MÁS QUE UNA HORA
Manuel José Jiménez R., Pbro.
De nuevo se ha desatado la polémica entorno a la educación religiosa en la escuela. Diferentes posiciones muestran la importancia que se le da en la Iglesia a esta labor, así como los reparos que se le colocan desde posiciones laicas. Unos y otros llaman la atención acerca de la necesidad de realizar esta labor desde el principio de libertad religiosa y de conciencia. No negamos que esta es una acción que ha despertado, despierta y despertará polémica, dependiendo del punto de vista que se tome y se asuma. En muchas ocasiones será bien difícil, y hasta imposible, llegar a acuerdos, consensos y miradas compartidas. Si bien, lo repetimos, es una acción importante, nosotros en la Iglesia no podemos "recostarnos" en ella para dejar de hacer lo que tenemos que hacer: formar discípulos en comunidad. Y esto es lo que se conoce como catequesis. Estemos atentos porque en nuestro país la importancia que le hemos dado a la "clase de religión" ha llevado a que le restemos valor a la catequesis en la comunidad, relegando a unos pocos encuentros de información y ritualización.
La catequesis es una tarea de la comunidad. Recordemos ese principio repetido desde hace años: la comunidad es el origen, el lugar y la fuente de la catequesis. Que, por lo demás, va muy de la mano de este otro: la Iglesia hace la catequesis y la catequesis hace la Iglesia. Es cierto que al interior de los agentes de socialización la escuela es más fuerte e importante que la familia y la comunidad cristiana. También es cierto que en la gran mayoría de ocasiones el único lugar donde las nuevas generaciones escuchan hablar de Cristo y de la Iglesia, es la escuela por medio de las "clases de religión". Pero también es cierto que nosotros bautizamos, ofrecemos la eucaristía y confirmamos a niños, adolescentes y jóvenes sin ningún vínculo comunitario, sin ningún contacto con comunidad alguna. Y no dejemos de lado el matrimonio, momento en el cual son muchos los que pasan por cursos masivos y sin sentido, que no generan ningún tipo de crecimiento en la fe, ningún tipo de vínculo con la Iglesia. Razón por la cual, el anuncio no pasa más de una simple y mera información, la catequesis no deja de ser más que una mera ritualización, la vida cristiana como un rito de paso y de presentación en sociedad.
No podemos olvidar que no podemos ser discípulos sin comunidad. La comunidad es parte fundante y fundamental de nuestra identidad. Y el sentido comunitario se educa y se aprende. Y esto se logra solo en la catequesis, no en una clase de religión, sin restarle a ella importancia y valor. Las comunidades hemos de despertar, más de lo que nos hemos despertado ahora para defender con vehemencia la "hora de religión". Y es que precisamente se trata de eso. De evitar que la religión se vuelva una hora. O una hora de clase, o una hora de misa, o una hora de preparación al bautismo, o una hora de preparación a la semana para la primera comunión, o una hora de preparación a la semana para la confirmación. Pues podríamos preguntarnos: ¿la suma de todas estas horas nos hace discípulos de Jesús en la Iglesia, al servicio de la persona y de la sociedad?
Buscamos de este modo llamar la atención sobre uno de nuestros más grandes vacíos en la evangelización: bautizados sin comunidad, que es lo mismo que bautizados no convertidos. No podemos seguir relegando, no sabemos hasta cuando, la educación del sentido comunitario de la fe cristiana. Sin ello, podrá haber miles de clases de religión, cantidad de primeras comuniones y confirmaciones en los colegios, escuelas y universidades, pero no comunidades cristianas. Alguno podrá decir que exageramos y que no podemos tampoco renunciar a espacios ganados para hacer el anuncio del Evangelio. Estoy de acuerdo de lo que se trata es de "ganar" no de "perder". Pero tampoco podemos "ganar" a costa de "perder" nuestra identidad, a costa de tener una masa de enorme de bautizados sin ningún sentido de Iglesia, así hayan pasado "horas" enteras con nosotros, entre horas de clase, horas de preparación a los sacramentos, horas de misa.
No se trata de ofrecer por ofrecer. Se trata de generar vínculos, de suscitar la conversión, de alimentar el deseo de ser discípulo de Jesús en la Iglesia. Hasta cuando tendremos que esperar para que la catequesis deje de ser "la hora de catecismo" y se convierta de verdad en un noviciado de la vida cristiana, una verdadera y auténtica escuela integral de la fe, en una acción educativa al servicio de la iniciación cristiana. La clase de religión se convertirá así en un apoyo, pero no en un sustituto de la catequesis. Y no siempre, pues en la mayoría de los casos, quienes participan de la clase de religión están lejos y bien lejos de la Iglesia, razón por la cual adquirirá más bien el carácter de un primer anuncio, pero de nada más. Pienso que se trata de pensar tanto la catequesis como la "hora de religión" dentro de un contexto más misionero y ya no más de cristiandad. Así le pediremos a la "clase de religión" no más de lo que puede dar y hacer, y nos despertaremos como comunidades a formar discípulos. Sólo así haremos que la fe cristiana sea algo más que "una hora", no de fe y de vida comunitaria, "sino de religión".
