lo que está establecido en el mismo Módulo (Nº 2.7 Compromiso grupal), del Cuarto Encuentro.

4. Acompañar en la realización del Proyecto de Vida. El Proyecto de Vida es el proceso de autoconocimiento mediante el cual, el aspirante a ser catequista, toma conciencia de sus propios valores y de su vocación, potencialice sus capacidades, supere deficiencias, adopte metas claras y sepa responder al llamado de Dios a ser discípulo-misionero de Jesucristo.
El Proyecto de vida en la ESPAC se inicia con el “Retiro kerigmático”, lo estructura y lo redacta cada uno, guiado por el Módulo 1.2 y se va autoevaluando y perfeccionando a lo largo de todos los encuentros del proceso. El Proyecto de vida no termina con el grado de catequista, porque el discípulo-misionero de Jesucristo deberá estar en permanente proceso de formación y de santificación, durante toda su vida, hasta su muerte. Es deber del Coordinador, como compañero de camino, estar atento para que quienes han iniciado el proceso, vayan modelando su personalidad a imagen de Jesucristo y se entrenen, con el Manual del Catequista, en la metodología y en la espiritualidad propias de la ESPAC.

5. Realizar la matrícula de los aspirantes a ser catequistas. Concluido el proceso introductorio con el Retiro Kerigmático y el Proyecto de Vida, los simpatizantes o aspirantes a ser catequistas deben considerarse capacitados para hacer su opción consciente y definitiva por la catequesis y la misión, procediendo a la “Matrícula”. La matrícula no es un simple requisito consistente en llenar una ficha con los datos personales, ¡no! La matrícula es la respuesta consciente y libre de quien ha sido llamado por Jesucristo a ser discípulo suyo, con la misma generosidad de la Virgen María llamada para ofrecer su concurso a la obra de la Encarnación; de los apóstoles para continuar la obra redentora de Cristo y de todos los que en la Iglesia han comprometido su vida a la causa de la Redención y Santificación del mundo, diciendo como los Profetas: !Aquí estoy, Señor, porque me has llamado, envíame!

El Coordinador, recibe del Delegado las planillas de matrícula que entrega a los aspirantes para que cada uno inscriba sus datos. Terminada la elaboración de las planillas, convoca a los aspirantes a una liturgia de la Palabra referente a la invitación que le hace Jesucristo para ser discípulo suyo y a la respuesta libre y comprometida por parte del llamado y aspirante. Seguidamente, el Coordinador entregará al Delegado diocesano las planillas para digitar los datos en el Sistema SIRAC.

6. Participar en el encuentro mensual de Coordinadores. Momento imprescindible para la buena marcha de la ESPAC en la Diócesis es el encuentro mensual de todos los Coordinadores convocados y presididos por el Delegado diocesano, ayudado por su Consejo académico o por una persona experimentada en los fines del encuentro. Se trata de un seminario-taller destinado a la formación permanente de los Coordinadores en su Ser, en su Saber y en su Saber hacer, dentro del que:

  1. Mediante la Lectio Divina y la celebración de la Eucaristía, si es posible, se brinda a los Coordinadores la ocasión de cultivar su vida espiritual, revisar la marcha de la ESPAC en la Diócesis, unificar propósitos y tomar nuevo impulso para proseguir el camino.
  2. Mediante el estudio de los Módulos correspondientes a las Etapas que están en proceso, los Coordinadores aclaran conceptos, prevén las posibles dificultades que puedan surgir durante los cuatro encuentros del Módulo en estudio, y disponen lo necesario para el buen desarrollo de los cuatro encuentros que coordinarán dentro del mes.
  3. Reciben las orientaciones del Obispo, si es posible, de su Delegado o de alguno de los párrocos en lo concerniente al crecimiento en el Ser, en el Saber y en el Saber hacer de los Coordinadores.

7. Dirigir el encuentro semanal del grupo ESPAC. El “Encuentro semanal de los catequistas”, convocados y presididos por el Coordinador, de acuerdo con el cronograma propuesto al comienzo de cada Etapa, es actividad ineludible para el buen logro de los objetivos del Programa. Sin el “Encuentro semanal”, el proceso ESPAC está muerto. A la manera de un motor de dos tiempos que para impulsar la máquina y darle movimiento necesita compresión y explosión, así el grupo requiere de un momento de compresión, de acumular fuerzas mediante la oración y las demás actividades del “Encuentro”, para explotar, luego, comunicando vida, impulso y movimiento al grupo mismo y a la acción evangelizadora y catequética de la parroquia.

El encuentro semanal del grupo ESPAC es el corazón del Programa que con su doble movimiento de sístole y diástole transmite vida a todo el organismo. Los catequistas necesitan llenarse de Cristo y de los conocimientos y prácticas catequísticas antes de realizar la misión. El Encuentro semanal es el ámbito específico del ministerio del Coordinador, para lo cual:

  1. Prepara, a conciencia, el “Encuentro semanal” del grupo. Esta preparación la realiza: de manera mediata, durante el “Encuentro mensual de Coordinadores” convocados y dirigidos por el Delegado diocesano, y de manera inmediata antes de la realización de cada Encuentro siguiendo el cronograma general y las indicaciones de los Módulos.
  2. Designa y coordina los servicios, ministerios o liderazgos que ayudan al crecimiento individual y comunitario de los miembros del grupo en los aspectos pedagógico y metodológico.
  3. Observa, orienta y evalúa la actuación de los diferentes liderazgos durante el desarrollo de cada Encuentro.
  4. Estimulando los liderazgos, realiza el “Canto”, la “Lectio divina” y las demás actividades que favorecen la vida espiritual del grupo.
  5. Cuida de que la “Reflexión sobre el Tema” sea estudiada y asimilada por los catecúmenos o futuros catequistas, de manera clara y libre de errores doctrinales, de equívocos o de opiniones ajenas a la fe y a la catequesis de la Iglesia. Trabaja metodológicamente la “Síntesis del Encuentro” que contiene los elementos esenciales de la “Reflexión sobre el tema” con el fin de aclarar y memorizar conceptos.
  6. Dirige, a través del liderazgo del “ambientador”, la técnica y/o la dinámica señalada para el Encuentro u otra según la iniciativa personal o de los miembros del grupo.
  7. Acompaña el liderazgo del “Evaluador” en la “Coevaluación” de cada Encuentro, a partir del “Itinerario” propuesto para cada Encuentro, teniendo en cuenta la asistencia, la participación, la asimilación de los contenidos, el crecimiento y compromiso apostólico del grupo.
  8. Acompaña a cada no de los miembros del grupo en su “Autoevaluación” al término de cada Encuentro y cuida de que los resultados queden consignados por escrito con destino a los escrutinios y al SIRAC.
  9. A partir de la “Tercera Etapa” del Proceso, el Coordinador dirige las prácticas pedagógicas de los catequistas y del grupo, contenidas en el texto “0.3 Manual de Prácticas del Catequista ESPAC”. Debe cuidar de que cada catequista tenga su Manual; de que, en grupo, lean y asimilen la Presentación, la Introducción y los Criterios generales, para su adecuada utilización en la realización de los “Encuentros de práctica”: con adultos no bautizados que piden los sacramentos de iniciación; con adultos bautizados que necesitan ser reiniciados; con padres y padrinos que piden el bautismo para sus hijos; con niños o mayores que prosiguen su proceso de iniciación cristiana con los sacramentos de la Confirmación y la Eucaristía. En la segunda parte del Manual de Prácticas, los catequistas disponen de unas guías para Encuentros con niños de 9 a 11 años que se preparan para la Eucaristía.

