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¿QUÉ QUEREMOS?

Manuel José Jiménez R.

Como en números anteriores seguimos con la reflexión sobre las razones que encontramos para no cambiar y seguir pensando y actuando igual en un campo tan fundamental en la acción de la Iglesia como la catequesis.

Hemos dicho que las razones que aducimos son muy subjetivas, demasiado subjetivas. Obedecen a una percepción muy particular. No son tomadas de ningún texto, sino que son más bien producto de la interacción permanente con agentes de pastoral y catequistas de diferentes países y ciudades. Al ser subjetivas, es lógica que se produzcan desacuerdos. Pues es lógico que existan otras miradas y otras experiencias. Pluralismo que favorece el debate, la discusión, las perspectivas y el aprendizaje.

Dicho estos, expliquemos la razón que hoy exponemos. Lo hemos expresado en la pregunta ¿Qué queremos? Pregunta que se interroga sobre el horizonte, el sentido y la finalidad de lo que venimos haciendo, y continuamos haciendo exactamente igual, con algún retoque no sustancial ni significativo, desde hace muchos años. La pregunta se cuestiona pues si tenemos claro el fin de lo que hacemos. La verdad es que compartiendo con tanta gente tan diversa, oyendo sus experiencias, escuchando sus propuestas, aunque suene trágico y desconsolador, mi impresión, repito subjetiva y hasta modificable si logro convencerme de lo contrario, es que no. Mejor digamos que tenemos en mente un fin que a nuestro modo de ver las cosas es muy limitado y poco transformador. Con lo que hacemos nos interesa mantenernos, sostenernos y no dejar perder la cristiandad. Seguimos apegados a un modo de ser, hacer Iglesia, de ser y hacer cristianos, que ya esta agotado. Modelo de Iglesia que quizás en otras épocas y contextos pudo haber funcionado, pero hoy no.

Decimos que es limitado, porque una cosa es mantener el apego a un modo de ser y hace ligado a la cristianad, y otra cosa es hacer cristianos a modo de cristo para el mundo de hoy. No es lo mismo la cristiandad que el Reino de Dios. No es lo mismo entender la Iglesia como sociedad perfecta, que como sacramento del Reino. No es lo mismo "hacer cristianos" en una sociedad monolítica y homogénea, y otra muy distinta "hacer cristianos" en un mundo plural, laico, globalizado, secularizado, democrático.

Tan apegados estamos a la cristiandad que seguimos relacionando el cristianismo con un derecho ciudadano, y no con una opción de vida, como una respuesta en el Espíritu a la iniciativa de Dios. Por eso la amenaza más común es que si no hacemos lo que gente quiere se cambian de confesión cristiana, acuden a otra iglesia o comunidad. Tan apegados estamos que no nos damos cuenta de lo que esta en juego, hoy y siempre: la relación conversión – bautismo. Relación que se perdió en la cristiandad porque en ella se daba por descontado el hecho cristiano, y no era necesario el anuncio. Contradiciendo lo afirmado por Tertuliano al origen del cristianismo, nosotros decimos los cristianos "nacen" no hay que "hacerlos". Cuando la realidad es otra: "los cristianos no nacen se hacen".

Tan apegados seguimos que aún nuestra catequesis mantiene el carácter instruccional de Trento. Si, óigase bien, el carácter de la catequesis del siglo XVI. Y no porque lo antiguo o lo de otras épocas sea malo, o sino la Iglesia no nos pediría recobrar hoy para la catequesis el catecumenado antiguo, modo de hacer cristianos en los primeros siglos. Sino porque expresa lo dicho: seguimos apegados a un esquema de cristiandad, poco o nada misionero, que supone la conversión y la libre adhesión. O peor aún: que ni siquiera la tenía en cuenta, ni la favorecía, ni la educaba. Lo malo no es que la catequesis sea instrucción. Lo equivocado es pensar que todo aquel que acude a la catequesis, así, de la nada, desea ser cristiano. Sin ningún tipo de anuncio, si ningún tipo de conversión a Cristo y a la Iglesia. Solo motivado por lo social, lo tradicional o lo que le queda de folclor al hecho cristiano.

Nos interesa es sostener un estado de cosas. Nos interesa es que las cosas no cambien, cuando en realidad la sociedad, incluso en Colombia, hace tiempo que dejo la cristiandad, que no es lo mismo a cristiana. Ni la sociedad de cristiandad era más cristiana que la de hoy, ni la de hoy es menos cristiana que la de antes. Ese no es el dilema. El dilema es saber si somos capaces de responder evangélicamente al momento actual. Es este el momento en que Dios nos llama a ser cristianos y a hacer cristianos. Pero nos mantenemos apegados y aferrados a la cristiandad, como señal de no saber que hacer hoy. Como si no comprendiéramos el hoy del tiempo y de la historia.

¿Qué queremos? Es la pregunta que nos lleva a decir que lo que queremos es la cristiandad no muera, cuando en verdad, si somos honestos, ya hace tiempo que murió, así queden aún rezagos suyos. Pero lo peor no es que nos neguemos a verlo. Lo peor es que seguimos apegados a ella, nos negamos a que se vaya y que nos deje todas sus enseñanzas y valores, para construir desde ahí nuestro presente. Como es la nuestra una catequesis pensada para la cristiandad, no se acomoda al hoy. Se queda en campañas, como dijimos en algún momento. Y aunque suene duro, le hace primeros auxilios a la cristiandad para que no muera, pero no hace cristianos. Auxilia la cristiandad pero no alimenta comunidades. Auxilia la cristiandad, pero no nos abre al Reino de Dios y su justicia.

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Actualizado: 8/11/08- webmaster