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¿Cuándo celebramos la liturgia?

El tiempo en la liturgia

“Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer” (Gal 4,4).

La plenitud de los tiempos se identifica con el misterio de la Encarnación del Verbo y con el misterio de la Redención del mundo obrada por Cristo. Cuando san Pablo habla del nacimiento del Hijo de Dios, lo sitúa en la “plenitud de los tiempos”. Esto quiere decir que, al realizarse, por la Encarnación, la unión de lo divino con lo humano, de lo eterno con lo temporal, de Dios con el hombre, Dios se introdujo en la historia del hombre y del mundo; la eternidad entró en el tiempo y el tiempo tomó una dimensión de eternidad.

  • Desde tiempos de Moisés, (Cf Lev. 23, 1-44) el pueblo de Dios tuvo fiestas fijas para conmemorar las acciones maravillosas de Dios Salvador, para darle gracias por ellas, para perpetuar su recuerdo y enseñar a las nuevas generaciones a conformar con ellas su conducta.
  • En el cristianismo y en la liturgia, el tiempo tiene una importancia fundamental. Dentro de su dimensión se crea el mundo, en su interior se desarrolla la historia de la salvación que tiene su cúlmen en la” plenitud de los tiempos”, es decir, en la Encarnación y en el retorno glorioso del Hijo de Dios al final de los tiempos. Con la venida de Cristo se inicia el tiempo de la Iglesia que durará hasta cuando El venga con gran poder y majestad.
  • De la relación de Dios con el tiempo nace, para nosostros, el deber de santificarlo. De ésto se ocupa la Iglesia cuando dedica a Dios determinados tiempos: horas, días, o semanas, como lo hacía el pueblo de Dios en la Antigua Alianza y sigue sucediendo ahora, aunque de un modo nuevo. Es así como:
  • En la liturgia de la Vigilia Pascual el celebrante, mientras bendice el cirio que simboliza a Cristo Resucitado, proclama:

Cristo ayer y hoy, principio y fin, Alfa y Omega.
Suyo es el tiempo y la eternidad.
A El la gloria y el poder
por los siglos de los siglos.

El sacerdote pronuncia estas palabras grabando sobre el cirio la cifra del año en que se celebra la Pascua. El significado de este rito es claro: evidencia que Cristo es el Señor del tiempo, su principio y su cumplimiento. Cada año, cada día y cada momento son abarcados por la Encarnación y la Redención para, de este modo, encontrarse de nuevo en “la plenitud de los tiempos”. Por ello también la Iglesia vive y celebra la liturgia a lo largo del año.

Vemos así que el año solar está traspasado por el año litúrgico, que reproduce todo el misterio de la Encarnación y de la Redención comenzando por el primer Domingo de Adviento y concluyendo con la solemnidad de Cristo Rey, Señor del universo y de la historia. (Cf. Tertio Milenio Adveniente).

El primer día de la semana

En la mañana del primer día de la semana (Mt 28. 1; Mc 16.9; Lc 24,1; Jn 20,1) resucitó el Señor Jesús y se manifestó a los suyos. Después de aparecerse a María Magdalena, a las santas mujeres y a Pedro, el mismo día se manifesto a los dos discípulos de Emaús, que lo reconocieron al partir el pan (Lc 24,35) y se hizo presente en medio de los discípulos reunidos, comió con ellos (Lc 24, 41-43) y les dijo: “Como mi Padre me envió, así yo os envío a vosotros”. Y diciendo ésto sopló sobre ellos y agregó: “Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les serán perdonados “ (Jn 20,21-23).

La muerte, la resurrección de Cristo, su aparición en medio de la asamblea de los suyos que estaban reunidos; la comida tomada con sus discípulos; el don del Espíritu Santo y el envío misionero de la Iglesia, constituyen la Pascua cristiana en su plenitud. Todo ello es el acontecimiento central de la Historia de la Salvación, que marcó para siempe el primer día de la semana. Nuestra celebración de cada domingo estaba ya presente el día de pascua, en el “primer día de la semana”.

Desde los apóstoles, la Iglesia siempre ha comprendido la importancia del “primer día de la semana”: Los Hechos de los Apóstoles nos describen la asamblea presidida por Pablo en Tróade: “el primer día de la semana estabamos reunidos para partir el pan” (Leer Hech 20, 7-12). Fué aquella una reunión nocturna que se tuvo en el piso alto de la casa de uno de los miembros de la comunidad, en la que hubo un discurso de Pablo y la fracción del pan. También, en su primera carta a los Corintios (año 57 d.C.) san Pablo relaciona con la reunión semanal la colecta en favor de los hermanos de Jerusalén (Leer 1 Cor 16,1-2).