8. Actores dentro de un “Encuentro” de grupo. Esencial para el buen éxito del “Trabajo en Grupo” es la buena relación entre sus miembros, la corresponsabilidad y la participación de todos. El Coordinador debe moderar el desarrollo del “Encuentro” evitando polémicas, actuaciones poco corteses y todo lo que pueda ser falta a la caridad fraterna. Para facilitar el estudio en comunidad o trabajo en grupo, el Coordinador cultiva algunos servicios, ministerios o liderazgos, que deben ser sorteados o repartidos, en forma rotativa, al comienzo del estudio de cada Módulo, a fin de que todos los miembros del grupo adquieran experiencia en ellos. Esto ayudará a que todos crezcan individual y comunitariamente en la integración del grupo y a que, como futuro catequista, sea un líder o “ministro” en las diferentes áreas de la pastoral de la parroquia. Los liderazgos que se emplean en cada “Reunión de Grupo” son los siguientes:

  1. Coordinador: Es el representante del Párroco ante el grupo de catequistas y hace sus veces en lo referente a la dirección del grupo, lo coordina, asigna los oficios, estimula y controla las actividades del grupo, se preocupa por los que no asistieron y de que todos caminen al mismo ritmo. Responde ante el Delegado Diocesano de las autoevaluaciones y de otras actividades propias de la ESPAC. Es elegido por el párroco.
  2. Secretario: Anota los resultados de la “Investigación” en el tablero y hace el resumen de los aportes del grupo al respecto. Al final anota las conclusiones finales de la Investigación; anota los liderazgos para el Encuentro siguiente y colabora con el Coordinador recogiendo los resultados de las autoevaluaciones.
  3. Cronometrista: Administra el tiempo de cada uno de los pasos del Encuentro en forma creativa y agradable de acuerdo con el Coordinador. Como en todo estudio, la ESPAC requiere que cada “Encuentro” se realice íntegramente. En cada sesión el cronometrista debe organizar el tiempo de acuerdo con el Coordinador. Del cronometrista depende que el tiempo sea justo para cada punto evitando que las deliberaciones se dispersen en temas ajenos al del Encuentro. Evaluador: Observa el funcionamiento del grupo y de los “liderazgos”. Al final analiza el desempeño de cada uno aportando, con delicadeza, estímulos y correctivos. Este liderazgo es un arte que requiere caridad y sabiduría para no desmotivar a nadie y sí animarlos a todos.
  4. Cultivador de liderazgos: Durante el desarrollo del Encuentro, el Cultivador de Liderazgos observa a cada una de las personas que ejercen algún liderazgo, los valores que tiene, las funciones propias de su servicio, los aportes que da al grupo y, al fin de la sesión pondera su actividad para que crezca y avance.
  5. Ambientador: Es el especialista en crear un buen ambiente físico y humano para trabajar en grupo, dispone el lugar creativamente, cuida de que no falten los elementos necesarios: tablero o papelógrafo, marcadores, afiches y arreglos que hagan agradable el ambiente, dirige el canto, acoge y despide a los participantes en cada sesión.

CAPÍTULO CUARTO

NUEVE PASOS EN DESARROLLO DE UN “ENCUENTRO” DE GRUPO ESPAC. Jesús es el Maestro que con su ejemplo de Vida y su Palabra, educa a sus discípulos para el “encuentro” con Dios, consigo mismos, con su mundo, con sus hermanos y con la Iglesia puesta por Él para acompañarlos por el camino que los lleva a Dios. El Coordinador ESPAC debe ser un maestro en el arte y la ciencia de dirigir un grupo de catequistas haciendo que allí se viva una vida nueva dinamizada por el Espíritu Santo y reflejada en los valores del Reino de Dios. Para ello, debe guiar al grupo siguiendo los siguientes pasos:

Primero paso. EL CANTO. Iniciado el Encuentro con el calentamiento inicial de intercambio de saludos y la designación de los liderazgos, lo primero que hay que hacer es dar la tónica del Encuentro con el Canto señalado por el Módulo para cada caso o con otro canto relacionado con el tema que se vaya a trabajar, a elección del grupo.

Segundo paso. LA LECTIO DIVINA COMPARTIDA. ¿Qué es la Lectio Divina? La “Lectio Divina” es la lectura creyente y orante de la Palabra de Dios hecha a partir de la fe en el testimonio de Jesús “pasaba las noches en oración” y quien dice a sus discípulos: “El Espíritu os recordará todo lo que yo os enseñé y os guiará a la verdad plena” (Jn 14, 26; 16,13).

La Lectio Divina tiene su origen en el Antiguo Testamento y era la forma común de orar de los “pobres de Yahvé”, los anawin, cuya espiritualidad se refleja en la siguiente plegaria del salmo 130.

Señor: mi corazón no es ambicioso ni mis ojos altaneros;
no pretendo grandezas que superan mi capacidad,
sino que acallo y modero mis deseos,
como un niño en brazos de su madre.
Espere Israel en el Señor ahora y por siempre.

