III SEMANA LATINOAMERICANA DE CATEQUESIS
Acaba de realizarse en Bogotá la III semana latinoamericana de catequesis (2 al 5 de mayo), organizada por el departamento de misiones, espiritualidad y catequesis del CELAM. Participaron en ella, obispos, presbíteros, religiosas y religiosas, y laicos de casi todos los países del continente, para un total de 45. Su propósito fue doble. Primero, elaborar un documento que sirva a toda la Iglesia del continente a organizar y pensar la catequesis como verdaderos procesos de iniciación cristiana, a partir de un adecuado anuncio misionero, que a la vez permita renovar las comunidades cristianas. Segundo, entregar un documento como contribución a la próxima conferencia de obispos a realizar en Brasil, bajo la misma perspectiva del documento general de la semana.
Al concluir la semana el sentir de los participantes fue el mismo y compartido: la semana de catequesis es mucho más que un documento. Por varias razones. Ante todo, porque el trabajo realizado fue una verdadera experiencia de Iglesia, y de una Iglesia que quiere responder de modo pertinente y actualizado a los desafíos del momento. Y lo fue no solo porque hayan participando miembros de la Iglesia en sus distintos ministerios y carismas. Lo fue, por sobre todo, porque fue un trabajo de aprendizaje mutuo, donde todas las voces, en su pluralidad y diversidad, fueron escuchadas y acogidas. Luego fue de Iglesia porque fue una verdadera experiencia de comunión y participación, lo que hace de la semana mucho más que un trabajado colegiado, o de dialogo de saberes, o de compartir experiencias. En segundo lugar, porque fue un verdadero e intenso trabajo teológico pastoral. Trabajo que mostró, por otra parte, la pluralidad en la teología y en la eclesiología de los y las participantes. Algo que nos es malo, sino por el contrario enriquecedor. Pues permite reconocer posturas, compararlas con las propias, reconocer avances y posibilidades, y hasta limitaciones y dificultades. En tercer lugar, y esta es una mirada más bien práctica, se espera que sirva para la renovación de la catequesis en América Latina y el Caribe. Por eso se espera que apenas sean publicadas las conclusiones de modo oficial, que estás se conviertan en un amplio y exigente objeto de estudio, análisis y reflexión en todos los niveles de la Iglesia y por todos en la Iglesia. Pues se espera que no solo tengan repercusión en la catequesis, sino que desde ella se incida en toda la pastoral, si se parte del principio que la catequesis no es un acción facultativa en la Iglesia, sino prioritaria y fundamental, donde hay unas acciones que vienen de ella, y otras que son su consecuencia.
Un poco más de esta mirada genérica de lo fue la semana y de lo que se espera de ella, podemos ahora pasar a pensar en algunas situaciones que marcaron particularmente a quien escribe. Y que tienen que ver, ahí si, un poco con el compartir las experiencias. Primero hay que reconocer la diversidad de situaciones en los países del continente en lo que a catequesis se refiere, sin llegar a decir que unos van más adelantados que otros, o quienes son mejores o peores. Más bien la diferencia es pensada desde los contextos sociales y eclesiales propios. Pero en medio de tanta diferencia, que desde la perspectiva dicha es más bien riqueza, existen también muchas similitudes. Y creo en este caso necesario subrayar tres. En primer lugar, la mayor toma de conciencia en todos de que América Latina es también un contexto misionero, que requiere un replanteamiento serio, y bien serio y profundo de la pastoral. No podemos seguir alejados de esta realidad como si no fuera nuestro, como si obedeciera a otros contextos, pero no a los de nuestros países, ciudades y campos. Por el contrario, la perspectiva fue unánime: el nuestro es un contexto misionero, ya no más de cristiandad. Y todo ello implica un punto de partida diverso en el modo de hacer y de ver. Como suele decirse un paradigma diferente, que desde el Directorio General para la Catequesis, se puede recoger en estas tres afirmaciones. a) La Iglesia necesita hoy día institucionalizar (oficializar) la acción misionera; b) hoy la catequesis deber ser vista, asumida y realizada como consecuencia de un anuncio misionero eficaz, y por lo mismo ligada a aquellos que quieren hacerse cristianos, que a alimentar la fe de los supuestos cristianos; b) la catequesis en la gran mayoría de nuestros casos de hoy, debe cumplir tareas misioneras, como momento previo a las propiamente catecúmenales.
La segunda experiencia de unanimidad en pareceres, si ya la primera nos deja preocupados, es muchos más preocupante que la segunda: el vacío comunitario en nuestros países es inmenso. Es casi como si se dijera que "no hay comunidades cristianas", más bien lo que tenemos son instituciones y personas que se dedican a prestar servicios religiosos. Y esta mirada se aplica a la parroquia, particularmente, pero también se puede extender a la escuela católica. Y en lo que respecta a la familia, se es consciente de sus profundos cambios, y la dificultad que tiene ella hoy día de ser lugar de evangelización y catequesis. Lo que pide más bien a la Iglesia hoy realizar una acción misionera con ellas, previa y preparatoria a la labor que ellas pueden hacer de educación en la fe. Y en lo que respecta a la diócesis, esta casi ni siquiera aparece porque el sentido de Iglesia local se ha ido desvaneciendo, ya sea por un exagerado centralismo de Roma, o por el mantenimiento del parroquialismo. Y ello, también pide de nosotros una nueva mirada, que en este caso se trata de hacer realidad dos principios recurrentemente dichos, pero poco o nada asumidos: a) la comunidad cristiana es el origen, el lugar y la meta de la catequesis; b) la Iglesia hace la catequesis, la catequesis hace la Iglesia.
Y en tercer lugar señalamos la poca o escasa presencia cristiana en el mundo. Y es algo también preocupante. El cristianismo cada vez se reduce a experiencias emotivas y sentimentales, con escasa proyección social y cultural, más bien ligadas a lo ritual, porque ni siquiera alcanza lo sacramental o lo litúrgico. Y de este modo es un cristianismo que se privatiza y particulariza. Se habla mucho del compromiso social, político y cultural, pero la presencia nuestra es cada vez más mínima o reducida a algunas acciones de asistencia social.
Algunos podrán que son apreciaciones un poco exageradas o apocalípticas. Más bien hemos de asumirla como realidades y como invitaciones a pensarnos de un modo diferente. Son más bien una invitación a la esperanza y a la creatividad pastoral, tal como lo fueron para quienes participamos en la semana de catequesis. Les seguiremos comentando al respecto, mientras sale a luz su documento oficial.