La celebración cristiana del “primer día de la semana”, del domingo, comenzó en la semana que siguió a la Resurrección de Cristo. Desde entonces el mismo Jesús, sin añadir nada al misterio de su presencia en medio de los suyos en la tarde de pascua, continúa atrayendo la atención de sus discípulos de todos los tiempos hacia dos puntos:

  • Su cruz y sus llagas gloriosas, situada en el centro de la asamblea ritual, y
  • La fe de los Apóstoles, requisito indispensable de cada uno de los miembros de la asamblea litúrgica.

El día del Señor o domingo

La Iglesia, por una tradición que se origina en el mismo día de la Resurreción de Cristo, celebraba el misterio pascual cada ocho días en el día llamado domingo o día del Señor (Cf SC 106)

El domingo es, según el Catecismo de la Iglesia N. 1166,

“el día por excelencia de la asamblea litúrgica, en el que los fieles se reúnen para: escuchar la Palabra de Dios, participar en la Eucaristía, recordar la pasión, la resurrección y la gloriosa ascensión del Señor Jesús y para dar gracias a Dios, que los hizo renacer a la espeanza viva por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos” (SC 106)

Así la Iglesia conmemora cada semana lo mismo que, una vez al año, realiza al celebrar la pasión y la resurrección en la máxima solemnidad de la Pascua.

En el Domingo, el “banquete del Señor” (el banquete de la Palabra y el banquete de la Eucaristía) es su centro, porque es entonces cuando toda la comunidad de los fieles encuentra al Señor resucitado que, como en el día de la resurrección, invita a sus discípulos al banquete. Es esta la manera como la Iglesia abre a raudales la riqueza de las virtudes y de los méritos de su Señor, para que los fieles alcancen la gracia de la salvación.

Un documento escrito entre los años 50 a 70 en Antioquía (Asia Menor), llamado la “Didajé” o “enseñanza de los Doce Apóstoles”, nos permite ver cómo se celebraba la asamblea litúrgica para la fracción del pan:

“El día del Señor reuníos para la fracción del pan y la eucaristía, después de haber confesado primero vuestros pecados, para que sea puro vuestro sacrificio. Pero el que tenga alguna diferencia con su compañero, no se una a vuestra asamblea antes de haberse reconciliado a fin de que vuestro sacrificio no esté contaminado”.

  • Recuerda también aquel bellísimo testimonio de san Justino (año 155) que meditaste en el Módulo ESPAC 2.3. página 16 = “Reconciliación y Eucaristía” . Léelo nuevamente.
  • Todo esto lo canta bellamente la Liturgia Eucarística en el Prefacio Dominical Nº 10.

En verdad es justo bendecirte y darte gracias,
Padre santo, fuente de la verdad y de la vida,
porque nos has convocado en tu casa
en este día de fiesta.

Hoy tu familia,
reunida en la escucha de tu Palabra
y en la comunión del pan único y partido,
celebra el memorial del Señor resucitado,
mientras espera el domingo sin ocaso
en el que la humanidad entera entrará en tu descanso.

Entonces contemplaremos tu rostro
y alabaremos por siempre tu misericordia.

Con esta gozosa esperanza,
y unidos a los ángeles y a los santos
cantamos unánimes el himno de tu gloria.

El Año Litúrgico

El día del Señor, con su ritmo semanal, esta enraizado en la tradición más antigua de la Iglesia. Pero no tardó en implatarse otro ritmo: el ciclo anual. En efecto, es propio de la sicología humana celebrar los aniversarios, asociando el paso de las fechas y de las estaciones el recuerdo de los acontecimientos pasados. Cuando se trata de acontecimientos decisivos para la vida de un pueblo, es normal que su celebración suscite un clima de fiesta que rompe la monotinía de los días.

Pues bien, los principales acontecimientos de salvación en que se fundamenta la vida de la Iglesia estuvieron, por designio de Dios, vinculados estechamente a la pascua y Pentecostés fiestas anuales de los judíos y prefigurados profetamente en dichas fiestas. Desde el siglo II la celebración por parte de los cristianos de la pascua anual, junto con la pascua semanal, a permitido dar mayor espacio a la meditación del misterio de Cristo muerto y resucitado.

El continuo retorno de los días, las semanas, los meses y los años es celebrado por la liturgia a lo largo del año. En el curso del año se desarrolla todo el misterio cristiano desde la Encarnación y la Navidad hasta la Ascensión, Pentecostés y la expectativa de la dichosa esperanza del retorno del Señor. El centro del año litúrgico es Cristo, Señor de la historia y de los acontecimientos que hacen la historia. (Cf. SC 102). Y puesto que en el misterio pascual se realiza la obra de la salvación, el año litúrgico no es otra cosa sino el desarrollo de los diversos aspectos del misterio pascual de Cristo.