Anawin, en lengua aramea significa: “hombre pobre, cuya única riqueza es Dios”. El Sermón de la Montaña o las Bienaventuranzas (Mt 5, 3-10) es la expresión más perfecta de aquella espiritualidad que vivieron los pobres de Yahvé en el Antiguo Testamento, que Cristo vivió desde su nacimiento hasta la muerte y que sigue siendo el núcleo de todo su Evangelio.

Los cristianos de las primeras comunidades practicaban la Lectio Divina para alimentar su fe, esperanza y amor y para animar su caminar cristiano en comunidad. De esta manera, los evangelios y los demás escritos del Nuevo Testamento son el resultado de la lectura orante del Antiguo Testamento que los primeros cristianos hacían a la luz de la nueva Revelación en la que Dios, a través de Jesús, se manifestó a sí mismo en medio de la “comunidad”. De igual manera, la riqueza de los escritos de los Santos Padres que vienen nutriendo la fe de la Iglesia, es fruto de la práctica de la Lectio Divina durante los primeros cinco siglos de cristianismo.

¿Cómo hacer la Lectio Divina? Antes de comenzar:

  • Busco un lugar donde pueda disfrutar de soledad y silencio.
  • Adopto una postura cómoda.
  • Trato de serenarme interiormente, olvido mis problemas y preocupaciones.
  • Le pido a Dios que me ayude a vivir este momento aprovechando al máximo las riquezas de la Palabra para mi enriquecimiento espiritual y el de los miembros del grupo. Oro por mi conversión y la de los demás, por la catequesis y los catequizandos en la parroquia.
  • Busco el texto que voy a leer: el que me señala la ESPAC o el del Evangelio del día o el texto que yo quiera elegir.

1. LECTURA: ¿Qué dice el texto?

  1. Leo lentamente el texto, aún cuando ya lo haya leído o escuchado antes, lo hago como si fuera la primera vez.
  2. Una vez leído el texto, intento reconstruir en mi mente lo que dice, trato de recordar lo que dice; si no lo recuerdo bien, lo vuelvo a leer.
  3. Si el texto narra una historia o una parábola, identifico los personajes, lo que cada uno hace y dice. Intento descubrir por qué hacen y dicen lo que el texto dice de ellos.
  4. Si se trata de consejos o anuncios, me pregunto: ¿Por qué y para qué fueron dichos y qué significan para mí?
  5. Si no entiendo lo que el texto dice, busco ayuda leyendo las notas de la Biblia que están a pie de la página, consulto o pregunto.

2. MEDITACIÓN: ¿Qué me dice Dios en este texto?

  1. Me pongo en la presencia de Dios que quiere hablarme.
  2. Procuro descubrir lo que Dios quiere decirme y le digo con humildad: “Habla, Señor, que tu siervo escucha”.
  3. Si el texto es una historia o una parábola, me identifico con uno de los personajes; trato de ver en qué me identifico con él; en qué se parece mi vida a la suya; analizo sus actitudes y las mías ante casos semejantes; pienso cómo se refleja mi vida en el hecho narrado.
  4. Si el texto es un consejo o un anuncio, me pongo en el lugar de aquellos a quienes fue dirigido. Me pregunto: ¿Por qué me dice Dios eso, a qué situaciones de mi vida se refiere?
  5. Elijo la frase que más me haya llamado la atención y me detengo en ella repitiéndola.
  6. Procuro analizar y entender el texto desde mi condición personal: catequista, estudiante, empleado, padre de familia, enfermo, joven o de mayor edad.
  7. Hago silencio y dejo que Dios me hable al interior. Trato de no ser yo quien razona y saca conclusiones, sino dejo que sea Dios quien me hable.

3. ORACIÓN ¿Qué le digo yo a Dios?

  1. Hablo con Dios como lo haría con mi mejor amigo con quien tengo plena confianza. Le digo sencillamente lo que me nazca a partir del texto leído y meditado. Dentro de mí irán brotando diferentes reacciones: pena, dolor, deseo de cambiar, alegría, paz, gozo, etc. Le digo a Dios todo lo que ahora siento.
  2. Puedo pedirle perdón, fuerza, su ayuda para enfrentar la situación de mi vida sobre la que me hizo reflexionar el texto.
  3. Le agradezco a Dios todo cuanto me ha dado y lo que me ha dicho.
  4. Le prometo cambiar en mi vida aquello que acabo de descubrir que no está de acuerdo con el querer de Dios o hacer algo concreto como pedir perdón, hacer algo por los demás, dejar de hacer algo que me daña o que daña a los otros.
  5. Dejo en las manos de Dios aquella situación difícil que yo solo no puedo cambiar.
  6. Como Coordinador de grupo, pido por cada uno de los que el Señor me ha confiado, y como misionero pido por los que no conocen a Cristo; pido por todos los catequistas de mi diócesis y del mundo entero.
  7. Hago silencio nuevamente para escuchar lo que Dios quiere decirme.

4. CONTEMPLACIÓN. Estar con Dios.

  1. Dejo que mi corazón se tranquilice, me callo y simplemente “estoy” con Dios.
  2. Le expreso a Dios mis afectos y disfruto del gozo de este momento.
  3. Experimento la alegría de “estar” con Dios, siento que Él me ama y que yo lo amo, que le tengo confianza; que Él es todo para mí y yo soy todo para Él.
  4. Puedo decir con san Pablo: Ya no soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mí.

5. ACCIÓN: Mi vida continúa

  1. Vuelvo a mi realidad, a mi vida de todos los días, analizando bien el cambio que el Señor me pide o la acción que deba realizar; veo por donde empezar, lo que puedo hacer de inmediato.
  2. Asumo un compromiso concreto ante Dios. Y lo escribo en mi diario personal.

Tercer paso. LA LECTURA PATRÍSTICA.
Los Padres de la Iglesia, hasta el siglo VIII, además de consolidar el Canon de los libros del Nuevo Testamento y de definir el Dogma cristiano, se ocuparon de la defensa de la fe frente a las religiones paganas y de las interpretaciones heterodoxas que dieron lugar a las herejías y hoy a las sectas. Los catequistas deben familiarizarse con las enseñanzas de los Santos Padres para crecer en su formación y aprender de ellos la catequesis. En esta lectura el Coordinador puede valerse del texto que le ofrece la ESPAC en el número 2.3 de cada “Encuentro”, o de otros textos de los Santos Padres o del Magisterio de la Iglesia referentes al tema de que se trate y que puede encontrar en los cuatro volúmenes de la Liturgia de las Horas, en los documentos del Concilio, en las Encíclicas, etc.

