OTRA VEZ LO MISMO
Manuel José Jiménez R.
De acuerdo con nuestro modo actual de hacer las cosas esta por comenzar un nuevo año catequístico. Si hemos planeado u organizado, ya tenemos claridad acerca de las fechas de los cursos de primera comunión, de confirmación, de bautismo y de matrimonio. Se han revisado incluso los textos e instrumentos y ya de ha poco se han ido congregando o conformado los grupos de catequistas. Esperamos dentro de poco avisar a las familias y abrir las inscripciones. Si todo sale como esperamos, tendremos nuevos grupos de niños y de jóvenes participando en estos cursos. Comenzara dentro de poco nuestro corre exigiendo la asistencia, preparando los encuentros, intentando convencer a los padres de familia de la necesidad que nos colaboren y de asistir a la misa con sus niños, buscando nuevos catequistas para reemplazar a los que se van yendo.
Esto lo hacemos todos los años y de modo idéntico. Todos los años solo cambian los grupos de niños y de familias, y los grupos de jóvenes. Ya pasaron unos, ahora les toca el turno a otros. Los que ya pasaron, en su gran mayoría ya no están, precisamente por eso, ya pasaron. Ya no tienen nada a que volver. Los que vienen ahora, llegan buscando lo mismo. Entrar, pasar y cumplir su turno. Y entre más rápido se pase mejor. Entre menos tiempo se necesite mejor. Mejor no ocupar mucho tiempo, pues hay otros que están haciendo cola para llegar, pasar y desaparecer como tantos otros lo han hecho en el pasado. Y nosotros contentos y tranquilos. Al fin y al cabo basta un pequeño aviso, una corta y breve invitación, para que este pasar y venir se repita año tras año. Tal vez hoy sean menos que antes. O tal vez más. Pero el mismo juego se repite. Se trata de llegar, pasar y salir. Cumplir con su turno. Cumplir con lo exigido. Realizar lo pedido. Además es poco tiempo. Un año, o seis meses. Y hay que cumplir. No sea que se pierda el turno. No se puede dejar eso para después. Entre más rápido se salga de eso mejor.
Parece que en las cuestiones relacionadas con la catequesis, si a lo que hacemos lo podemos seguir llamando catequesis, poco o nada cambia. Como que el tiempo se ha detenido. Ahí si como que funciona eso de la idea del eterno retorno. Peor aún. Lo del eterno repetirse. Si al caso se cambia uno que otro tema, una que otra cuestión organizativa. Uno que otro catequista. Pero no. Si hay algo que cambia y siempre. La gente que viene y va. Los de este año ya no son los mismos del año pasado. Los del año pasado, ya pasaron. Ya cumplieron. Ya hicieron lo que tenían que hacer y basta. Todos los requisitos, incluso esos más molestos de ir a misa con sus niños y el de tener que confesarse, ya los cumplieron. Por eso no hay que volver. Ahora el turno es de otros. Cada año son distintos. Y cada año hemos de prestarles el servicio, y de calidad decimos. No sea que busquen a otros, no sean que encuentren otro lugar donde el servicio sea mejor prestado, más rápido y más eficaz. Y así bajen nuestras estadísticas, pero crecen las de otros.
Y esto que decimos se repite no solo en nuestra ciudad, sino en todas las ciudades, en todas las parroquias del mundo. Unos llegan y otros se van. No hay sentido alguno de pertenencia. Y me atrevo a decir que ni siquiera de parte nuestra, de los que animamos las parroquias. Pues también nosotros llegamos y nos vamos. Unos años estamos aquí, otros en otro lugar. Y en cada lugar seguimos viendo, mientras nosotros pasamos, como unos llegan y se van. Así todos cumplimos nuestro turno. Ya pasamos por ese curso. Ya no hay que repetirlo. A lo mucho esperar unos años más para seguir pasando por otros cursos, a donde como siempre, se llaga, se pasa y se va.
Y parece que esto poco importa. Decimos que intentamos hacer mejor las cosas, pero seguimos igual, en lo mismo. Situación que se repite año tras año. Nada cambia. Todo sigue igual. Así las parroquias no se diferencian en nada de cualquier estación de servicios, de cualquier institución que no hace más sino ofrecer cursos a ese ir y venir de gente. Lo que nos permite llenar registros pero no hacer Iglesia. Lo que nos hace crecer en estadísticas, pero no como discípulos. Y así funciona todo. No solo la catequesis. ¿Será que algún día las cosas serán distintas? ¿Será que algún día podremos decir y llamarnos en verdad comunidades cristianas? ¿Será que algún día la catequesis hace lo que esta llamada a hacer? ¿Será que algún día ya no habrá más cursos en nuestras estaciones de servicios llamadas hoy parroquias, sino que encontraremos comunidades de fe? ¿Será que alguna vez entenderemos que el problema no es de cursos sino de fe?