Los ciclos del año litúrgico

ciclo litúrgico

El año litúrgico comprende dos grandes periodos, llamados también ciclos:

El ciclo de la Navidad

Anunciación, Encarnación, Navidad y Epifanía; comprende tres etapas:

Preparación o Adviento

El tiempo de Adviento tiene un doble carácter: es el tiempo de la preparación a las solemnidades de la Navidad en las que se conmemora y se renueva la primera venida del Hijo de Dios y es, a la vez, el tiempo en el cual, mediante este recuerdo, las mentes de los fieles se dirigen a la expectativa de la segunda venida de Cristo al final de los tiempos.

El tiempo de Adviento comprende cuatro semanas. Comienza con el primer domingo de Adviento y termina antes de las Vísperas de la Navidad. A todo lo largo del Adviento la liturgia se viste de ornamentos de color morado, signo de penitencia y de preparación para el gran acontecimiento: Dios se hace hombre, lo divino se une con lo humano.

Una piadosa costumbre, que no es propiamente litúrgica pero que da vida a la liturgia del adviento por su significado, es la llamada “corona de adviento”: Cuatro velones insertados en una corona arreglada con guirnaldas y adornos navideños se van encendiendo progresivamente, (uno cada semana) en cada uno de los cuatro domingos, antes de la liturgia de la palabra en la Eucaristía o en las familias. Esas luces son signo de aquella luz que anuanciaron los profetas desde antiguo, que se fue haciendo más luminosa en la sucesión de la Revelación y que culmina en Cristo, la Luz del mundo en la Navidad que es, por ello llamada, la fiesta de la luz.

Celebración

Desde la Misa de Navidad hasta el sábado después de la Epifanía durante tres semanas la liturgia, vestida de blanco, celebra gozosa el misterio de la Encarnación del Verbo de Dios.

Tiempo ordinario o tiempo después de la celebración

Desde la fiesta del “Bautismo del Señor” hasta el domingo anterior al Miércoles de Ceniza, durante seis semanas, la liturgia, vestida de ornamentos de color verde, celebra diversos acontecimientos de la vida de Jesús en los que se manifiesta la divinidad de su persona y de su misión salvadora.

Ciclo de la Redención o Pascua

Cuaresma, Triduo Pascual, siete domingos después de Pascua, Pentecostés, Tiempo durante el año 28 domingos. Comprende tres etapas:

Primera etapa, Preparación o

El tiempo de Cuaresma comprende cinco domingos. Comienza con el Miércoles de Ceniza y termina en las Vísperas del Domingo de Ramos. El tiempo de Cuaresma tiene como finalidad preparar para la celebración de la Pascua tanto a los catecúmenos, a través de las diversas etapas de la iniciación cristiana, como a los fieles al recordarles su propio bautismo y los compromisos entonces asumidos. Esta preparación comprende la catequesis bautismal que, acompañada del ayuno, la abstinencia y la limosna, nos debe conducir, a través de la cruz (miércoles de ceniza), a la gloria de la resurrección (cirio pascual). El color penitencial de la cuaresma es el morado.

Segunda etapa Celebración

El Domingo de Ramos y el Triduo Pascual (jueves, viernes y sábado) nos introducen a la celebración de la Pascua.

El Triduo pascual, núcleo de toda la celebración litúrgica de la Iglesia, es la contemplación de la muerte, sepultura y resurrección del Señor. Se inicia con la Cena del Señor, por la tarde del Jueves Santo, y comprende el Viernes, el Sábado Santo y la Vigilia Pascual. Pero es necesario no perder de vista que la celebración de la pasión, de la muerte y de la resurrección no son sino diversas fases del único misterio: el pascual.

La Semana Santa es llamada también, con razón, la Semana Mayor. Es que la Pascua no es simplemente una fiesta entre otras: es la “Fiesta de las fiestas”, la “Solemnidad de las solemnidades”, es el “gran domingo”. Por ello, desde tiempos muy remotos, la Iglesia vinculó la celebración de los sacramentos de iniciación cristiana a la Vigilia Pascual del Sábado Santo. Cree la Iglesia, que la inserción de los cristianos en Cristo, muerto y resucitado, puede expresarse litúrgicamente mejor en esa noche que en cualquier otro momento del año litúrgico. Y al hacerlo delante de la asamblea litúrgica, ésta tiene también la oportunidad de renovar sus compromisos sacramentales ante los catecúmenos.

Todo este misterio de “muerte-vida nueva”, que la liturgia celebra en un periodo de seis semanas con vestiduras blancas, pasando por la Ascensión del Señor, culmina con la efusión del Espíritu Santo en Pentecostés (color rojo).

Tercera etapa: Tiempo Ordinario o tiempo después de la celebración.

A partir del Triduo Pascual, como de una fuente de luz, el tiempo nuevo de la Resurrección, llena todo el año litúrgico con su resplandor. El año, gracias a esta fuente de gracia, queda progresivamente transfigurado por la liturgia. Es realmente “año de gracia del Señor” (Lc 4,19).