La expresión, “magisterio de la Iglesia” se refiere a la función de enseñar que recibieron de Cristo el Papa y los obispos en comunión con Él. Al respecto, el Catecismo de la Iglesia Católica, afirma: “El oficio de interpretar auténticamente la Palabra de Dios, oral o escrita, ha sido encomendado sólo al Magisterio vivo de la Iglesia, el cual lo ejercita en nombre de Jesucristo”, es decir, a los obispos en comunión con el sucesor de Pedro, el obispo de Roma (DV 10).

Cuarto paso. LA TÉCNICA O LA DINÁMICA DE GRUPO.
Es este el momento del “Estudio en Grupo” cuando el Coordinador se debe manifestar más creativo y hábil en el manejo de las técnicas y las dinámicas de grupo.

  • Las dinámicas contribuyen a la interacción entre los individuos y su entorno grupal, al conocimiento mutuo, a la creatividad y a mantener el espíritu fraterno dentro del grupo.
  • Las técnicas ayudan a la mejor comprensión del tema del encuentro y sus contenidos.

Quinto paso. PUESTA EN COMÚN DE LA INVESTIGACIÓN.
Es función del secretario dirigir la “Puesta en común de la investigación”: recolectar los datos, tabularlos, analizarlos, juzgarlos, deducir conclusiones y proyectarlos en un compromiso de grupo.

La investigación, en el proceso formativo ESPAC, tiene por objeto el análisis de la vida de la comunidad local en orden a la evangelización y la catequesis. La investigación debe ser para el catequista un trabajo permanente, sistemático unas veces, informal otras, cuya finalidad es la determinación de los factores que influyen sobre el desarrollo o retrazo de la comunidad, su evolución histórica y las determinantes que han influido sobre su situación actual.

El conocimiento de la realidad mediante la investigación es de gran importancia en la formación de un catequista ya que le proporciona las bases para la estructuración de planes, de programas tendientes al mejoramiento integral de su comunidad y para su “Proyecto de grado”. La investigación brinda al catequista un conocimiento completo de los problemas sentidos y no sentidos de la comunidad y de los recursos humanos y materiales con que cuenta para solucionarlos.

Hay distintos métodos para la investigación: el método de preguntas y respuestas, el muestreo, la entrevista personal y/o de grupo, el método estadístico, la observación directa o indirecta.Para una buena investigación es necesario establecer un plan de trabajo, como lo indica este Manual en el Capítulo Tercero, que facilite la respuesta a lo que se quiere investigar. Estos conceptos suelen enunciarse con las preguntas:

  • ¿Qué? Sirve para formar un juicio de la realidad existente. Ejemplo, ¿Qué hay en la parroquia o comunidad al respecto del tema objeto de la investigación?
  • ¿Por qué? Se refiere a las causas que provocan los problemas objeto de la investigación.
  • ¿Para qué? Indica la razón de la investigación.
  • ¿Cuándo? Pone al investigador en contacto con la época de los hechos, o en momento en que se realiza cada una de las etapas de la investigación.
  • ¿Cómo? Se refiere al método elegido según las circunstancias en que se presenta el problema objeto de la investigación.
  • ¿Dónde? indica el lugar donde ha de aplicarse la investigación.
  • ¿Quiénes? Son las personas que hacen la investigación.
  • ¿A quiénes? Se refiere a las personas investigadas

Sexto paso. SÍNTESIS DEL ENCUENTRO.
La Síntesis, en el Encuentro semanal ESPAC, es una ayuda que permite constatar comunitariamente la correcta interpretación, asimilación y memorización de los contenidos doctrinales de la “Reflexión sobre el Tema”. Este ejercicio, guiado por el Coordinador, debe hacerse con una metodología muy creativa y dinámica, dentro de un diálogo tranquilo y caritativo.

El ejercicio de Síntesis es el momento en que los miembros del grupo ponen en común los contenidos doctrinales, se aclaran conceptos, se despejan dudas y se fija, en la memoria de los participantes, el contenido doctrinal. Es a partir de esta deliberación como el Coordinador puede constatar, en orden a los escrutinios, no sólo si los catequistas adquirieron correctamente el conocimiento de las verdades de la fe, sino detectar lo que no quedó claro, despejar dudas, corregir confusiones o afirmaciones que puedan ser contrarias a la fe de la Iglesia.

Séptimo paso. COMPROMISO DEL GRUPO.
El compromiso es la fuerza de identificación de una persona con una causa. En el proceso pedagógico ESPAC, el compromiso personal y del grupo nacen de la convicción que los catequistas hayan adquirido en la Lectio Divina, en la Reflexión sobre el tema, en la Investigación, en la Dinámica o Técnica de grupo, en el canto y en la experiencia de todo el trabajo grupal, visto como un reto ante un determinado problema.

El compromiso surge de las exigencias de quien ha creído en las palabras de Jesús y sabe que ha sido llamado para ser un “misionero” obediente a la Palabra: Poned en práctica la Palabra y no os contentéis con oírla, engañándoos a vosotros mismos. Pues el que oye y no cumple se parece a quien contempla su rostro en un espejo y, después de mirarse, se marcha olvidándose de cómo era (Santiago 1:21-25).

Octavo paso. COEVALUACIÓN.
La Coevaluación es la revisión mutua del proceso, hecho por los integrantes del grupo, guiados por el Coordinador, dentro de un clima de mutua aceptación, de humildad y de ayuda comunitaria. Es entonces cuando cada uno pone al servicio del grupo sus capacidades personales demostradas en el ejercicio de los liderazgos; reconoce sus deficiencias en lo cognitivo y participativo para superarlas con la ayuda de todos; es éste un momento de mutuo aprendizaje y de valoración de lo esencial, de superación del grupo y de ayuda interpersonal.

Noveno paso. AUTOEVALUACIÓN DEL ENCUENTRO.
Es la revisión personal que cada catequista hace de sí mismo, frente a Dios y su conciencia guiado por los Itinerarios propuestos al comienzo de cada Encuentro. La Autoevaluación es un ejercicio muy importante dentro del proceso evaluativo de un catequista en formación. La Autoevaluación permite constatar la calidad de la dedicación al estudio, el desarrollo y apropiación del proyecto de vida y la formación espiritual y apostólica adquirida por el catequista. La suma de autoevaluaciones de los encuentros dan al catequista los créditos necesarios para su Grado al final de las cuatro Etapas.

Corresponde al Coordinador valorar la Autoevaluación de cada catequista y consignar los resultados en el formato que le suministra la ESPAC con destino al Delegado diocesano. De esta forma el Obispo, a través de su Delegado, podrá constatar los progresos, los estancamientos o los retrocesos del proceso individual y de la vida del grupo. A partir de esta constatación el Delegado diocesano, con su Consejo Académico deberán digitar y conservar los datos en el sistema electrónico llamado SIRAC. Una Buena valoración de las autoevaluaciones por parte del Coordinador, del Delegado diocesano y su Consejo académico, permite conocer la calidad del grupo y de los catequistas en relación con su Ser, su Saber y su Saber hacer, frente a Dios, frente a sí mismos y frente a su entorno familiar y comunitario.

OTROS QUEHACERES DEL COORDINADOR

EL SEMINARIO TALLER.
El seminario taller es una actividad comunitaria de estudio, diferente del trabajo de grupo de que trata el capítulo cuarto de este manual. Se ocupa del estudio de un tema determinado en cada una de las cuatro etapas del proceso. Es un medio de integración de los catequistas entre sí y con su acción, a través de un trabajo conjunto de todos los grupos ESPAC de la Diócesis. El Seminario Taller es dirigido por un sacerdote, religioso, religiosa o laico experto en la materia de que se trate Su finalidad es ayudar a que los participantes establezcan acuerdos que se traduzcan en planes, programas y proyectos en la Parroquia y/o en la Diócesis. La realización de estos planes o proyectos se hace mediante el ejercicio de los ministerios que los pastores de la Iglesia o la comunidad confían a los diversos miembros según el carisma o aptitudes de cada uno.

La Iglesia es ministerial por vocación, por origen, por esencia y por finalidad. Ella lleva impreso, en su ser y en su obrar, el signo de la diaconía. Cualquier don o carisma que no se traduzca en servicio comunitario es una ofensa al Espíritu que lo infunde a quien Él quiere. Debido a su esencial ministerialidad, la Iglesia es engendrada ministerialmente, se edifica a sí misma ministerialmente y es promotora de ministerios para el servicio de todos. La ministerialidad, afecta por igual a los Pastores, Religiosos y Laicos.

Para vivir la ministerialidad, los seminarios-taller buscan superar el binomio: clérigos-laicos, y asumir el binomio comunidad-ministerialidad. Para ello, los Seminarios-taller pretenden que los catequistas adquieran no sólo conocimientos, sino el vigor en el espíritu de servicio, procedente del contenido doctrinal de los documentos pastorales de la Iglesia o de las ciencias auxiliares de la catequesis.

Son cuatro los seminarios-taller propuestos durante las cuatro etapas del Proceso: 1.5 Psicología general; 2.3 Dinámica y Técnica de grupos; 2.10 Laicado y ministerios; 4.5 koinonía y comunidad litúrgica. Se trata de que los aspirantes a ser catequistas vayan adquiriendo aquel espíritu de servicio, de diaconía o ministerialidad características de los discípulos de Jesucristo. Es función del Coordinador acompañar al Delegado y a los catequistas de su grupo en la organización de los “Seminarios-taller” promoviendo la asistencia y la activa participación de los catequistas.

LOS ESCRUTINIOS.
Los escrutinios forman parte del sistema de evaluación adoptado por la ESPAC en los campos cognitivo, volitivo-afectivo, espiritual, operativo y celebrativo (cf 0.1 Diseño ESPAC pág. 18-19). Al término de cada una de las cuatro etapas, los escrutinios buscan rectificar el camino y mover la voluntad de los catequistas para que, como discípulos de Jesucristo, vivan más fielmente sus compromisos bautismales, se unan más estrechamente a Jesús su Maestro y prosigan con mayor decisión su proyecto de vida. Los escrutinios son, igualmente, ocasión para que el párroco tome decisiones frente al proceso vocacional y formativo de sus catequistas.

Los escrutinios son momentos de gran importancia porque:

  1. Permiten alcanzar, mediante la Lectio Divina y de la puesta en común del ser, del saber y del saber hacer de cada uno, la gracia necesaria para revisar y proseguir el camino de discípulos de Jesucristo.
  2. Llevan al reconocimiento humilde de las deficiencias personales y grupales para proseguir el proceso con una espiritualidad de permanente conversión y superación.
  3. Son momentos de gracia para alcanzar la misericordia de Dios y practicarla unos con otros dentro del grupo.
  4. Permiten revisar el cumplimiento de los compromisos personales y grupales adoptados durante los Encuentros de la Etapa que termina, y conducen a corregir fallas y a adoptar compromisos frente a la Etapa que se inicia.
  5. En tiempo de los Padres de la Iglesia, los catecúmenos debían celebrar tres “escrutinios” que tenían lugar en las misas de los domingos tercero, cuarto y quinto de Cuaresma. El primer escrutinio se realizaba guiados por el Evangelio de la samaritana (Jn 4, 5,42); el Segundo, por el Evangelio del ciego de nacimiento (Jn 9, 1-41) y el tercero, por el Evangelio de Lázaro (Jn 11, 1-45).

En nuestro caso, los escrutinios son cuatro, al término de cada una de las cuatro Etapas, guiados por el texto del Evangelio de san Juan que subyace a lo largo de las cuatro etapas del proceso, así:

  • Primer escrutinio: Jesús, al ver que lo seguían les dice: ¿Qué buscáis? (Juan 1, 37).
  • Segundo escrutinio: Ellos le dijeron: Maestro ¿dónde vives?, Jesús les respondió: venid y lo veréis (Juan 1, 39).
  • Tercer escrutinio: Se fueron con Él y pasaron con Él aquel día (Juan 1, 39).
  • Cuarto escrutinio: Hemos encontrado al Mesías (Juan 1, 41).