Las fiestas del año litúrgico

Fiestas de Jesucristo

El calendario litúrgico contiene varias fiestas de Jesucristo independientes de los ciclos de Navidad y Pascua: la Presentación del Señor el 2 de febrero; la Anunciación del Señor el 25 de marzo, nueve meses antes del nacimiento; la Transfiguración del Señor el 6 de agosto; la Exaltación de la Santa Cruz el 14 de septiembre; la Santísima Trinidad el primer domingo después de Pentcostés; Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote, el primer jueves después de Pentecostés; el Cuerpo y la Sangre de Cristo o Corpus Christi, el segundo jueves después de Pentecostés; el Sagrado Corazón de Jesús el tercer viernes después de Pentecostés; Jesucristo Rey del Universo el último domingo del tiempo ordinario, con la que se clausura el Año Litúrgico.

Fiestas de la Virgen María

Desde la proclamación del dogma de la maternidad divina de María en el Concilio de Efeso, el año 431, el culto a la Santísima Virgen a hecho camino en la historia y en la liturgia católica. “La Santa Iglesia venera con amor especial a la Bienaventurada Madre de Dios, la Virgen María unida con lazo indisoluble a la obra salvífica de su Hijo. En María la Iglesia admira el fruto más espléndido de la redención y la contempla gozosamente como una purísima imagen de lo que ella misma ansía y espera ser” (SC 103).

Las fiestas de la Santísima Virgen son:

  • Tres solemnidades: la Maternidad divina de María el 1 de enero; la Asunción de la Santísima Virgen el 15 de agosto; la Inmaculada Concepción de María el 8 de diciembre.
  • Dos fiestas: la Visitación de la Virgen María el 31 de mayo y la Natividad de la Virgen María el 8 de septiembre.
  • Cinco memorias obligatorias: el Inmaculado Corazón de María, el sábado después del Sagrado Corazón de Jesús; Santa María Reina el 22 de agosto; Nuestra Señora de los Dolores el 15 de septiembre; Nuestra Señora del Rosario el 7 de octubre; la Presentación de la Virgen María el 21 de noviembre.
  • Memorias facultativas: Nuestra Señora de Lourdes, el 11 de febrero; Nuestra Señora del Carmen el 16 de julio; la Dedicación de la Basílica de Santa María la Mayor de Roma, el 5 de agosto.

Fiestas de los santos

El centro del año litúrgico es la celebración del Misterio Pascual de Cristo. Pero la liturgia hace una distinción entre: “el Propio del Tiempo” y “el Propio de los Santos”. No se trata dos tipos de celebraciones contrapuestas o como si fueran dos ciclos diferentes. Cuando la liturgia celebra el día del natalicio de los mártires o de los santos, está celebrando en ellos el Misterio Pascual de Cristo. En efecto, la santidad no es otra cosa que la identificación de un bautizado con Cristo muerto y resucitado, y vivir en plenitud la comunión con el Cristo de la Pascua. Ya en los primeros años de la vida de la Iglesia encontramos datos históricos de la veneración que la comunidad cristiana tributaba a los mártires (testigos de la fe) quienes con el testimonio de su vida habían alcanzado identificarse con Cristo muerto y resucitado. Terminado el tiempo de las persecuciones la liturgia comenzó a rendir culto de veneración a otros personajes ilustres por su testimonio de vida o por su doctrina, tales como los “confesores” y como los “Santos Padres”; por la austeridad de su vida como los ascetas; por su fidelidad a la fe como las virgenes; por su celo pastoral como tantos obispos y sacerdotes; o por el testimonio de su vida familiar como tantos laicos, esposos, padres de familia, jóvenes, etc.

Al rendir culto a los santos, la Iglesia nos los propone como modelos de vida cristiana y como poderosos intercesores ante Dios. Por ello, en el segundo prefacio de la Misa de los santos la liturgia canta:

Verdaderamente es justo darte gracias...
porque mediante el testimonio admirable de tus santos,
fecundas sin cesar a tu Iglesia con vitalidad siempre nueva,
dándonos así pruebas evidentes de tu amor.

Ellos nos estimulan con su ejemplo en el camino de la vida y
nos ayudan con su intercesión.”

Entre las festividades de los santos la liturgia resalta con especial énfasis la de san José, el esposo de la Santísima Virgen, el 19 de marzo, la de los santos apóstoles san Pedro y san Pablo el 29 de junio y las de los demás apóstoles, culminando el santoral con la fiesta de Todos los Santos el 1 de noviembre.

Liturgia

¿Cuándo celebramos la liturgia?

 

El tiempo en la liturgia

 

El primer día de la semana

 

El día del Señor o domingo

 

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Ciclo de Navidad

   

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Actualizado: 5/14/04- webmaster