La realización del escrutinio, exige:

  1. Fijar, con la debida antelación la fecha y el lugar, de acuerdo con el párroco, el Coordinador y los miembros del grupo.
  2. Disponer el lugar frente al sagrario o en sitio que favorezca la oración, la reflexión y la deliberación en la presencia de Dios.
  3. Disponer del material académico y los demás elementos requeridos, según el momento y el número de participantes en una convivencia que puede ser prolongada.
  4. Presentar, por parte del Coordinador, los puntos para evaluar referentes al Ser, al Saber y al Saber hacer del Coordinador, los catequistas, los liderazgos y de las actividades del grupo, con la metodología de ver, juzgar, actuar, evaluar y celebrar.
  5. El Coordinador se evalúa primeramente, luego los demás liderazgos y finalmente cada uno de los miembros del grupo, en forma espontánea.

Trabajo grupal durante el escrutinio:

  1. Autopresentación de cada uno con el reconocimiento humilde de sus logros y deficiencias en su ser, en su saber y en su saber hacer y en relación con su Proyecto de Vida y su seguimiento como discípulo de Jesucristo.
  2. Puesta en común de los resultados del escrutinio y compromisos individuales y comunitarios al respecto.
  3. Pronunciamiento del Párroco y del Coordinador, conclusiones, oración a la Santísima Virgen María y bendición por parte del párroco.

Concluidos los escrutinios, el Coordinador debe presentar al Delegado diocesano los resultados y el nombre de los candidatos admitidos a recibir el signo correspondiente a la etapa concluida y preparar con Él la ceremonia de entrega de los signos.

LA ENTREGA DE LOS SIGNOS. En los diferentes momentos del proceso catecumenal que tuvo auge en los primeros siglos del cristianismo, el obispo hacía entrega formal y solemne al catecúmeno del símbolo de la fe (Credo), de la oración del Señor (Padre nuestro) y del signo de la cruz (la Crismación).

La ESPAC, al término de cada una de sus cuatro etapas, hace entrega solemne al catecúmeno (catequista) de signos que van jalonando los diversos momentos del proceso de crecimiento en la fe y del compromiso misionero, así:

  1. Al término de la primera etapa, entrega del signo de la Cruz. La Cruz no es un incidente en el camino de la fe, sino el pasaje por el que Cristo entró en su gloria y reconcilió a la humanidad entera. Hacer sobre nosotros el signo de la Cruz o persignarnos es pronunciar un “sí” visible y publico en reconocimiento de quien murió por nosotros y resucitó. Ser marcados con el signo de la cruz en la Confirmación es asumir con decisión la misión confiada por Cristo, recibir la cruz de ceniza al comenzar la Cuaresma es proclamar ante los demás que el discípulo ha asumido la Pascua (pasión, muerte y resurrección) de su Maestro.
  2. Al término de la segunda etapa, tiene lugar la entrega de la Palabra de Dios que el catecúmeno ha de asumir, interiorizar, hacerla vida, proclamarla en la liturgia y anunciarla en la catequesis y en la misión.
  3. Al término de la tercera etapa, el catequista recibe la luz de Cristo con la que está llamado a iluminar el mundo. (Ver liturgia de la Vigilia Pascual - ceremonia de la luz).
  4. Al término de la cuarta etapa los graduados, juntamente con el Diploma, reciben solemnemente del obispo la medalla que los acredita como catequistas ESPAC, a tiempo que formulan su compromiso de permanecer fieles a la formación recibida.

EL PROYECTO DE GRADO. Por tratarse de asunto de gran importancia, trataremos de este tema en el capítulo siguiente.

CAPÍTULO CUARTO

INSTRUCTIVO PARA LA ELABORACIÓN DEL PROYECTO DE GRADO

1. Guía para la elaboración de un Proyecto de Grado. La siguiente guía está destinada a los Coordinadores, asesores de proyectos de grado y catequistas graduandos en la ESPAC. Preguntémonos y respondamos:

  • ¿Por qué hacer un proyecto de catequesis? Sabemos que la improvisación es la principal causa de fracaso en cualquier empresa humana. En pastoral y en catequesis este problema se refleja en la falta de planificación que conduce a la rutina, al descuido en la atención de la comunidad cristiana, al alejamiento de los fieles de la Iglesia y al fracaso pastoral.

En todas las empresas y actividades de la vida moderna, la eficacia y la eficiencia, frutos de la proyectación y la planificación, son imprescindibles como garantía de éxito. El Magisterio de la Iglesia, desde el Concilio Vaticano II (1966), viene insistiendo en que los procesos de iniciación cristiana y la planificación pastoral son los caminos para responder adecuadamente a la complejidad de los problemas pastorales y a las aspiraciones más profundas de la sociedad en relación con la fe. No es que desconozcamos la acción del Espíritu Santo, pero es un imperativo de la pedagogía y de la tecnología modernas ordenar procesos, identificar necesidades, delimitar objetivos, fijar metas y evaluar procesos, de modo que nuestra acción catequística, con el impulso del Espíritu Santo, sea articulada, organizada y eficaz. Esto quiere decir que la catequesis, como acción educativa de la fe, tiene necesariamente que programarse, planificarse, organizarse y evaluarse.

Con la elaboración de un Proyecto de catequesis al término del Proceso, la ESPAC busca no sólo completar la formación de los catequistas, sino dar respuesta a lo que el Directorio General para la Catequesis establece en lo referente a la formación pedagógica: “El catequista, deberá capacitarse para saber programar en grupo la acción educativa, ponderando las circunstancias, elaborando un plan realista y, después de realizado, evaluarlo críticamente” (DGC 245). La finalidad del “Proyecto de grado” es capacitar a los catequistas para usar debidamente la metodología pastoral del ver, juzgar, actuar, evaluar y celebrar, como elemento constitutivo del programa de formación ESPAC.

2. ¿Qué es un proyecto de catequesis? El Directorio General para la Catequesis (nº. 274) describe el proyecto de catequesis como la oferta que integra de manera articulada, coherente y coordinada los diferentes procesos catequísticos ofrecidos a personas en las diferentes edades y circunstancias de la vida. Esto significa que no es posible realizar una catequesis de manera eficaz sino a partir de un proyecto previo:

  1. Para niños, adolescentes y jóvenes en íntima conexión con los sacramentos de iniciación ya recibidos o por recibir, como lo presenta el Manual de Práctica del Catequista ESPAC (Págs. 6 a 8).
  2. Para adultos, es decir, para aquellos y aquellas que, bautizados en su infancia, necesitan fundamentar su fe o completar su iniciación cristiana.
  3. Para personas de la tercera edad a las que hay que dedicarles el cuidado de una catequesis adecuada (DGC 186).
  4. Para la diversidad de situaciones personales, familiares, sociales tales como: marginados (DGC 190), desplazados, habitantes de la calle, discapacitados e inadaptados (DGC 189), obreros, profesionales, artistas, universitarios, etc. (DGC 191).
  5. Para los diferentes ambientes tales como el rural y el urbano que exigen formas especiales de catequesis (DGC 192).

3. ¿Cuáles son los elementos constitutivos de un proyecto en catequesis?
Generalmente se dice que todo proyecto debe partir de un análisis de la situación, debe tener objetivos claros, debe ser realizable y debe poderse evaluar. Analicemos estos cuatro elementos comunes a todo proyecto en forma de preguntas para facilitar el trabajo de los catequistas:

  • ¿Dónde? Se refiere al conocimiento de la realidad sobre la que se va a realizar su proyecto. El conocimiento de la realidad es el análisis de las condiciones sociológicas, culturales, religiosas y económicas que determinan las maneras de ser de la comunidad y que inciden en su vida religiosa. Del conocimiento de la realidad surge la estructuración de la respuesta pastoral que la Diócesis, la Parroquia, los catequistas y los laicos comprometidos en la misión de la Iglesia, deben dar a esa realidad.

En relación con el “donde”, el Módulo 1.4 “Conocimiento de la realidad” y el Documento de Aparecida, (números 33 a 100) ofrecen a los catequistas elementos suficientes para un buen análisis de la situación y les permite formarse un juicio del estado de la catequesis que allí se está realizando; es decir, permite ver cómo está ubicado el proyecto catequístico en el proceso de evangelización, su articulación con los diferentes sectores catequísticos (niños, adolescentes, jóvenes, adultos…), su coordinación con la educación cristiana dentro de la familia, con la enseñanza religiosa escolar y con las demás formas de educación en la fe; la calidad de la catequesis, es decir, los contenidos y la metodología que utiliza, la calidad de formación de los catequistas, el tiempo que se le dedica, etc.

El análisis de la situación religiosa se refiere a tres niveles religiosos muy relacionados entre sí que existen en toda agrupación humana (ver Módulo 1.4 Realidad pág. 38 a 54):

  1. El sentido de lo sagrado, es decir, todo lo que atañe a lo más fundamental de la cultura. Son sagrados los principios que fundan una sociedad, sus tradiciones, sus valores más respetados y que se suelen expresar en creencias y en acciones de culto.
  2. El sentido religioso, es decir, la idea que los individuos o la comunidad tienen de Dios, las maneras de relacionarse con Él, las riquezas de religiosidad y de piedad popular que están en la base de la identidad de un pueblo. Entre los valores religiosos más destacados en nuestra cultura podemos señalar la apertura a la acción de Dios por los frutos de la tierra, el carácter sagrado de la vida humana, la valoración de la familia, el sentido de solidaridad y la corresponsabilidad en el trabajo común, la importancia de lo cultural, la creencia en una vida ultraterrena (cf. Santo Domingo 17 y Módulo 1.4 Pág. 38 a 54).
  3. Las maneras de expresar o de vivir la fe dentro de la diversidad de creyentes. Desde la perspectiva de la fe, los valores y convicciones religiosos de un pueblo son fruto de “las semillas del Verbo” presentes en los antepasados y que continúan fructificando en las nuevas generaciones gracias a los procesos de evangelización y a la catequesis en la medida que se vaya renovando.

En estrecha conexión con estos tres niveles de religiosidad y de fe, se debe tener en cuenta, además, la situación moral en que viven las personas, con los valores que los enriquecen y las sombras y contravalores que los empobrecen.

  • ¿Por qué? Es la pregunta que espontáneamente surge ante una realidad que nos interroga: ¿Por qué hay tanta riqueza cultural y religiosa en nuestra comunidad? ¿Por qué tanto mal que empobrece las riquezas de nuestro pueblo? A los largo de las cuatro etapas del proceso ESPAC, el Coordinador y el grupo de catequistas han adquirido experiencias y conocimientos a partir de la “Investigación” sobre la realidad. De esta experiencia hecha individualmente y en grupo hay constancia en el cuaderno de investigaciones de cada catequista. Lo que habría que hacer para el proyecto de grado, sería sintetizar y organizar todo ese material. Pero esto no quita que el catequista o el grupo puedan recurrir a otras fuentes o alternativas tales como analizar el “marco de realidad” del proyecto pastoral de la diócesis y/o de la parroquia, leer el Documento de Aparecida números 33 a 100) o valerse de los datos de los organismos oficiales al respecto. Y no debe olvidar el Coordinador y sus catequistas que nadie mejor que ellos conocen la realidad de su entorno inmediato sobre el que tanto han investigado.
  • ¿Cómo? Se trata de la metodología que debe adoptarse para el estudio, el diseño, la programación, la realización y la evaluación del proyecto. Al respecto, los catequistas ESPAC tienen ya amplia experiencia en la metodología de ver, juzgar, actuar, evaluar y celebrar (Cf. 0.3 Manual Prácticas del Catequista ESPAC).

¿Cómo? El cómo en el proyecto de grado se refiere, principalmente, a las actitudes de quienes lo realizan y a la metodología que adopten. Al respecto es bueno tener en cuenta los siguientes criterios:

  • El “Proyecto de grado” se origina en el proyecto salvador del Padre cumplido en Jesucristo con la acción del Espíritu Santo y proclamado por el ministerio de la Iglesia. Este designio de Dios nos exige mirar la realidad con la mirada amorosa y misericordiosa de Jesucristo a fin de evitar tensiones inútiles, el mal uso de los recursos, la exclusión de los que piensan de manera diferente, confusiones y obstáculos, con el fin de que todos puedan aportar su palabra, su sabiduría y su experiencia.
  • El “proyecto de grado”, como guía de un proceso de evangelización y de catequesis debe estar alimentado en todo momento por la Sagrada Escritura que ilumina la realidad y orienta el proyecto. Sabemos que gracias a la mejor formación actual de generosos catequistas, la renovación de la Catequesis está produciendo fecundos resultados. (Cf Aparecida 99).
  • El “Proyecto de grado” debe abrir las mentes y los corazones a un compromiso práctico en el servicio o diaconía de la promoción de la fe, de la caridad, de la justicia y de la Misión en general. El Proyecto de grado es el ejercicio de la ministerialidad en la Iglesia para compartir la fe adquirida a lo largo del proceso catecumenal.

  • ¿Para qué? Todo proyecto de acción catequística debe contar con una adecuada justificación sobre sus razones y sobre el tipo de necesidades a que pretende responder. Por necesidad entendemos la distancia existente entre el SER (la realidad) y el DEBER SER (lo que Dios y nosotros nos proponemos lograr de esa realidad). El “ser” está determinado por la situación conforme a lo explicado en el numeral anterior; el “deber ser” lo determinan los documentos del Magisterio de la Iglesia o los planes de pastoral de la Diócesis y de la Parroquia referentes al “deber ser” o proyecto de Dios sobre esa realidad. Comparando el ser con el deber ser descubriremos las necesidades a las que queremos responder a fin de que la distancia entre los dos extremos se acorte como efecto de la ejecución del proyecto.

  • ¿Quiénes? Se trata de los catequistas, de su número y calidad necesarios para llevar a cabo, con éxito, el proyecto. Al respecto, el Directorio General para la Catequesis, tratando de la preparación de los catequistas en su ser, en su saber y en su saber hacer, insiste: “…cualquier actividad pastoral que no cuente para su realización con personas verdaderamente formadas y preparadas, pone en peligro su calidad” (nº. 234). Esto significa que todo proyecto exige tiempo y adecuada formación de quienes han de ejecutarlo. Cristo y la Iglesia esperan que los catequistas ESPAC que, a esta altura de su proceso están pensando en su proyecto de grado, sean personas suficientemente competentes para realizar un excelente servicio en su parroquia o comunidad

  • ¿A quiénes? Son los destinatarios del proyecto situados dentro de su contexto social, económico, político, religioso y cultural. Al respecto el Documento de Aparecida, establece las siguientes prioridades: los creyentes que no participan en la Eucaristía dominical ni reciben con regularidad los sacramentos (nº. 286, 287 y 288), niños, adolescentes y adultos (nº. 438, 442, 499), los ancianos nº 447), la familia (nº. 525), la dignidad y participación de las mujeres (nº. 451 a 458), la catequesis permanente (nº 298, 299, 300), el medio ambiente (nº. 470) etc. Dentro de estas prioridades, la atención a la catequesis de adultos (Directorio General para la Catequesis 275) debe dar coherencia a toda la catequesis. No obstante la multiplicidad de destinatarios que puedan ser objeto de nuestro proyecto, debemos tener en cuenta que los diversos procesos de catequesis no deben organizarse como cosas separadas sino armónicamente y en perfecta complementariedad.

  • ¿Con qué? Condición imprescindible para que el proyecto sea realizable es contar con los recursos necesarios. Ya desde el momento inicial del análisis de la realidad el grupo de catequistas debe hacer el presupuesto de los recursos humanos, materiales y económicos de que requiere; debe identificar la infraestructura con que cuenta la parroquia o la comunidad para el desarrollo del proyecto: salones, textos, material didáctico, televisor, equipos audiovisuales, etc. Y si la parroquia carece de estos recursos, los catequistas deben buscar la cooperación de otras entidades.

El aspecto económico es factor muy importante para la factibilidad de todo proyecto de pastoral. En este campo suelen presentarse las mayores dificultades, pero los catequistas han de saber que si el grupo ESPAC ha hecho su proceso de manera organizada, los recursos no le faltarán, porque: siendo que el proyecto busca beneficiar a la parroquia, esta debería asumir en todo o en parte los costos del proyecto; de otra parte, el grupo ESPAC que cuenta con la ayuda de los “Auxiliares para asuntos económicos” (ver 0.1 Diseño ESPAC pág... 31), tiene en ellos un decidido apoyo. Los Auxiliares para asuntos económicos son personas diferentes de los catequistas que trabajan por allegar fondos para la catequesis, organizando actividades cuyo producido busca apoyar económicamente al grupo. Finalmente, los mismos participantes en el proyecto deberán aportar lo suyo.

  • ¿Cuánto tiempo? Elaborar el cronograma de acción para los diferentes momentos del desarrollo del proyecto es signo de inteligencia y garantía de éxito. En todo proyecto hay que prever el tiempo de planeación, de análisis de la realidad, de estudio del marco doctrinal, de la redacción del proyecto, de evaluación de cada uno de estos momentos y de proyectación para el mejoramiento permanente del proyecto. El tiempo destinado a la evaluación es importante para determinar la marcha del proyecto en cada uno de los momento de su realización y para adoptar los correctivos necesarios. Por ello, desde el principio hay que determinar los tiempos de las evaluaciones tanto parciales como la final. Sin embargo, con la evaluación final no concluye el proyecto: es necesario darle continuidad mediante una retroproyectación que permita alimentar su desarrollo y mejorarlo permanentemente.

PROGRAMACIÓN DE LA ACCIÓN EN UN PROYECTO

Al iniciar un proyecto debemos formularnos siempre las siguentes preguntas:

1. ¿Qué pretendemos hacer? La programación o plan de acción en un Proyecto de Grado es mucho más que determinar los temas catequísticos que pretendamos enseñar. El Directorio General para la Catequesis (nº. 281) establece, al respecto, las siguientes características que bebe tener: operativo, real, sencillo, conciso y claro.

Examinada la situación e identificadas las necesidades catequísticas, es decir, el SER, urge determinar el deber ser, es decir, los objetivos, los destinatarios, los medios y recursos, el tiempo de ejecución que respondan realmente a las necesidades y estén en plena armonía con los objetivos y normas de la Iglesia universal y particular. La elaboración de un programa de acción con estas cinco características da or